FERNÁNDEZ SOLDEVILLA, Gaizka, JIMÉNEZ RAMOS, María y MARTÍNEZ ÁLVAREZ, Josefina. (Coords) (2025). Terrorismo y represión. La violencia en el ocaso de la dictadura franquista. Tecnos. ISBN: 978-84-309-9258-4
Manuel Javier Peñalver Casares
UNED
El período comprendido entre 1974 y 1976 constituye un punto de inflexión en la historia contemporánea de España. Ante el vacío de poder generado por el hecho biológico del dictador, la sociedad se debatió entre la esperanza de una transición democrática y la crudeza de una espiral de violencia cruzada. El régimen franquista, en su fase final, optó por endurecer la represión en un intento desesperado por asegurar su continuidad, mientras que grupos terroristas de diversa ideología —principalmente ETA, el FRAP y los GRAPO— intensificaban su ofensiva, convencidos de que la confrontación aceleraría el colapso del sistema e influiría en el orden futuro.
En este clima de tensión e incertidumbre—bien reflejado en el binomio miedo y expectativa— se enmarca la obra Terrorismo y represión. La violencia en el ocaso de la dictadura franquista. Coordinada por Gaizka Fernández Soldevilla, María Jiménez Ramos y Josefina Martínez Álvarez, esta obra colectiva (y coral) se postula como un análisis riguroso desde diferentes focos. Su principal objetivo es superar las narrativas reduccionistas que han tendido a analizar la violencia política del tardofranquismo desde perspectivas unilaterales. En su lugar, el volumen propone una aproximación más amplia que demuestra cómo terrorismo y represión se entrelazaron de forma simbiótica y se retroalimentaron, constituyendo uno de los trágicos ejes de la crisis de la dictadura.
La solidez ensayística del volumen, publicado por Tecnos, se basa en la diversidad profesional de sus autores (historiadores, juristas y periodistas) y en la integración metodológica que combina historia política, derecho, análisis comparado, sociología y estudios de Memoria. Esta vocación de mirar al pasado de forma integral convierte al libro en una herramienta esencial no sólo para los estudios historiográficos del tardofranquismo, sino también para el análisis de la violencia política y sus narrativas. La relevancia de esta visión no es menor: mientras el primero ha sido examinado con profusión desde ópticas políticas o sociales, pocas veces se ha ofrecido un tratamiento tan integral de las violencias cruzadas que marcaron su ocaso.
La principal fortaleza de la obra radica en su tesis central: la demostración de que la violencia en el ocaso del franquismo se articuló a través de una dinámica de acción–represión–acción. Cada golpe del terrorismo fue respondido con una acrecentada represión del régimen y viceversa, una suerte de feedback violento que marcó el período y que dificultó cualquier vía de solución pacífica en el corto plazo.
El prólogo de Fernando Ónega proporciona un marco histórico-testimonial de gran valor. El veterano periodista sitúa al lector en el contexto dramático de 1975, focalizando la atención en las cinco últimas ejecuciones franquistas llevadas a cabo el 27 de septiembre de ese año, que simbolizan la dureza innegociable de un régimen moribundo. Ónega enmarca la obra en la necesidad de comprender el clímax violento de aquel momento, donde la decisión del Gobierno de Arias Navarro de confirmar las penas de muerte, a pesar de la presión internacional y la condena de la oposición a Franco, pone de manifiesto la estrategia del inmovilismo represivo. Este preámbulo dota al trabajo de una resonancia histórica, social y ética inmediata, que sirve de puente emocional entre el lector y la obra, estableciendo el clima de miedo y expectativas sobre el que se articulan los capítulos siguientes. Su contribución inicial, por tanto, marca el tono y la gravedad del período analizado, preparando el terreno para el análisis técnico y pormenorizado que sigue.
En un acertado trabajo de coordinación editorial las contribuciones individuales no quedan como piezas aisladas, sino que confluyan en un relato coherente sobre las “violencias cruzadas”. El volumen se estructura mediante una serie de capítulos que abordan el fenómeno desde distintas ópticas complementarias:
El volumen se abre con la Introducción del historiador y responsable de investigación del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, Gaizka Fernández Soldevilla, que contextualiza la fase terminal del franquismo, marcada por la tensión entre el inmovilismo institucional y las exiguas pulsiones reformistas. Su análisis subraya el endurecimiento represivo del régimen como el principal mecanismo de supervivencia política ante la crisis de legitimidad y la ofensiva terrorista. Su contribución destaca cómo la violencia estatal buscó prolongar lo inevitable: la descomposición del sistema autoritario.
