STUDIA HUMANITATIS JOURNAL, 2024, 4(2), pp. 38-62
ISSN: 2792-3967
DOI: https://doi.org/10.33732/shj.v4i2.128

Artículo / Article

Miscelánea
Miscellaneous section

APROPIACIONES Y RECICLAJES EN PUNTA BEGOÑA, DIVERSOS USOS, DIVERSAS LÓGICAS: UNA APROXIMACIÓN TRANSDISCIPLINAR

APPROPRIATIONS AND RECYCLING IN PUNTA BEGOÑA, DIVERSE USES, DIVERSE LOGICS: A TRANSDISCIPLINARY APPROACH

María Belén de Valle García

Investigadora en formación en la Escuela Internacional de
Doctorado de la UNED. Madrid
ORCID: 0000-0002-2539-6908
mdevalle1@alumno.uned.es

| Resumen |

En este ensayo se hace una aproximación histórico-antropológica a la apropiación y reciclaje de arquitectura urbana y a las lógicas no explícitas que dirigen este tipo de procesos. El objeto de estudio es un enclave con muy diversos usos a lo largo de su historia: las galerías Punta Begoña y el acantilado sobre el que se asientan, en la localidad vizcaína de Getxo. A lo largo de la investigación se han podido desvelar las lógicas que han operado en los sucesivos procesos de apropiación sucedidos en este lugar, con los agentes y el contexto sociocultural de cada momento como referencia principal. El estudio de los cambios en esta edificación y su emplazamiento ha permitido elucidar relaciones entre procesos de urbanización y entorno sociocultural, relaciones entre espacio público y privado, procesos progresivos de industrialización-desindustrialización, de incertidumbre funcional o de creación de patrimonio. Finalmente, se concluye cómo las diversas apropiaciones y reciclajes dados en esta localización han sido un reflejo de la transformación de las estructuras económicas o sociales, del orden cultural o de los modos de pensamiento. En lo que respecta al análisis del momento actual, aun con la dificultad que supone la contemporaneidad, podría llegar a entreverse la lógica operante en la última apropiación de Punta Begoña.

Palabras clave: Antropología urbana; Historia; Urbanismo; Transformación espacial; Lógica cultural; Patrimonialización; Memoria colectiva.

| Abstract |

This essay takes a historical-anthropological approach to the appropriation and recycling of urban architecture and the non-explicit logics that drive this type of process. The case study focuses on a place that has had various uses over time, the Punta Begoña galleries and the cliff on which are built, at the Biscayan town of Getxo. The research has uncovered several logics that have guided the successive processes of reuse that have taken place in this location, with the agents and socio-cultural context of each period as the principal reference points. The study of the changes in the building and its location have shed light on the relationships between urbanization processes and the socio-cultural environment, the connections between public and private spaces, the processes of industrialization and deindustrialization, of functional uncertainty or the creation of heritage. The study concludes that the different repurposings in this location have reflected the transformation of economic or social structures, of cultural order, or ways of thinking. As far as the present moment is concerned, despite the difficulty of contemporaneity, a certain logic could be seen in the latest appropriation of Punta Begoña.

Keywords: Urban anthropology; History; Town planning; Spatial transformation; Cultural logic; Patrimonialization; Collective memory.

| Introducción |

En este ensayo se hace una aproximación desde la antropología a la apropiación y reciclaje de determinada arquitectura urbana y a las lógicas no explícitas que han dirigido ese tipo de procesos. El objeto de estudio es un enclave con muy diversos usos a lo largo de su historia: las galerías Punta Begoña y el acantilado sobre el que se asientan, en la localidad vizcaína de Getxo. El estudio de esta edificación, de su emplazamiento y sus usos, ha permitido elucidar relaciones entre procesos de urbanización y entorno sociocultural, procesos progresivos de industrialización-desindustrialización, relaciones entre espacio público y privado, de incertidumbre funcional o procesos de creación de patrimonio. Con los agentes y el contexto sociocultural de cada momento como referencias principales, en la investigación se ha realizado un recorrido histórico sobre los diversos usos que ha tenido este emplazamiento, con todo ello se han podido desvelar las lógicas que han operado en los sucesivos procesos de apropiación y reciclaje de que ha sido objeto este lugar. Finalmente, se extraen algunas conclusiones respecto a este emplazamiento en particular y su posible lectura como representación de los tiempos, de los sucesivos cambios socioeconómicos, políticos, culturales y de modos de pensamiento, incluso, gracias a la investigación realizada, podría llegar a entreverse la lógica que operaría en el actual proceso de apropiación.

