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<journal-title>Revista Digital Interdisciplinar de Estudios Escenogr&#x00E1;ficos (BOMARZO)</journal-title>
<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">BOMARZO</abbrev-journal-title>
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<publisher-name>Universidad Rey Juan Carlos</publisher-name>
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<subject>Mnemosyne</subject>
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<article-title>La met&#x00E1;fora del jard&#x00ED;n: simbolismo, espacio y transformaci&#x00F3;n</article-title>
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<trans-title xml:lang="en">The garden metaphor: symbolism, space and transformation</trans-title>
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<surname>S&#x00E1;nchez-Mora</surname>
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<institution content-type="original">Universitat Oberta de Catalunya. Facultat de Psicologia i Ci&#x00E8;ncies de l&#x2019;Educaci&#x00F3;</institution>
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<license-p>CC BY Esta obra est&#x00E1; bajo una licencia internacional Creative Commons Atribuci&#x00F3;n-CompartirIgual 4.0.</license-p>
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<title>Resumen</title>
<p>En la historia de la literatura y de las artes esc&#x00E9;nicas, el jard&#x00ED;n ha sido un escenario metaf&#x00F3;rico recurrente cargado de m&#x00FA;ltiples significados. Desde la &#x00E9;pica cl&#x00E1;sica hasta la narrativa contempor&#x00E1;nea, este entorno ha sido introducido como un espacio f&#x00ED;sico o como una met&#x00E1;fora que refleja los aspectos m&#x00E1;s profundos de la experiencia y la psique humanas. En este art&#x00ED;culo, se analiza c&#x00F3;mo el jard&#x00ED;n ha sido representado en distintas &#x00E9;pocas, en especial en el convulso siglo XX, revelando su funci&#x00F3;n como lugar de retiro y meditaci&#x00F3;n o de conflicto y cambio. El jard&#x00ED;n, ya sea como dominio de creaci&#x00F3;n vital o de decadencia, sirve de marco para explorar las din&#x00E1;micas entre lo individual y lo colectivo, lo real y lo imaginado. A trav&#x00E9;s de un recorrido por diferentes obras, se reconocer&#x00E1;n las configuraciones en que este marco ha sido transformado para permitir la visualizaci&#x00F3;n de ciertas materias como el poder, el deseo, la nostalgia y el ciclo de la vida y la muerte.</p>
</abstract>
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<title>Abstract</title>
<p>In the history of literature and performing arts, the garden has been a recurring metaphorical setting laden with multiple meanings. From classical epic to contemporary narrative, this environment has been introduced as a physical space or as a metaphor reflecting the deepest aspects of human experience and psyche. This article analyses how the garden has been represented in different eras, particularly in the turbulent 20th century, revealing its function as a place of retreat and meditation, or of conflict and change. The garden, whether as a domain of vital creation or of decay, serves as a framework for exploring the dynamics between the individual and the collective, the real and the imagined. Through a journey across various works, the configurations in which this framework has been transformed will be recognized, allowing for the visualization of themes such as power, desire, nostalgia, and the cycle of life and death.</p>
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<body>
<sec sec-type="sec-1-65">
<label>1.</label>
<title>I<sc>ntroducci&#x00F3;n</sc></title>
