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<journal-title>Revista Digital Interdisciplinar de Estudios Escenogr&#x00E1;ficos (BOMARZO)</journal-title>
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<publisher-name>Universidad Rey Juan Carlos</publisher-name>
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<subject>Mnemosyne</subject>
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<article-title>Piramidal, funesta, de la tierra nacida sombra. El obelisco y la tradici&#x00F3;n hispana de la vanitas</article-title>
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<trans-title xml:lang="en">Pyramidal, ominous, born from the shadow of the earth. The obelisk and the Hispanic tradition of vanitas</trans-title>
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<surname>de la Flor</surname>
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<institution content-type="original">Catedr&#x00E1;tico Em&#x00E9;rito (USAL)</institution>
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<year>2025</year>
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<license-p>CC BY Esta obra est&#x00E1; bajo una licencia internacional Creative Commons Atribuci&#x00F3;n-CompartirIgual 4.0.</license-p>
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<title>Resumen</title>
<p>Semi&#x00F3;tica de la iconograf&#x00ED;a del obelisco.</p>
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<title>Abstract</title>
<p>Semiotics of the iconography of the obelisk.</p>
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<title>Palabras clave</title>
<kwd>Obelisco</kwd>
<kwd>Iconograf&#x00ED;a simb&#x00F3;lica</kwd>
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<title>keywords</title>
<kwd>Obelisk</kwd>
<kwd>Simbolic iconography</kwd>
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<p>Propongo un tratamiento no reduccionista de la tradici&#x00F3;n religiosa y teol&#x00F3;gica, un tratamiento que respete el sentido de la complejidad y la belleza de los constructos metaf&#x00ED;sicos sin desautorizar la labor de trescientos a&#x00F1;os de deconstrucci&#x00F3;n y cr&#x00ED;tica.</p>
<attrib>Peter Sloterdijk, <italic>El imperativo est&#x00E9;tico</italic>.</attrib>
</disp-quote>
<p>&#x201C;Piramidal, funesta, de la tierra / nacida sombra&#x2026;&#x201D;. Estos son los versos con los que inicia sor Juan In&#x00E9;s de la Cruz el m&#x00E1;s famoso poema teocosmol&#x00F3;gico que haya sido escrito nunca en el idioma castellano: el <italic>Primero sue&#x00F1;o</italic>. Compuesto a finales del siglo XVII &#x2013;concretamente publicado en Sevilla en 1692, pero concebido entre los a&#x00F1;os 1685 y 1690, cuando Newton publica sus <italic>Principia</italic>&#x2013;, el gran poema de factura culterano-conceptista (y no solo ap&#x00E9;ndice de una suerte de &#x201C;gongorismo colonial<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref>&#x201D;) es el producto de una sociedad que ha podido ser definida como &#x201C;letrada<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref>&#x201D;, cual es la mexicana de la &#x00E9;poca, y nos debe servir ahora para introducir el asunto de los obeliscos.</p>
<p>En efecto, despu&#x00E9;s de los versos que hemos citado, en la misma obertura del poema, vienen los siguientes: &#x201C;&#x2026;Al cielo encaminaba / de vanos obeliscos punta altiva.&#x201D; Ello consolida a sor Juana como parte de un movimiento que afect&#x00F3; a los intelectuales hispanos en torno a lo que podr&#x00ED;amos denominar la egiptoman&#x00ED;a, o egiptof&#x00ED;lia<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>.</p>
<p>Las referencias a las formas arquitect&#x00F3;nicas egipcias, tanto pir&#x00E1;mides como obeliscos y, sobre todo, el hecho mismo de que la llamada &#x201C;d&#x00E9;cima musa&#x201D; y &#x201C;F&#x00E9;nix de M&#x00E9;xico<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>&#x201D; sit&#x00FA;e el adjetivo calificativo &#x201C;vanos&#x201D; detr&#x00E1;s de la menci&#x00F3;n a obeliscos<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref>, nos pone ya en camino hacia lo que me he determinado a que sea objeto de este texto<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref>. Estrictamente limitado, como es posible leer en el t&#x00ED;tulo, a la colusi&#x00F3;n entre esa forma arquitect&#x00F3;nica, a la que denominamos &#x201C;obelisco&#x201D;, y el pensamiento de la Contrarreforma espa&#x00F1;ola, a la cual se le puede achacar &#x2013;para decirlo con el <italic>Eclesiast&#x00E9;s</italic>&#x2013; la idea misma de que <italic>Omnia est vanitas vanitatis</italic><xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref>. En efecto, como escribe P&#x00E9;rez Amador, &#x201C;As&#x00ED; el poema [de sor Juana], a manera de obelisco, tiene su base en la profundidad de la tradici&#x00F3;n hisp&#x00E1;nica<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>Son cinco los escenarios que planteo, todos ellos situados en el siglo XVII hispano, en cuanto que me parecen son los ideales para describir esta relaci&#x00F3;n que une al obelisco y, en general, a los restos puramente arquitect&#x00F3;nicos de la civilizaci&#x00F3;n egipcia, de los cuales las m&#x00E1;s famosas son las pir&#x00E1;mides<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref>, con los sentimientos nihilificadores, con las ideas de impotencia humana y vanidad extrema que caracteriza al pensamiento neo-estoico hispano y, ya dicho m&#x00E1;s ampliamente, con la ideolog&#x00ED;a de la Contrarreforma y lo que supone esta en la est&#x00E9;tica del barroco hispano. A todo lo cual hay que a&#x00F1;adir algo que no aparece expreso en la mayor&#x00ED;a de las <italic>vanitas</italic>, pero que es propio de los obeliscos: junto a la idea misma de las cenizas y de la muerte, la inmediata reposici&#x00F3;n de una esperanza superior; esta vez depositada en la otra vida<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref>.</p>
<p>Son estos los cinco diferentes g&#x00E9;neros que estudio, y donde los obeliscos est&#x00E1;n presentes con significado de conformar una especial <italic>vanitas</italic>: primero la alusi&#x00F3;n a esto que se manifiesta en la propia obra de Sor Juana, el <italic>Primero sue&#x00F1;o</italic>; tambi&#x00E9;n en el registro anat&#x00F3;mico, que incluye grabados de los atlas con descripciones minuciosas del cuerpo. En tercer lugar, en la emblem&#x00E1;tica hispana; as&#x00ED; mismo en los catafalcos dedicados a los reyes de Espa&#x00F1;a y, finalmente, tambi&#x00E9;n en la producci&#x00F3;n libelista de los holandeses que identificaron el obelisco con la tiran&#x00ED;a hispana.</p>
<p>Podr&#x00ED;amos asegurar, pues, del sentimiento del obelisco lo que el poeta comparable a la misma Sor Juana en la fortuna que alcanzan sus versos, Francisco de Quevedo, escribi&#x00F3;: &#x201C;Y no halle cosa en que poner los ojos que no fuera recuerdo de la muerte<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref>&#x201D;. A lo que debe a&#x00F1;adirse, en lo que respecta a las pir&#x00E1;mides/obeliscos<xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref>, que con eso se hace una clara alusi&#x00F3;n a una trasvida emp&#x00ED;rea; vale decir el que para el hombre no se termina todo con la muerte.</p>
<p>En definitiva, lo que muestra es la fascinaci&#x00F3;n por el arte egipcio como arte supremo de lo arquitect&#x00F3;nico-sepulcral<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref>; adem&#x00E1;s de otra connotaci&#x00F3;n, esta &#x00F3;ptica, que queda relacionada con lo que es la estructura <italic>piramidal</italic> de la visi&#x00F3;n. Las im&#x00E1;genes de las pir&#x00E1;mides y de los obeliscos, indiferenciadas en el per&#x00ED;odo barroco, y productos ambas de lo que es una err&#x00F3;nea interpretaci&#x00F3;n de las tradiciones funerarias del antiguo Egipto, configuran, asociadas a la idea de muerte y resurrecci&#x00F3;n, uno de los centros de la epistemolog&#x00ED;a barroca hispana. Determinando, con su fuert&#x00ED;sima implicaci&#x00F3;n visual, aquello que las hace aparecer en multitud de escenarios y representaciones. Como es a este respecto la mnemotecnia o &#x201C;Arte de la Memoria&#x201D; de Robert Fludd<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14</sup></xref>.</p>
<p>Estas distintas motivaciones est&#x00E1;n expresas y se hacen presentes ya en G&#x00F3;ngora (&#x201C;De funerales b&#x00E1;rbaros trofeos / que el Egipto erigi&#x00F3; a sus Ptolomeos&#x201D;), y, por supuesto, tambi&#x00E9;n sacuden con su imaginario la sociedad hispana del siglo XVII; pero junto a ello se sit&#x00FA;a la esperanza puesta en &#x2013;como dice de nuevo el poeta&#x2013; que algo escape a los rigores de la muerte<xref ref-type="fn" rid="fn15"><sup>15</sup></xref>.</p>
<p>Es este modelo de experiencia al que ahora nos llama el propio texto de sor Juana; la referencia clara a este tipo de construcci&#x00F3;n egipcia en los comienzos de su poema nos pide aclarar el sentido, indudablemente enigm&#x00E1;tico, de esas presencias &#x201C;vanas&#x201D;, y de esa sombra que proyectan los obeliscos en forma de pir&#x00E1;mide<xref ref-type="fn" rid="fn16"><sup>16</sup></xref>. Pues es preciso recordar aqu&#x00ED;, que ambas estructuras arquitect&#x00F3;nicas se confunden en el siglo XVII ante la falta de experiencia visual y representaciones fiables de las mismas. De este modo los versos de Sor Juana han de constituir el m&#x00E1;s importante y enigm&#x00E1;tico de entre los escenarios o &#x201C;teatros&#x201D; en que aparecen los obeliscos en la tradici&#x00F3;n hispana; en raz&#x00F3;n de ello, le dedicar&#x00E9; un mayor espacio y notas cr&#x00ED;ticas.</p>
<p>Aquella sombra &#x2013;la cual, sin duda, pertenece al &#x201C;r&#x00E9;gimen nocturno<xref ref-type="fn" rid="fn17"><sup>17</sup></xref>&#x201D;&#x2013;, posey&#x00E9;ndose de la mitad del globo no iluminado por el sol, y en forma piramidal con su atezado ce&#x00F1;o perfora las auras terrenales, no logrando llegar a la primera cubierta u &#x00F3;rbita donde est&#x00E1; situada la luna<xref ref-type="fn" rid="fn18"><sup>18</sup></xref>. Tal lectura del cosmos sobre la que medita la monja-poeta, resulta producto de un pensamiento para el cual por m&#x00E1;s que se alarguen las construcciones de los hombres, y su propio so&#x00F1;ar, estos permanecer&#x00E1;n siempre acogidos dentro de un <italic>r&#x00E9;gimen sublunar</italic>. Resultando condenados a una tierra que ocupa un espacio central en un universo que todav&#x00ED;a es ptolomeico<xref ref-type="fn" rid="fn19"><sup>19</sup></xref>. Pues es desde la forma piramidal, como escribe sor Juana, que de los obeliscos es lo propio que: &#x201C;La sutil punta / que al primer Orbe <italic>finge</italic> que se junta<xref ref-type="fn" rid="fn20"><sup>20</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>El asunto de la estructura piramidal, tiene en sor Juana una lectura que proviene directamente del hermetismo: la <italic>t&#x00E9;trade-pyramide</italic> es &#x201C;el fundamento de la naturaleza y del mundo intelectual<xref ref-type="fn" rid="fn21"><sup>21</sup></xref>&#x201D;. La pir&#x00E1;mide resulta ser la imagen del esp&#x00ED;ritu humano; y este para sor Juana est&#x00E1; relacionado con el fuego. Pero algo m&#x00E1;s: la estructura piramidal es el modo y la manera de visualizar el espacio y los objetos que tiene a su alcance el ser humano: es decir, que todo sujeto tiene una <italic>visi&#x00F3;n geometrizable</italic> cuyo emblema es la figura piramidal<xref ref-type="fn" rid="fn22"><sup>22</sup></xref>. Siendo la pir&#x00E1;mide, finalmente, una forma de construcci&#x00F3;n teoc&#x00F3;smica que se mantuvo en todo el per&#x00ED;odo en que Dios gobernaba el mundo.</p>
<p>Es esta la escenograf&#x00ED;a &#x201C;impotente&#x201D; compuesta por Sor Juana para su &#x00F3;pera <xref ref-type="fn" rid="fn23"><sup>23</sup></xref>, en la que se pone en juego el destino del hombre bajo las estrellas; y en la que hace figurar a aquel mismo hombre en tanto habitante de un cosmos eminentemente &#x201C;barroco&#x201D;, donde debe desplegar su mente (mente que viene de mensura: que es <italic>medida</italic>) para conocer las fronteras de su mundo<xref ref-type="fn" rid="fn24"><sup>24</sup></xref>. Universo donde, al decir de Leibniz, Dios est&#x00E1; en todas partes y la circunferencia de sus l&#x00ED;mites no se encuentra en ninguna (&#x201C;<italic>Deus est sphera infinita cuius centrum ubique, circumferentia nusquam</italic>&#x201D;), haciendo suyo un pensamiento que aval&#x00F3; Nicol&#x00E1;s de Cusa en la obra <italic>De visione dei</italic><xref ref-type="fn" rid="fn25"><sup>25</sup></xref>. El modo de ver Dios es la <italic>visio circulariter</italic>, mientras que lo propio del hombre es que nuestra vista &#x201C;ve solo desde la magnitud de cierto &#x00E1;ngulo&#x201D;: se trata de la <italic>visio angulariter</italic>. En sustancia, todo se debe a la &#x201C;pir&#x00E1;mide visual&#x201D; de la que habla Alberti, en sus <italic>Elementa picturae</italic>, cuando se refiere a la invenci&#x00F3;n de la perspectiva<xref ref-type="fn" rid="fn26"><sup>26</sup></xref>.</p>
