Lectura, interpretación y reescritura trágica de Nibelungenlied: Die Nibelungen de Friedrich Hebbel
Reading, interpretation, and tragic rewriting of the Nibelungenlied: Friedrich Hebbel’s Die Nibelungen
Samanta G. DENING
IMHICIHU-CONICET
ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3295-1316
samantadening@gmail.com
Resumen: Nibelungenlied (ca. 1200) ha sido uno de los textos de la Edad Media germana más comentados y recuperados durante el siglo XIX, en función de los intentos de conformar una “identidad nacional”. En el caso de Die Nibelungen de Hebbel (1861), asistimos a una reescritura directa que contiene, además, elementos identificables de la materia nibelúngica recobrados de la tradición de fuentes nórdicas, como la Völsunga Saga o la Edda poética. Más allá de estas cuestiones que evidentemente inciden en la particular composición del texto, este trabajo se propone examinar, sobre todo, la reescritura de Hebbel como lectura personal de Nibelungenlied en términos trágicos. En este sentido, se hará un especial énfasis en los episodios que cobran mayor relevancia, en las elipsis y su modo de llevarlas a cabo y, por tratarse de una pieza teatral, en los diálogos, ya que permiten profundizar en la construcción de los personajes y en los corrimientos (mayores o menores) en sus motivaciones, importancia y caracterización. A través de esta metodología de trabajo se intentará arribar una lectura interpretativa de Nibelungenlied por parte de Hebbel, plasmada en la composición poética misma.
Palabras clave: Hebbel, Nibelungos, tragedia, reescritura.
Abstract: The Nibelungenlied (ca. 1200) has been one of the most commented-on and brought back medieval texts during the 19th century, within the framework of shaping a ‘national identity’. The case of Hebbel’s Die Nibelungen (1861) is a direct rewriting and also contains recognisable elements from the Nordic Nibelung tradition, such as Völsunga Saga and the poetic Edda. Beyond these issues that clearly influence the peculiar composition of this text, this paper examines Hebbel’s rewriting as a personal reading of the Nibelungenlied from a tragic perspective. Thus, I mainly focus on the most important episodes, on the ellipses and how these are executed, and, due to its theatrical nature, on the dialogues, since these allow us to go deeper into the characters’ creation and their (bigger or lesser) sliding in terms of their motivations, relevance, and characterisation. Through this methodology, this paper aims to delineate the interpretative reading of the Nibelungelied by Hebbel, captured by the poetic composition itself.
Keywords: Hebbel, Nibelung, tragedy, rewriting.
Recibido: 23/04/2026
Aceptado: 15/05/2026
Cómo citar: Dening, Samanta G. “Lectura, interpretación y reescritura trágica de Nibelungenlied: Die Nibelungen de Friedrich Hebbel”. Neomedieval, 5, 2026, pp. 121-140. https://doi.org/10.33732/nmv.5.195
1. Introducción
En el ámbito alemán, tal vez pocos textos medievales hayan recibido tanta atención como Nibelungenlied1, en particular desde el siglo XIX en adelante. Dada la importancia de su recepción durante gran parte del siglo XIX y de la relevancia de Hebbel, a quien teóricos como Lukács consideran precursor del drama moderno (242), este trabajo se propone centrarse en la reescritura de su autoría, de 1861, titulada Los Nibelungos, tragedia alemana en tres partes. Se trata de una pieza teatral que podría ser considerada como una variante más dentro de las variaciones típicas de los textos medievales, en donde se produce no solo un corrimiento de género, sino también diversos cambios de énfasis, elipsis, amplificaciones o cambios de orden en los episodios. Asimismo, se evidencian posicionamientos particulares sobre la materia que, en el caso de Hebbel, guardan una relación muy estrecha con las teorizaciones que llevó a cabo a lo largo de su vida acerca del quehacer del dramaturgo, pero sobre todo acerca de la tragedia.
Estas páginas se centran, por una parte, en algunos ejemplos de su propuesta, que permiten ver de qué modo su concepción de la tragedia encuentra un vehículo privilegiado de expresión en la materia nibelúngica. Por otra parte, muestran cómo estas concepciones y teorizaciones evidencian en la composición misma una profundización e interpretación de pasajes o cuestiones que históricamente han resultado ambiguos o problemáticos en NL; en particular, las motivaciones de los personajes femeninos más relevantes (Brunhild y Kriemhild), el problema del tesoro asociado a la venganza de Kriemhild, y la tensión entre elementos cristianos y precristianos que atraviesan ambas obras.
2. Pantragismo y naturaleza humana
Como señala Michèle Gally, la transferencia de materiales medievales al género teatral puede entenderse, por una parte, como un gesto de neomedievalismo en sí mismo, si se toma en consideración que las representaciones teatrales propias de la Edad Media son casi nulas. Por otra parte, la elección de la Edad Media supone tanto un intento de ruptura o cuestionamiento a la modernidad, como un modo de renovar la tragedia clásica (419). En el caso de Hebbel, estas dos afirmaciones últimas se evidencian sobre todo en las declaraciones que vierte en el diario que llevó a lo largo de toda su vida, en el que de manera sistemática reflexionó sobre las obligaciones del dramaturgo con su propia época (Schatzky 5) y la importancia de las grandes épocas del pasado para su actividad literaria (4). Enfatizó en particular en aquellas consideradas épocas de crisis y transición que evidencian el proceso de evolución de la humanidad y la historia como un espejo capaz de reflejar las experiencias humanas fundamentales (Schatzky 116; Lukács 222; Schultz-Streeck 153). Ello conduce a la importancia atribuida por Hebbel a dotar de un carácter universal las situaciones particulares plasmadas en sus obras (Schatzky 7) y como ha apuntado Schultz-Streeck:
Sus dramas –por medio del conocimiento de la dependencia del individuo de su época y su posición social, con la nitidez de la representación psicológica–tienen una valoración conscientemente ética, representan los sucesos de manera real e individual, tienen valor simbólico para todos y se elevan al plano metafísico (148).