<p>El dramaturgo Walter Hasenclever<xref ref-type="fn" rid="fn1"><sup>1</sup></xref>, en los albores de la Segunda Guerra Mundial y en su confinamiento en el sur de Francia junto a otros intelectuales alemanes, rememora un amplio terreno cultivado con claveles. La naturaleza domada se extend&#x00ED;a a sus pies coronada con infinitud de p&#x00E9;talos y aureolas de colores. Hasenclever se lamenta entonces de que, con probabilidad, nadie recolectar&#x00E1; esas flores para su posterior venta en ciudades como Marsella o Niza, porque &#x00BF;qui&#x00E9;n querr&#x00ED;a flores en v&#x00ED;speras de la guerra? Meses despu&#x00E9;s y, ante el presagio de su deportaci&#x00F3;n a un campo de exterminio, se adelant&#x00F3; a la decisi&#x00F3;n de su amigo Walter Benjamin y puso fin a su vida el 21 de junio del a&#x00F1;o 1940.</p>
<p>&#x00C9;rase una vez un jard&#x00ED;n donde alguien fue dichoso. Sin embargo, el tiempo ha transcurrido y el viejo jard&#x00ED;n se ha transformado en un espacio en el que la desolaci&#x00F3;n anida en cada uno de sus rincones. Ese alguien, que en ocasiones es el autor o la autora de la historia, comienza entonces a rememorar aquellos momentos de infancia o juventud, arropado por algunas figuras que han dejado de estar presentes y a&#x00F1;orando una felicidad que pertenece al pasado. Mientras recuerda con nostalgia el jard&#x00ED;n perdido o visita el lugar yermo que anta&#x00F1;o ocupaba, relata la tragedia que ha provocado esa devastaci&#x00F3;n. Surge entonces el lamento por la muerte o el exilio de aquellos que compartieron su felicidad en ese escenario id&#x00ED;lico. Villatoro<xref ref-type="fn" rid="fn2"><sup>2</sup></xref> describe de este modo el argumento de numerosos t&#x00ED;tulos escritos durante el siglo XX, en los que un emplazamiento se transforma en un paisaje asociado a un momento y a unas personas que han desaparecido. Este espacio, como se&#x00F1;ala Bl&#x00E1;zquez Mateos<xref ref-type="fn" rid="fn3"><sup>3</sup></xref>, puede desdoblarse en dos iconograf&#x00ED;as: el paraje id&#x00ED;lico y el para&#x00ED;so en otro mundo. Precisamente, esta capacidad escenogr&#x00E1;fica distingue, adem&#x00E1;s, tres espacios comunes, aunque diferentes: el jard&#x00ED;n, el huerto y el parque. Mientras el jard&#x00ED;n presenta una domesticaci&#x00F3;n del entorno natural con fines est&#x00E9;ticos, la finalidad del huerto es esencialmente alimenticia y, por &#x00FA;ltimo, el parque configura un &#x00E1;rea urbanizada con criterios de ocio y esparcimiento. No obstante, como apunta Villatoro<xref ref-type="fn" rid="fn4"><sup>4</sup></xref>, en otras ocasiones, ese lugar literario se diversifica y altera, convirti&#x00E9;ndose en un paisaje salvaje (una selva, un bosque...), un patio de juegos, la vivienda o la propia alcoba de la infancia, una calle arbolada, toda la ciudad e incluso una naci&#x00F3;n, etc., aunque manteniendo el mismo criterio de lugar que ha quedado vinculado al recuerdo de un entorno mejor y una &#x00E9;poca especial para el protagonista.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-2-65">
<label>2.</label>
<title>L<sc>a iconograf&#x00ED;a del jard&#x00ED;n</sc></title>
<p>Son diversas las culturas que han ilustrado sus creencias con im&#x00E1;genes idealizadas de un para&#x00ED;so primigenio que cristaliz&#x00F3; finalmente en el conocido como para&#x00ED;so perdido, un espejismo de un pasado remoto que se disolvi&#x00F3; en alg&#x00FA;n momento y que las generaciones posteriores transforman en mito<xref ref-type="fn" rid="fn5"><sup>5</sup></xref>. De esta forma, es posible identificar iconograf&#x00ED;as como la Edad de Oro, perteneciente a la mitolog&#x00ED;a grecorromana, el Satya Yuga del hinduismo, o, dentro de la tradici&#x00F3;n judeocristiana, el paradis&#x00ED;aco Jard&#x00ED;n del Ed&#x00E9;n.</p>