<p>Dentro de este marco o cosmos as&#x00ED; delimitado, el destino de la humanidad es conceptuado como incapaz de llegar con su propia potencia y dimensi&#x00F3;n a conocer la obra y creaci&#x00F3;n de las cosas<xref ref-type="fn" rid="fn27"><sup>27</sup></xref>. Fiado de sus propias fuerzas &#x2013;entre ellas la capacidad de su vista limitada por la &#x201C;pir&#x00E1;mide visual&#x201D;, que reconoce las formas de las cosas que se perciben a trav&#x00E9;s de un punto &#x00F3;ptico, el ojo, desde donde se despliega esta&#x2013;, el hombre, que est&#x00E1; pegado a la tierra en donde todo se resuelve en polvo, sue&#x00F1;o y vanidad, pretende alcanzar la <italic>intenctio autoris</italic>, la <italic>visio circulariter</italic>. La cual caracteriza al principio divino, que es la raz&#x00F3;n de la f&#x00E1;brica celestial y aut&#x00E9;ntico &#x201C;templo&#x201D;, y, dentro de &#x00E9;l, de la propia existencia del hombre que ser&#x00E1; ayudado por la ciencia y por la religi&#x00F3;n. Teolog&#x00ED;a, &#x00F3;ptica-teol&#x00F3;gica y cosmolog&#x00ED;a se unen a prop&#x00F3;sito de la estructura piramidal de los obeliscos<xref ref-type="fn" rid="fn28"><sup>28</sup></xref>. Como el frontispicio del texto, dise&#x00F1;ado por Theodor de Galle para la obra de Francisco Aguil&#x00F3;n, el cual certifica que asistimos a la vinculaci&#x00F3;n entre &#x00F3;ptica y astronom&#x00ED;a con la pir&#x00E1;mide visual que la reina &#x00D3;ptica se&#x00F1;ala con un dedo<xref ref-type="fn" rid="fn29"><sup>29</sup></xref>. El jesuita Aguil&#x00F3;n considerar&#x00E1; que este es el &#x00FA;nico medio para la averiguaci&#x00F3;n de los astros y del firmamento: &#x201C;<italic>Opticen unicam esse Astronomiae viam, oryge picto (quo mathematicum notant) Aegypti indicarunt</italic><xref ref-type="fn" rid="fn30"><sup>30</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>Ante su imaginaci&#x00F3;n y su &#x201C;sue&#x00F1;o&#x201D;, conducidos ambos por los humores que exhala el cuerpo (sangre, bilis, flema y melancol&#x00ED;a), se despliega una visi&#x00F3;n enigm&#x00E1;tica del cosmos, pues la problem&#x00E1;tica mas importante del XVII es la de la indagaci&#x00F3;n de los cielos siguiendo la &#x00F3;ptica visual. Y sor Juana siente en su interior que est&#x00E1; llamada a una vida superior, a formar parte del dise&#x00F1;o divino, a una vida que aspira al para&#x00ED;so y al absoluto; pero esto suceder&#x00E1; cuando ceda en ella la pasi&#x00F3;n de la tierra, la cual viene precedida del sue&#x00F1;o<xref ref-type="fn" rid="fn31"><sup>31</sup></xref>.</p>
<p>Es a este preciso sentido, al que el obelisco (as&#x00ED; como las pir&#x00E1;mides<xref ref-type="fn" rid="fn32"><sup>32</sup></xref>), como estructuras que reflectan una verticalidad que trata de elevar las realizaciones humanas por encima de sus propias fuerzas, remiten sin duda. Como escribe Georgina Sabat de Rivers, &#x201C;Montes, ruinas o torres altas son s&#x00ED;mbolo del desenga&#x00F1;o inherente al ser humano y llamada a la vida eterna<xref ref-type="fn" rid="fn33"><sup>33</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>Algo m&#x00E1;s dice de ellas sor Juana en los versos 340 a 411 de su magno poema, en lo que se ha denominado &#x201C;el intermezzo de las pir&#x00E1;mides&#x201D; (&#x201C;Las Pir&#x00E1;mides dos ostentaciones / de Menfis vano, y de la Arquitectura / &#x00FA;ltimo esmero&#x2026;<xref ref-type="fn" rid="fn34"><sup>34</sup></xref>&#x201D;). Estas pir&#x00E1;mides de Menfis representan la estructura &#x00ED;ntima del alma (son, en realidad, como la &#x201C;pir&#x00E1;mide mental&#x201D; seg&#x00FA;n la propia sor Juana<xref ref-type="fn" rid="fn35"><sup>35</sup></xref>), y simbolizan los esfuerzos de aquella por llegar y sobrepasar todas las alturas de la tierra, apuntando hacia el creador<xref ref-type="fn" rid="fn36"><sup>36</sup></xref>. Por ello encontramos su referencia precisa en los primeros versos del poema que define el fracaso de la raz&#x00F3;n (constructiva o no) a la hora de descubrir el secreto del cosmos<xref ref-type="fn" rid="fn37"><sup>37</sup></xref>. Son los versos en que la poeta mexicana hace exacta referencia a los obeliscos, cubiertos de un lenguaje todav&#x00ED;a indescifrable en aquella &#x00E9;poca, y denomin&#x00E1;ndoles como &#x201C;altivas y blasfemas&#x201D; torres; ello en raz&#x00F3;n de las referencias a divinidades plurales, efectuadas en un tiempo donde todav&#x00ED;a no estaba actuante la <italic>lex gratiae</italic>.</p>
<p>Luego la emergencia de tales &#x201C;obeliscos vanos&#x201D; en un poema que trata, fundamentalmente, de la incapacidad humana de elevarse por encima de su propia constituci&#x00F3;n y f&#x00E1;brica, nos alienta a pensar que la direcci&#x00F3;n est&#x00E1; bien tomada, y que la articulaci&#x00F3;n que se produce entre <italic>vanitas</italic>, tal y como la entiende el pensamiento hispano inspirado en el tomismo<xref ref-type="fn" rid="fn38"><sup>38</sup></xref>, y las formas egipcias de dar sentido al mundo son, en esencia, equivalentes. Y, de hecho, eso mismo lo vemos citado en el poeta Baltasar de   Cepeda del siglo XVII, que en <italic>Flores de poetas ilustres</italic> escribe: &#x201C;Cuando levantan las sublimes frentes / al cielo, amenazando y las estrellas, / las pir&#x00E1;mides altas y obeliscos, / &#x2026;/ que siendo tan caducas como bellas&#x2026;<xref ref-type="fn" rid="fn39"><sup>39</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>Por otra parte, la conexi&#x00F3;n de la monja-poeta con el saber enciclop&#x00E9;dico de los jesuitas de su tiempo est&#x00E1; acreditada por la cr&#x00ED;tica que se ha ocupado de sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz<xref ref-type="fn" rid="fn40"><sup>40</sup></xref>. En el retrato que le hace Miguel Cabrera en su biblioteca, entre la proliferaci&#x00F3;n de vol&#x00FA;menes  que hab&#x00ED;a en su celda jer&#x00F3;nima, aparece la obra de Kircher (<italic>Kirqueri Opera</italic>), el enciclopedista y pol&#x00ED;mata que dedic&#x00F3; buena parte de su gigantesca labor escribiendo hasta cinco tratados en los cuales establece el papel de los restos arquitect&#x00F3;nicos egipcios; adem&#x00E1;s de conectar estos con los jerogl&#x00ED;ficos, y con lo que se pensaba eran los or&#x00ED;genes mismos de la sabidur&#x00ED;a universal: siempre dotada de un car&#x00E1;cter misterioso y enigm&#x00E1;tico<xref ref-type="fn" rid="fn41"><sup>41</sup></xref>.</p>
<p>En concreto, el jesuita Athanasius Kircher dedic&#x00F3; una de sus obras, el <italic>Oedipus Aegyptiacus</italic><xref ref-type="fn" rid="fn42"><sup>42</sup></xref>, a definir los restos ct&#x00F3;nicos que hab&#x00ED;a dejado en su pasaje por la historia el arte egipcio, que a la saz&#x00F3;n se presentaba (y todav&#x00ED;a lo es) como la m&#x00E1;s desconocida entre las grandes culturas universales que habr&#x00ED;an accedido a lo que Kircher denomina &#x201C;la antigua sabidur&#x00ED;a<xref ref-type="fn" rid="fn43"><sup>43</sup></xref>&#x201D;. Los grabados de esta obra del jesuita algo dicen ya de ese car&#x00E1;cter arruinado, melanc&#x00F3;lico, y compuesto exclusivamente de vestigios y huellas funerales al alcance solo de sus descubridores. La regi&#x00F3;n de Gizeh es un verdadero &#x201C;valle de signos&#x201D;, en donde las pir&#x00E1;mides y obeliscos son se&#x00F1;ales del alma de la humanidad penitente por la historia.</p>
<p>Hay algo de espectralidad y de fantasmagor&#x00ED;a en otros grabados del <italic>Esfinge</italic>, los cuales est&#x00E1;n llenos de obeliscos y de pir&#x00E1;mides que cumplen una funci&#x00F3;n de recuerdo de la variabilidad del mundo, y que, al suprimir el contexto civilizatorio del que, insisto, nada se sabe en su &#x00E9;poca, dejan solo a los arque&#x00F3;logos los restos arquitect&#x00F3;nico-textuales como objeto de su especulaci&#x00F3;n inevitablemente melanc&#x00F3;lica. Vale decir: son &#x2013;en su tiempo, que es el tiempo del barroco<xref ref-type="fn" rid="fn44"><sup>44</sup></xref>&#x2013;, las pir&#x00E1;mides, los obeliscos y el lenguaje jerogl&#x00ED;fico, las &#x00FA;nicas supervivencias de lo que fue el entero mundo egipcio, del cual constituyen un s&#x00ED;mbolo plurimilenario y lleno de secretos.</p>
<p>La pasi&#x00F3;n por los obeliscos fue determinante en Kircher, hasta el punto de que traslad&#x00F3; uno de ellos al denominado &#x201C;museo Kircheriano&#x201D;, primer museo arqueol&#x00F3;gico de Roma<xref ref-type="fn" rid="fn45"><sup>45</sup></xref>. Siguiendo los conocimientos de Athanasius Kircher, &#x201C;kirkerizando<xref ref-type="fn" rid="fn46"><sup>46</sup></xref>&#x201D; sor Juana entiende estos testimonios, provenientes de la cuna civilizatoria, como intentos arruinados y vanos en s&#x00ED; mismos de comprender la obra del creador, a la vez que son testigos de un af&#x00E1;n desesperado de anudar en una &#x201C;cadena del ser<xref ref-type="fn" rid="fn47"><sup>47</sup></xref>&#x201D; la existencia del hombre y la del cosmos. Lo cual es fundamento de toda la filosof&#x00ED;a herm&#x00E9;tica derivada del <italic>Corpus hermeticum</italic> y, asimismo, de las reflexiones retrat&#x00ED;stico-pict&#x00F3;ricas del humanismo renacentista: como las de Le&#x00F3;n Battista Alberti y, m&#x00E1;s lejano en el tiempo, Giovanni Piero Valeriano<xref ref-type="fn" rid="fn48"><sup>48</sup></xref>.</p>
<p>Aspiraci&#x00F3;n imposible de alcanzar sus metas, como fracasados intentos de escalar los cielos resultan ser las pir&#x00E1;mides y los obeliscos en el mundo sublunar. Lugar este de cierto condenado al deshacimiento y a la presunci&#x00F3;n de vanidad; tal y como el <italic>annus mundi</italic> (&#x201C;&#x00ED;nfimo globo de la tierra&#x201D;, como le llama Kircher) que es. Enterrada en lo profundo del cosmos, el alma que sue&#x00F1;a lanza su punta aguda (cual la de los obeliscos) hacia el espacio estelar (<xref ref-type="fig" rid="fig-1-61">Figura 1</xref><xref ref-type="fn" rid="fn49"><sup>49</sup></xref>), asom&#x00E1;ndose a la obra del creador, de la misma manera que las pir&#x00E1;mides proyectan la sombra, siempre piramidal, de un sue&#x00F1;o-muerte imposible, dado que, derrotada el alma &#x2013;tanto como los obeliscos y las estructuras piramidales&#x2013;, se ve precisada de retornar a la propia esfera de vida a la que se encuentra condenada a no escapar. Cuando menos, en espera de una parus&#x00ED;a final donde el enigma del hombre y del cosmos en el que vive quede desvelado<xref ref-type="fn" rid="fn50"><sup>50</sup></xref>. Sor Juana explica la determinaci&#x00F3;n que tuvo en su <italic>Sue&#x00F1;o</italic>, el cual vincula la vanidad a la necesidad del empe&#x00F1;o en una suerte de &#x201C;lectura del universo&#x201D;: &#x201C;Que como sube en piramidal punta / al cielo la ambiciosa llama ardiente / as&#x00ED; la humana mente / su figura trasunta / y a la Causa Primera siempre aspira<xref ref-type="fn" rid="fn51"><sup>51</sup></xref>&#x201D;.</p>
<fig id="fig-1-61">
<label>Figura 1.</label>
<caption><title>&#x201C;Fide et Vide&#x201D;. Empresa de Enrique de Navarra, Salom&#x00F3;n Neugebauer, <italic>Selectorum Symbolorum Heroicum</italic>. Francfort, 1619.</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-1-61.jpg"/>
</fig>
<p>Pir&#x00E1;mides de luz, pues, y pir&#x00E1;mides de sombra (<italic>tenebrarum pyramis</italic><xref ref-type="fn" rid="fn52"><sup>52</sup></xref>), que Kircher interpreta como un doble cono cuyas puntas avanzan hacia la base del otro, y que los egipcios entienden como pir&#x00E1;mide de luz, la que eleva el alma, y pir&#x00E1;mide de sombra la que proyecta el cuerpo (microcosmos); todo seg&#x00FA;n el te&#x00F3;logo que fue Nicol&#x00E1;s de Cusa en el <italic>De docta ignorantia</italic><xref ref-type="fn" rid="fn53"><sup>53</sup></xref>, al cual fielmente sigue sor Juana.</p>
<p>El segundo escenario del que aqu&#x00ED; querr&#x00ED;a hablar, y que resume la ilaci&#x00F3;n que vengo postulando entre <italic>vanitas</italic> y obeliscos, afecta a un grabado de &#x00ED;ndole anat&#x00F3;mica, que revelan la conexi&#x00F3;n entre pr&#x00E1;cticas cient&#x00ED;ficas y mundo art&#x00ED;stico que se produce en los dibujos osteol&#x00F3;gicos del espa&#x00F1;ol Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez (<xref ref-type="fig" rid="fig-2-61">Figura 2</xref>). El discurso anat&#x00F3;mico, desde Vesalio y el m&#x00E9;dico espa&#x00F1;ol Valverde de Amusco, exhibe en sus tratados toda una suerte de lo que se ha llamado &#x201C;anatomias moralizadas&#x201D; y &#x201C;teatros anat&#x00F3;micos&#x201D;<xref ref-type="fn" rid="fn54"><sup>54</sup></xref> , constituy&#x00E9;ndose en una suerte de &#x201C;civilizaci&#x00F3;n de la anatom&#x00ED;a&#x201D;, la cual ostenta una especial narrativa visual que es consecuencia del procedimiento &#x201C;ex figurarum&#x201D;, y no de la pr&#x00E1;ctica &#x201C;ex corporum<xref ref-type="fn" rid="fn55"><sup>55</sup></xref>&#x201D;.</p>
<fig id="fig-2-61">
<label>Figura 2.</label>
<caption><title>Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez, <italic>Atlas anat&#x00F3;mico</italic>. Lamina n&#x00BA; 17. BNE.</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-2-61.jpg"/>
</fig>
<p>En todas estas anatom&#x00ED;as se contiene un sentido fugaz, en extremo fr&#x00E1;gil de la vida humana que, en estos grabados, as&#x00ED; como en la obra entera de Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez, microscopista valenciano, llega a su culmen y apogeo. Texto realizado hacia 168o, que es la misma d&#x00E9;cada de redacci&#x00F3;n del poema de Sor Juana<xref ref-type="fn" rid="fn56"><sup>56</sup></xref>. &#x201C;Hay mucha ciencia en la <italic>vanitas</italic> tanta como cultura del desenga&#x00F1;o en la imagen anat&#x00F3;mica&#x201D;, ha escrito Juan Pimentel, aproximando los grabados anat&#x00F3;micos a las <italic>vanitas</italic> de, por ejemplo, el pintor madrile&#x00F1;o Antonio Pereda<xref ref-type="fn" rid="fn57"><sup>57</sup></xref>.</p>
<p>En el grabado de Mart&#x00ED;nez hasta catorce esqueletos<xref ref-type="fn" rid="fn58"><sup>58</sup></xref>, vistos a trav&#x00E9;s de gestos teatrales barrocos, son los que rodean la estructura arquitect&#x00F3;nica que podemos denominar como &#x201C;obelisco&#x201D;. Los catorce hombres descarnados portan s&#x00ED;mbolos de la caducidad (manzanas, plomadas&#x2026;), recordando el car&#x00E1;cter ef&#x00ED;mero de la vida. En los comentarios que ha suscitado este extra&#x00F1;o grabado, en ning&#x00FA;n momento se menciona el sentido que puede alcanzar a tener la estructura piramidal en torno a la cual aparecen dispuestos estos esqueletos, y que se convierte en un centro de semanticidad. Su significado funeral es de por s&#x00ED; evidente, y hace referencia (como los propios huesos) a una supervivencia vana del hombre y de sus huellas o vestigios memorativos sobre la tierra.</p>