| El objeto de estudio |

Las galerías Punta Begoña son un belvedere, una estructura de mirador o galería, situada de manera que pueda tenerse una vista extensa, una panorámica, al mismo tiempo, es un lugar para exponerse, para ser visto. En este caso están formadas por dos rondas, un salón cerrado con grandes ventanales y un jardín con balconada en la parte superior, se construyen a principios del siglo XX, sobre un acantilado a la entrada del puerto de Bilbao, Punta Begoña1. Un acaudalado industrial vizcaíno, Horacio Echevarrieta, se había hecho con los terrenos de la explanada superior y había construido allí su residencia de veraneo.

Punta Begoña como enclave y las galerías como construcción han pasado por diferentes usos, siempre en permanente cambio, desde el propio acantilado, cuyos estratos verticales son un frente cambiante, siempre rompiéndose, hasta las mismas galerías, concebidas como corredores para el paseo, para lo móvil, lo impermanente y para el intercambio de miradas, es un espacio que no es interior ni tampoco exterior, incluso su situación, en la línea de costa, testigo de las mareas, habla de movimiento constante (Anexo 1).

En el actual proyecto de recuperación arquitectónica y patrimonial de este lugar se incorpora un abanico amplio de perspectivas y personas, participa un grupo multidisciplinar de investigadores: hay químicos que estudian la composición del suelo y del aire y la disolución de los materiales de la edificación, geólogos que monitorizan los movimientos del acantilado sobre el que se sustenta la construcción, expertos en hidrogeología que investigan las filtraciones y los deterioros que provocan, arquitectos e ingenieros que estudian la estructura, su evolución y sus debilidades, restauradores que valoran la recuperación material y estética de los diversos elementos y expertos en patrimonio construido. En el lugar hay actualmente un planteamiento sobre su utilidad, sus funciones y sus potencialidades. Participan en ello instituciones como el Ayuntamiento de Getxo, el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Bizkaia o la Cátedra UNESCO de Paisajes Culturales y Patrimonio.

| Recursos teórico-metodológicos |

El marco teórico general se ha dirigido hacia las lógicas, entendidas como un conjunto de elementos y unas reglas de uso de esos elementos, es decir, se ha tratado de desentrañar cómo se hacen las cosas, qué esquemas culturales, órdenes o categorías se resuelven en forma de reglas, no explícitas, que subyacen a los diversos usos que ha tenido un mismo espacio. La metodología para materializar esta perspectiva de estudio ha sido investigar tanto los agentes como los condicionantes contextuales de cada momento. Con este marco establecido las referencias teóricas se sitúan en la antropología urbana, en la construcción del espacio social-cultural y en la construcción de memoria colectiva y de patrimonio.

Desde la perspectiva de lo dinámico, y en lo que se refiere a la antropología urbana, Manuel Delgado entiende lo urbano como “un estilo de vida marcado por la proliferación de urdimbres relacionales deslocalizadas y precarias” (Delgado, 1999, p.23), la urbanización sería “ese proceso consistente en integrar crecientemente la movilidad espacial en la vida cotidiana, hasta un punto en que ésta queda vertebrada por aquella” (Remy, 1992, citado por Delgado, 1999, p.23), siguiendo esta propuesta las galerías Punta Begoña representarían la irrupción de lo urbano en el entorno de El Abra2, esta construcción reflejaría la urbanización como creación de espacios de tránsito, como lo fluctuante, que hace posible la vida social.

Nestor García Canclini, siguiente referencia teórica, habla de la ciudad de Mexico y de cómo un crecimiento urbano espontáneo y no planificado ha condicionado su habitabilidad en el presente, es decir, en lo urbano no todo es impermanente y precario, también hay condicionamientos materiales que restringen la vida en la ciudad, la profundidad histórica es importante (García Canclini, 1998). Las galerías Punta Begoña están condicionadas por las huellas del pasado, por su localización en el espacio, por su estructura abierta a la intemperie, marcada por la morfología natural de su lugar de asentamiento, el acantilado, por el diseño que su promotor y el arquitecto idearon, por la expropiación posterior y por el duro tránsito del abandono en la época del desmantelamiento industrial, todo ello condiciona lo que en la actualidad esta construcción puede ser y significar.