Para Hebbel, existen determinados presupuestos que se evidencian en todo ser humano y en todos los momentos históricos. En primer lugar, hay un antagonismo irresoluble entre el ser humano en su propio proceso de individuación y el universo, que conduce necesariamente a la aniquilación en la propia afirmación (Szondi 287; Lukács 210). La “eterna dualidad metafísica de lo general y lo individual” (Lukács 210)2, o la existente entre la necesidad, por un lado, y el deseo y la naturaleza humanos, por otro, llevan a que la existencia humana se realice solo como existencia trágica (Schultz-Streeck 144; von Wiese 553). Y si hay una culpa trágica, ella no es otra que la mera existencia que atenta inevitablemente contra el Todo. Esta visión del arte y de la vida, se ha denominado “pantragismo”, y constituye una clave interpretativa también para la lectura de NL. Este pantragismo implica el énfasis en la transitoriedad e inestabilidad de los valores humanos (von Wiese 555) y la interconexión infinita de una cadena de causalidades que pueden conducir a la ruina a muchas existencias, por un malentendido, un descuido o un desacuerdo (Lukács 214). De este modo, sucesos como la muerte de Siegfried o el matrimonio de Gunther con Brunhild en NL, abren una cadena de causalidades que culmina en la aniquilación total. Como han apuntado autores como von Wiese, “el nihilismo trágico existe tanto en la antigua epopeya como en Hebbel” (633)3 y Hebbel se encuentra guiado por la idea de que NL es, en realidad, una tragedia (629).
2.1. Nibelungenlied
Los Nibelungos se encuentra precedida por una dedicatoria de Hebbel a su esposa Christine Engehausen, actriz de teatro muy destacada en su época, a quien Hebbel vio por primera vez en Hamburgo, en 1847, representando el papel de Kriemhild para El tesoro de los Nibelungos de Ernst Raupach. Si bien criticó con dureza la pieza de Raupach, la interpretación de Christine lo marcó profundamente (Meetz 76), y así lo declara tanto en su diario como en la dedicatoria mencionada, en donde le agradece a su esposa haber logrado, con su interpretación, cumplir el sueño juvenil de abordar una reescritura de aquella historia que tanto lo había impactado a temprana edad.
El proyecto de Los Nibelungos es, por tanto, un proyecto particularmente personal para Hebbel; ligado, por una parte, a sus anhelos de juventud y, por otra, a su esperanza de glorificar el arte de su esposa. Hebbel habla acerca de un inextinguible deseo de “recrear” (nachbilden) lo que alguna vez leyó, incluso si su arte no resultara perdurable:
Pero indelebles permanecieron las figuras
en mí grabadas, e inextinguible fue
el silencioso deseo de recrearlas alguna vez,
aunque solo fuese en agua o en arena (6)4.
Esta idea de “recreación” se encuentra fuertemente ligada a un proceso de reescritura que, en muchos aspectos, intenta conservar lo que él considera una suerte de “esencia” o “espíritu” de NL pero, a su vez, reactualiza mucho del texto medieval mediante cambios que responden a su propio estilo, a la interpretación que realiza de algunos pasajes (e.g. el rol del tesoro) y al manejo de las fuentes.
Para la composición de Los Nibelungos Hebbel utilizó como fuente principal una traducción de 1846 realizada por Ludwig Braunfels (es decir, Hebbel, no accedió al texto en alto alemán medio) e incluyó, además, algunos materiales de la Volsunga Saga (fines del siglo XIII) y de la Edda poética (ca. 1260) (Meetz 77). Como se ha mencionado al comienzo, los cambios que introduce son numerosos y de diversa índole, pero quizá uno de los más sustanciales sea el espacio y la profundidad que otorga a los personajes femeninos, en particular a Kriemhild y Brunhild. Este cambio no solo le permite problematizar de manera sistemática el espacio de la mujer y los roles de género, sino que constituye, además, una lectura acerca de la importancia que reviste para la trama cada uno de los personajes. Ello se pone de manifiesto si se toman en consideración no solo los debates teóricos que se llevaron a cabo a lo largo del siglo XX acerca del protagonismo de los personajes, sino también otras versiones de la materia, como la de Wagner (inspirada, por cierto, en Los Nibelungos de Hebbel), quien, por el contrario, sentó en el imaginario la preeminencia de la figura de Siegfried.
2.2. Brunhild
A diferencia de lo que es posible encontrar en NL, Brunhild es un personaje que Hebbel desarrolla con mucho esmero y al que mantiene presente casi desde principio a fin, con su presencia efectiva (que es, además, mayor que en NL) o a través de menciones o alusiones a ella.