<p>Ovidio describi&#x00F3; en su <italic>Metamorfosis</italic> cuatro edades, siendo la primera y m&#x00E1;s id&#x00ED;lica la Edad de Oro, en la que:</p>
<disp-quote>
<p>No exist&#x00ED;a el castigo y el miedo, ni se le&#x00ED;an amenazas en tablas de bronce ni suplicante la gente tem&#x00ED;a el rostro de su juez, sino que sin autoridad viv&#x00ED;an seguros. El pino talado en sus propias monta&#x00F1;as todav&#x00ED;a no hab&#x00ED;a bajado, para visitar el mundo extranjero, a las l&#x00ED;mpidas aguas del mar, y los hombres no conoc&#x00ED;an m&#x00E1;s que sus propios litorales.<xref ref-type="fn" rid="fn6"><sup>6</sup></xref></p></disp-quote>
<p>Siguen a esta la Edad de Plata, la Edad de Bronce y la Edad de Hierro, manifest&#x00E1;ndose de forma paulatina en cada una de ellas aquellas caracter&#x00ED;sticas m&#x00E1;s toscas y abominables de los seres humanos. Por lo que la Edad de Bronce, como indica Ovidio, se representa como un lugar donde:</p>
<disp-quote>
<p>Se vive del bot&#x00ED;n; el anfitri&#x00F3;n no est&#x00E1; seguro con su hu&#x00E9;sped; ni el suegro con su yerno e incluso es rara la avenencia entre hermanos. El var&#x00F3;n trama la muerte de su esposa, &#x00E9;sta la del marido<xref ref-type="fn" rid="fn7"><sup>7</sup></xref>.</p>
</disp-quote>
<p>El Satya Yuga del hinduismo aparece recogido en el <italic>Mahabharata</italic> como una &#x00E9;poca en la que:</p>
<disp-quote>
<p>Todos eran virtuosos y hac&#x00ED;an las cosas por motivos virtuosos. No exist&#x00ED;a el miedo a los ladrones, ni al hambre, ni a la enfermedad. Todos, en las cuatro categor&#x00ED;as sociales, se contentaban con hacer sus respectivas tareas y nunca realizaban ritos religiosos con el prop&#x00F3;sito de que se cumplieran sus deseos. Los cielos tra&#x00ED;an la lluvia en la estaci&#x00F3;n apropiada y los productos del campo siempre eran carnosos y jugosos. La Tierra estaba llena de todo tipo de riquezas y de todo tipo de animales<xref ref-type="fn" rid="fn8"><sup>8</sup></xref>.</p>
</disp-quote>
<p>El texto del Jard&#x00ED;n del Ed&#x00E9;n y las diversas interpretaciones que de &#x00E9;l se han desarrollado a lo largo de la historia, han proporcionado las bases por las que se han establecido nuestras percepciones de naturaleza y humanidad, hombre y mujer, y persona y deidad, permitiendo definir estos grupos de pares desde la concepci&#x00F3;n del texto b&#x00ED;blico. Como consecuencia, estas distinciones han quedado reflejadas en el contexto de las tradiciones filos&#x00F3;ficas, art&#x00ED;sticas y literarias<xref ref-type="fn" rid="fn9"><sup>9</sup></xref>. En esta tradici&#x00F3;n, &#x201C;Jehov&#x00E1; Dios plant&#x00F3; un huerto en Ed&#x00E9;n, al oriente; y puso all&#x00ED; al hombre que hab&#x00ED;a formado<xref ref-type="fn" rid="fn10"><sup>10</sup></xref>&#x201D;.</p>
<p>Un jard&#x00ED;n transformado en para&#x00ED;so en el que todo es dicha y ventura, y en el que el hombre figura como cabeza destacada entre sus muros. La voz <italic>para&#x00ED;so</italic> se integr&#x00F3; en nuestra lengua a trav&#x00E9;s del lat&#x00ED;n <italic>parad&#x012B;sus</italic>, que fue tomada del griego <italic>&#x03C0;&#x03B1;&#x03C1;&#x03AC;&#x03B4;&#x03B5;&#x03B9;&#x03C3;&#x03BF;&#x03C2;</italic> (par&#x00E1;deisos) con el significado de jard&#x00ED;n o para&#x00ED;so, y, por &#x00FA;ltimo, esta del persa <italic>pairida&#x0113;za</italic>, t&#x00E9;rmino que se aplicaba a los cercados de los jardines reales y que se&#x00F1;ala, adem&#x00E1;s, dentro de los textos av&#x00E9;sticos, un territorio elevado y, por ende, una divisi&#x00F3;n suprema que queda vinculada a la idea de un huerto sagrado<xref ref-type="fn" rid="fn11"><sup>11</sup></xref>, <xref ref-type="fn" rid="fn12"><sup>12</sup></xref>.</p>