<p>En cierto modo, se podr&#x00ED;a decir que el obelisco alzado sobre esa misma tierra alcanza a tener el mismo sentido que el hombre &#x2013;y se halla all&#x00ED; representando sus aspiraciones&#x2013;. Hombre y producto arquitect&#x00F3;nico de una cultura desaparecida, cuya f&#x00E1;brica es objeto de estudio por los pre-ostiologos, en el caso de los huesos, y por los pre-arque&#x00F3;logos, como Kircher, como Robert Fludd antes, en el de los obeliscos.</p>
<p>La estructura &#x00ED;ntima del tratado de Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez, y la de este grabado que es el n&#x00FA;mero XVII, se sit&#x00FA;a a medio camino entre el esp&#x00ED;ritu de la Contrarreforma &#x2013;aparte de la huella que en esta representaci&#x00F3;n haya dejado S&#x00E9;neca y el neo-estoicismo espa&#x00F1;ol&#x2013;<xref ref-type="fn" rid="fn59"><sup>59</sup></xref> y el amanecer de una ciencia experimental, producida sobre todo por la actividad cient&#x00ED;fica de los <italic>novatores</italic> en la ciudad de Valencia<xref ref-type="fn" rid="fn60"><sup>60</sup></xref>.</p>
<p>Pero algo distingue a esta representaci&#x00F3;n puesta en grabado de lo que es el <italic>memento mori</italic> de origen medieval: y es que esqueletos y obelisco confirman al mismo tiempo la dimensi&#x00F3;n terrena inevitable, junto con el destino celeste al que todo se ordena. La banda de abajo, debida al grabador valenciano, parece dedicada al progreso de la actividad cient&#x00ED;fica, a la <italic>rhopografia</italic> y a la <italic>micrograf&#x00ED;a</italic> con lo que es una expl&#x00ED;cita exaltaci&#x00F3;n del aparataje t&#x00E9;cnico &#x2013;el microscopio&#x2013;, objeto que permite observar las estructuras interiores o <italic>mundus minimus</italic>, mientras que la de arriba, o <italic>megalograf&#x00ED;a</italic>, en su <italic>compositio</italic> osteol&#x00F3;gica evoca el momento de la resurrecci&#x00F3;n en la espera del Juicio Final. Este ha de ser un momento en el cual, seg&#x00FA;n Mart&#x00ED;nez son los &#x00E1;ngeles psicopompos los que acudir&#x00E1;n al valle de Josafat para rearmar los huesos y recomponer la carne y la piel; eso conforme a la profec&#x00ED;a de Ezequiel.</p>
<p>El grabado del anatomista sit&#x00FA;a los huesos en espera de la resurrecci&#x00F3;n de la carne y de la llegada de Cristo, en un paisaje del que se han suprimido los signos jerogl&#x00ED;ficos (pues son, seg&#x00FA;n sor Juana, como hemos visto: &#x201C;b&#x00E1;rbaros jerogl&#x00ED;ficos de ciego error<xref ref-type="fn" rid="fn61"><sup>61</sup></xref>&#x201D;), y solo queda la desnuda estructura de un obelisco (no de un &#x201C;padr&#x00F3;n&#x201D; que es una columna de piedra con una l&#x00E1;pida o inscripci&#x00F3;n de alguna cosa) y de unos edificios arruinados. Es decir, que las huellas dejadas por aquellos que vivieron se comportan como <italic>reliquias</italic>, al modo de relicarios del mundo humano, despojados de esa connotaci&#x00F3;n sagrada y al servicio de la ciencia. Por lo tanto, no se trata de una simple consideraci&#x00F3;n del desenga&#x00F1;o, aquel &#x201C;despe&#x00F1;arse&#x201D; del que se hace eco Sor Juana<xref ref-type="fn" rid="fn62"><sup>62</sup></xref>. Como escribe de nuevo Juan Pimentel: &#x201C;El individuo] es capaz de recobrar la identidad para ingresar en el reino de los cielos, pero tambi&#x00E9;n la de la comunidad como polis y como iglesia, capaz de no desmembrarse y de sostener el cuerpo m&#x00ED;stico de Cristo<xref ref-type="fn" rid="fn63"><sup>63</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>El papel del obelisco se encuentra en la misma posici&#x00F3;n sem&#x00E1;ntica que los esqueletos de los que abunda el grabado de Cris&#x00F3;stomo; se trata de una <italic>danza de la muerte</italic>, y de un triunfo de la aniquilaci&#x00F3;n alrededor de la estructura arquitect&#x00F3;nica que sobresale entre las humanas, y que expresa, junto a la idea de final, la aspiraci&#x00F3;n a la trasvida. El grabado estimula la creencia en lo sagrado como &#x00FA;ltimo dep&#x00F3;sito de las esperanzas de los hombres, una vez han sido borradas de tales arquitecturas las estructuras ling&#x00FC;&#x00ED;sticas de los jerogl&#x00ED;ficos, o reducidas estas a su incomprensibilidad.</p>
<p>Aqu&#x00ED; encontramos una similitud con el grabado del obelisco de Maarten van Heemskerek de 1572, donde se presenta como z&#x00F3;calo o base del obelisco unas plataformas que son las que tambi&#x00E9;n graba Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez. Exorcizado &#x2013;como lo fue el obelisco que se alza frente a San Pedro&#x2013; de toda huella egipcia, es decir, <italic>cristianizado</italic>, sobrevive en esta estructura conmemorativa la pulsi&#x00F3;n de firmeza, el deseo de mirar a lo alto. Es un s&#x00ED;mbolo c&#x00F3;smico, solar. Y obviamente apunta hacia las esferas, hacia el cosmos.</p>
<p>Se trata de una <italic>vanitas</italic> especial la que aqu&#x00ED; se ofrece, a la que podemos denominar &#x201C;<italic>vanitas</italic> did&#x00E1;ctica&#x201D;, pues al sentimiento de deshacimiento y fragmentaci&#x00F3;n inevitable de la vida humana, se le superpone la creencia inveterada &#x2013;lo que es la fortaleza misma de la piedra<xref ref-type="fn" rid="fn64"><sup>64</sup></xref>&#x2013; en una trasvida aludida en la durabilidad del obelisco, recuerdo de esa misma ambici&#x00F3;n antes de la &#x201C;era de la gracia&#x201D; (<italic>lex gratiae</italic>). Adem&#x00E1;s, est&#x00E1; el hecho mismo de la recomposici&#x00F3;n de los huesos del esqueleto preparados para su segunda y trascendente vida, puesto que, seg&#x00FA;n la hip&#x00F3;tesis cat&#x00F3;lica, la de la recomposici&#x00F3;n de los huesos y su revestimiento de carne es tarea exclusiva de los &#x00E1;ngeles. Por ello mismo en la imagen de Salvator Rosa, <italic>Democritus in meditation</italic>, Dem&#x00F3;crito observa con melancol&#x00ED;a la dispersi&#x00F3;n en fragmentos de los huesos y la no-venida del &#x00E1;ngel, mientras la sombra de un obelisco se sit&#x00FA;a a sus espaldas. Los esqueletos deben ser reconstruidos armados de su carne, y eso solo es posible desde una perspectiva ontol&#x00F3;gica y resurreccional, puesto que esa funci&#x00F3;n &#x00FA;nicamente la pueden hacer los emisarios de Dios.</p>
<p>Quiere decirse que la escena preparada por Mart&#x00ED;nez, sit&#x00FA;a una vista sobre las partes y el todo del esqueleto humano; aquello que puede verse (desagregaci&#x00F3;n) y aquello que es invisible a los ojos (recomposici&#x00F3;n). Los procesos de muerte y descarnaci&#x00F3;n, que los huesos desnudos representan como un <italic>memento mori</italic>, est&#x00E1;n aqu&#x00ED; firmemente aludidos. Pero simult&#x00E1;neamente tambi&#x00E9;n cabe la esperanza y la espera de Cristo, y esto es lo que certifican los esqueletos en vislumbre de su futura recomposici&#x00F3;n, y el mismo obelisco &#x2013;eso s&#x00ED;: depurado de su ganga ling&#x00FC;&#x00ED;stica&#x2013;, borrados que han sido los &#x201C;barbaros jerogl&#x00ED;ficos de ciego / error&#x201D; de que se cubr&#x00ED;a su superficie. Todo ha pasado por la muerte y, de modo singular, los cuerpos est&#x00E1;n en su proceso de renacimiento y en espera de una nueva vida como cuerpos gloriosos. La muerte es el fiel de la balanza (hablando solo a los ojos), que se presenta al modo de los pasos o pasajes de un mismo proceso. El obelisco se alza como representaci&#x00F3;n del mundo de aspiraciones religiosas, que siempre han pose&#x00ED;do a la humanidad, y que en ese mismo caso cumple con la funci&#x00F3;n de ser un rayo del emp&#x00ED;reo (<italic>coelum empireum habitaculum</italic>). Vale decir: una promesa solidificada, una aspiraci&#x00F3;n hacia un mensaje de los dioses y para los dioses a trav&#x00E9;s de sus moradas. Todo lo cual era coincidente con la postura de la Iglesia Cat&#x00F3;lica ante lo que se conoce como &#x201C;astrolog&#x00ED;a judiciaria<xref ref-type="fn" rid="fn65"><sup>65</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>La ciencia aqu&#x00ED; no contradice el mensaje teol&#x00F3;gico que Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez le dirige, m&#x00E1;s bien se produce una armonizaci&#x00F3;n de ambas, distribuidas en planos<xref ref-type="fn" rid="fn66"><sup>66</sup></xref>. Lo que pretenden los grabados de Mart&#x00ED;nez es contravenir el mensaje luterano, que no cree en el papel de las reliquias, que considera un cuento la resurrecci&#x00F3;n de la carne, y que reserva para los testimonios arquitect&#x00F3;nicos de la antig&#x00FC;edad una idea de mundo ya aniquilado, al alcance solo de los anticuarios.</p>
<p>Mundo que se desenvolver&#x00E1; en adelante exclusivamente desarrollando el <italic>novum</italic> descubierto: es decir: el pensamiento cient&#x00ED;fico, objetivista y pr&#x00E1;ctico, que el obelisco no puede ya representar, as&#x00ED; como el &#x201C;sue&#x00F1;o&#x201D; o el paisaje inexistente cuyas fronteras la ciencia impide flanquear. Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez combina en sus grabados la experiencia del anatomista con la del cristiano. Y re&#x00FA;ne todo lo que destacable hay en el mundo sublunar: los huesos y las estructuras funerarias pos-vida que alzaron primitivas civilizaciones. La carne y el alma. Reconciliando en un mismo plano la referencia a la ley antes de la gracia, y despu&#x00E9;s de ella. Es la &#x00FA;ltima vez que con autoridad esto se representa en escena, y ello coincide con el cierto retroceso experimentado por Espa&#x00F1;a misma y por lo que, bajo la dinast&#x00ED;a de los Austria, ella misma significa en la historia de la humanidad: el intento fallido de armonizar bajo una perspectiva cat&#x00F3;lica el mundo sublunar.</p>
<sec sec-type="sec-1-61">
<label>1.</label>
<title>E<sc>mblem&#x00E1;tica</sc></title>
<p>El tercer escenario que elijo, dentro de los l&#x00ED;mites del barroco hispano, para la emergencia de los obeliscos y, en general, para lo que es la referencia egipcia a lo fun&#x00E9;reo, y a la aspiraci&#x00F3;n a una suerte de pos-vida que desvaloriza y viene a convertir en sombra de una sombra la vida misma, se produce en el &#x00E1;mbito de la emblem&#x00E1;tica hispana. Este es el g&#x00E9;nero que soporta una literatura simb&#x00F3;lico-ilustrada<xref ref-type="fn" rid="fn67"><sup>67</sup></xref>, y que expande los valores depositados en los iconos; realizando una suerte de epistemolog&#x00ED;a visual y pict&#x00F3;rica. Debemos decir de este registro, el que los grabados de los emblemas no distinguen bien entre pir&#x00E1;mides y obeliscos, y en varias ocasiones los confunden, llegando desde este g&#x00E9;nero a pensar que en las pir&#x00E1;mides hay escritura jerogl&#x00ED;fica en su exterior<xref ref-type="fn" rid="fn68"><sup>68</sup></xref>. Un emblema de todo ello lo anotamos en las <italic>Empresas morales</italic> de Juan de Borja, cuyo <italic>motto</italic> es <italic>Sic itur ad astra</italic>, que nos debe recordar el <italic>Iter</italic> <italic>extaticum</italic> de Athanasius Kircher. De Juan de Borja y de sus empresas tenemos otro ejemplo de confusi&#x00F3;n entre pir&#x00E1;mides y obeliscos, al suponer Borja que los egipcios grababan en sus pir&#x00E1;mides la letra &#x201C;tau&#x201D;, que es la cruz donde se lee en la <italic>subscriptio</italic> lo siguiente: &#x201C;Todo lo que hay en la vida no puede henchir el vac&#x00ED;o que le falta; esto no puede ser en esta vida, sino en la que est&#x00E1; por venir&#x201D;.</p>
<p>La presencia de los jerogl&#x00ED;ficos (o &#x201C;escritura sagrada&#x201D;), de los que aparecen cubiertos los obeliscos en la cultura ic&#x00F3;nico-literaria a partir de la obra de Horapolo<xref ref-type="fn" rid="fn69"><sup>69</sup></xref> y, antes, en la <italic>Hypnerotomachia Polifili</italic>, algo dice acerca de la ilaci&#x00F3;n que en aquella cultura se sit&#x00FA;a con relaci&#x00F3;n al mundo enigm&#x00E1;tico de lo egipcio<xref ref-type="fn" rid="fn70"><sup>70</sup></xref>.</p>
<p>Quiero decir con esto que es la forma piramidal la que est&#x00E1; presente en la emblem&#x00E1;tica espa&#x00F1;ola. Hay que comenzar por situar los dos emblemas de Saavedra Fajardo relativos a esa figura, que tambi&#x00E9;n aparece en el <italic>Primero sue&#x00F1;o</italic> de Sor Juana. Son dos los jerogl&#x00ED;ficos dedicados en las <italic>Empresas pol&#x00ED;ticas</italic> debidas al polit&#x00F3;logo del barroco, el doce y el trece, <italic>Excaecat candor</italic> y <italic>Censurae patent</italic> (<xref ref-type="fig" rid="fig-3-61">Figura 3</xref>), y en ellos es la tierra misma la que produce una pir&#x00E1;mide de sombra que apenas roza el mundo lunar, recordando el sello herm&#x00E9;tico de Fludd y de Kircher.</p>
<fig id="fig-3-61">
<label>Figura 3.</label>
<caption><title>&#x201C;Censura patent&#x201D;. Diego de Saavedra Fajardo, <italic>Idea de un Pr&#x00ED;ncipe Pol&#x00ED;tico Christiano representada en cien empresas</italic>. Monaco, 1640.</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-3-61.jpg"/>
</fig>