Desde la primera parte de la obra, Brunhild es introducida con una perspectiva mucho más ligada a lo mítico, a lo mágico y a lo precristiano que las breves pinceladas con las que estos elementos se aluden en NL y, a partir de la segunda parte, se introducen cambios sustanciales respecto a NL, que inciden en la posibilidad de contemplar el mundo de este personaje y su punto de vista. Asimismo, el retrato que se hace de ella se encuentra frecuentemente ligado a las fuerzas indómitas de la naturaleza, lo que la transforma no solo en un vehículo privilegiado para el desarrollo de las tensiones entre lo cristiano y lo precristiano, sino también en una figura mucho más temible y terrible, como dejan traslucir, por ejemplo, las palabras de Siegfried ante la intención de Gunther de tomar a Brunhild como esposa: “¿piensas conducir a tu hogar a la doncella nórdica, a quien en las venas [le] hierve hierro líquido?” (Hebbel 36).
Por otra parte, no existen dudas, ni para los personajes ni para los receptores del texto, de que Brunhild es una valquiria: en la misma conversación referida, Volker relata que Brunhild lleva una runa en el rostro, signo inequívoco y visible de su naturaleza5. En esta misma dirección, en la segunda parte se introduce el personaje de la nodriza Frigga, ausente en NL, quien, sugestivamente, lleva el nombre de la diosa esposa de Odin en la mitología nórdica.
La inserción del personaje de la nodriza es una novedad creada por Hebbel, que no solo permite reponer el origen de Brunhild a través del relato de la anciana, sino que posibilita conocer, a través de los diálogos en confianza entre las dos mujeres, los pensamientos y sentimientos de Brunhild. Asimismo, Frigga, con su presencia, es un recordatorio constante de la naturaleza de la doncella y alerta a esta en múltiples ocasiones acerca del peligro de aniquilación que se cierne sobre ella.
En la escena de apertura de la segunda parte, se produce una conversación en Islandia entre Brunhild y Frigga, en la que se repone el origen totalmente mítico de Brunhild, dado que aparece como una criatura entregada por Odin con una tablilla de runas que lleva escrito su destino. Se evidencia, además, tanto en Islandia como en Brunhild misma, la tensión entre lo cristiano y el culto precristiano. Pero allí donde en NL se presenta una elección de elementos disímiles para la composición, con una preponderancia de aspectos cristianizantes, Hebbel encuentra la posibilidad de mostrar una colisión de sistemas de valores contrapuestos, la tematización ficcional del proceso histórico de cristianización de los pueblos germánicos, el momento de crisis y transición.
La narración de Frigga, cargada de arrepentimiento, acerca de las tres instancias en las que se intentó darle un bautismo cristiano a Brunhild, sin éxito o con consecuencias mortales para el sacerdote6, constituyen un claro ejemplo de la tensión entre ambos mundos, que recorre toda la obra y atraviesa y define por completo a Brunhild.
Si bien el debate acerca de la peligrosidad de que Gunther intente obtener la mano de Brunhild se encuentra en NL, los receptores nunca tienen ocasión de conocer el punto de vista de la doncella, y la única mirada que se presenta sobre Islandia y sobre Brunhild es la que la comitiva de Worms expresa, cargada de extrañeza y de temor. Así, Hagen manifiesta una visión de Brunhild totalmente demonizada: “aquella a quien le solicitas su amor es la mujer del demonio” (NL, E. 438, v. 4)7, y el espanto que genera una figura femenina del talante de Brunhild queda plasmado en las palabras de Dankwart: “siempre nos llamaron caballeros… ¿Nos darán muerte ahora en esta tierra las mujeres?” (NL, E. 443, vv.3-4)8.
En Los Nibelungos, en cambio, la llegada de la comitiva de Worms se plantea como una amenaza para Brunhild, ya que supondrá, como prevé su nodriza, un peligro para su identidad misma que, finalmente, será desgarrada. Mientras Siegfried y los burgundios suponen que Brunhild estará agradecida por dejar su aislamiento y ese lugar en el que mora (que ellos identifican con el infierno, en otro de los tantos gestos con los que sistemáticamente se demoniza a este personaje, tanto aquí como en NL), Brunhild explica el sentido que tiene para ella su accionar y de qué manera lo vincula tanto a la libertad como a su propósito:
aún me alegra la lucha, aún siento algarabía por vencer a los arrogantes enemigos que quieren robarme la libertad, aún queda la juventud; el satisfactorio sentimiento de la vida es para mí suficiente, y [si] esto puede abandonarme, el destino ya me ha consagrado, con milagrosos dones invisibles, como su suprema sacerdotisa (Hebbel 60).
En contraposición a la monstruosidad con la que en la primera parte de la obra Siegfried la había descrito y a la perspectiva plasmada en NL, en Los Nibelungos Brunhild tiene la posibilidad de hacer oír su propia voz9, y a través de ella los pretendientes son calificados de arrogantes enemigos que pretenden robarle la libertad y conducirla a desdeñar sus dones y su destino, cosa que efectivamente se corroborará una vez que ella se convierta en esposa de Gunther y, a través de ardides, se consume el matrimonio.
No en vano, luego de la humillación pública de Gunther por parte de Brunhild cuado él intenta besarla, haciéndose a todas luces evidente que él no será capaz de consumar el matrimonio10, Hagen propone que Siegfried proporcione una vez más su ayuda para someter a Brunhild y, en una de sus habituales metáforas o comparaciones de caza, la equipara con una presa herida: “la orgullosa heredera de valquirias y nornas agoniza; remátala por completo. Entonces una alegre mujer nos mirará riendo por la mañana [y] a lo sumo dirá: ¡he tenido un sueño difícil!” (94). Dos aspectos resultan destacables aquí: por un lado, la insistencia en el vínculo de Brunhild con el mundo mítico y arcaico y, por otro, la afirmación de que la transformación que el nuevo mundo operará de manera forzada sobre este personaje supone la muerte de lo que ella verdaderamente es. En estas mismas líneas cabría inscribir la afirmación de Rumolt en su conversación con Giselher luego del incidente del barco, en el que manifiesta su confianza en que Siegfried pueda enfrentarse con éxito a “diablesas” (Teufelsweibern) (Hebbel 65)11.
