STUDIA HUMANITATIS JOURNAL, 2024, 4(1), pp. 169-171
ISSN: 2792-3967
DOI: https://doi.org/10.33732/shj.v4i1.120
Reseña / Book review
JIMÉNEZ RAMOS, MARÍA: EL TIEMPO DEL TESTIMONIO. LAS VÍCTIMAS Y EL RELATO DE ETA. COMARES, 2023. 267 págs.
Alfredo Crespo Alcázar
Universidad Rey Juan Carlos
ORCID: 0000-0001-9902-9986
alfredo.alcazar@urjc.es

| Reseña crítica |
En El tiempo del testimonio. Las víctimas y el relato de ETA, María Jiménez Ramos nos presenta una obra fundamental para comprender lo que significó y las consecuencias que ha generado la existencia de la mencionada organización terrorista. Este último apartado tiende a blanquearse en los últimos tiempos mediante el recurso a sintagmas ajenos a la verdad real, como “víctimas de ambos lados” o expresiones deliberadamente intencionadas como “todos hemos sufrido”.
La autora, referente académico en nuestro país en el estudio de las víctimas del terrorismo, combina de forma precisa dos planos. Por un lado, el que alude a una parte más histórica que tiene que ver con la trayectoria de ETA, pudiéndose observar una abundante consulta de bibliografía. Por otro lado, otro más periodístico, centrado en reflejar el testimonio de víctimas de la violencia etarra a las que ha entrevistado. Todo ello da como resultado un libro mayúsculo en el que el rigor científico y metodológico permea por todas sus páginas.
En efecto, la doctora Jiménez Ramos solventa con éxito un problema de partida, como es la inexistencia de una definición canónica de terrorismo. Para ello, nos acerca las definiciones que han realizado varios profesores e investigadores, lo que permite enumerar una serie de rasgos complementarios sobre los que sí hay consenso. Por ejemplo, Gaizka Fernández Soldevilla considera que el terrorismo busca generar efectos políticos, psicológicos y simbólicos superiores a los daños materiales y humanos que provocan sus atentados. Bruce Hoffman habla de la explotación del miedo mediante el uso de la violencia. Por su parte, Fernando Reinares, señala los efectos psíquicos desproporcionados y el objetivo de condicionar las actitudes de un determinado grupo social.
Transmitir al lector el testimonio de las víctimas de ETA genera una primera repercusión positiva puesto que las visibiliza y humaniza. También permite conocer su trayectoria vital a partir del momento en que la citada organización terrorista irrumpió en sus vidas, cambiándolas para siempre. En este apartado, se advierten una serie de consecuencias complementarias, tales como el abandono del País Vasco y Navarra, el vacío social recibido, o la persecución sufrida en algunos casos por los hijos del asesinado.
Como se deduce, el terrorismo etarra generó una anomalía ética y moral en tanto cuanto invirtió los roles de víctimas y victimarios: “en 1996, cuando el miembro de ETA Vicente Nazábal salió de prisión tras cumplir condena por el asesinato de Jesús Ulayar, fue homenajeado públicamente y nombrado hijo predilecto del pueblo” (p. 118). Este fenómeno se ha mantenido con el paso del tiempo, formando parte del paisaje incluso tras la disolución de ETA, debido a la existencia de “una cosmovisión alimentada durante décadas” (p. 201). En este sentido, María Jiménez recoge la posición de Antonio Beristáin, para quien “cada crimen terrorista causa varias víctimas más allá de las directas; la muerte física del asesinado conlleva su muerte civil; y su estigmatización y sus efectos permean a varias generaciones” (p. 3). En efecto, citando a López Romo y Van der Leeuw, subraya que “la muerte biológica de la víctima del terrorismo era el antecedente a la muerte social, presidida por el silencio y el olvido hasta que se producía el siguiente asesinato” (p. 96).
Asimismo, existe un nexo que une a todas las víctimas, ya sean directas o indirectas: todas ellas sufrieron durante varias décadas la desatención de las instituciones públicas, entre otras razones porque el Estado se hallaba ausente en parte del territorio vasco y navarro. Además, en el ámbito municipal ETA encontró actitudes complacientes hacia sus actividades (en forma, por ejemplo, de cesión de espacios públicos en los que se colocaban capillas en honor de terroristas fallecidos mientras manipulaban explosivos). En consecuencia, hubo un respaldo real, que se tradujo en que un amplio sector de la sociedad vasca amparó, justificó y alentó la violencia de ETA.
Frente a este escenario, las víctimas en ningún momento recurrieron a la venganza como repuesta. Al respecto, Paz Prieto (hija del teniente coronel José Luis Prieto, asesinado por ETA en Pamplona en 1980) explica a la autora de la obra que: “ese es uno de los aspectos que nos diferencia de los asesinos: ellos aleccionan a sus hijos, los llevan a todas las manifestaciones desde pequeños. Nosotros, en cambio, optamos por inculcarles el valor de vivir en libertad. El día que di a luz a mi tercera hija, ETA asesinó a Miguel Ángel Blanco. En esos momentos lo pensé claramente: nosotros somos la vida y ellos la muerte” (p. 149). Por su parte, Antonio Beristáin “consideraba un milagro el hecho de que ninguna víctima del terrorismo se hubiera tomado la justicia por su mano” (p. 188).
Otro elemento fundamental que aparece explicado en la obra es el que alude al carácter político de las víctimas de ETA ya que, como sostiene José María Ruiz Soroa, “representan el ataque al Estado de derecho embestido por los terroristas y, en concreto, a sus valores positivos y democráticos. El terrorismo tiene, por tanto, una intención multiplicativa: su objetivo último es impugnar a la sociedad pluralista” (p. 23). Con todo ello, a pesar de la trascendencia (ética, moral y política) de las víctimas, estas vivieron numerosos años en el más absoluto ostracismo.
En efecto, su visibilidad comenzó a apreciarse en los años 90, ya que hasta esa fecha se observó una evidente inhibición por parte de la sociedad y de los intelectuales, pese a que terrorismos de todo tipo habían actuado en nuestro país, intentando, sin éxito, provocar el hundimiento de la Transición. En este protagonismo de las víctimas debe destacarse el rol de organizaciones pioneras como la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) y Gesto por la Paz.
En definitiva, una obra mayúscula que no sólo coloca en primer plano a las víctimas de ETA puesto que con su testimonio “desafían utopías y asunciones asumidas por los violentos” (p. 204) sino que resulta fundamental en la batalla por la memoria. En este terreno organizaciones vinculadas a la izquierda abertzale (Fundación Euskal Memoria, Etxebarrieta Memoria Elkartea…) no escatiman esfuerzos, como tampoco lo hacen quienes insisten en la manida e intencionada “teoría del conflicto”.
| Nota biográfica |
Alfredo Crespo Alcázar es Doctor por la URJC y Máster Oficial en Análisis y Prevención del Terrorismo. Profesor asociado en la URJC. Miembro de la Comisión Internacional de Hispanistas e integrante del Grupo de Investigación de la Cátedra Santander Presdeia. Sus líneas de investigación son: seguridad y defensa; historia del terrorismo; relaciones exteriores de España.
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Recibido/Received: 16/12/2023
Aceptado/Accepted: 22/01/2024