<p>Tambi&#x00E9;n en el emblema cien de Saavedra Fajardo, &#x201C;<italic>Qui legitime</italic>&#x201D;, situado poco antes del epitafio final del libro de la <italic>Idea de un pr&#x00ED;ncipe pol&#x00ED;tico-christiano en cien empresas</italic><xref ref-type="fn" rid="fn71"><sup>71</sup></xref> (&#x201C;&#x00BF;Qu&#x00E9; os arrog&#x00E1;is, &#x00A1;Oh pr&#x00ED;ncipes! &#x00A1;Oh reyes!, / si en los ultrajes de la muerte fr&#x00ED;a / comunes sois con los dem&#x00E1;s mortales?&#x201D;), nos sit&#x00FA;a plenamente en un contexto de vanitas did&#x00E1;ctica; aprovechando la idea de que los romanos situaban tres obeliscos al final del circo para significar que la carrera hab&#x00ED;a concluido. Con esta referencia a los obeliscos, que en la antig&#x00FC;edad cl&#x00E1;sica serv&#x00ED;an para se&#x00F1;alar la &#x00FA;ltima meta, Saavedra Fajardo declina todo el alfabeto del desenga&#x00F1;o y del estoicismo que debe presidir la vida humana; pues ciertamente las estructuras egipcias marcan el fin de una vida: &#x201C;Y asi, en este anfiteatro de la vida, no basta haber corrido bien si la carrera no es igual hasta el fin&#x201D;, dice la <italic>subscriptio</italic> de la empresa.</p>
<p>N&#x00FA;&#x00F1;ez de Cepeda, en sus <italic>Empresas sacras</italic> dedicadas a los obispos<xref ref-type="fn" rid="fn72"><sup>72</sup></xref>, sit&#x00FA;a la imagen VII, <italic>Colligit umbram</italic> (&#x201C;Recoge la sombra&#x201D;), que est&#x00E1; dedicada a un obelisco. All&#x00ED; se dice que as&#x00ED; debe ser la conducta del pastor de almas, fijada en el &#x201C;polo de la divinidad el hilo de oro de su recta intenci&#x00F3;n&#x201D;. N&#x00FA;&#x00F1;ez de Cepeda en el exergo que acompa&#x00F1;a la imagen habla de la vanidad como el pecado mayor que puede poseer a un pr&#x00ED;ncipe de la iglesia (&#x201C;Le inclina [la vanidad] a o&#x00ED;r con agrado las blandas voces de la lisonja, a complacerse en la celebridad o aplausos del mundo&#x201D;).</p>
<p>Tambi&#x00E9;n el emblema LXXIX por Juan de Sol&#x00F3;rzano, <italic>Sic docti &#x00E1; potentibus sublimandi</italic> de sus <italic>Emblemas regio-pol&#x00ED;ticos</italic><xref ref-type="fn" rid="fn73"><sup>73</sup></xref>, reproduce un obelisco coronado de vid y rematado en una corona. La conclusi&#x00F3;n del exergo es evidente: los pr&#x00ED;ncipes deben guiarse por la recta intenci&#x00F3;n y deben tender con claridad a su &#x00FA;ltimo fin, que es la integraci&#x00F3;n con dios conforme a su plan. Todo ello sirve a que su memoria sirva de ejemplo.</p>
<p>Sebasti&#x00E1;n de Covarrubias Horozco en la <italic>subscriptio</italic> de su emblema moral <italic>Immota flectitur umbra</italic>, que representa un obelisco ba&#x00F1;ado por la luz del sol, escribe: &#x201C;Poco teme los golpes de fortuna / ning&#x00FA;n adverso caso le lastima / las penas sombras son de su menguante, / ellas se mudan, y el est&#x00E1; constante&#x201D;. Juan de Horozco y Covarrubias, dedica su emblema moral al obelisco alzado en homenaje a su t&#x00ED;o, Diego de Covarrubias y Leyva<xref ref-type="fn" rid="fn74"><sup>74</sup></xref>. En &#x00E9;l denomina &#x201C;pir&#x00E1;mide&#x201D; a la estructura que est&#x00E1; representada en el grabado con la luna en cuarto menguante, y que, sin embargo, como dice el autor de literatura simb&#x00F3;lica ilustrada: &#x201C;Estando ella primero / obscura, obscurece amargamente. / M&#x00E1;s no su nombre y fama merecida&#x2026;&#x201D;. Horozco sit&#x00FA;a al frente de sus emblemas este motivo.</p>
<p><italic>Las empresas de los reyes de Castilla y de Le&#x00F3;n</italic><xref ref-type="fn" rid="fn75"><sup>75</sup></xref> est&#x00E1;n dedicadas a los h&#x00E9;roes de la civilicidad que ha cosechado la propia Espa&#x00F1;a. En efecto, el emblema dedicado a la memoria del rey Enrique IV habla acerca de la necesidad de que las acciones de los pr&#x00ED;ncipes se sustraigan a la corriente del tiempo, mientras ponen sus miras en la eternidad de su fama y en la gloria que les espera, a condici&#x00F3;n de que hayan actuado virtuosamente: &#x201C;Las cenizas de los varones heroicos se conservan en obeliscos eternos del aplauso com&#x00FA;n&#x201D;. De este modo, no les suceder&#x00E1;, guiados como est&#x00E1;n por la ley de la gracia, lo que a las pir&#x00E1;mides egipcias, de las cuales &#x201C;se ignora por qui&#x00E9;n se levantaron&#x2026; borrados los nombres de quien por eternizarse puso en ellas sus cenizas&#x201D;.</p>
<p>Otto van Veen, en el emblema IX y, especialmente, en el CIII (<italic>Mors ultima l&#x00ED;nea rerum est</italic>) de su <italic>Theatro moral de toda la philosof&#x00ED;a de los antiguos y modernos&#x2026;</italic><xref ref-type="fn" rid="fn76"><sup>76</sup></xref> , utiliza las tres columnas c&#x00F3;nicas u obeliscos, que se ubicaban en los l&#x00ED;mites de los circos romanos, como emblema de que la vida humana ha llegado a su final, mientras crecen las esperanzas de una vida eterna.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-2-61">
<label>2.</label>
<title>C<sc>astrum doloris</sc></title>
<p>Abandonemos este contexto emblem&#x00E1;tico, que sirve como una gu&#x00ED;a de conducta para las &#x00E9;lites del barroco hispano, y en el cual los obeliscos funcionan como recuerdos de una vida ya extinta que debe tener su recompensa en la tras-vida. El cuarto escenario que se abre respecto a estas peculiares formas constructivas que son los obeliscos, es el de la utilizaci&#x00F3;n de estas estructuras para los <italic>castrum doloris</italic>, o los catafalcos y estructuras tumulares que se consagran concretamente para las exequias de los reyes espa&#x00F1;oles en el per&#x00ED;odo que va de Carlos V<xref ref-type="fn" rid="fn77"><sup>77</sup></xref> a Carlos IV. Es decir: durante m&#x00E1;s de tres siglos de permanencia de estos obeliscos en funci&#x00F3;n funeraria, y a trav&#x00E9;s del paso entre la dinast&#x00ED;a Austria y la borb&#x00F3;nica en Espa&#x00F1;a<xref ref-type="fn" rid="fn78"><sup>78</sup></xref>.</p>
<p>Es una afirmaci&#x00F3;n corriente entre los historiadores del arte, el que las estructuras funerarias del barroco hispano pertenecen por entero a los vocabularios tipol&#x00F3;gicos del mundo romano, siendo as&#x00ED; que, en concreto, estas estructuras en pir&#x00E1;mide u obelisco provienen del mundo egipcio, y son referencia peculiarmente suya como lenguaje que es de la egiptofil&#x00ED;a que sacudi&#x00F3; la &#x00E9;poca<xref ref-type="fn" rid="fn79"><sup>79</sup></xref>. La raz&#x00F3;n por la que la pompa funeral empieza por ser una marca, al menos de la dinast&#x00ED;a habsb&#x00FA;rgica que modeliza el desarrollo social de tales actos y que alcanza una vertiente netamente espa&#x00F1;ola<xref ref-type="fn" rid="fn80"><sup>80</sup></xref>, estriba en un comentario de Diego de Saavedra Fajardo a prop&#x00F3;sito de ello: &#x201C;La pompa funeral, los mausoleos magn&#x00ED;ficos [&#x2026;] no se deben juzgar por vanidad de los pr&#x00ED;ncipes, sino por generosa piedad, que se&#x00F1;ala el &#x00FA;ltimo fin de la grandeza humana<xref ref-type="fn" rid="fn81"><sup>81</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>Quiz&#x00E1; el remate de los arcos triunfales, tal y como estos se ven en las entradas reales de Carlos V y de Felipe II, fueran el comienzo de la traslaci&#x00F3;n de estos elementos arquitect&#x00F3;nicos en la forma de catafalcos-obeliscos, que vemos proliferar en el renacimiento-barroco funerario hispano, precisamente a partir de la muerte del emperador Carlos V en 1558. Ya que unos sirven para las entradas jubilosas y otros para la despedida final de un reinado (<xref ref-type="fig" rid="fig-4-61">Figura 4</xref>).</p>
<fig id="fig-4-61">
<label>Figura 4.</label>
<caption><title>Exequias de Carlos V. Iglesia de San Francisco. M&#x00E9;xico. 1558.</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-4-61.jpg"/>
</fig>
<p>Es su valor simb&#x00F3;lico el que aqu&#x00ED; nos debe llamar la atenci&#x00F3;n; dado que a las funciones puramente decorativo-formales que el obelisco pueda cubrir, se le une ahora una connotaci&#x00F3;n cultural que ata&#x00F1;e particularmente a se&#x00F1;alar la vanidad misma de la vida terrena y la aspiraci&#x00F3;n a la tras-vida<xref ref-type="fn" rid="fn82"><sup>82</sup></xref>. Es decir, que la evidencia de que estas estructuras est&#x00E1;n no solo para se&#x00F1;alar la nihilificaci&#x00F3;n que afecta al mundo sublunar (como as&#x00ED; ha sido entendido tradicionalmente), sino que se interpretan tambi&#x00E9;n como un signo de confianza en la existencia de una otra vida emp&#x00ED;rea, al modo en que lo cre&#x00ED;an los antiguos egipcios o, en otro plano, como revela el pensamiento cat&#x00F3;lico. No todo es, pues, deshacimiento y nihilismo, y precisamente el obelisco con su connotaci&#x00F3;n de verticalidad apunta a una vida <italic>despu&#x00E9;s de la vida</italic>. Es de esta manera como los obeliscos o &#x201C;torres&#x201D;, los catafalcos arquitect&#x00F3;nicamente construidos en forma turriforme frente a los catafalcos-baldaquino, que responden a una manera arquitect&#x00F3;nica arqueologizante y realizada <italic>all&#x00B4;antica</italic> &#x2013;como las denomina el poeta Gabriel Boc&#x00E1;ngel en el texto sobre la muerte de Isabel de Borb&#x00F3;n, esposa de Felipe IV&#x2013;, sirven a la doble idea de deshacimiento del mundo material humano y, al mismo tiempo, de confianza en que el alma del difunto se dirige a su destino celeste:</p>
<verse-group>
<verse-line>Dos torres hagan rostros eminentes,</verse-line>
<verse-line>a las nubes, pues de ellas son confines,</verse-line>
<verse-line>cifren el desenga&#x00F1;o en sus dos frentes,</verse-line>
<verse-line>que pronuncien sus c&#x00F3;ncavos clarines</verse-line>
<verse-line>su altura, pues las partes excelentes</verse-line>
<verse-line>de la reyna que al cielo de sus fines,</verse-line>
<verse-line>divulge y el clamor su soberana</verse-line>
<verse-line>mortalidad deshecha al fin, y vana<xref ref-type="fn" rid="fn83"><sup>83</sup></xref>.</verse-line>
</verse-group>
<p>Puesto todo en estricta comparaci&#x00F3;n con la que aguarda al vencido por la muerte en la otra vida, a la que siempre se encaminan estas arquitecturas del dolor. Todo ser&#x00E1; recompuesto, reorganizado cuando lo &#x00E1;ngeles sicopompos re&#x00FA;nan los cuerpos rotos y fragmentados, y los testimonios de una era anterior a la <italic>lex gratiae</italic> sean todos recogidos: momento este en que la humanidad se encamine al d&#x00ED;a del <italic>Juicio Final</italic>. El t&#x00FA;mulo pues, tiene una funci&#x00F3;n votiva, resulta un gran emblema de trascendencia e inmortalidad<xref ref-type="fn" rid="fn84"><sup>84</sup></xref>, como resulta evidente en los dispositivos funerarios de Felipe II en Aquila (<xref ref-type="fig" rid="fig-5-61">Figura 5</xref>). Donde hay que observar que el orden ascensional de los cuerpos piramidales se combina con los obeliscos-candelabros, haciendo clara referencia al mundo egipcio. La pira-pir&#x00E1;mide, con su vieja geometr&#x00ED;a sagrada del tri&#x00E1;ngulo is&#x00F3;sceles, trae el recuerdo de irradiaci&#x00F3;n solar proyectada sobre el globo, y es entendida en los funerales regios como un signo de distinci&#x00F3;n emp&#x00ED;rea.</p>
<fig id="fig-5-61">
<label>Figura 5.</label>
<caption><title>Felice Benedetti, <italic>L&#x00B4;Imprese della M.C. di Filippo d&#x00B4;Austria</italic>. Aquila, 1599.</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-5-61.jpg"/>
</fig>
<p>Entre tanto, los capelardentes, con su estructura piramidal, reflejan tambi&#x00E9;n otras determinaciones, cual es la del rechazo activo de toda funcionalidad de dimensi&#x00F3;n utilitaria<xref ref-type="fn" rid="fn85"><sup>85</sup></xref>. La estructura piramidal, como ya observara George Bataille refiri&#x00E9;ndose a las egipcias, es el s&#x00ED;mbolo, por encima de cualquier otro, de la cultura de la afirmaci&#x00F3;n de una actividad enigm&#x00E1;tica que tiene el car&#x00E1;cter de un testamento funerario que debe operar en el otro mundo<xref ref-type="fn" rid="fn86"><sup>86</sup></xref>. Es esto lo que sucede en el <italic>Llanto de Occidente</italic>, la obra de Isidro de Sari&#x00F1;ana, que contiene una traza del t&#x00FA;mulo dedicado a Felipe IV<xref ref-type="fn" rid="fn87"><sup>87</sup></xref>, donde los obeliscos se alzan en una promesa de vida tras de la muerte<xref ref-type="fn" rid="fn88"><sup>88</sup></xref>. Fernando Mar&#x00ED;as describe el monumento mortuorio, dedicado a Felipe IV por Herrera Barnuevo en la Encarnaci&#x00F3;n de Madrid, y escribe acerca de este caso que la estructura funeraria est&#x00E1; &#x201C;suplementada por el car&#x00E1;cter ascensional que adquiere todo el conjunto por medio del recurso de los obeliscos y pir&#x00E1;mides&#x2026;<xref ref-type="fn" rid="fn89"><sup>89</sup></xref>. La mujer de Felipe IV, Isabel de Borb&#x00F3;n, tambi&#x00E9;n tiene un catafalco rodeado de obeliscos. Cosa que asimismo sucede en el <italic>castrum doloris</italic> de la catedral de M&#x00E9;jico, perteneciente a Carlos II en 1701, el cual aparece rodeado de 12 pir&#x00E1;mides<xref ref-type="fn" rid="fn90"><sup>90</sup></xref>.</p>
<p>Un ejemplo que llega hasta 1724, con motivo de la muerte de Luis I, es el obelisco que Manuel Rivera de Bernardes alza en la plaza mayor de Zacatecas, el <italic>obeliscus zacatecanus</italic>, traducido en el <italic>Obelisco para el ocaso de un pr&#x00ED;ncipe</italic><xref ref-type="fn" rid="fn91"><sup>91</sup></xref>. Luego vendr&#x00E1;n los de Carlos III y el de Carlos IV.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-3-61">
<label>3.</label>
<title>L<sc>a derrota de las esperanzas hispanas</sc></title>
<p>Es el quinto y &#x00FA;ltimo escenario en donde los obeliscos encuentran representaci&#x00F3;n en los grabados que se producen con respecto al siglo XVII espa&#x00F1;ol, la &#x00E9;poca del barroco. Pero no son propiamente grabados espa&#x00F1;oles, sino que provienen de la producci&#x00F3;n libelista de los Pa&#x00ED;ses Bajos, como parte que son de sus luchas por la independencia a trav&#x00E9;s de la guerra que mantuvieron con Espa&#x00F1;a a lo largo de ochenta largos a&#x00F1;os. Los historiadores son claros sobre este punto: fue la incapacidad de Espa&#x00F1;a para prolongar aquello que se llam&#x00F3; <italic>Pax Hispanica</italic>, y que fue celebrada en 1609 elevando una columna de piedra conmemorativa (importante para lo que luego diremos), lo que determin&#x00F3; la ruina misma del dise&#x00F1;o imperial hispano en Europa. <italic>Pax Hispanica</italic> que, a partir de 1621, dej&#x00F3; de ser efectiva introduciendo la llamada &#x201C;Guerra de los Treinta A&#x00F1;os&#x201D;. Esta ruptura de la paz precipit&#x00F3; al pa&#x00ED;s en una serie larga de enfrentamientos y luchas llevadas a cabo por toda la extensi&#x00F3;n de su imperio<xref ref-type="fn" rid="fn92"><sup>92</sup></xref>, cuyo inmediato final fue en 1648, en la llamada Paz de Westfalia, y que, luego, en Utrech en 1714 tendr&#x00ED;a su punto conclusivo con la independencia de Espa&#x00F1;a de todos los Pa&#x00ED;ses Bajos.</p>