La caracterización de Brunhild como un ser demoníaco o maligno, con la consiguiente equiparación entre la figura de la valquiria y el mal, desde la perspectiva de ciertos personajes, refuerza la problematización de las normas y roles sociales esperables para una mujer. En este sentido, cabe recordar las palabras de Siegfried: “ella lucha por su virginidad como si su vida misma estuviera atada a ella. Y como el relámpago que no tiene ojos, o el lago que no oye el grito, ella extermina sin compasión a cada héroe que desea desprender su cinturón de castidad” (37). En cierto modo, su vida se encuentra, en efecto, ligada a su virginidad, puesto que la esencia misma de la valquiria se halla vinculada a esta y, asimismo, a no someterse a la voluntad de hombre alguno.
La mención de Siegfried al cinturón de castidad es particularmente interesante en lo que atañe a las lecturas interpretativas de Hebbel, puesto que el cinturón es un objeto de carácter simbólico que aparece de manera reiterada tanto en NL como en Nibelungos. Con la mención al cinturón de castidad, Hebbel refuerza el valor simbólico del cinturón sustraído por Siegfried durante la noche de bodas como un objeto que remite a la fuerza y al poder de Brunhild y, por añadidura, junto con otros elementos textuales, desliza la posibilidad de que efectivamente haya sido Siegfried quien ha tomado la doncellez de Brunhild, y no Gunther. En primer lugar, porque Siegfried mismo menciona que, al intentar ser amarrado por Brunhild con el cinturón (él y no Gunther, como en NL) montó en cólera y tuvo que utilizar la violencia (violencia que no especifica si es también de índole sexual). En este momento, sustrajo el cinturón sin pensar en que Kriemhild podría encontrarlo y las consecuencias que ello acarrearía. Pero, sobre todo, porque las afirmaciones de Kriemhild durante la disputa entre las dos reinas no tienen como fundamento suposiciones de su parte, sino el hecho de haber tenido que ser partícipe del secreto, al encontrar el cinturón de Brunhild y sospechar una infidelidad de su esposo. Sus palabras tienen, entonces, un asidero en el relato de Siegfried, y es de suponer que la compasión que Brunhild le inspira se relaciona con la verdad que Kriemhild conoce y ella ignora12. Asimismo, en el momento en el que Hagen propone asesinar a Siegfried pregunta explícitamente: “¿queréis criar bastardos en vuestra corte?” (128). Las palabras se asemejan bastante a las pronunciadas sobre la cuestión en NL, aunque aquí se utiliza explícitamente la palabra “bastardos”13, sin posibles metáforas y, sobre todo, sin que Gunther ni nadie más ponga reparos ante esto como una posibilidad cierta.
En la pieza de Hebbel se pone de manifiesto también que el mundo al que Brunhild es conducida no solo le es extraño, sino doloroso. Su nueva condición de esposa le resulta abominable y califica la idea de consumar el matrimonio como un “oprobio” (Schmach) hacia ella. A pesar de esto, y a pesar de que insiste en que para ella es más natural arrojar la lanza que usar la aguja (116), se encuentra siempre atravesada y en contradicción con lo que cree el deber-ser, puesto que es ella la que probablemente mejor comprenda que se encuentra en un mundo en el que la posición de las mujeres se encuentra ligada al deber, y que el derecho se halla reservado para los hombres. En ese mundo, las mujeres valen lo que sus esposos valen (en estos términos se interpreta la disputa entre las dos reinas), y tanto Brunhild como Kriemhild son apenas moneda de cambio (un tema recurrente en las piezas de Hebbel), de lo que Brunhild tiene plena conciencia: “¡no solo fui desdeñada, fui regalada, fui prácticamente un negocio! (...) Demasiado mala para ser su mujer, ¡fui la moneda con la que él [Siegfried] se proporcionó una!” (129). El destino de Brunhild, que en Hebbel sigue más las fuentes nórdicas que NL es, finalmente, el de la aniquilación total, el de la muerte en vida, culpada y culpable de su propia individualidad, calificada una y otra vez de antinatural, como Kriemhild le reprocha en medio de su célebre disputa: “veo cómo todo lo antinatural es vengado: te has resistido al amor como ninguna, ahora como castigo te hace doblemente ciega” (117).
Con la transformación de Brunhild luego de la noche de bodas14, no solo se operan y refuerzan en ella y a través de ella estereotipos femeninos de un modo exacerbado, sino que ella misma, a partir de su cambio de percepción sobre Gunther, exalta de manera inflexible y desmedida lo que se supone que un hombre es o debería ser15. Al mismo tiempo, reniega con ello de lo que pasa a considerar en sí misma como una naturaleza desviada:
¡perdóname! Era generosidad lo que yo tuve por debilidad. ¡Tú solo no quisiste humillarme, cuando yo a bordo del barco tan monstruosamente me resistí! ¡Nada de eso habitó en mi pecho, y por eso la fuerza, que me extravió en un capricho de la naturaleza, se redirigió hacia ti! (108).