Henri Lefebvre constituye otra referencia pues teoriza sobre la producción del espacio, su propuesta es que el espacio es producido, no es preexistente (Lefebvre, 1974). El espacio es un producto social y cada sociedad produce un espacio, el espacio-naturaleza desaparece entonces irremisiblemente. Respecto a lo “organizado” Lefebvre propone que arquitectos y urbanistas estarían directamente implicados en lo urbano, entrando así las ideologías, que representan el intento de establecer, o imponer, un determinado orden. Es lo que Lefebvre llama el espacio abstracto, el espacio del poder, altamente complejo, aunque con pretensión de uniformizarlo, este espacio no podría ser dominado, siempre habrá desorden y desequilibrios. El capitalismo habría producido este espacio abstracto que contiene “el mundo de la mercancía”, su “lógica” y sus estrategias a escala mundial; redes bancarias, comerciales e industriales, autopistas, puertos, aeropuertos, redes de información, etc. Todo ello ubicado en un espacio, inseparablemente individual y social.

Como espacio las galerías Punta Begoña son una atalaya para la observación, en parte concebidas para el disfrute del paisaje, probablemente tanto “natural” como “industrial”. En origen tendrían una función lúdica, de hecho, son parte de una propiedad pensada para pasar el verano, pero también fueron un lugar de reuniones con fines comerciales o políticos. Respecto al concepto de “paisaje” y su tratamiento, Honorio Velasco (2007) apunta que su invención está ligada al descubrimiento de “la naturaleza”, en los siglos XVIII y XIX, momento en el que hay desplazamientos masivos de población rural hacia las ciudades y se establece una ideología del paisaje. Se da en ese momento una educación de la mirada que empieza a ver el entorno como un objeto también estético y cultural, es un cambio que refleja la transformación de las estructuras económicas y sociales (Velasco, 2007). Es el momento en que aparece la pintura paisajista como representación idealizada del campo, enlazando lo emocional con lo social y lo político, el paisaje sería una forma de pensar el mundo. En este aspecto las galerías Punta Begoña pueden considerarse una construcción arquitectónica que “enmarca” progresivamente las vistas a lo largo de sus dos rondas, construyendo un paisaje.

Tal como señalan Hirsch y O’Hanlon, no se puede aislar el concepto de paisaje de otros conceptos relacionados, como “lugar”, “espacio”, “dentro”, “fuera” o “imagen” y “representación” (Hirsch y O’Hanlon, 1995), la idea de “paisaje” sería entonces “una construcción individual que exige del observador reconocer sus características propias dentro de un conjunto más amplio” (Müllauer-Seichter, 2003, p.3), es sólo a partir del siglo XVIII que se deja atrás la visión de la naturaleza como una totalidad interminable y por tanto incomprensible, a partir de ese momento la visión se centra en conjuntos menores, el paisaje es entonces una construcción que se desarrolla en la mente del observador, se convierte en un sistema de identificación cultural, un modelo de percepción, una asociación particular entre imagen y significado (Müllauer-Seichter, 2003).

Una dimensión importante en la recuperación actual de las galerías Punta Begoña es el campo del patrimonio cultural, en este aspecto son varias las referencias teóricas. Antonio Ariño Villarroya (2012) propone que el patrimonio cultural, como un campo de significación organizado en torno a la valoración social de objetos y prácticas, es construido en y por la modernidad y no antes, ya que supone una experiencia de ruptura entre presente y pasado, una interpretación de esta experiencia en forma de pérdida y finalmente una vinculación con esta herencia construida como valiosa para la colectividad3. Ariño señala asimismo varias paradojas respecto a los procesos de patrimonialización, entre otras, una paradoja metodológica, referida a cómo la producción y conservación de bienes simbólicos supone desplazarlos de su campo de significación inicial y también su fetichización, y una paradoja ontológica, que tiene que ver con una expansión del patrimonio que tiende a convertirlo en coextensivo con la cultura.