<p>Esta idea del para&#x00ED;so surgi&#x00F3; en la <italic>Biblia</italic> como <italic>pard&#x00E9;s</italic> y es descrita como <italic>gan eden</italic> (huerto delicioso), fuera de cuyos l&#x00ED;mites existen aquellos elementos a los que Ad&#x00E1;n y Eva acabar&#x00E1;n enfrent&#x00E1;ndose tras ser expulsados, como el dolor, el hambre, la enfermedad y la muerte. <italic>Pard&#x00E9;s</italic>, adem&#x00E1;s, constituye un acr&#x00F3;stico que apunta a los cuatro niveles de interpretaci&#x00F3;n de la <italic>Tor&#x00E1;</italic> (nivel simple o literal, nivel alusivo, nivel anal&#x00ED;tico o polis&#x00E9;mico y nivel secreto o m&#x00ED;stico) y, por a&#x00F1;adidura, a la vida y sus enigmas<xref ref-type="fn" rid="fn13"><sup>13</sup></xref>. El jard&#x00ED;n se diversifica como met&#x00E1;fora de la vida y la muerte.</p>
<p>Beruete<xref ref-type="fn" rid="fn14"><sup>14</sup></xref> establece que este temor al caos y el deseo de un orden permanente en la vida mortal, evidencia que el ser humano persevere en la necesidad de crear un ed&#x00E9;n a partir de un trozo de tierra que le permita obtener la paz, la serenidad y el equilibrio que no logra descubrir fuera del cercado, uniendo los conceptos de felicidad y jard&#x00ED;n o recinto de perfecci&#x00F3;n. De este modo, enumera algunos de los jardines que caracterizan nuestra cultura, como el Para&#x00ED;so Terrenal, los Campos Eliseos, el Jard&#x00ED;n de las Delicias, etc.</p>
<p>Esta imagen idealizada y ut&#x00F3;pica que crearon y asolaron los dioses, se repite a lo largo del tiempo en distintos t&#x00ED;tulos, siendo el t&#x00E9;rmino para&#x00ED;so reinventado de este modo hasta la actualidad. Estas transformaciones que sufre la voz, asimismo, revelan, por un lado, los cambios hist&#x00F3;ricos, sociales y pol&#x00ED;ticos, y, por otro, las experiencias personales vividas por sus autores<xref ref-type="fn" rid="fn15"><sup>15</sup></xref>. La literatura, capaz de emendar errores pasados, permite establecer un equilibrio en el que la naturaleza es recuperada como un ente aut&#x00F3;nomo y autoexpresivo al que es necesario dar voz<xref ref-type="fn" rid="fn16"><sup>16</sup></xref>.</p>
</sec>
<sec sec-type="sec-3-65">
<label>3.</label>
<title>A<sc>lgunas consideraciones en torno al jard&#x00ED;n en el &#x00E1;mbito literario</sc></title>
<p>Si nos ce&#x00F1;imos a la idea de jard&#x00ED;n y a la definici&#x00F3;n que ofrece Lively<xref ref-type="fn" rid="fn17"><sup>17</sup></xref> como una extensi&#x00F3;n cercada &#x00AB;en el interior de cuyos l&#x00ED;mites el jardinero intenta imponer un orden&#x00BB;, Villatoro<xref ref-type="fn" rid="fn18"><sup>18</sup></xref> establece que los jardines empiezan a jugar un papel significativo en la literatura a partir del siglo XX, concretamente en 1904, cuando Ant&#x00F3;n P. Ch&#x00E9;jov publica <italic>El jard&#x00ED;n de los cerezos</italic><xref ref-type="fn" rid="fn19"><sup>19</sup></xref>. En esta obra, Ball&#x00F3; y P&#x00E9;rez<xref ref-type="fn" rid="fn20"><sup>20</sup></xref> apuntan que el dramaturgo ruso desarrolla un modelo de argumento sustentado en tres elementos: el tiempo (que se convierte en enemigo de los personajes), el jard&#x00ED;n-hogar (que marca la decadencia en la que sobreviven) y la familia propietaria de ese escenario (que forma un grupo que se resiste a enfrentarse al cambio que se aproxima).</p>