La experiencia particular de Brunhild cobra en sus palabras hacia Gunther, luego de la noche de bodas, además, un cariz de universalidad: “en ti y en mí el hombre y la mujer por toda la eternidad han librado la lucha por la prioridad por última vez. Tú eres el vencedor, y yo no demando nada, excepto que tú mismo ahora con todos los honores que yo anhelaba te adornes” (111). Así, Brunhild explicita, en sus palabras y en sus acciones, la confrontación eterna entre hombres y mujeres, las dinámicas de poder con las que históricamente se han signado sus relaciones, la imposibilidad de romper con los roles establecidos más allá de las aptitudes y trascendiendo el género, la imposibilidad de un mundo armónico que pueda no ser pensado en términos de vencedores y vencidos, de dominados y dominadores.
Si bien en diferentes ocasiones Brunhild es llamada “efigie de héroes” (Heldenbild) (Hebbel 112 y 127) tanto por su nodriza como incluso por Hagen, su transformación luego de la consumación del matrimonio la convierte, en apariencia, en una mujer corriente, en una esposa devota y dócil que, llegado el momento, clama venganza por la afrenta de Siegfried y Kriemhild, pero acaba por reconocerse incapaz de llevarla a cabo por sus propios medios: “yo quiero...¿Qué digo? Soy débil, como ella [Kriemhild]” (123).
Aquí, al igual que en NL, Brunihld no tiene más remedio que aguardar la actuación de Hagen para ponerle fin a la vida de Siegfried, luego de haber perdido sus atributos de valquiria. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en NL, en donde los receptores no vuelven a tener noticias del destino de Brunhild, en Los Nibelungos, Hebbel retoma, al menos en el discurso de otros personajes, lo que acontece con ella16. Y en cada una de las ocasiones, refuerza que luego de haberse cumplido la muerte de Siegfried, la existencia de Brunhild es ya no desgraciada, sino completamente vacua; la aniquilación de su ser termina de efectuarse y ella acaba por reducirse a la nada misma: “como si ella su eternidad completa hubiese consumido de antemano en ese único y breve parpadeo, a causa de su maldición de fuego…Ella ya no conoce más ni el dolor ni el deleite” (215-216). Una aniquilación que primero se ve en la reclusión que lleva a cabo en la corte y, luego de la partida de Kriemhild, en el traslado de Brunhild al mausoleo de Siegfried, de donde no es posible sacarla, “acurrucada junto al féretro” (290), “llorando y con las uñas arañando ya su rostro, ya la madera” (291).
La venganza de sangre, núcleo central tanto en el desarrollo de Los Nibelungos como en NL, es otro de los aspectos con los que Hebbel logra problematizar el rol de las mujeres en su pieza, ya que se presenta como un modo de reflexión acerca de los medios con los que estas cuentan (o no) para llevar a cabo su voluntad de desagravio y el corrimiento del espacio de debilidad y sumisión que les asigna la sociedad que las circunda. Constituye, además, un cuestionamiento hacia una supuesta naturaleza pasiva, como se evidencia en las palabras de Etzel sobre la venganza de Kriemhild: “pensé que la venganza de una mujer estaba cumplida tan solo en su juramento” (347).
2.3. Kriemhild
En el caso de Kriemhild, asistimos también a un desgarramiento de su propio ser, el desgarramiento apuntado por Jaspers para la tragedia en el que se evidencian en el ser humano “las mutaciones que experimenta a través de las situaciones límite” (83).
Hebbel no cambia sustancialmente el desarrollo del personaje, aunque sí le atribuye intentos sistemáticos de preservar a sus hermanos o de inducir a Gunther a que imparta justicia, haciendo de ella un personaje más humano en sus momentos más terribles e intentando quizá así generar cierta simpatía en el receptor. La libera, asimismo, de una parte de la responsabilidad por ciertas acciones, al hacer de Etzel un partícipe mucho más activo en las decisiones y en la venganza.
Al representar a Hagen como un personaje menos ambiguo y más abiertamente inescrupuloso, cruel e incluso jactancioso por su crimen, al tiempo que sus hermanos deciden dar la espalda una y otra vez a lo que podría restituirles el honor perdido por el asesinato (aquí son vistos por todos como poco honorables en su proceder, a diferencia del estatuto heroico que en NL se les sigue otorgando), Kriemhild se presenta como un personaje que no podría actuar de otro modo. La necesidad de la causalidad se impone, sin importar lo que cada cual haya tenido que sacrificar (y es evidente que, de diferentes modos, tanto Brunhild como Kriemhild se sacrifican a sí mismas):
lo que yo soy, llegué a serlo por aquellos a quienes quieres sustraer del castigo. Y si derramo sangre hasta ahogar la tierra, y una montaña de cadáveres apilo hasta que sea posible enterrarlos en la luna, apilo sus culpas, no las mías.... Soy en todo su reflejo, y quien odia al demonio, no escupe hacia el espejo en el cual él se refleja con su antifaz, lo golpea a él mismo y lo echa del mundo (Hebbel 395-6).