A este respecto, para Honorio Velasco “cultura” es una noción omnicomprensiva, mientras que “patrimonio” es uno de los modos o estados de la dinámica de la “cultura”, señala así dos ambigüedades en el campo del patrimonio cultural, por un lado que el “patrimonio cultural” es una categoría de límites difusos y de contenido heterogéneo, y por otro lado que es “un sistema de representación y de valor inadecuadamente mensurables, susceptibles de ocupar posiciones dentro de una tabla, pero tales posiciones son inestables” (Velasco, 2009, p.38). Propone entonces ver el patrimonio como proceso, ningún momento en el estado del patrimonio debe entenderse como el “estado natural” porque propiamente éste pasa por distintos “estados” (Velasco, 2009), esta propuesta será útil en el presente trabajo, pues la perspectiva diacrónica en Punta Begoña es esencial. Para Honorio Velasco el concepto de patrimonio cultural es también una contradictio in terminis, puesto que si algo es cultural no puede ser patrimonio, si se entiende el patrimonio como algo con un valor económico, entonces lo cultural no podría considerarse como parte de esta categoría, pues lo cultural siempre es público, no sería susceptible de valoración y apropiación. Sin embargo, a pesar de ello, el patrimonio cultural suele ser objeto de apropiación en sentido social, político e incluso económico, los pueblos, grupos o individuos toman el patrimonio como imagen propia y depositario de su identidad, el patrimonio remite a un pasado y por tanto a una posible construcción identitaria. Se trata finalmente de la superposición de un sistema de representación sobre un sistema de valores (Velasco, 2009).

| Punta Begoña, cronología y contextos |

Punta Begoña está situada en la margen derecha de El Abra, era en origen un acantilado, aunque en la actualidad, con la urbanización de la zona, forma ya parte de un paseo costero por el que habitualmente caminan multitud de personas.

La primera huella humana encontrada en este lugar se remonta a unos 4.500-5.000 años, en la transición del Neolítico al Calcolítico4. El yacimiento está formado por restos de un asentamiento, concretamente varios “fondos de cabaña”, donde se han hallado restos de cerámica, sílex o carbones vegetales. La función primera de este emplazamiento es por tanto “residencial”, posiblemente en vinculación con el mar como medio de aprovisionamiento. Lo que se puede concluir de este descubrimiento es que Punta Begoña es un punto estratégico para las comunidades humanas ya desde la prehistoria.

Existe posteriormente un extenso paréntesis documental, esto es, no se han encontrado otras señales de actividad humana hasta 1639, momento en que, a lo largo de la costa vizcaína se produce un “impulso constructivo”. Desde el siglo XIV al XIX se dan distintos “impulsos constructivos que a su vez vienen inducidos por los diferentes periodos de peligro de ataque” (Moraza, 2009, p.136), con motivo de la Guerra de los Treinta Años se construyen varios fortines defensivos en el Abra, entre ellos el conocido como Batería de Arriluze, de Punta Begoña o castillo de Atxekolandeta (Moraza, 2009, p.138), pero no existían entonces en la costa de Bizkaia intereses estratégicos, por lo que los puestos defensivos son en un principio de poca relevancia.

Un arqueólogo del GPAC5 explica que estos pequeños fortines, en sus inicios no mucho más que un muro de protección y un cañón, eran más que nada disuasorios, pues su efectividad dejaba mucho que desear como medio de defensa o de ataque, muchas veces los cañones se transportaban a otro lugar para resguardarlos de la lluvia y podía pasar un año o más hasta que volvieran al fortín, pues esto dependía de la posibilidad de conseguir un carro apropiado para su transporte y de la disposición de los lugareños, por otro lado, tampoco era muy previsible la certeza en el disparo, que se acertara en el objetivo marcado era algo realmente poco probable, además, el aprovisionamiento tampoco era efectivo y las balas almacenadas en el fortín podían ser de distinto calibre que el cañón, con lo cual, totalmente inútiles. En cualquier caso, este fortín de Punta Begoña era efectivo como medida disuasoria, pues los barcos que trataban de entrar en la ría por un punto más alejado podían encallar en la barra de arena del Abra6.

Respecto a la gestión de estos emplazamientos, desde finales de la edad media era el Señorío de Bizkaia la autoridad encargada de garantizar la defensa militar, la responsable de estos fortines, aunque debido a su falta de agilidad finalmente eran los vecinos y autoridades locales quienes se preocupaban y responsabilizaban de la defensa (Moraza, 2009), se daba así una situación precaria en lo que se refiere a la defensa costera y por tanto también a Punta Begoña. Esta situación cambia tras la II Guerra Carlista, momento en que el Estado asume la autoridad en la defensa de todo el territorio nacional.