<p>Antes de ello, la referencia a los obeliscos &#x2013;y al fondo a la columna, pronto quebrada, que se alz&#x00F3; para celebrar aquellas paces&#x2013; sirven de t&#x00E9;rmino de comparaci&#x00F3;n y de paradigma a lo que lograron los espa&#x00F1;oles en las conquistas llevadas a cabo en toda la Europa del Norte. De este modo, escribe Lope de Vega en su soneto 49 dedicado al Duque de Alba, gran gestor de estas victorias: &#x201C;Divino sucesor del nuevo Alcides / que puso en Francia, Italia, &#x00C1;frica y Flandes / pir&#x00E1;mides mas altas, y tan grandes, / que fueron gloria de cristianos Cides<xref ref-type="fn" rid="fn93"><sup>93</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>Es a aquel per&#x00ED;odo en el que una titubeante <italic>pax</italic> con las doce rep&#x00FA;blicas que configuran hoy Holanda, con su capital en Amsterdam, al que todas unas obras ic&#x00F3;nicas del libelismo y de la propaganda antiespa&#x00F1;ola se van a referir, haciendo de los obeliscos (en que ha sido transformada ic&#x00F3;nicamente la erigida columna de Treves) un signo de poder finalmente o quebrado y roto o balance&#x00E1;ndose peligrosamente, como la propia monarqu&#x00ED;a cat&#x00F3;lica y su dispositivo militar. Monarqu&#x00ED;a a la que todav&#x00ED;a le quedaban algunos triunfos por venir, y sobre todo los relativos al a&#x00F1;o 1625, <italic>annus mirabilis</italic> para el imperio global hispano.</p>
<p>He elegido una imagen situada al comienzo de la <italic>Pax Hispanica</italic> en 1614 y otra en su final, hacia 1620, siendo infrecuente en ellas el que, en ambas, aparecen los jerogl&#x00ED;ficos puestos en espiral sobre los obeliscos. Cuesti&#x00F3;n esta que debemos situar como referencia al infinito de las pretensiones hispanas<xref ref-type="fn" rid="fn94"><sup>94</sup></xref>. En la primera estampa o grabado se sit&#x00FA;a una alegor&#x00ED;a compleja sobre Juliers-Cl&#x00E9;veris, que fue realizada en 1614. Esta constituy&#x00F3; la primera amenaza seria a la paz, cuya columna en forma de obelisco se ve escorarse hacia su izquierda, en recuerdo de la columna de la paz en Treves, cargada en una barcaza que el dios Marte est&#x00E1; sosteniendo con un aparato hidr&#x00E1;ulico para que no amenace con la ruina definitiva (<xref ref-type="fig" rid="fig-6-61">Figura 6</xref>).</p>
<fig id="fig-6-61">
<label>Figura 6.</label>
<caption><title>Grabador an&#x00F3;nimo. Norte de Pa&#x00ED;ses Bajos, 1614.</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-6-61.jpg"/>
</fig>
<p>El segundo grabado aleg&#x00F3;rico, situado en lo que fue el final de la tregua o de la <italic>Pax Hispanica</italic>, es decir hacia 1620, se compone de un cielo arrebatado por la destrucci&#x00F3;n, las armas y las llamas y una tierra donde un soldado de los tercios se yergue con su pica desafiante en una actitud protot&#x00ED;pica de &#x201C;lo bizarro<xref ref-type="fn" rid="fn95"><sup>95</sup></xref>&#x201D; (<xref ref-type="fig" rid="fig-7-61">Figura 7</xref>). Lo hace sobre los restos de un obelisco roto que se mantiene todav&#x00ED;a en pie con la ayuda de Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Pa&#x00ED;ses Bajos, mientras que su marido, el archiduque Alberto, despedaza a los s&#x00FA;bditos holandeses. El obelisco est&#x00E1; apuntalado, pero ya roto en pedazos como la propia <italic>pax</italic>.</p>
<fig id="fig-7-61">
<label>Figura 7.</label>
<caption><title>Grabador an&#x00F3;nimo. Norte de Pa&#x00ED;ses Bajos, 1614.</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-7-61.jpg"/>
</fig>
<p>Los dos grabados hacen alusi&#x00F3;n, por lo tanto &#x2013;y en el contexto que le suministra la Guerra de los Treinta A&#x00F1;os&#x2013;, a la vanidad de las aspiraciones espa&#x00F1;olas por controlar un mundo del que definitivamente deben despedirse en el a&#x00F1;o 1648, con la paz de Westfalia. La cual supone el fin de las aspiraciones hispanas a controlar el conjunto de los pa&#x00ED;ses Bajos, y que, en general, acaba con la presencia espa&#x00F1;ola en el Norte de Europa.</p>
<p>El obelisco, confundido en no pocas ocasiones con la pir&#x00E1;mide, debido a los pocos registros visuales objetivos que se producen en la &#x00E9;poca de su vigencia representativa, repletan los espacios que hemos revisado, y que son los propios de la cultura barroca hispana. En ellos emerge con fuerza una significaci&#x00F3;n de duelo y vanitas, deshacimiento de la vida humana y sus realizaciones; pero al mismo tiempo en ellos, en los obeliscos, siempre que est&#x00E9;n alzados todav&#x00ED;a, y no rotos o bamboleantes como hemos visto reflejado en los libelos n&#x00F3;rdicos, permanece depositado un principio aspirativo. Hay una esperanza relacionada con la &#x00F3;ptica, con la geometr&#x00ED;a, con la matem&#x00E1;tica divina y con el cosmos, y se produce una confianza en que un destino enigm&#x00E1;tico aguarda al alma.</p>
<p>No todo se termina con la muerte: el obelisco y la pir&#x00E1;mide lo certifican. Y, como dir&#x00ED;a a estos efectos Shakespeare mismo (y recordamos con ello a sor Juana y su filosof&#x00ED;a barroco-cristiana):</p>
<disp-quote>
<p>Hay m&#x00E1;s cosas en el Cielo y en la Tierra, Horacio, que todas las que pueda <italic>so&#x00F1;ar</italic> tu filosof&#x00ED;a<xref ref-type="fn" rid="fn96"><sup>96</sup></xref>.</p></disp-quote>
</sec>
</body>
<back>
<fn-group>
<fn id="fn1"><label>1</label> <p>Si no producto de una oscuridad voluntariamente provocada que remite a G&#x00F3;ngora, como ha visto Rosa Perelmuter, <italic>Noche intelectual: la oscuridad idiom&#x00E1;tica en El Primero Sue&#x00F1;o</italic>. M&#x00E9;xico, UNAM, 1982.</p></fn>
<fn id="fn2"><label>2</label> <p>&#x00C1;ngel Rama, <italic>La ciudad letrada</italic>. (Hannover, N.H. Ediciones del Norte, 1984). O, incluso, la floreciente ciudad de M&#x00E9;xico en el XVI-XVII es le&#x00ED;da como una &#x201C;fortaleza docta&#x201D;, v&#x00E9;ase Magdalena Chocano, <italic>La fortaleza docta. &#x00C9;lite letrada y dominaci&#x00F3;n social en M&#x00E9;xico colonial (siglos XVI-XVII)</italic>. Barcelona, Ediciones Bellaterra, 2000.</p></fn>
<fn id="fn3"><label>3</label> <p>V&#x00E9;ase de Jurgis Baltrusaitis, <italic>En busca de Isis. Introducci&#x00F3;n a la egiptoman&#x00ED;a</italic>. Madrid, Siruela, 2006.</p></fn>
<fn id="fn4"><label>4</label> <p>Ludwig Pfandl, <italic>Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz. La d&#x00E9;cima musa de M&#x00E9;xico</italic>. M&#x00E9;xico, UNAM, 1963.</p></fn>
<fn id="fn5"><label>5</label> <p>Sor Juana en el villancico 318 vuelve a repetir la vinculaci&#x00F3;n entre formas arquitect&#x00F3;nico-funerarias egipcias y vanidad: &#x201C;No las pir&#x00E1;mides vanas / que labraron sus abuelos&#x201D;, pero tambi&#x00E9;n lo repite el poeta barroco Bartolom&#x00E9; Leonardo de Argensola, (BAE, t. 42, 353): &#x201C;Y la b&#x00E1;rbara Menfis se vio ufana / con sus altas pir&#x00E1;mides tesoro / in&#x00FA;til&#x2026;&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn6"><label>6</label> <p>La relaci&#x00F3;n del antiguo Egipto con los pueblos mesoamericanos fue una idea que sedujo a muchos intelectuales en el &#x201C;antiguo r&#x00E9;gimen&#x201D;, entre ellos a sor Juana In&#x00E9;s. La Atl&#x00E1;ntida habr&#x00ED;a servido como puente en medio de Egipto y Am&#x00E9;rica, como piensa, por ejemplo, Jos&#x00E9; Pellicer de Ossau, en el <italic>Aparato a la monarch&#x00ED;a antigua de las Espa&#x00F1;as</italic>, de 1673<italic>.</italic></p></fn>
<fn id="fn7"><label>7</label> <p>Sobre la influencia que el sentimiento del <italic>Eclesiast&#x00E9;s</italic> tuvo sobre el arte espa&#x00F1;ol de los siglos XVI y XVII, v&#x00E9;ase mi texto: &#x201C;La sombra del <italic>Eclesiast&#x00E9;s</italic> es alargada, "vanitas" y desconstrucci&#x00F3;n de la idea de mundo en la emblem&#x00E1;tica espa&#x00F1;ola hacia 1580&#x201D;. R. Zafra y J. J. Azanza (eds.), <italic>Emblemata aurea.</italic> (Madrid, Akal, 2000, 337-352). Adem&#x00E1;s, est&#x00E1; el texto de Luis Vives-Ferr&#x00E1;ndiz, <italic>Vanitas: ret&#x00F3;rica visual de la mirada</italic>. Madrid, Encuentro D.L., 2011.</p></fn>
<fn id="fn8"><label>8</label> <p>En Alberto P&#x00E9;rez Amador, <italic>El precipicio de Faet&#x00F3;n.</italic> (Frankfurt, Iberoamericana; Vervuert, 1996, 16). En efecto, los obeliscos y el sentimiento de acabamiento hispano no han cesado de entrelazarse en la tradici&#x00F3;n po&#x00E9;tica. Tenemos al poeta cordob&#x00E9;s del siglo XIX, Guillermo Belmonte M&#x00FC;ller, con su obra <italic>Obeliscos y fosas</italic>. (C&#x00F3;rdoba, Ayuntamiento, 1975).</p></fn>
<fn id="fn9"><label>9</label> <p>Pir&#x00E1;mides y obeliscos comparten la misma idea de elevaci&#x00F3;n, y son identificados como de igual sustancia por los lexic&#x00F3;grafos del barroco espa&#x00F1;ol, como Sebasti&#x00E1;n de Covarrubias Horozco quien dice que no se distinguen sino en que los obeliscos est&#x00E1;n hechos de una sola piedra mientras las pir&#x00E1;mides se componen de varias. <italic>Tesoro de la lengua castellana o espa&#x00F1;ola</italic> [1611]: &#x201C;Una coluna que se va rematando en punta, que por otro nombre se llama aguja, como el obelisco de Roma. La diferencia que hay entre obelisco y pir&#x00E1;mide es que la pir&#x00E1;mide es mucho mayor, y consta de muchas piedras, y el obelisco es peque&#x00F1;o en su respeto y de sola una pieza. Destos obeliscos hab&#x00ED;a muchos en Egipto, y cr&#x00E9;ese haberlos dedicado al sol, representando en ellos uno de sus rayos. D&#x00ED;jose del nombre latino <italic>obeliscus</italic>, del griego &#x201C;obeliscos&#x201D;<italic></italic>, diminutivo de &#x201C;obelos&#x201D;, que significa &#x201C;asador&#x201D;. (I. Arellano; R. Zafra &#x2013;eds.&#x2013; Pamplona, Universidad de Navarra; Iberoamericana; Vervuert; RAE, Centro para la Edici&#x00F3;n de Cl&#x00E1;sicos Espa&#x00F1;oles, 2006). En <italic>El Pastor de F&#x00ED;lida</italic>, de Luis G&#x00E1;lvez de Montalvo [1582] (Madrid, Bailly-Bailli&#x00E8;re, 1907), hay un pasaje que aclara la confusi&#x00F3;n obelisco/pir&#x00E1;mide: &#x201C;No faltaba el obelisco de Sem&#x00ED;ramis, a manera de Pir&#x00E1;mide, salvo que era todo de una pieza&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn10"><label>10</label> <p>Peter Sloterdijk ha escrito sobre ello en el <italic>Imperativo est&#x00E9;tico</italic>. (Madrid, Akal, 2020, 305), &#x201C;Museos y pir&#x00E1;mides-tumba son los m&#x00E1;s obvios equivalentes terrenos de la eternidad metaf&#x00ED;sica&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn11"><label>11</label> <p>Francisco de Quevedo, &#x201C;Ense&#x00F1;a como todas las cosas son recuerdo de la muerte&#x201D;. En Red.</p></fn>
<fn id="fn12"><label>12</label> <p>Se produce una confusi&#x00F3;n entre obeliscos y pir&#x00E1;mides en el XVI, XVII, momento en que no se conocen de primera vista las pir&#x00E1;mides del valle de Menfis. Por ejemplo, las confunde F. Van Aelst (Roma, 1580) en el grabado donde aparecen las tres pir&#x00E1;mides de Gizeh, y dos de ellas son, en realidad, obeliscos. Ya antes hab&#x00ED;a representaciones de la &#x201C;Torre de Babel&#x201D; rodeada de obeliscos, seg&#x00FA;n un grabado de Maarten van Heemskerek de 1572. La reproducci&#x00F3;n de ambos grabados se encuentra en el libro de Juan Antonio Ram&#x00ED;rez, <italic>Cinco lecciones sobre arquitectura y utop&#x00ED;a.</italic> M&#x00E1;laga, Universidad, 1981.</p></fn>
<fn id="fn13"><label>13</label> <p>Hugo Ball, en su libro <italic>Cristianismo bizantino</italic>. (Madrid, Berenice, 2015, 347) denomina a Egipto como &#x201C;el pa&#x00ED;s de la muerte&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn14"><label>14</label> <p>Quien en su <italic>Ars memoriae</italic> se hab&#x00ED;a interesado por los obeliscos, alguno de los cuales reproduce en su obra. V&#x00E9;ase Jocelyn Godwin, <italic>Robert Fludd</italic>. <italic>Hermetic Philosopher and Surveyor of Two Worlds</italic>. (London, Thames and Hudson, 1979). Jos&#x00E9; Pascual Bux&#x00F3; ha estudiado las interacciones entre el <italic>ars memoriae</italic> y el <italic>Primero Sue&#x00F1;o</italic>, en &#x201C;El Arte de la Memoria en el <italic>Primero sue&#x00F1;o</italic>. Introducci&#x00F3;n al estudio de un poema enigm&#x00E1;tico&#x201D;. VVAA, <italic>Sor Juana y su mundo. Una mirada actual</italic>. (M&#x00E9;xico, Universidad del Claustro de Sor Juana, 1995, 309-350). V&#x00E9;ase a este respecto, mi <italic>Teatro de la memoria. Siete ensayos sobre mnemotecn&#x00ED;a espa&#x00F1;ola de los siglos XVII y XVIII</italic>. Salamanca, Junta de Castilla y Le&#x00F3;n, 1996.</p></fn>