Las alusiones a lo demoníaco son múltiples, y aplican tanto a Brunhild por su comportamiento inusual y sus vínculos con los antiguos dioses, como a los dioses precristianos en sí mismos. No tanto porque Hebbel intente convencernos de que el cristianismo debe prevalecer, sino sobre todo porque es claro que desde la perspectiva cristiana no hay otro modo de entenderlo y, ciertamente, como subraya Dietrich, se está librando una lucha sangrienta entre lo nuevo y lo viejo hasta que uno de los dos perezca (369). La coexistencia entre la cruz y el arcaico temor a Wotan (nombre germano para Odin) que subraya el capellán (75) ha cumplido su ciclo, el viejo mundo se sume en la aniquilación total y no puede más que traspasar su cetro al nuevo orden encarnado en el cristianismo. Así, Etzel entrega sus coronas y le pide a Dietrich que sea él quien ahora “lleve el mundo sobre su espalda” (423), a lo que Dietrich responde jurando por Cristo.
La venganza de Kriemhild actúa, entonces, como el catalizador final para la transición entre ese “último otoño” y la primavera, que menciona Dietrich (369). El centro es, en los personajes y en el relato mismo, ese momento de transición que tanto importaba a Hebbel en su concepción del mundo y de la tragedia. A propósito de este momento, Kriemhild habla de una suspensión de todo; de la naturaleza y de la ley: “una vez que la muerte de Siegfried sea vengada, habrá de nuevo delitos en la tierra. Pero mientras tanto, el derecho está velado, y la Naturaleza en un profundo sueño sumergida” (354).
2.4. El problema del tesoro
Uno de los grandes problemas interpretativos acerca de NL es el tesoro y la relación de Kriemhild con él17. Ello es así porque de la interpretación de este problema se desprende también la interpretación de la motivación de Kriemhild para su venganza.
En su interés por profundizar en la psicología de los personajes femeninos y darles un lugar más preeminente, Hebbel toma un posicionamiento claro sobre esta cuestión. Allí donde NL deja múltiples ambigüedades, Hebbel introduce pequeños cambios argumentales que cimentan su posición. Por una parte, el tesoro le sirve para introducir un nuevo elemento de carácter mágico y no cristiano, ligado a su interés por la cuestión de la predestinación. El autor recoge la leyenda del tesoro, proveniente de fuentes nórdicas, y lo introduce como un objeto maldito, capaz de incidir en el destino de los personajes y en el resultado final de las cadenas causales de acontecimientos. Así, en medio de una suerte de trance, Volker recupera en una de sus canciones este sustrato mítico para realizar una declaración cercana a la profecía:
Y cuando finalmente a causa de los sucesivos asesinatos en la tierra quede sin dueño [el tesoro], entonces un fuego palpitará en él con un desenfrenado ardor tal que todos los mares no podrán sofocarlo, porque pondrá por completo el mundo en llamas y el Ragnarok habrá de perdurar (331).
Este objeto, y con él la venganza de Kriemhild, serán, como se había adelantado, el catalizador de la ruina del antiguo orden que quedará sepultado bajo el nuevo, ya que, como en un interesante gesto de ironía trágica menciona Kriemhild: “el fuego, por supuesto, no puede ocultarse” (102).
Por otra parte, cabe destacar que, en Los Nibelungos, Kriemhild recibe el tesoro de mano de Siegfried, y de manera explícita, antes de la boda. Este detalle no es menor, puesto que durante su discusión con Hagen acerca del tesoro, Kriemhild se refiere a él como “Morgengabe” (307)18. Esta práctica, con raíces en la Antigüedad y de gran importancia para los pueblos germanos, consistía en la entrega de un regalo del marido a su esposa (podían ser bienes como tierras, riquezas u otros similares) la mañana previa al casamiento o la mañana siguiente de la consumación del matrimonio, como una suerte de “compensación” por la pérdida de la virginidad y, al mismo tiempo, como un modo de asegurar el porvenir de la esposa, en caso de la muerte del esposo (Radin 1936; Lojek y Podola 2024). Desde el momento en el que el tesoro pasa a ser calificado como “Morgengabe” su importancia adquiere connotaciones muy diferentes. Hebbel no deja lugar a dudas acerca del comportamiento de Kriemhild. Su reclamo no puede ser visto como codicia, sino como uno asociado a su honra. Esta honra femenina, sustraída simbólicamente por Hagen al desposeer a Kriemhild del tesoro, tiene su correlato en la pérdida del honor de los burgundios al asesinar a Siegfried. Aquí, a diferencia de lo ocurrido en NL, los burgundios son dignos de desprecio por su accionar, como les hace notar Siegfried moribundo: “¡os habéis deshecho de Siegfried! Pero sabed: en él os habéis dado muerte a vosotros mismos, ¿Quién volverá a fiarse de vosotros? (...) Siempre se os maldecirá, porque todo para vosotros está perdido: el honor, la fama, la nobleza, ¡todo perdido, como yo!” (Hebbel 182-3). Y en lugar de una unidad entre Hagen y los burgundios, se presenta al rey Gunther lleno de remordimientos y arrepentimiento por haber sido débil y haber permitido a Hagen, cínico, vil e inescrupuloso, el asesinato. Pese a su caracterización enteramente negativa, Hagen es capaz de reconocer de manera clara que el accionar de Kriemhild corresponde al de una mujer que amó como nadie lo hizo jamás y que, por ello mismo, es capaz de odiarlos como ninguna otra antes odió (Hebbel 217).
Hebbel elide todos los padecimientos sufridos por Kriemhild luego de la muerte de Siegfried y antes de su matrimonio con Etzel narrados en NL, y conecta de este modo el motivo de la venganza directamente con el amor de Kriemhild por Siegfried, dejando de lado las humillaciones y las demás deshonras que Kriemhild sufre en NL, y que dan una motivación menos unívoca y más compleja en el texto medieval.