Un resumen de esta etapa de Punta Begoña como emplazamiento defensivo sería como sigue; el primer fortín del que se tiene noticia se construye en 1639 pero queda abandonado a mediados de siglo, vuelve a ser repuesto en torno a 1703, convirtiéndose en el principal baluarte defensivo de la margen derecha. En 1726 esta fortificación contaba con un parapeto exterior de sillería con troneras para los cañones, en el recinto existían también almacenes donde se guardaban los pertrechos, a principios del siglo XIX incluso se habilita durante varios años como lazareto de forma intermitente. En la Guerra de la Independencia (1808-1814) se destruyen sus instalaciones y se pierden sus piezas de artillería entrando en un abandono que se prolonga hasta 1827, momento en que la Diputación reforma nuevamente la construcción defensiva colocando siete piezas de artillería, pero a pesar de ser repuesto irá perdiendo importancia y ya antes del estallido del conflicto carlista se encuentra desmantelado (Moraza, 2009).

Empieza en 1860 la siguiente etapa, en ese momento el Estado, como parte de un gran proceso de enajenación de bienes comunales, saca a la venta el solar en el que se había emplazado desde siempre la batería (Beascoechea, 2002), pasando por dos propietarios antes de llegar finalmente a manos de Horacio Echevarrieta en 1904. La construcción de la casa de este último en 1910 y las galerías en 1918, terminan con los restos que pudieran quedar del anterior fortín.

En la segunda mitad del siglo XIX, tras la Segunda Guerra Carlista, se produce en toda el área del Gran Bilbao una acelerada transformación, un rápido proceso de industrialización derivado de la explotación de mineral de hierro. Sobre la base de un sistema económico previo relativamente desarrollado se da una masiva acumulación de capital, se configura “una nueva sociedad capitalista, compleja y diversificada, […]. El área sufrió un auténtico cataclismo, una reorganización global del espacio y una transformación de las pautas demográficas y sanitarias” (Beascoechea, 2002, p.246). Durante el periodo de industrialización, entre 1877 y 1900, la población del entorno de la ría prácticamente se triplicó, posteriormente, a partir de 1900, las diferencias socio-espaciales en la zona se agudizaron, siendo desde entonces el Gran Bilbao un lugar en el que la división de clases ha sido marcada geográficamente. La zona del Abra evoluciona como área residencial, la margen izquierda para vivienda popular y la derecha para residencia de la burguesía, que paulatinamente, ante la progresión de la industria, se desplaza a esta zona, el actual municipio de Getxo. Esta margen derecha se convierte en lugar de residencia o de descanso para la creciente burguesía local, enriquecida gracias a la explotación de los importantes yacimientos de mineral de hierro de la margen izquierda y a la excelente posibilidad para el tráfico naviero que ofrecían la ría y el puerto. Este es el contexto general en que se sitúa la construcción de las galerías Punta Begoña (Anexo 2).

El modelo de urbanización del área de Getxo está condicionado por varios factores; por sus playas cercanas a Bilbao, coincidente en esa época con el comienzo de la moda del veraneo, por la titularidad comunal de sus terrenos y por la riqueza generada por la industria minera. A finales del siglo XIX esta zona se consolida como lugar de segunda residencia para la burguesía y en las desamortizaciones de comunales de 1860 y 1890 ésta se apropia de grandes lotes de terreno a reducido precio, la particularidad de este municipio es que la burguesía bilbaína es quien regula su urbanización según sus intereses “tras un proceso de control y apropiación general” (Beascoechea, 2002, p.249). La iniciativa privada dirige el proceso de urbanización, haciendo parcelaciones destinadas a la venta y edificación de casas de veraneo y promoviendo la prolongación o implantación de redes de transporte, de equipamientos, de saneamiento o alumbrado.

La alta burguesía vizcaína encontró aquí el enclave ideal que le permitía participar con cierta distancia en la actividad industrial, ahorrándose al mismo tiempo la insalubridad y la visión deprimente de la vida en las barriadas obreras, pobladas por desheredados que acudían a la llamada de la actividad fabril de la margen izquierda. La élite económica desplaza finalmente su residencia permanente a esta margen derecha, se produce una autosegregación, se abandona el centro urbano y se crea un suburbio privilegiado. Especialmente en el barrio de Neguri7 se construyen algunas residencias imponentes con las que estas familias remarcan su estatus “en una disposición de alto contenido teatral” (Beascoechea, 2002, p.255).

La morfología urbanística, así como el carácter social de la zona, quedó marcado por las condiciones impuestas por los promotores y propietarios de los terrenos, entre otras, por la construcción de casas unifamiliares, atrayendo así a un determinado estrato social.