<p>Liubov Andr&#x00E9;tevna Rani&#x00E9;vskaia, figura central de la obra, debe subastar esas posesiones para hacerse cargo de una serie de deudas que ha contra&#x00ED;do. A trav&#x00E9;s de la visi&#x00F3;n de los cerezos, rememora su infancia y el recuerdo de parte de la familia, como su madre, a la que cree ver andando entre los &#x00E1;rboles, o el peque&#x00F1;o Grisha, que se ahog&#x00F3; en las cercan&#x00ED;as del jard&#x00ED;n. La protagonista aclara &#x00AB;he nacido aqu&#x00ED;, aqu&#x00ED; vivieron mi padre y mi madre, mis abuelos, amo esta casa, no puedo imaginar mi vida sin el huerto de los cerezos y, si venderlo es tan necesario, pues que me vendan a m&#x00ED; con &#x00E9;l<xref ref-type="fn" rid="fn21"><sup>21</sup></xref>&#x00BB;.</p>
<p>Los cerezos, finalmente, ser&#x00E1;n talados antes de la partida de sus antiguos propietarios. &#x00AB;&#x00A1;Adi&#x00F3;s, vieja vida!&#x00BB;, exclama Ania, &#x00FA;nica hija de Liubov, siendo corregida por Trof&#x00ED;mov, un estudiante con ideas revolucionarias, &#x00AB;&#x00A1;Hola, nueva vida!<xref ref-type="fn" rid="fn22"><sup>22</sup></xref>&#x00BB;. Como en la Biblia, la historia de la familia se inicia con un jard&#x00ED;n que, para la protagonista, constituye tambi&#x00E9;n el para&#x00ED;so de su infancia<xref ref-type="fn" rid="fn23"><sup>23</sup></xref>.</p>
<p><italic>El jard&#x00ED;n de los cerezos</italic> comienza en plena primavera, cuando la extensi&#x00F3;n que ocupa la arboleda pertenece a&#x00FA;n a Liubov y a su familia, y los cerezos est&#x00E1;n completamente floridos, dispuestos a dar un fruto que, anta&#x00F1;o, fue apreciado en ciudades como Mosc&#x00FA; o Jarkob, a donde se dirig&#x00ED;an carros repletos del fruto que pod&#x00ED;a conservarse gracias a una receta ya olvidada, y finaliza en oto&#x00F1;o, cuando la posesi&#x00F3;n es adquirida por Lopajin, un comerciante cuya familia form&#x00F3; parte durante generaciones de los siervos de la hacienda. Significativamente, la voz narrativa indica que para entonces los frutales ya han perdido un follaje que nunca m&#x00E1;s podr&#x00E1;n recuperar. Los frutales, apuntan Ball&#x00F3; y P&#x00E9;rez<xref ref-type="fn" rid="fn24"><sup>24</sup></xref>, simbolizan el antiguo esplendor de la familia de Liubov, porque &#x00AB;&#x00A1;Hab&#x00ED;a dinero! Y las cerezas pasas entonces eran tiernas, jugosas, dulces, arom&#x00E1;ticas...<xref ref-type="fn" rid="fn25"><sup>25</sup></xref>&#x00BB; y que, una vez serrados por orden de Lopajin para la construcci&#x00F3;n de viviendas de recreo, anticipar&#x00E1; el final de la familia protagonista y de ese bienestar del que pudieron disfrutar durante generaciones. La venta del jard&#x00ED;n, por lo tanto, se transforma en el naufragio de un pasado y el desvanecimiento de un espacio que, durante siglos, fue pose&#x00ED;do por una familia que observa c&#x00F3;mo pasa a manos de un nuevo rico, sirviendo de escaparate a un nuevo orden social. La aristocracia terrateniente es sustituida por la burgues&#x00ED;a rural.</p>
<fig id="fig-1-65">
<label>Figura 1.</label>
<caption><title>El jard&#x00ED;n de los cerezos, de Anton Ch&#x00E9;jov. Detalle de la representaci&#x00F3;n teatral de <italic>The cherry orchard</italic> dirigida por S. Godwin para la Roundabout Theatre Company. Para acentuar el movimiento de las flores de los cerezos en el escenario, se utilizaron figuras m&#x00F3;viles.</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-1-65.jpg"/>
<attrib>Fuente: Marcus, J. (2016). <italic>The cherry orchard</italic>. <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.roundabouttheatre.org/get-tickets/2016-2017-season/the-cherry-orchard/">https://www.roundabouttheatre.org/get-tickets/2016-2017-season/the-cherry-orchard/</ext-link></attrib>
</fig>