El pragmatismo de Kriemhild en aceptar la boda con Etzel es insoslayable en Nibelungos. Y ese pragmatismo es, desde el inicio, una pieza para urdir su venganza:
mi corazón está muerto, como aquel por quien latía, ¡pero mi mano tiene un precio! Un reino es poco o mucho, ¿Cómo se distribuiría entre vosotros? Para el hombre la espada, la corona y el cetro; para la mujer los adornos, los vestidos bordados, ¿no es verdad? No, no, yo necesito más (Hebbel 243).
Al mismo tiempo, se ve una vez más el cuestionamiento de los roles de género y de las posibilidades de la mujer para poder tener agencia en sus propios asuntos. Así como en su momento Brunhild, despojada de su fuerza natural y de sus capacidades bélicas, no tuvo más remedio que recurrir al accionar de Hagen para vengar la afrenta a su honra, aquí Kriemhild ha de acceder a un matrimonio que le resulta ignominioso: en primer lugar, porque ella no desea tomar un nuevo esposo, pero también porque Etzel no es cristiano. Si bien los diálogos entre Etzel y Kriemhild muestran un matrimonio arreglado, pero en cierta medida armónico, también evidencian las diferencias culturales entre ambos y la falta de comprensión entre el mundo de Etzel y el de Kriemhild. Los esfuerzos de Etzel por complacer a su esposa en todo lo que desea, por darle un heredero no borran en ningún momento la infelicidad de Kriemhild, que no es aquí un secreto para nadie. Así como Hagen es presentado como un personaje menos ambiguo y abiertamente caracterizado como negativo, Kriemhild también es mucho más explícita con sus intenciones y deja en claro en todo momento que nunca ha perdido de vista sus ansias de venganza:
¿qué podría sucederte, que siquiera la mitad de mis tormentos alcanzara? ¡Mira esta corona y pregúntatelo! Ella recuerda a una fiesta de bodas como no fue aún celebrada ninguna en esta tierra, a un escalofriante beso, entre la muerte y la vida, intercambiado en la noche más terrible, y a un hijo que no puedo amar. Pero la alegría de mi boda viene ahora. Así como he sufrido, quiero deleitarme. No recibo ningún regalo, los gastos han sido pagados. Y si debo derribar a cien hermanos para abrirme paso hacia tu cabeza, lo haré; para que el mundo sepa que solo por fidelidad quebranté la fidelidad (Hebbel 344).
El motivo del amor arrebatado se refuerza una vez más en el discurso de Kriemhild, como se soslaya también en la afirmación de Etzel de que solo yació con su esposa durante la noche de bodas. Pero a través del dolor de Kriemhild por su amor perdido y de su necesidad de venganza, es posible ver, como en el caso de Brunhild, que la mujer se transforma en mercancía una vez más; en este caso porque pareciera ser el único modo de lograr la justicia que reclama por Siegfried y para sí.
3. Conclusiones
En este brevísimo recorrido que apenas ha permitido esbozar algunos de los puntos en los que Hebbel realiza corrimientos interpretativos respecto a NL, he intentado mostrar de qué modo las preocupaciones teóricas en torno a la tragedia han permitido que Hebbel realizara una lectura atenta y personal de NL en donde se pone de manifiesto la posibilidad de interpelar a una audiencia del siglo XIX, pero también a una del siglo XXI, puesto que tanto NL como su reescritura a manos de Hebbel se constituyen en punzantes reflexiones acerca de la existencia humana, de la transitoriedad de las convicciones en la permanente mutabilidad del devenir de la historia, pero también en la incesante búsqueda y reafirmación, incluso si eso condujera irremediablemente a la aniquilación.
Los personajes femeninos principales poseen en la pieza de Hebbel una voz propia que su contexto les niega, tanto en NL, como en Los Nibelungos. Se trata de contextos fuertemente marcados por las decisiones masculinas, que dejan poco o nulo margen para el accionar de las mujeres. La insistencia de Hebbel en remarcar el rol de la mujer como moneda de cambio lo pone de manifiesto con elocuencia19. A través de estos personajes es posible realizar un cuestionamiento acerca de las imposiciones sociales que atraviesan las mujeres, particularmente en el caso de Brunhild, que constituye un contraejemplo certero, pero también mediante la venganza de Kriemhild, en la que se exhibe una violencia y una falta de compasión aparentemente impropias para una mujer. En estos casos parece quedar demostrado, quizá como con ningún otro personaje, los derroteros de una existencia trágica en constante tensión con el mundo circundante. Como se ha mencionado, el interés por la problemática de la mujer en la obra de Hebbel no es privativa de Los Nibelungos. Por ejemplo, en su primera pieza teatral, Judith (1840), el dramaturgo también presenta a un personaje femenino en franca tensión con su contexto e introduce, asimismo, conflictos ideológicos y religiosos presentes en toda la trama.
La coexistencia de elementos cristianos y precristianos en Los Nibelungos, por su parte, ejemplifica con claridad la pugna presente en cualquier momento histórico de transición. Una transición que arrastra consigo la existencia de los seres que batallan por sobrevivir en un mundo que ya no es el mismo, pero que tampoco es aún el que será; una transición que, en el lenguaje poético de Hebbel, es un fuego que no puede ser extinguido, solo atravesado, a riesgo de sufrir el desgarramiento de la existencia misma en ese pasaje.