<fn id="fn15"><label>15</label> <p>El tema egipcio le llega a sor Juana desde el neoplatonismo renacentista (y m&#x00E1;s antiguo: Proclo que asegura que J&#x00E1;mblico en el siglo IV redact&#x00F3; los <italic>Mysteria Aegyptiaca</italic>), asegurando la v&#x00ED;a hermetica. Como ha establecido Mar&#x00ED;a Mercedes &#x00C1;lvarez Lires, &#x201C;El paradigma hermetista y Kircher en la obra de sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz (M&#x00E9;xico 1648-1695)&#x201D;. <italic>Bolet&#x00ED;n das Ciencias</italic>, 16/53 (2003), 239-244. La importancia de las referencias al mundo egipcio en sor Juana son notables, y en su <italic>Neptuno aleg&#x00F3;rico</italic>, Octavio Paz (<italic>Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz o las trampas de la fe</italic>. Madrid, Seix Barral, 1982) lleg&#x00F3; a encontrar en el poema de la monja jer&#x00F3;nima hasta treinta y una referencias al tema egipcio. Es por ello que el asunto de las pir&#x00E1;mides resulta ser decisivo en el <italic>Sue&#x00F1;o</italic>, as&#x00ED; como en toda la tradici&#x00F3;n europea, esto seg&#x00FA;n Erik Iversen, <italic>The Myth of Egypt and his Hieroglyphs in European tradition</italic>. (Princenton, University Press, 1993), quien considera a la cultura egipcia como la &#x201C;cuna&#x201D; de la sabidur&#x00ED;a oculta y del saber m&#x00ED;stico ejemplificado en sus jerogl&#x00ED;ficos.</p></fn>
<fn id="fn16"><label>16</label> <p>Finalmente, Roc&#x00ED;o Olivares Zorrilla es quien ha dilucidado la idea de unas construcciones humanas dedicadas a la divinidad en las obras de Sor Juana, en &#x201C;Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz y la arquitectura sagrada&#x201D;. <italic>Esp&#x00E9;culo. Revista de Estudios Literarios</italic>, 34 (2007). En red.</p></fn>
<fn id="fn17"><label>17</label> <p>Gilbert Durand, <italic>Estructuras simb&#x00F3;licas del imaginario</italic>. (Madrid, Taurus, 1981). Todo el poema de sor Juana entra, pues, en la categor&#x00ED;a de un <italic>sommium imago mortis</italic>. O, como escribe Pere Gimferrer siguiendo al cl&#x00E1;sico: &#x201C;Tristissima noctis imago&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn18"><label>18</label> <p>&#x201C;Atezado ce&#x00F1;o&#x201D;, &#x201C;noche&#x201D;, &#x201C;sue&#x00F1;o&#x2026;&#x201D; todo conduce hacia un sentimiento de melancol&#x00ED;a por el bien perdido o inalcanzable, que se corresponde con ciertas actitudes de los m&#x00E1;s de los artistas simb&#x00F3;licos hispanos, y de cuyas producciones he dado cuenta en mi <italic>Era melanc&#x00F3;lica. Figuras del imaginario barroco</italic>. (Palma de Mallorca, UBA/Juan de Ola&#x00F1;eta, 2007). V&#x00E9;ase sobre la idea misma de &#x201C;atezado&#x201D; el modo en que esta cualidad colorista se encuentra recepcionada, en cuanto perteneciente al &#x00E1;rea misma de la tristeza, en Felice Gambin, <italic>Azabache</italic>. <italic>El debate sobre la melancol&#x00ED;a en la Espa&#x00F1;a de los Siglos de Oro</italic>. (Madrid, Biblioteca Nueva, 2008). Para el estudio de c&#x00F3;mo la melancol&#x00ED;a resulta definitoria de la actitud de las mas reconocidas &#x00E9;lites novohispanas, y correspondientemente se hace presente en el <italic>Sue&#x00F1;o</italic> de sor Juana, v&#x00E9;ase de Roger Bartra, <italic>Trasgresi&#x00F3;n y melancol&#x00ED;a en el M&#x00E9;xico colonial.</italic> (M&#x00E9;xico, UNAM, 2004). Y, tambi&#x00E9;n: Roc&#x00ED;o Olivares Zorrilla, &#x201C;De la <italic>tristitia salut&#x00ED;fera</italic> a la elocuencia circunspecta: texturas de la simb&#x00F3;lica espiritual en el <italic>Primero sue&#x00F1;o</italic> de sor Juana&#x201D;. VVAA, <italic>IX Colloquio de Etudos Barrocos. O eterno retorno do Barroco</italic>. Natal, Universidad Federal do R&#x00ED;o Grande do Norte, 2014, 119-167.</p></fn>
<fn id="fn19"><label>19</label> <p>Se trata del modelo geoc&#x00E9;ntrico ptolemaico, distinto del heliocentrismo galineano. El primero tiene once cielos, cuya primera &#x00F3;rbita es la de la luna. Los cristianos identifican la &#x00FA;ltima esfera con el emp&#x00ED;reo, la morada de Dios, el <italic>primum mobile</italic>. V&#x00E9;ase de Alexandre Koyr&#x00E9;, <italic>Del mundo cerrado al universo infinito</italic>. M&#x00E9;xico, Siglo XXI, 1974.</p></fn>
<fn id="fn20"><label>20</label> <p><italic>Primero sue&#x00F1;o</italic>, vv. 360-361. Las lecturas posibles que en el barroco se hicieron del cosmos est&#x00E1;n prefiguradas en la conferencia de Aby Warburg, ahora reeditada en <italic>Per monstra ad sphaeram. Terror y armon&#x00ED;a de las esferas</italic>. D. Stimilli; C. Wedepolh (eds.). Madrid, Sexto Piso, 2021, 47-113.</p></fn>
<fn id="fn21"><label>21</label> <p>Andr&#x00E9; Jean Festugi&#x00E9;re, &#x201C;La Pyramide herm&#x00E9;tique&#x201D;. <italic>Herm&#x00E9;tisme et mystique paienn.</italic> Par&#x00ED;s, Aubier Montaigne, 1967, 131-137.</p></fn>
<fn id="fn22"><label>22</label> <p>Martin Kemp, &#x201C;Leonardo and the Visual Pyramid&#x201D;. <italic>JWCI</italic>, 40 (1977), 128-149.</p></fn>
<fn id="fn23"><label>23</label> <p>Mar&#x00EC;e&#x2013;C&#x00E9;cile B&#x00E9;nassy-Berling, <italic>Humanisme et religi&#x00F3;n chez Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz: la femme et la culture au XVII&#x00BA;  si&#x00E8;cle&#x2026;</italic>, ha escrito: <italic>Le Sue&#x00F1;o est l&#x00B4;expressi&#x00F3;n d&#x00B4;une impuissance intelectuelle</italic>.</p></fn>
<fn id="fn24"><label>24</label> <p>Mario Perniola ha aproximado la idea de que Egipto fue un lugar importante para los cristianos, como s&#x00ED;mbolo del mundo que era (&#x201C;el pa&#x00ED;s del enigma&#x201D;: lo llama Hegel), y esto lo hace confluir con la idea de barroco, hasta asegurar a trav&#x00E9;s de esta noci&#x00F3;n que vivimos un &#x201C;momento egipcio&#x201D;, un &#x201C;efecto egipcio&#x201D;, lo cual implica la transici&#x00F3;n entre una est&#x00E9;tica europea a la est&#x00E9;tica que encuentra sus modelos en eras pre-cl&#x00E1;sicas y extra-europeas, como resulta ser la egipcia misma. Todo ello en <italic>Enigmas. Egipcio, barroco y neo-barroco en la sociedad y el arte</italic>. Murcia, CENDEAC, 2006.</p></fn>
<fn id="fn25"><label>25</label> <p>Para una idea precisa de este universo infinito de la cosmolog&#x00ED;a de la segunda fase de la Era Moderna, v&#x00E9;ase la obra de Giordano Bruno, y el an&#x00E1;lisis que de la misma ha realizado recientemente Miguel &#x00C1;ngel Granada, <italic>Entre Petrarca y Descartes. El umbral de la modernidad</italic>. (Barcelona, Herder, 1993). Y, en otro sentido, Brian Vickers, &#x201C;Introducci&#x00F3;n&#x201D;. B. Vickers (comp.), <italic>Mentalidades ocultas y cient&#x00ED;ficas</italic> <italic>en el Renacimiento</italic>. (Madrid, Alianza, 1990). Por otra parte, la filosof&#x00ED;a de Sor Juana es plenamente barroca, como argument&#x00F3; Mauricio Beuchot en su <italic>Sor Juana: una filosof&#x00ED;a barroca</italic>. (M&#x00E9;xico, UNAM, 2001) y, como tal, ostenta huellas claras del neoplatonismo herm&#x00E9;tico, como la alusi&#x00F3;n a las pir&#x00E1;mides egipcias ejemplifica suficientemente. V&#x00E9;ase de Mari&#x00E9;-Cecile B&#x00E9;nassy Berling, &#x201C;Sobre el hermetismo de sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz&#x201D;. M. Bosse <italic>et alii.</italic> (eds.), <italic>La creatividad femenina en el mundo barroco hispano</italic>. (Erfurt, Edition Reichenberger, 1999, II, 629-638). No obstante es evidente tambi&#x00E9;n el influjo que en la poes&#x00ED;a de la monja ha dejado fray Luis de Le&#x00F3;n, y en lo que consiste la cristianizaci&#x00F3;n que, dentro de un cierto neoplatonismo, este poeta realiza de Virgilio en su poema &#x201C;A Felipe Ruiz&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn26"><label>26</label> <p>Cito el extraordinario art&#x00ED;culo de Linda B&#x00E1;ez Rub&#x00ED;, &#x201C;<italic>Visio circulariter-visio angulariter</italic>. Modelos de visi&#x00F3;n y reflexi&#x00F3;n en Nicol&#x00E1;s de Cusa y sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz&#x201D;. C. Bargenelli y P. D&#x00ED;az Cayeros (eds.), <italic>El renacimiento italiano desde Am&#x00E9;rica latina</italic>. M&#x00E9;xico, UNAM; Instituto de investigaciones Est&#x00E9;ticas, 2018, 211-236.</p></fn>
<fn id="fn27"><label>27</label> <p>Este es el sentido general del <italic>Primero Sue&#x00F1;o</italic>, seg&#x00FA;n sus analistas m&#x00E1;s perspicaces como Andr&#x00E9;s S&#x00E1;nchez Robayna, en su obra: <italic>Para leer el Primero sue&#x00F1;o de Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz.</italic> M&#x00E9;xico, FCE, 1991<italic>.</italic></p></fn>
<fn id="fn28"><label>28</label> <p>Esta conjunci&#x00F3;n de ciencia y religi&#x00F3;n es caracter&#x00ED;stica del siglo XVII, que en M&#x00E9;xico conoce una suerte de movimiento alrededor de la aparici&#x00F3;n cometaria ocurrida en 1680 y la correspondiente &#x201C;desmitificaci&#x00F3;n de los cielos&#x201D;, dilucidada en buena parte por el libro cl&#x00E1;sico de Elias Trebulse, <italic>Ciencia y religi&#x00F3;n en el siglo XVII</italic>. M&#x00E9;xico D.F., El Colegio de M&#x00E9;xico,1974.</p></fn>
<fn id="fn29"><label>29</label> <p>Todo lo que viene del Imperio (la Monarqu&#x00ED;a Cat&#x00F3;lica, en este caso) o de Dios emite estos &#x201C;rayos piramidales&#x201D;. Es lectura de Lope de Vega que, en su <italic>La ma&#x00F1;ana de san Juan de Madrid</italic>, escribe: &#x201C;&#x00A1;Oh! gran Felipe, &#x00BF;Qui&#x00E9;n cantar se atreve / los rayos de tu sol piramidales&#x201D;. Cit. por Ricardo del Arco, <italic>La idea de Imperio en la pol&#x00ED;tica y la literatura espa&#x00F1;olas</italic>. Madrid, Espasa-Calpe, 1944, 302.</p></fn>
<fn id="fn30"><label>30</label> <p>Francisco Aguil&#x00F3;n, <italic>Opticorum libri sex</italic>&#x2026;, (Amberes, ex oficina Plantiniana, 1613, 8. v.). La referencia, de nuevo, en Linda B&#x00E1;ez, &#x201C;Visio circulariter-visio angulariter&#x2026;&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn31"><label>31</label> <p>En tanto que este es prefigura de la muerte, pero al mismo tiempo es figuraci&#x00F3;n de la vida eterna, porque acerca el misterio del <italic>deus absconditus</italic>. Sobre el asunto de los sue&#x00F1;os en la cultura barroca hispana, v&#x00E9;ase Teresa G&#x00F3;mez Trueba, <italic>El sue&#x00F1;o literario en Espa&#x00F1;a. Consolidaci&#x00F3;n y desarrollo de un g&#x00E9;nero</italic>. (Madrid, C&#x00E1;tedra, 1999) y Mar&#x00ED;a V. Jord&#x00E1;n Arroyo, <italic>Entre la vigilia y el sue&#x00F1;o. So&#x00F1;ar en el Siglo de Oro</italic>, particularmente el cap&#x00ED;tulo VI: &#x201C;Fue mi maestro un sue&#x00F1;o&#x201D; (en Madrid, Iberoamericana; Vervuert, 2017, 223-26). Ya sobre sor Juana y su obra mas significativa, de Jos&#x00E9; Gaos hay que ver: &#x201C;El sue&#x00F1;o de un sue&#x00F1;o&#x201D;. <italic>Historia Mexicana</italic>, 37 (1960), 54-71. Seg&#x00FA;n cuenta la propia sor Juana en la <italic>Respuesta a sor Filotea</italic>, fue en su dormitorio mirando al techo cuando observ&#x00F3; que las l&#x00ED;neas visuales corren rectas, pero no paralelas, y que forman una pir&#x00E1;mide visual. Encuentro la noticia en el art&#x00ED;culo de Linda B&#x00E1;ez, &#x201C;Visio circulariter-visio angulariter&#x2026;&#x201D;, que ha puesto de relieve el inter&#x00E9;s de sor Juana por la &#x00F3;ptica y los <italic>ludi mathematici</italic>; por ejemplo: los <italic>ludi rerum mathematicarum</italic> que hacia 1450 public&#x00F3; Alberti, y que tienen recepci&#x00F3;n en el campo teol&#x00F3;gico a trav&#x00E9;s de Nicol&#x00E1;s de Cusa y de sor Juana.</p></fn>
<fn id="fn32"><label>32</label> <p>Ambas estructuras arquitect&#x00F3;nicas aparecen correlacionadas en el diccionario de Covarrubias, lo que distingue una de la otra es nada m&#x00E1;s que la composici&#x00F3;n unitaria de la piedra, en el caso de los obeliscos, pero alcanzan junto a la pir&#x00E1;mide las mismas implicaciones simb&#x00F3;licas. &#x201C;<italic>Obeliscus et pyramis&#x2026; figura habent eadem significationem</italic>&#x201D;, dice Antonii Ricciardi Brixiano en su <italic>Commentaria Symbolica</italic>. Venecia, Franciscum de Francischis, 1591, II, 95 b.</p></fn>
<fn id="fn33"><label>33</label> <p>En <italic>El sue&#x00F1;o de sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz: tradiciones literarias y originalidad</italic>. London, Tamesis Books Limited, 1977.</p></fn>
<fn id="fn34"><label>34</label> <p>As&#x00ED; denomin&#x00F3; a esta zona del poema de sor Juana, M&#x00E9;ndez Plancarte en su edici&#x00F3;n del <italic>Primero sue&#x00F1;o.</italic> Y as&#x00ED; tambi&#x00E9;n titula su cap&#x00ED;tulo quinto Alejandro Soriano<italic>, El Primero sue&#x00F1;o de sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz. Bases tomistas.</italic> (M&#x00E9;xico UNAM, 2000, 149-213)<italic>.</italic> Sor Juana las denomina &#x201C;gitanas glorias; m&#x00E9;nficas proezas&#x201D; a las pir&#x00E1;mides de K&#x00E9;ops y Kefr&#x00E9;n en Menfis, las cuales seg&#x00FA;n Herodoto son pendones y tumbas, simult&#x00E1;neamente. Sobre el car&#x00E1;cter de vana ostentaci&#x00F3;n, tambi&#x00E9;n Juan de J&#x00E1;uregui (<italic>Obras</italic>, Madrid, Biblioteca de Autores Espa&#x00F1;oles, t. 42 p. 109) que escribe sobre las pir&#x00E1;mides de Menfis: &#x201C;No Menfis generosa / sus b&#x00E1;rbaras pir&#x00E1;mides ostente&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn35"><label>35</label> <p>Quiz&#x00E1; recordando en ello la &#x201C;pir&#x00E1;mide trasparente&#x201D; que Leibniz ofrece en su teodicea (<italic>La teodicea o tratado sobre la libertad del hombre y el origen del mal</italic>)<italic>.</italic> Y m&#x00E1;s probablemente acord&#x00E1;ndose sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz de las estructuras mentales, esta vez en forma de &#x201C;castillo&#x201D;, que utiliza santa Teresa de Jes&#x00FA;s en sus &#x201C;moradas&#x201D;. Los versos 399-407 son expl&#x00ED;citos en cuanto se refieren a esa similitud de la pir&#x00E1;mide con el alma humana y las ansias de eternidad; fuera parte del error que se&#x00F1;ala Roc&#x00ED;o Olivares (en su &#x201C;Refracci&#x00F3;n e imagen emblem&#x00E1;tica en el <italic>Primero Sue&#x00F1;o</italic> de sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz&#x201D;, <italic>Estudios Latinoamericanos</italic>, 4 &#x2013;1996&#x2013;, 263) en la atribuci&#x00F3;n de la idea a Homero, siendo Plat&#x00F3;n en el <italic>Timeo</italic> quien la enuncia: &#x201C;Seg&#x00FA;n de Homero, digo, la sentencia, / las Pir&#x00E1;mides fueron materiales / tipos solos, se&#x00F1;ales exteriores / de las que, dimensiones interiores, / especies son del alma intencionales: / que como sube en piramidal punta / al cielo la ambiciosa llama ardiente, / as&#x00ED; la humana su figura trasunta&#x201D;. (<italic>Primero sue&#x00F1;o</italic>. vv. 590-598). El dise&#x00F1;o piramidal se constituye as&#x00ED; en un signo exterior del modo de conocer humano, adapt&#x00E1;ndose a la forma del alma. Hay que recordar como en la obra de Emanuele Tesaurus, <italic>Il cannocchiale aristot&#x00E9;lico</italic>, de 1654, una figura c&#x00F3;nica preside el frontispicio de la obra, donde se leen las palabras, indudablemente referidas a una tradici&#x00F3;n m&#x00ED;stica, de <italic>Omnis in unum</italic>. V&#x00E9;ase Roc&#x00ED;o Olivares Zorrilla, &#x201C;Sor Juana y la tradici&#x00F3;n m&#x00ED;stica&#x201D;. Isaias Lerner <italic>et alii., Actas del XIV Congreso Internacional de Hispanistas</italic>. Newark DE, Juan de la Cuesta, 2004, IV, 487-493.</p></fn>