El Capítulo I del académico Julio Gil Pecharromán, titulado “Resilientes, reformistas y transformistas. El ocaso del franquismo (1974-1976)”, proporciona el fundamental marco político-institucional de la obra. El autor se aparta del análisis de las violencias para abordar la descomposición interna del régimen, analizando el tenso equilibrio entre el inmovilismo del búnker y las tímidas pulsiones reformistas que intentaron una “apertura fallida” con resultados contraproducentes. Pecharromán identifica las facciones neofranquistas y postfranquistas que maniobraron en el ocaso de la dictadura, sentando las bases de la estrategia política que, al perder el rumbo, conduciría de manera inexorable a la Transición bajo la fórmula de “reformar para transformar”. Su contribución ayuda al lector a comprender el sistema en su agonía, el cual recurrió a la represión extrema estudiada en el resto del volumen.
Seguidamente, el Capítulo II del profesor José María Marín Arce complementa la visión institucional al centrarse en la oposición democrática y la movilización social en las postrimerías del franquismo. El autor arranca su análisis con el asesinato de Carrero Blanco, un punto de inflexión que dejó al régimen descabezado y facilitó el continuismo represivo del Gobierno de Arias Navarro. Marín Arce subraya cómo este panorama interno fue decisivamente influido por factores externos, destacando la Revolución de los Claveles en Portugal, que actuó como un potente estímulo para la oposición interna y aumentó la sensación de amenaza en la cúpula franquista. La contribución de Marín Arce es fundamental para entender el despertar de las fuerzas democráticas y la movilización social que, entre la agonía y muerte del dictador, actuaron como catalizadores de la necesidad de cambio político y el fin del sistema.
El análisis comparado es ofrecido por la jurista Mireya Toribio Medina en el Capítulo III, “Lex Dura. La respuesta legislativa de Reino Unido, Italia y España frente a la Tercera Oleada de Terrorismo”. La autora sitúa el caso español dentro de los países de nuestro entorno que, también, sufrían el terrorismo de la época, contrastando las medidas de excepción adoptadas por la dictadura con la legislación antiterrorista implementada por democracias como Italia (frente a las Brigadas Rojas o Anni di Piombo) y el Reino Unido (frente a The Troubles). Toribio Medina revela las convergencias y divergencias en el uso de instrumentos legales de control, enriqueciendo la lectura al demostrar que la respuesta legal al terrorismo, en el caso de su aplicación más dura, como Reino Unido y España, no garantizaron una lucha más eficaz.
El foco en el terrorismo radical y contracultural recae en el Capítulo IV, “El MIL, una guerrilla contracultural en el peor lugar posible”, a cargo del periodista y escritor Manuel Calderón. El autor desentraña la trayectoria del Movimiento Ibérico de Liberación (MIL), examinando su origen en los ecos del Mayo del 68 y su rápida inmersión en la violencia política (“La violencia no puede parar”). El capítulo aborda hitos clave como el fusilamiento de Puig Antich, convertido en símbolo y se acerca a la memoria de las víctimas de esta elitista organización terrorista, cuyos miembros originarios provenían de una familia de la alta burguesía catalana.
Gaizka Fernández Soldevilla repite intervención en el Capítulo V titulado “Txiki y Otaegi. De ETA al Mito”, que analiza en profundidad las figuras de Ángel Otaegi Etxeberria y Juan Paredes Manotas y su impacto simbólico. El autor desarrolla la trayectoria de ambos militantes de ETA, el proceso que llevó a su ejecución y el consecuente ciclo de acción-reacción que marcó el final de la dictadura. Su análisis es relevante para entender cómo el régimen intentó ejercer una violencia de Estado que, en la práctica, sirvió como un catalizador para la movilización y un elemento fundacional del mito para la causa terrorista.
La respuesta represiva directa es examinada de forma detallada por la abogada y escritora Carmen Ladrón de Guevara Pascual en el Capítulo VI, “El FRAP a la luz de los consejos de guerra de septiembre de 1975”. La autora analiza el uso de la legislación antiterrorista franquista como herramienta política, estudiando con detalle los Consejos de Guerra de 1975 que condenaron a los miembros del FRAP (Ramón García Sanz, José Luis Sánchez Bravo y José Humberto Baena), así como el primer y el segundo consejo de guerra por el asesinato de agentes de la Policía Armada. Su contribución pone de relieve la instrumentalización de la justicia y culmina con el análisis de la ejecución de las sentencias.