<p>El jard&#x00ED;n perdido tiene tambi&#x00E9;n su presencia en <italic>Il gattopardo</italic> (publicado en 1958), de Giuseppe Tomasi Di Lampedusa, obra que, adem&#x00E1;s, contin&#x00FA;a el hilo argumental iniciado por Ch&#x00E9;jov. Di Lampedusa<xref ref-type="fn" rid="fn26"><sup>26</sup></xref> pone voz a Fabrizio Corbera, pr&#x00ED;ncipe de Salina, y a su familia para describir tambi&#x00E9;n el fin de una &#x00E9;poca y de una clase social, la aristocracia siciliana, entre 1860 y 1910. Sirve de presentaci&#x00F3;n, por lo tanto, de un grupo socialmente emergente y poderoso formado por la burgues&#x00ED;a y el colectivo de bur&#x00F3;cratas. La presencia del jard&#x00ED;n en la villa familiar, en apariencia desordenado y acotado por muros y mont&#x00ED;culos, que le dan un aspecto m&#x00E1;s de cementerio (de jard&#x00ED;n para los muertos), se muestra ya en las primeras p&#x00E1;ginas de la novela, durante un paseo de don Fabrizio, en el que el recurrente aroma a flores le hace recordar el hedor que, un mes antes, llev&#x00F3; a Russo, el capataz de la finca, hasta el cad&#x00E1;ver de un soldado cuyo cuerpo se estaba descomponiendo bajo un limonero, al que &#x00AB;le dio la vuelta y cubri&#x00F3; su rostro con un pa&#x00F1;ol&#x00F3;n rojo, recogi&#x00F3; las v&#x00ED;sceras con una ramita y las meti&#x00F3; dentro del desgarrado vientre, cuya herida cubri&#x00F3; luego con los faldones azules del capote&#x00BB; honrando as&#x00ED; al muerto<xref ref-type="fn" rid="fn27"><sup>27</sup></xref>.</p>
<p>Di Lampedusa que falleci&#x00F3; sin ver publicada su obra en 1957, sirve de conexi&#x00F3;n con <italic>El jard&#x00ED;n de los Finzi-Contini</italic>, ya que su autor, Giorgio Bassani fue el responsable de la publicaci&#x00F3;n, un a&#x00F1;o despu&#x00E9;s, <italic>Il gattopardo</italic> por la editorial de Giangiacomo Feltrinelli, donde desarrollaba su actividad profesional como editor. Adem&#x00E1;s, se encarg&#x00F3;, de escribir el pr&#x00F3;logo para esa primera edici&#x00F3;n, en el que cuenta su experiencia desde la recepci&#x00F3;n sin firma de la novela hasta el momento de su publicaci&#x00F3;n. Cuatro a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, en 1962, Bassani public&#x00F3; <italic>Il giardino dei Finzi-Contini</italic>, t&#x00ED;tulo que, dentro del grupo de ejemplos literarios que recoge Villatoro<xref ref-type="fn" rid="fn28"><sup>28</sup></xref> sobre esos jardines asolados en la literatura europea del siglo XX considera como el m&#x00E1;s claro y emblem&#x00E1;tico.</p>
<p>El narrador an&#x00F3;nimo de la obra de Bassani<xref ref-type="fn" rid="fn29"><sup>29</sup></xref> (en ning&#x00FA;n momento se completa su nombre o apellido, aunque s&#x00ED; el nombre de sus padres y hermanos) rememora la figura de la familia de los Finzi-Contini tras visitar una tumba etrusca en 1957, m&#x00E1;s de veinte a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de la muerte de todos sus miembros. Colinas<xref ref-type="fn" rid="fn30"><sup>30</sup></xref> aclara que la obra no trata sobre la muerte, como se puede pensar tras leer el argumento inicial, sino sobre la vida, que queda representada a trav&#x00E9;s de las figuras de la adolescencia y de la primera juventud de algunos de sus protagonistas. El jard&#x00ED;n es un espacio de fecundidad, rebosante de vida, en el que Mic&#x00F2;l Finzi-Contini pasea junto al narrador an&#x00F3;nimo. En sus excursiones, entre conversaciones que versan sobre temas dispares como an&#x00E9;cdotas del pasado, arte y literatura o comentarios relacionados con amistades comunes, Mic&#x00F2;l, representada como una deidad de la naturaleza, identifica y nombra las numerosas especies que se esparcen por la superficie de diez hect&#x00E1;reas del jard&#x00ED;n, como tilos, olmos, sauces, chopos, washingtonias, &#x00E1;rboles de bosques europeos, pero tambi&#x00E9;n variedades de Asia y de Am&#x00E9;rica, lo que lleva a imaginar el esplendor natural de ese espacio.</p>