<fn id="fn36"><label>36</label> <p>Elevadas por los hombres son exacta reproducci&#x00F3;n <italic>a contrario</italic> del llamado &#x201C;rayo de J&#x00FA;piter&#x201D; en que los mit&#x00F3;grafos antiguos (por ejemplo, Plinio) interpretaron la elevaci&#x00F3;n de estos monumentos, que se cre&#x00ED;an alzados en homenaje al emp&#x00ED;reo y la morada de los dioses. Escribe Roc&#x00ED;o Olivares, en su &#x201C;Refracci&#x00F3;n e imagen emblem&#x00E1;tica de el <italic>Primero Sue&#x00F1;o</italic>, de sor Juana&#x2026;&#x201D;, es preciso &#x201C;observar que la pir&#x00E1;mide no es solamente la primera figura emblem&#x00E1;tica del poema, sino que tambi&#x00E9;n lo alegoriza integralmente, como s&#x00ED;mbolo o <italic>figura figurans</italic>, que expresa la triple relaci&#x00F3;n entre Dios, el hombre y la naturaleza&#x201D; (260).</p></fn>
<fn id="fn37"><label>37</label> <p>Y m&#x00E1;s de pretender el recorrerlo, como el ejemplo de Icaro suscita en el poema que lo acoge entre los versos 454 a 494. En similar caso, alegorizando la vana presunci&#x00F3;n, est&#x00E1; el caso de Faet&#x00F3;n aludido en los versos 809-810. Y de lo que se hace eco la lectura del <italic>Primero Sue&#x00F1;o</italic> de Plancarte y el libro de Alberto P&#x00E9;rez Amador, <italic>El precipicio de Faet&#x00F3;n</italic>&#x2026; Tambi&#x00E9;n, naturalmente, Jos&#x00E9; Pascual Bux&#x00F3;, &#x201C;El <italic>Sue&#x00F1;o</italic> de sor Juana: alegor&#x00ED;a y modelo del mundo&#x201D;, en <italic>Las figuraciones del sentido. Ensayos de po&#x00E9;tica semiol&#x00F3;gica</italic>. M&#x00E9;xico, FCE, 1984.</p></fn>
<fn id="fn38"><label>38</label> <p>Pues que todo el poema de Sor Juana se inscribe de modo natural en ese neoescolasticismo en el que viven las &#x00F3;rdenes religiosas cat&#x00F3;licas, ateni&#x00E9;ndose a &#x00E9;l en el per&#x00ED;odo barroco. V&#x00E9;ase, de nuevo, Alejandro Soriano, <italic>El Primero sue&#x00F1;o de sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz. Bases tomistas&#x2026;</italic>: que escribe: &#x201C;El medio intelectual en que se desarroll&#x00F3; nuestra poetisa fue, indudablemente, el arist&#x00F3;telico-tomista de la Contrarreforma&#x201D; (174). &#x201C;Torres, pir&#x00E1;mides, faro, &#x00E1;guila, todos los t&#x00F3;picos que iremos encontrando en el <italic>Sue&#x00F1;o</italic> y que representan un impulso hacia lo alto, terminan seg&#x00FA;n la tradici&#x00F3;n po&#x00E9;tica, en fracaso y consiguiente desenga&#x00F1;o&#x201D; (Georgina Sabat de Rivers, <italic>El &#x201C;Sue&#x00F1;o&#x201D; de Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz&#x2026;</italic>, 68). Lope de Vega escribe en <italic>El peregrino en su patria</italic>. (Madrid, Castalia, 1973): &#x201C;Este monte, pir&#x00E1;mide, obelisco&#x2026;&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn39"><label>39</label> <p>Pedro Espinosa, <italic>Flores de poetas ilustres.</italic> B. Molina Huete (ed.). Sevilla, Fundaci&#x00F3;n Jos&#x00E9; Manuel Lara, 2005, I, 118.</p></fn>
<fn id="fn40"><label>40</label> <p>En concreto, Athanasius Kircher fue le&#x00ED;do en toda Am&#x00E9;rica del Sur. V&#x00E9;ase de Ignacio Osorio Romero, <italic>La luz imaginada. Epistolario de Atanasio Kircher con los novohispanos</italic>. (M&#x00E9;xico, UNAM, 1993); Maurice Beuchot, &#x201C;Kircher y algunos fil&#x00F3;sofos mexicanos en el siglo XVII&#x201D;, <italic>Intersticios</italic>, 1/ 8, 1994, 87-95 y, tambi&#x00E9;n, Paula Findlen, &#x201C;A Jesuit&#x00B4;s books in the New World. Athanasius Kircher and his American Reader&#x00B4;s&#x201D;. P. Findlen (ed.), <italic>Athanasius Kircher: the last man who knew everything</italic>. London, Routledge, 2004, 329-364.</p></fn>
<fn id="fn41"><label>41</label> <p>Los cinco libros de Kircher dedicados al asunto egipcio son el <italic>Prodomus Coptus sive Aegyptiacus</italic>, la <italic>Lingua Aegyptiaca restituta</italic>, el <italic>Obeliscus Aegyptiacus</italic>, la <italic>Sphinx Mystagoga</italic> y el <italic>Oedipus Aegyptiacus. Itinerario del Extasis, o las im&#x00E1;genes de un saber universal, de Athanasius Kircher</italic>, le ha llamado a la producci&#x00F3;n de im&#x00E1;genes sobre Egipto, como editor de un libro-cat&#x00E1;logo de im&#x00E1;genes de Kircher (Madrid, Siruela, 1986), Ignacio G&#x00F3;mez de Lia&#x00F1;o. Otro libro con las im&#x00E1;genes egipcias de Kircher, es el de Jocelyn Godwin, <italic>Atahanasius Kircher. A Renaissance Man and the Quest for Lost Knowledge.</italic> (London, Thames and Hudson, 1979). Kircher considera que la doctrina jerogl&#x00ED;fica de los egipcios es &#x201C;ciencia secreta&#x201D;, y que su importancia proviene de haber sido esculpida en la piedra de los obeliscos. (<italic>Oedipus Aegyptiacus</italic>). V&#x00E9;ase de Carmen Fern&#x00E1;ndez Gal&#x00E1;n, &#x201C;Jerogl&#x00ED;ficos egipcios en el Barroco novohispano&#x201D;. M. P&#x00E9;rez y A. Ortiz (eds.), <italic>Cr&#x00F3;nica, ret&#x00F3;rica y discursos en el Nuevo Mundo.</italic> Zacatecas, Universidad, 2014.</p></fn>
<fn id="fn42"><label>42</label> <p>(Roma, Vitale Mascardi, 1652-54). El <italic>Oedipus</italic> y tambi&#x00E9;n el <italic>Obeliscus Phamphilius</italic> (o <italic>Aegyptiacus</italic>) le valieron a Kircher la cr&#x00ED;tica de los jesuitas. V&#x00E9;ase Daniel Stolzenberg, &#x201C;Utility, Edification, and Superstition: Jesuit Censorsiph and Athanasius Kircher&#x00B4;s <italic>Oedipus Aegyptiacus</italic>&#x201D;. J. O&#x00B4;Malley <italic>et alii.</italic> (eds.), <italic>The Jesuits</italic>. <italic>Cultures, Sciences and the Arts 1540-1773.</italic> (Toronto, University Press, 1999, I, 336-354). Y del mismo Stolzenberg, su <italic>Egyptian Oedipus. Athanasius Kircher and the Secrets of Antiquity</italic>. Chicago, University, 2006.</p></fn>
<fn id="fn43"><label>43</label> <p>&#x201C;Pero, al leer la historia de los obeliscos que acompa&#x00F1;aba las ilustraciones, aprend&#x00ED; que aquellas figuras eran el testimonio de la antigua sabidur&#x00ED;a egipcia&#x201D;. Athanasius Kircher, <italic>Vite admodum Reverendi Patris Athanasius Kircheri&#x2026;</italic> Cit. por Leandro Sequeiros, &#x201C;El geocosmos de Athanasius Kircher. Una imagen organicista del mundo en las ciencias de la naturaleza del siglo XVII&#x201D;. <italic>Llull</italic> 24 (1001), 755-807.</p></fn>
<fn id="fn44"><label>44</label> <p>Mauricio Beuchot, <italic>Sor Juana una filosof&#x00ED;a barroca</italic>&#x2026;</p></fn>
<fn id="fn45"><label>45</label> <p>Dedic&#x00F3; a los obeliscos algunas de sus obras: por ejemplo, el que se halla ahora en la Piazza Navona, el <italic>Obeliscus Pamphilius</italic>. (Roma, Ludovido Gragnini,1650).</p></fn>
<fn id="fn46"><label>46</label> <p>Es expresi&#x00F3;n de Marie-C&#x00E9;cile B&#x00E9;nassy&#x2013;Berling, quien la utiliza en su <italic>Humanisme et religi&#x00F3;n chez Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz. La femme et la culture au XVII si&#x00E8;cle</italic>&#x2026; Para la influencia de Kircher en sor Juana, v&#x00E9;ase: Gerhard F. Strasser, &#x201C;Out of synk: Athanasius Kircher&#x00B4;s influence on sor Juana&#x00B4;s writings&#x201D;. <italic>Barroco Journal</italic>, 1/2 (2007). <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://www.revistabarroco.com/volumen_12">http:/www.revistabarroco.com/volumen_12</ext-link>.</p></fn>
<fn id="fn47"><label>47</label> <p>La &#x201C;cadena del ser&#x201D; es una met&#x00E1;fora adecuada a los tiempos barrocos; la ha expuesto Arthur O. Lovejoy, <italic>La gran cadena del ser. Historia de una idea</italic>. Barcelona, Icaria, 1983.</p></fn>
<fn id="fn48"><label>48</label> <p><italic>Hieroglyphica sive de sacris Aegyptiorum aliarumque Gentium literis</italic>. Basilea, s.e. 1556.</p></fn>
<fn id="fn49"><label>49</label> <p>&#x201C;Punta aguda del alma&#x2026;&#x201D;, la imagen de Kircher algo dice sobre la pir&#x00E1;mide y su sombra. Seg&#x00FA;n el jesuita, dios mismo es quien introduce en el seno del alma su v&#x00E9;rtice y de la misma manera, el hombre puede llegar a tocar con su punta la morada de Dios, sin por ello abarcarla, como se cifra en el sello de Kircher de la doble pir&#x00E1;mide. Sabat de Rivers, cita a Vossler, en su edici&#x00F3;n del <italic>Primero Sue&#x00F1;o</italic>, diciendo que Kircher expone el modo en que los antiguos egipcios sol&#x00ED;an distinguir &#x201C;entre una pir&#x00E1;mide de luz que desciende del cielo hacia la tierra, y otra de sombra que aspira a elevarse desde la tierra al cielo.&#x201D; (106). Sobre la &#x201C;punta aguda del alma humana&#x201D;, que supone una especie de geometrizaci&#x00F3;n de la mirada interior, o que, incluso, hasta que sea Dios mismo el que se represente por figuras geom&#x00E9;tricas, v&#x00E9;ase: Manuel Morales Borrero, <italic>La geometr&#x00ED;a m&#x00ED;stica del alma en la literatura espa&#x00F1;ola del Siglo de Oro</italic>. (Madrid, Universidad Pontificia de Salamanca, 1975), y mi cap&#x00ED;tulo de libro: &#x201C;El diagrama: geometr&#x00ED;a y l&#x00F3;gica en la literatura espiritual del Siglo de Oro&#x201D;. <italic>Emblemas. Lecturas de la imagen simb&#x00F3;lica.</italic> Madrid, Alianza Forma, 1995, 233-256.</p></fn>
<fn id="fn50"><label>50</label> <p>En definitiva, el <italic>Primero sue&#x00F1;o</italic> y el <italic>Iter extaticum coeleste</italic> de Kircher son relacionables en algunos puntos, como ha demostrado H&#x00E9;ctor Garza en &#x201C;<italic>Iter extaticum coeleste</italic> de Athanasius Kircher y <italic>Primero sue&#x00F1;o</italic> de sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz. Convergencias particulares, divergencias integrales&#x201D;. <italic>Cuadernos Hispanoamericanos</italic>, 2 /104 (2004), 59-73.</p></fn>
<fn id="fn51"><label>51</label> <p>Son versos similares a los del poeta Fernando de Herrera: &#x201C;&#x00A1;Oh! Qui&#x00E9;n en las regiones celestiales / termina el vuelo, y de su cumbre, mira / la vanidad i cosas de mortales&#x201D;. Cit por Antonio Ramajo, <italic>T&#x00F3;pica y vida en la poes&#x00ED;a &#x00E1;urea: la herencia cl&#x00E1;sica</italic>. Salamanca, Universidad, 2022, 89.</p></fn>
<fn id="fn52"><label>52</label> <p>Es definici&#x00F3;n de Plinio (<italic>Historia natural</italic>, LII, cap X): &#x201C;Pero la figura de la sombra, es semejante a un mant&#x00F3;n o peonza vuelta al rev&#x00E9;s porque solamente entra en forma de pir&#x00E1;mide y nunca excede el alto de la luna&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn53"><label>53</label> <p>Marie-C&#x00E9;cile B&#x00E9;nassy&#x2013;Berling, <italic>Humanisme et religi&#x00F3;n chez Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz. La femme et la culture au XVII si&#x00E8;cle&#x2026;</italic></p></fn>
<fn id="fn54"><label>54</label> <p>V&#x00E9;ase de Alvar Mart&#x00ED;nez Vidal y Jos&#x00E9; Pardo Tom&#x00E1;s, &#x201C;Anatomical Theatres and the Teaching of Anatomy in Early Modern Spain&#x201D;. <italic>Medical History</italic>, 49 (2005), 251-280.</p></fn>
<fn id="fn55"><label>55</label> <p>Destaquemos un libro que informa de esta preeminencia de la anatom&#x00ED;a, el de Rafael Mandressi, <italic>La mirada del anatomista. Disecciones e invenci&#x00F3;n del cuerpo en Occidente.</italic> M&#x00E9;xico, UIA, 2012.</p></fn>
<fn id="fn56"><label>56</label> <p>El tratado de Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez ha sido objeto de ediciones y estudios. De entre las primeras hay que destacar la de Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a L&#x00F3;pez Pi&#x00F1;ero, <italic>El Atlas anat&#x00F3;mico de Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez, grabador y microscopista del siglo XVII</italic>. (Valencia, Ayuntamiento de Valencia, 1964). Y, despu&#x00E9;s, la de Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a L&#x00F3;pez Pi&#x00F1;ero y de Felipe Jerez Moliner, <italic>La imagen cient&#x00ED;fica de la vida: la contribuci&#x00F3;n valenciana a la ilustraci&#x00F3;n m&#x00E9;dica y biol&#x00F3;gica (siglos XVI-XIX)</italic>. (Valencia; Organismo P&#x00FA;blico Valenciano de Investigaci&#x00F3;n, 1999). De los estudios en los que se contempla el aspecto simb&#x00F3;lico de la representaci&#x00F3;n de Mart&#x00ED;nez: Mar&#x00ED;a Jos&#x00E9; L&#x00F3;pez y Felipe Jerez, &#x201C;El <italic>Atlas anat&#x00F3;mico</italic> de Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez como ejemplo de <italic>Vanitas</italic>&#x201D;. <italic>Bolet&#x00ED;n del Museo e Instituto Cam&#x00F3;n Aznar</italic>, 56 (1994), 5-34<italic></italic>, y de Nuria Valverde, &#x201C;Small Parts: Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez (1638-1694). Bone Histology and the Visual Making of Body Wholeness&#x201D;. <italic>Isis</italic>, 100/3 (2009), 505-536. El &#x00FA;ltimo estudio sobre la obra de Cris&#x00F3;stomo, y en concreto del papel que en ella juega el grabado que analizamos (el que hace el n&#x00FA;mero XVII), es el de Juan Pimentel en su cap&#x00ED;tulo tercero, &#x201C;La mirada del &#x00E1;ngel&#x201D;, en <italic>Fantasmas de la ciencia espa&#x00F1;ola</italic>. (Madrid, Marcial Pons, 2019)<italic></italic>, donde el trabajo de Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez se vincula a las <italic>vanitas</italic> de Antonio Pereda, y donde se hace presente el sentimiento del desenga&#x00F1;o, seg&#x00FA;n lo ha visto Ana Iglesias, <italic>La idea del desenga&#x00F1;o y la pintura de vanitas de Antonio de Pereda</italic>. Barcelona, UBA, 2013.</p></fn>