El foco en el ámbito humanístico y de la memoria se establece en el Capítulo VII, “Las víctimas de los victimarios-víctimas”, coescrito por las profesoras Roncesvalles Labiano y María Jiménez Ramos. Las autoras abordan la nueva categoría de víctima generada y el desamparo de las víctimas del terrorismo en el relato de la Transición. Analizan el papel de la prensa como “escenario de la memoria y el olvido” y dedican apartados a figuras específicas (Txiki, Otaegi, Posada Zurrón, etc.), concluyendo con una reflexión crucial sobre el lugar de las víctimas en la construcción del relato colectivo, destacando la asimetría de las Memorias.
El profesor Víctor Aparicio Rodríguez ofrece la perspectiva exterior en el Capítulo VIII, “Le Problème des Frontières. Francia y la violencia en el tardofranquismo”. El autor analiza los factores condicionantes de las relaciones hispano-francesas, centrándose en el marco antiterrorista y la construcción del santuario de ETA al otro lado de la frontera. Aparicio Rodríguez detalla el complejo problema fronterizo entre 1970 y 1975, demostrando que la actitud ambivalente de Francia fue un factor geopolítico clave en la supervivencia de ETA en el ocaso de la dictadura.
La dimensión cultural de lo acontecido se analiza en el Capítulo IX, “La Memoria Cinematográfica del Tardofranquismo”, a cargo de la coordinadora de la obra, y profesora, Josefina Martínez Álvarez. La autora examina la representación cultural de la violencia al estudiar cómo el cine (tanto de los cineastas del lado rojo del mundo como el de la extrema derecha) y la cultura popular abordaron los últimos fusilamientos del franquismo. Su análisis se adentra en la acción-reacción cultural alrededor de figuras como Salvador Puig Antich y la película El Lobo, destacando el papel del medio audiovisual en la construcción simbólica de la memoria colectiva sobre los años de plomo.
Terrorismo y represión no se limita a ser una crónica histórica; es un consistente aporte al campo de los estudios sobre violencia política y Memoria. Su valor trasciende lo meramente historiográfico al plantear preguntas de plena vigencia en la sociedad actual, atravesada por las dudas respecto a la legitimidad de la Transición.
La obra consigue un equilibrio analítico al conseguir una mirada simultánea sobre los dos polos de la violencia. Este enfoque evita las explicaciones simplistas y maniqueas, aportando una mirada más realista de la complejidad política y social de la Transición. El volumen consigue escapar de visiones unilaterales, lo que resulta en una lectura plural que evita explicaciones simplistas y aporta una mirada más realista.
El rigor documental que se manifiesta en la incorporación de fuentes y documentación judicial, enriquece sustancialmente la historiografía ya existente sobre el tardofranquismo. La perspectiva comparada y la inclusión de la dimensión cultural amplían el objeto de estudio de la violencia política, ofreciendo un modelo de análisis para futuros trabajos. La obra consigue, así, un equilibrio entre especialización académica y unidad narrativa y editorial.
Uno de los mayores aciertos, y que confiere al libro sensibilidad ética, es la inclusión del sufrimiento de las víctimas del terrorismo y de la represión franquista. Al reflejar las trayectorias desiguales de estas Memorias, el volumen arroja luz sobre las tensiones subyacentes en la construcción del relato colectivo postfranquista. El libro no sólo aporta conocimiento, sino que también invita a reflexionar críticamente sobre los dilemas éticos de la violencia política.
En definitiva, Terrorismo y represión es una obra plural, rigurosa y necesaria en esta época de revisionismo histórico de acontecimientos recientes. No sólo aporta nuevo conocimiento sobre un período crucial, sino que también nos invita a una reflexión crítica sobre la responsabilidad del Estado frente al terrorismo y sobre el dilema ético de cómo narrar el pasado violento. El libro demuestra que sólo un análisis riguroso, plural y atento a las diferentes sensibilidades puede entender la complejidad de la violencia política y evitar que la historia se reduzca a relatos parciales. Se trata de un volumen que trasciende al perfil investigador, siendo accesible a cualquier ciudadano interesado en comprender los mecanismos de transformación de la sociedad española. Es un espejo del presente y una advertencia metodológica para el futuro de los estudios sobre violencia y Memoria. Su valor trasciende lo historiográfico: nos recuerda que la historia no es un pasado muerto, sino espejo del presente y advertencia para el futuro.