<fig id="fig-2-65">
<label>Figura 2.</label>
<caption><title>Fotograma de la pel&#x00ED;cula <italic>Il giardino dei Finzi-Contini</italic>. Para recrear el exuberante espacio que describe Bassani en su novela, el equipo de De Sica eligi&#x00F3; distintos enclaves de la Villa Ada Savoia (Roma).</title></caption>
<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="fig-2-65.jpg"/>
<attrib>Fuente: De Sica, V. (Dir.). (1970). <italic>Il giardino dei Finzi-Contini</italic> [Pel&#x00ED;cula]. Regia Films.</attrib>
</fig>
<p>El jard&#x00ED;n no es solo un lugar de recreo donde Mic&#x00F2;l y su hermano Alberto, junto con el narrador, Malnate y otros j&#x00F3;venes de Ferrara disfrutan del oto&#x00F1;o de 1938 jugando al tenis, conversando y enamor&#x00E1;ndose. Es tambi&#x00E9;n un espacio donde exiliarse moment&#x00E1;neamente, porque el v&#x00ED;nculo que une a muchos de los personajes de la novela es que son jud&#x00ED;os y, dos meses antes del primer encuentro en el jard&#x00ED;n, el gobierno de Mussolini ha promulgado una serie de leyes raciales que los proh&#x00ED;ben casarse con personas arias, trabajar para la administraci&#x00F3;n, pertenecer al partido en el poder o ser propietarios de terrenos de m&#x00E1;s de 50 hect&#x00E1;reas<xref ref-type="fn" rid="fn31"><sup>31</sup></xref>. El muro del jard&#x00ED;n, en consecuencia, sirve para construir un para&#x00ED;so oculto, un &#x00E1;rea de libertad transitoria para aquellos que est&#x00E1;n en su interior, de l&#x00ED;mite de lo prohibido. El jard&#x00ED;n, asimismo, seguir&#x00E1; la suerte de sus propietarios y, donde hubo vida, quedar&#x00E1; un paisaje de desolaci&#x00F3;n. Como sugiere el narrador, el lector sabe que la guerra y el holocausto acabar&#x00E1;n con la existencia de algunos de los personajes de la novela, transform&#x00E1;ndose en un s&#x00ED;mbolo de la nostalgia de los lugares abandonados en un siglo que no hizo otra cosa que asolar mundos<xref ref-type="fn" rid="fn32"><sup>32</sup></xref>.</p>
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<sec sec-type="sec-4-65">
<label>4.</label>
<title>C<sc>onclusiones</sc></title>
<p>A lo largo del an&#x00E1;lisis de la met&#x00E1;fora del jard&#x00ED;n en la literatura, ha quedado claro que este espacio trasciende su simple funci&#x00F3;n como escenario f&#x00ED;sico para convertirse en un s&#x00ED;mbolo multifac&#x00E9;tico y complejo. Considerado como parte del mundo natural, aunque domesticado por el ser humano, el jard&#x00ED;n muestra unas singularidades que contemplan los distintos papeles en los que se incluye en diversos espacios dentro de la tradici&#x00F3;n europea. Estas caracter&#x00ED;sticas permiten explorar el valor del jard&#x00ED;n en el desarrollo argumental de distintas obras art&#x00ED;sticas y literarias.</p>
<p>De este modo, el jard&#x00ED;n se transfigura en el escenario en el que alguien puede dar rienda suelta a su imaginaci&#x00F3;n, adentrarse sin ser observado o juzgado, amar y ser amado, distinguir los diferentes roles sociales de una comunidad, se&#x00F1;alar un momento hist&#x00F3;rico como los grandes conflictos que caracterizaron el siglo XX, cercar la zona destinada al discurso y el di&#x00E1;logo, o recordar un momento pret&#x00E9;rito. El jard&#x00ED;n act&#x00FA;a, por lo tanto, como un espejo de las emociones de sus moradores, reflejando las din&#x00E1;micas internas y externas que les dan forma. La iconograf&#x00ED;a del jard&#x00ED;n no es un espacio independiente, ya que su existencia puede asimilarse a la de aquellos nombres que lo habitaron. El exotismo del jard&#x00ED;n, su grandiosidad escondida tras imponentes muros de piedra o laber&#x00ED;nticas veredas que lo cruzan, son un reflejo de los personajes. De igual modo que la vegetaci&#x00F3;n queda recluida en el jard&#x00ED;n, estos viven una existencia, en ocasiones, de exilio voluntario, como en el caso del texto de Bassani.</p>