Finalmente, cada elección en la composición de la pieza evidencia un posicionamiento interpretativo concreto por parte de Hebbel. Se trata de una escritura que prueba ser una lectura atenta y la reinterpretación de su fuente. La importancia de Los Nibelungos, al igual que ocurría con los textos en la Edad Media, no se encuentra en la novedad del material, sino en la maestría con la que Hebbel lo hace propio y le imprime su sello y el de su época. La complementariedad de las fuentes nórdicas le permite, a su vez, un trabajo más profundo con una materia vasta y compleja que a lo largo de los siglos ha demostrado no agotarse, y que encuentra en el género dramático un vehículo propicio para traer al presente las voces de un pasado mítico imperecedero.
Mediante este trabajo he pretendido realizar un modesto aporte a la visión de un autor poco estudiado en lengua castellana y, en particular, a una composición, a mi juicio, injustamente dejada a un lado por mucho tiempo, a pesar de su capacidad de reactualizar una obra capital de la Edad Media. Por supuesto, ha quedado mucho por analizar: la reconfiguración de Siegfried como personaje, la interesante caracterización de Hagen y su posicionamiento en el conflicto entre cristianismo y precristianismo, entre otras novedades que introduce Hebbel. Baste por el momento recoger las voces de quienes por siglos no la han tenido, y esbozar las pinceladas con las que Hebbel imaginó la dura transición de los pueblos germánicos hacia el cristianismo.
Agradecimientos
La autora agradece al Dr. Miguel Vedda por los fructíferos intercambios teóricos para este artículo, a la Dra. Mariana Franco por sus aportes, y a la Mg. Ana Aldazabal por la recomendación de la lectura del texto de Hebbel.
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1 De aquí en adelante, se utilizará la notación NL.
2 Traducción propia.
3 Traducción propia.
4 Todas las citas del texto fuente son traducciones propias realizadas en base a la edición consignada en la bibliografía.
5 La alusión a las runas se encuentra presente en las fuentes nórdicas, pero ausente en NL. Sin embargo, Hebbel no realiza una copia de estas fuentes. Mientras que en Los Nibelungos las runas aparecen como marca en el rostro de Brunhild y en la tablilla con la que fue entregada, en las fuentes nórdicas su conocimiento y manejo de las runas, transmitidos por ella a Sigurd (Siegfried), forman parte de sus atributos como valquiria.
6 Frigga cuenta que un primer sacerdote intentó bautizarla, pero su brazo quedó paralizado de manera permanente; un segundo sacerdote logró rociarla, pero se quedó mudo para siempre al intentar bendecirla. Finalmente, el último logró bautizarla, pero falleció en el acto.
7,,der ir dâ gert ze minnen, diu ist des tíuvéles wîp“. Todas las citas de Nibelungenlied son traducciones propias realizadas en base a la edición de Brackert consignada en la bibliografía.
8 ,,un hiezen wir ie recken…suln uns in dicen landen un verdérben diu wîp?“.
9 La adopción del género teatral favorece, por supuesto, esta operación.
10 A diferencia de lo narrado en NL, en Los Nibelungos no existen intentos previos y frustrados de consumación del matrimonio. Por el contrario, la humillación de Gunther se traslada a la esfera de lo público (y no al ámbito privado de la recámara), en donde Brunhild hace una exhibición de su fuerza y su destreza, manteniendo colgado a Gunther sobre el agua durante el viaje en barco hacia Worms, por haber intentado besarla. Más adelante, los lectores tendrán la posibilidad de conocer el significado del beso de un hombre para Brunhild en su conversación con Ute y Kriemhild, previa a la celebración de la boda: “por vosotras, veré con buenos ojos que vuestro hijo y hermano, aun antes de la noche, me imprima con sus labios el signo que me sella como su criada” (78).
11 El término es interesante en múltiples sentidos: en primer lugar, porque retoma y refuerza la constante demonización que sufre el personaje en ambos textos (nótese, por ejemplo, que la expresión es semejante a la construcción utilizada en NL, “des tíuvéles wîp”, citada en la nota 6). Al mismo tiempo, remite a la visión cristiana sobre las costumbres y dioses no cristianos y a la impresión que genera una figura femenina que no responde a las normas sociales. Por último, remite al neologismo introducido en NL para aludir a Kriemhild, “vâlandinne”, que también puede traducirse como “diablesa” o “mujer endemoniada”.
12 “No quiero hacerte la criatura más miserable que respira sobre la tierra entera. Sé soberbia e insolente, yo guardo silencio por compasión” (119).
13 “Suln wir gouche ziehen?” (NL, E. 867, v.1). La palabra “gouche” significa tanto cucos como bastardos, por lo que la traducción sería: ¿Debemos criar cucos ∕ bastardos?
14 “Estoy maravillosamente transformada” (Hebbel 108).
15 En este mismo sentido, luego de exhibir el cinturón y de develarle a Brunhild la terrible verdad sobre la noche de bodas, Kriemhild realiza un cuestionamiento sobre la falta de virilidad de su hermano y el contraste con el accionar violento de Brunhild hacia los hombres, en el cual la llama “marimacho” (Mannweib) (Hebbel 120).
16 Parte de lo sucedido con Brunhild en Los Nibelungos es tomado, aunque reformulado, de las fuentes nórdicas.
17 Para un panorama de las posiciones divergentes al respecto puede verse las obras de Müller o de Haug.
18 Literalmente, “regalo de la mañana”.
19 “¡Pues bien! Por Brünhild te doy a Kriemhild” (Hebbel 44).