<fn id="fn57"><label>57</label> <p>Juan Pimentel, <italic>Fantasmas de la ciencia espa&#x00F1;ola&#x2026;</italic>, 100. Es importante a estos efectos el libro de Luis Vives-Ferr&#x00E1;ndiz, <italic>Vanitas. Ret&#x00F3;rica visual de la mirada.</italic>..</p></fn>
<fn id="fn58"><label>58</label> <p>Los esqueletos entran en los libros anat&#x00F3;micos al mismo tiempo que en el teatro y en las iglesias. En la palabra &#x201C;esqueleto&#x201D;, que se documenta hacia mediados del siglo XVI coincidiendo con el concilio de Trento, se produce una revaluaci&#x00F3;n del valor de los restos de los santos, aunque como tales <italic>reliquias</italic> hab&#x00ED;an entrado mucho antes. Los huesos revelan un decaimiento de la carne y una fragmentaci&#x00F3;n del cuerpo cara a la Contrarreforma, aun cuando hagan siempre referencia a una vida ultraterrena para la cual ser&#x00E1;n valiosos, igual que los obeliscos. Sobre las reliquias, hay que consultar la fuente debida a Sancho D&#x00E1;vila, <italic>De la veneraci&#x00F3;n que se debe a los cuerpos de los Sanctos y sus reliquias</italic>. (Madrid, Luis S&#x00E1;nchez, 1611). El frontispicio de la obra sit&#x00FA;a unos huesos y unas calaveras bajo los s&#x00ED;mbolos de la pasi&#x00F3;n y el motto: &#x201C;<italic>Sub altare Dei custodita quasi in fasciculo viventium</italic>&#x201D;. (<italic>Samuel</italic> 25: 29).</p></fn>
<fn id="fn59"><label>59</label> <p>Sobre la huella de S&#x00E9;neca en la cultura espa&#x00F1;ola del momento barroco y en la Contrarreforma, v&#x00E9;ase Karl B&#x00FC;hler, <italic>S&#x00E9;neca en Espa&#x00F1;a. Investigaciones sobre la recepci&#x00F3;n de Seneca en Espa&#x00F1;a desde el siglo XIII hasta el siglo XVII: fundamentos y condiciones para la revitalizaci&#x00F3;n.</italic> Madrid, Gredos, 1969.</p></fn>
<fn id="fn60"><label>60</label> <p>Respecto a la relaci&#x00F3;n de Mart&#x00ED;nez con los c&#x00ED;rculos de m&#x00E9;dicos y anatomistas valencianos, v&#x00E9;ase Jos&#x00E9; Vives, <italic>Bosquejo biogr&#x00E1;fico del pintor y grabador valenciano Cris&#x00F3;stomo Mart&#x00ED;nez y Sorl&#x00ED;</italic>. (Valencia, Real Academia de Bellas Artes de Valencia, 1890). Tambi&#x00E9;n Jes&#x00FA;s P&#x00E9;rez Magall&#x00F3;n, <italic>Construyendo la modernidad: la cultura espa&#x00F1;ola en el tiempo de los novatores (1675-1725)</italic>. Madrid, CSIC, 2002.</p></fn>
<fn id="fn61"><label>61</label> <p>Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz, <italic>Primero Sue&#x00F1;o</italic>. vv. 381-382.</p></fn>
<fn id="fn62"><label>62</label> <p>Sobre este concepto, tan presente en la vida cultural espa&#x00F1;ola, y desde el que ha sido entendido el grabado de Miguel Mart&#x00ED;nez, v&#x00E9;ase: Antonio Quir&#x00F3;s Casado, &#x201C;El tema del desenga&#x00F1;o&#x201D;. A. Heredia Soriano (ed.) <italic>Actas del V Seminario de Historia de la Filosof&#x00ED;a Espa&#x00F1;ola.</italic> Salamanca, Universidad, 1988, 567-595.</p></fn>
<fn id="fn63"><label>63</label> <p><italic>Fantasmas de la ciencia espa&#x00F1;ola</italic>&#x2026;, 130.</p></fn>
<fn id="fn64"><label>64</label> <p>La fortaleza, tal y como se intuye por ejemplo en el grabado de Maerten van Heemskerch, &#x201C;El mausoleo de Halicarnaso&#x201D;, es una virtud contrarreformista muy alabada en la &#x00E9;poca, v&#x00E9;ase mi texto: &#x201C;La fortaleza: de virtud cardinal en el pensamiento barroco hispano a tecnolog&#x00ED;a del control del territorio&#x201D;. M. Gonz&#x00E1;lez; H. Castignani (eds.), <italic>Filosof&#x00ED;as del Barroco</italic>. Madrid, Tecnos, 2020, 236-263.</p></fn>
<fn id="fn65"><label>65</label> <p>Los exploradores del universo en la &#x00E9;poca del barroco son, al mismo tiempo, astr&#x00F3;logos y astr&#x00F3;nomos. Como demuestra el libro de Gerard Simon, <italic>Kepler: astronome astrologue</italic>. Par&#x00ED;s, Gallimard, 1979.</p></fn>
<fn id="fn66"><label>66</label> <p>Ambos discursos aparecen unidos en la obra de Jos&#x00E9; Ram&#x00F3;n Marcaida, <italic>Arte y ciencia en el Barroco espa&#x00F1;ol</italic>&#x2026;, que, de hecho, vincula las representaciones cient&#x00ED;ficas a las <italic>vanitas</italic>.</p></fn>
<fn id="fn67"><label>67</label> <p>V&#x00E9;ase mi <italic>Emblemas. Lecturas de la imagen simb&#x00F3;lica</italic>. Madrid, Alianza Forma, 1995.</p></fn>
<fn id="fn68"><label>68</label> <p>Juan de Borja, <italic>Empresas morales</italic>. Bruselas, Francisco Foppens, 1680.</p></fn>
<fn id="fn69"><label>69</label> <p>Me refiero a los <italic>Hieroglyphica</italic>, en edici&#x00F3;n de Jes&#x00FA;s Mar&#x00ED;a Gonz&#x00E1;lez de Zarate (Madrid, Akal, 1991). Este mismo Gonz&#x00E1;lez de Zarate es autor del estudio &#x201C;La herencia simb&#x00F3;lica de <italic>Los hieroglyphica</italic> en los <italic>Emblemas morales</italic> de Juan de Horozco&#x201D;. <italic>Bolet&#x00ED;n de Museo e Instituto Cam&#x00F3;n Aznar</italic>, 38, 1990, 33-52. Hay que recordar como esos mismos <italic>hieroglyphica</italic> fueron traducidos tempranamente por Juan Palmireno. V&#x00E9;ase tambi&#x00E9;n, de Jos&#x00E9; Julio Garc&#x00ED;a Arranz, &#x201C;La imagen jerogl&#x00ED;fica en la cultura simb&#x00F3;lica moderna. Aproximaci&#x00F3;n a sus or&#x00ED;genes, configuraci&#x00F3;n y funciones&#x201D;. A. Bernat; J. Cull (eds.), <italic>Los d&#x00ED;as del Alci&#x00F3;n: emblemas, literatura y arte del Siglo de Oro.</italic> Palma de Mallorca, Jos&#x00E9; J. de Ola&#x00F1;eta, 2002.</p></fn>
<fn id="fn70"><label>70</label> <p>Lo egipcio fue entendido en el barroco espa&#x00F1;ol como fuente de todo el saber herm&#x00E9;tico, simbolizado en esa figura del Harp&#x00F3;crates o dios del silencio m&#x00ED;stico y de la idea de que toda palabra es vanidad. V&#x00E9;ase Pilar Pedraza, &#x201C;El silencio del pr&#x00ED;ncipe&#x201D;. <italic>Goya. Revista de Arte</italic>, 187-188 (1985), 37-46.</p></fn>
<fn id="fn71"><label>71</label> <p><italic>Empresas pol&#x00ED;ticas</italic>. S. L&#x00F3;pez (ed.) Madrid, C&#x00E1;tedra, 1999.</p></fn>
<fn id="fn72"><label>72</label> <p>Hay edici&#x00F3;n de Rafael Garc&#x00ED;a Mah&#x00ED;ques en Madrid, Tuero, 1988.</p></fn>
<fn id="fn73"><label>73</label> <p>Juan de Sol&#x00F3;rzano Pereira, <italic>Emblemata centum regio-pol&#x00ED;tica&#x2026;</italic> [1653]. J. Mar&#x00ED;a Zarate (ed.). Madrid, Tuero, 1987, 124.</p></fn>
<fn id="fn74"><label>74</label> <p>Segovia, Juan de la Cuesta, 1591.</p></fn>
<fn id="fn75"><label>75</label> <p>Francisco G&#x00F3;mez de la Reguera. Ms. Hacia 1670. Hay edici&#x00F3;n moderna de C. Hern&#x00E1;ndez Alonso, de la Valladolid, Universidad de Valladolid, 1990.</p></fn>
<fn id="fn76"><label>76</label> <p>Bruselas, Foppens, 1669.</p></fn>
<fn id="fn77"><label>77</label> <p>Antonio Bonet Correa, &#x201C;T&#x00FA;mulos del emperador Carlos V&#x201D;. <italic>Archivo Espa&#x00F1;ol de Arte</italic>, 33 (1960), 55-65.</p></fn>
<fn id="fn78"><label>78</label> <p>V&#x00E9;ase de Mar&#x00ED;a Jos&#x00E9; Mej&#x00ED;as &#x00C1;lvarez, <italic>Fiesta y muerte regia. Las estampas de t&#x00FA;mulos reales del AGI</italic>. (Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos; CSIC, 2002). Y en lo que respecta al continente americano: V&#x00ED;ctor M&#x00ED;nguez, &#x201C;Sombras e im&#x00E1;genes de la muerte en la Am&#x00E9;rica Virreinal: arte y emblem&#x00E1;tica f&#x00FA;nebre&#x201D;. <italic>Jornadas sobre Antropolog&#x00ED;a de la muerte. Identidad, creencias y ritual</italic>. Madrid, Sociedad General Museos Estatales<italic></italic>, 2012, 189-218.</p></fn>
<fn id="fn79"><label>79</label> <p>Aun cuando lo sean pasadas por el mundo romano, como acontece en la pir&#x00E1;mide de Cayo Cestio en Roma, que constituye todo un ejemplo para lo que va a ser la arquitectura renacentista.</p></fn>
<fn id="fn80"><label>80</label> <p>V&#x00E9;ase de Ada Allo Manero, &#x201C;Origen, desarrollo y significado de las decoraciones f&#x00FA;nebres. La aportaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola&#x201D;. <italic>Lecturas de la Historia del Arte</italic>. Vitoria, Ephialte, 1989, I, 89-104.</p></fn>
<fn id="fn81"><label>81</label> <p><italic>Empresas pol&#x00ED;ticas</italic>&#x2026;, 1045.</p></fn>
<fn id="fn82"><label>82</label> <p>En efecto, los t&#x00FA;mulos y toda la parafernalia f&#x00FA;nebre han sido interpretados como una denuncia clara de la vanidad del mundo. Sobre este asunto: Elisa Garc&#x00ED;a Barrag&#x00E1;n, &#x201C;La exaltaci&#x00F3;n ef&#x00ED;mera de la vanidad&#x201D;. AAVV, <italic>El arte ef&#x00ED;mero en el mundo hisp&#x00E1;nico</italic>. M&#x00E9;xico, UNAM, 1983, 277-303.</p></fn>
<fn id="fn83"><label>83</label> <p><italic>Templo cristiano de la seren&#x00ED;sima reina Isabel de Borb&#x00F3;n.</italic> T. J. Dadson (ed.). Madrid, Universidad de Navarra; Iberoamericana; Vervuert, 2000. II, 832.</p></fn>
<fn id="fn84"><label>84</label> <p>Seg&#x00FA;n la visi&#x00F3;n que de estas estructuras tiene Jaime Cuadriello, en &#x201C;Los jerogl&#x00ED;ficos de la Nueva Espa&#x00F1;a&#x201D;. AAVV, <italic>Juegos de ingenio y agudeza. La pintura emblem&#x00E1;tica de la Nueva Espa&#x00F1;a</italic>. M&#x00E9;xico, Museo Nacional de Arte, 1994, 84-117.</p></fn>
<fn id="fn85"><label>85</label> <p>Victoria Soto, <italic>Catafalcos reales del Barroco espa&#x00F1;ol. Un estudio de arquitectura ef&#x00ED;mera</italic>. Madrid, UNED, 1991.</p></fn>
<fn id="fn86"><label>86</label> <p>Georges Bataille, &#x201C;Le paradoxe de la mort et la pyramide&#x201D;. <italic>Critique</italic>, 74 (1953), 623-641. Esto ser&#x00E1; previo paso de la muerte y la resurrecci&#x00F3;n de la carne, que canta Francisco de Quevedo en su poema <italic>Ens&#x00E9;&#x00F1;ame, cristiana musa m&#x00ED;a</italic>, y que dice: &#x201C;De los funestos t&#x00FA;mulos se alzaran / los que largo y mortal sue&#x00F1;o durmieron&#x2026;&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn87"><label>87</label> <p>V&#x00E9;ase de C. Fern&#x00E1;ndez; M.I. Ter&#x00E1;n (coord.), <italic>In hoc t&#x00FA;mulo. Escritura en imagen: la muerte y M&#x00E9;xico</italic>. Zacatecas, Policrom&#x00ED;a Servicios Editoriales, 2012.</p></fn>
<fn id="fn88"><label>88</label> <p>Sobre Felipe IV, quiz&#x00E1; el rey m&#x00E1;s llorado de todos los Austria, y cuyas exequias fueron celebradas en todo el orbe hisp&#x00E1;nico, v&#x00E9;ase: Adita All&#x00F3; Manero, &#x201C;Iconograf&#x00ED;a funeraria de las honras de Felipe IV en Espa&#x00F1;a e Hispanoam&#x00E9;rica&#x201D;<italic>.</italic> <italic>Cuadernos de Investigaci&#x00F3;n. Historia</italic>, 7 (1981), 73-91.</p></fn>
<fn id="fn89"><label>89</label> <p>&#x201C;El t&#x00FA;mulo de Felipe IV y el barroco madrile&#x00F1;o&#x201D;. <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://cipripedia.com">https://cipripedia.com</ext-link> /2016/11/04/</p></fn>
<fn id="fn90"><label>90</label> <p>Resulta interesante, a los efectos de estas pir&#x00E1;mides y obeliscos que fueron utilizadas en los funerales de Carlos II, ver el libro de V&#x00ED;ctor M&#x00ED;nguez titulado: <italic>La invenci&#x00F3;n de Carlos II. Apoteosis simb&#x00F3;lica de la Casa de Austria</italic>. Madrid, CEEH, 2013.</p></fn>
<fn id="fn91"><label>91</label> <p>C. F. Gal&#x00E1;n (ed.), <italic>Obelisco para el ocaso de un pr&#x00ED;ncipe</italic>. (Zacatecas, Texere/UAZ, 2011). V&#x00E9;ase tambi&#x00E9;n de Robert Ricard, &#x201C;Manuel Bernardes, sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz et le P&#x00E8;re Kircher&#x201D;. <italic>Revista de la Faculdade de Letras de Lisboa</italic>, 13 (1971), 5-9.</p></fn>
<fn id="fn92"><label>92</label> <p>V&#x00E9;ase de Carmen Sanz Ay&#x00E1;n, &#x201C;De la <italic>Pax hisp&#x00E1;nica</italic> a la guerra contra todos. Apuntes sobre la evoluci&#x00F3;n de paradigmas historiogr&#x00E1;ficos relativos al per&#x00ED;odo 1600-1659&#x201D;. D. Garc&#x00ED;a Hern&#x00E1;n (ed.), <italic>La historia sin complejos. La nueva visi&#x00F3;n del imperio espa&#x00F1;ol. Estudios en honor de J.H. Elliott</italic>. Madrid, Actas, 2010, 176-203.</p></fn>
<fn id="fn93"><label>93</label> <p>BAE, 38, p 375.</p></fn>
<fn id="fn94"><label>94</label> <p>Para ver la singular simb&#x00F3;lica en que, en todas las &#x00E9;pocas, se mueve la espiral, v&#x00E9;ase de Theodore Andrea Cook, <italic>The Curves of Life. Being and account of spiral formations and their application to growth in Nature, to Science and to Art</italic>. New York, Dover Publications, 1979.</p></fn>
<fn id="fn95"><label>95</label> <p>Sobre tal categor&#x00ED;a, propia de la conducta espa&#x00F1;ola, particularmente en los Pa&#x00ED;ses Bajos, v&#x00E9;ase mi art&#x00ED;culo: &#x201C;Lo bizarro. El cuerpo grotesco del soldado espa&#x00F1;ol en su <italic>Siglo de Oro</italic>&#x201D;. I. Rodr&#x00ED;guez; V. M&#x00ED;nguez (eds.), <italic>Rex Bellum</italic>. <italic>Visiones art&#x00ED;sticas de guerra y conquista</italic>. Gij&#x00F3;n, Trea, 2021, 183-211.</p></fn>
<fn id="fn96"><label>96</label> <p><italic>Hamlet</italic>. Acto primero; escena quinta.</p></fn>
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