<p>El jard&#x00ED;n no es simplemente un elemento descriptivo en la narrativa, sino que funciona como recurso po&#x00E9;tico y simb&#x00F3;lico que enriquece la trama, permite la reflexi&#x00F3;n sobre el ser humano y su lugar en el mundo, y abre nuevas posibilidades interpretativas.</p>
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<fn id="fn14"><label>14</label> <p>Beruete, S. <italic>Jardinosof&#x00ED;a: Historia filos&#x00F3;fica de los jardines</italic>. Turner, <xref ref-type="bibr" rid="ref-3-65">2016</xref>.</p></fn>
<fn id="fn15"><label>15</label> <p>Mart&#x00ED;nez, G. Para&#x00ED;so perdido, para&#x00ED;so inventado: La idealizaci&#x00F3;n del para&#x00ED;so en literatura latinoamericana: Un comentario a manera de observaciones. Ogigia, (1), 51-60, <xref ref-type="bibr" rid="ref-14-65">2007</xref>.</p></fn>
<fn id="fn16"><label>16</label> <p>Raglon, R., &#x0026; Scholtmeijer, M. Heading Off the Trial: Language, literature, and nature&#x2019;s resistance to narrative. In K. Armbruster &#x0026; K. R. Wallace (Eds.), <italic>Beyond Nature Writing: Expanding the Boundaries of Ecocriticism</italic>. University of Virginia Press, <xref ref-type="bibr" rid="ref-17-65">2001</xref>.</p></fn>
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<fn id="fn18"><label>18</label> <p>Villatoro, <italic>Revista de Catalunya</italic> 2008, p. 71-107.</p></fn>
<fn id="fn19"><label>19</label> <p>Se ha preferido elegir para el t&#x00ED;tulo de esta obra de Ch&#x00E9;jov <italic>El jard&#x00ED;n de los cerezos</italic> en lugar de <italic>El huerto de los cerezos</italic>. Aunque popularmente conocida por ambas formas, la base de datos del ISBN del Ministerio de Cultura y Deporte (<ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.culturaydeporte.gob.es/webISBN/">https://www.culturaydeporte.gob.es/webISBN/</ext-link>) recoge 21 ediciones con el sustantivo &#x201C;jard&#x00ED;n&#x201D;, frente a &#x00FA;nicamente 4 que presentan la palabra &#x201C;huerto&#x201D;.</p></fn>
<fn id="fn20"><label>20</label> <p>Ball&#x00F3;, J., y P&#x00E9;rez, X. <italic>La semilla inmortal</italic>. Anagrama, <xref ref-type="bibr" rid="ref-1-65">2006</xref>.</p></fn>
<fn id="fn21"><label>21</label> <p>Ch&#x00E9;jov, A. P. <italic>El huerto de los cerezos</italic>. Alba, <xref ref-type="bibr" rid="ref-6-65">2011</xref>, p. 186.</p></fn>
<fn id="fn22"><label>22</label> <p>Ch&#x00E9;jov, Alba <xref ref-type="bibr" rid="ref-6-65">2011</xref>, p. 208.</p></fn>
<fn id="fn23"><label>23</label> <p>Villatoro, <italic>Revista de Catalunya</italic> 2008, p. 71-107.</p></fn>
<fn id="fn24"><label>24</label> <p>Ball&#x00F3; y P&#x00E9;rez, Anagrama, <xref ref-type="bibr" rid="ref-1-65">2006</xref>.</p></fn>
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<fn id="fn26"><label>26</label> <p>Di Lampedusa, G. T. <italic>El gatopardo</italic>. Seix Barral, <xref ref-type="bibr" rid="ref-8-65">1984</xref>.</p></fn>
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<fn id="fn28"><label>28</label> <p>Villatoro, <italic>Revista de Catalunya</italic> 2008, p. 71-107.</p></fn>
<fn id="fn29"><label>29</label> <p>Bassani. G. <italic>El jard&#x00ED;n de los Finzi-Contini</italic>. Acantilado, <xref ref-type="bibr" rid="ref-2-65">2022</xref>.</p></fn>
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<title>B<sc>ibliograf&#x00ED;a</sc></title>
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