Con altibajos, en consonancia con las oscilaciones económicas o políticas de las primeras décadas del siglo XX, el desarrollo urbano y socioeconómico de la zona continúa hasta la Guerra Civil, momento en que algunos de los oligarcas, debido a sus compromisos políticos o sus inclinaciones ideológicas pierden su posición de privilegio. En lo que se refiere a las galerías Punta Begoña y la mansión de Horacio Echevarrieta, estas propiedades “son cedidas”8 para su uso como hospital militar de la República primero, como Centro de Mando Italiano después de la toma de Bilbao por los franquistas y brevemente también como Comedor de Auxilio Social (Ayán y García, 2016). Se puede señalar que durante la guerra civil estas galerías también sirvieron de refugio antiaéreo, en los bombardeos la gente de la zona acudía a refugiarse en los recovecos que quedan entre el acantilado original y la pared interior de la construcción, accediendo a ese espacio desde el gran salón, en la ronda noreste.

En lo que se refiere al constructor de las galerías, Horacio Echevarrieta, en la década de los veinte estaba en su cenit, era uno de los hombres más ricos de España (Ayán y García, 2016), había sido promotor de negocios importantes: Saltos del Duero, Iberia, Cementos Portland Iberia, minas o industria de armamento. Tras la llegada de la república en 1931 su pretensión de hacerse con el monopolio de la fabricación de armamento fracasa por motivos políticos, esencialmente porque desarrolla este armamento con socios alemanes9. En los años posteriores Echevarrieta fue perdiendo protagonismo y poder económico, y aunque pudo mantenerse al frente de los Astilleros de Cádiz, finalmente el régimen franquista los expropió en 1951.

Hasta la década de los años 70 la inercia del impulso industrial generado a finales del siglo XIX continúa en toda la cuenca del Nervión, pero la reconversión iniciada en los años ochenta desmantela importantes empresas en el área del Gran Bilbao, como Astilleros Euskalduna o Altos Hornos de Vizcaya, la entrada de España en la UE en 1986 también afectó a este anterior estilo de desarrollo industrial. A principios de los 90 el desempleo llegó a ser del 30 por ciento, las áreas más privilegiadas, como Getxo, se resintieron igualmente.

La ya deshabitada mansión de Echevarrieta se derriba en 1976, desde el fin de la guerra civil y hasta esa fecha había sido residencia sólo eventual para sus propietarios. Puede decirse que desde el derribo de la mansión hasta el comienzo del proceso de recuperación y patrimonialización iniciado en 2013, las galerías realizan una “travesía del desierto”, su deterioro se agudiza, entran en un periodo de decadencia y abandono y su destino es realmente incierto. La familia Echevarrieta vende la propiedad en 1975 y la consiguiente gestión privada se asegura el beneficio con la construcción a finales de los 80 de edificios de viviendas en los terrenos de la antigua mansión. Finalmente, en 1991, como parte de un acuerdo con la constructora propietaria, el Ayuntamiento de Getxo se hace con la propiedad de las galerías. En general esta es una etapa bastante convulsa, en los años 80 y 90 muchas de las casas del entorno estaban deshabitadas y las galerías eran refugio de yonkis y de personas sin hogar (Ayán y García, 2016). Para las galerías Punta Begoña era un tiempo de crisis y acomodo entre el fin de una época y el comienzo de otra como un espacio completamente diferente.

A lo largo de este periodo se plantean algunas posibilidades de reciclaje, como una propuesta para la reconversión de las galerías en hotel en 1991 o un proyecto para la construcción de un “Museo Marino y Gran Hotel Neguri” en 1993, pero no salen adelante. Posteriormente, aunque ya en 2001 el Gobierno Vasco declara las galerías como bien de protección especial, hay una segunda propuesta de hotel, que también fracasa. Pero fue por esta iniciativa frustrada que el ayuntamiento de Getxo pudo conseguir un importante fondo económico, gracias al cual se pudo iniciar un proceso de recuperación y “puesta en valor”.

La nueva etapa comienza alrededor de 2013, cuando por iniciativa del Ayuntamiento de Getxo se firma un convenio con la Universidad de País Vasco para que sea ésta quien en parte gestione la recuperación del edificio. Durante los dos primeros años se estudia la estabilidad estructural de la construcción, una vez que se tiene la certeza de que el edificio no supone riesgos y puede conservarse, se plantean ya nuevas posibilidades.

Las dinámicas actuales en la zona se han distanciado de la economía basada en industria, el Gran Bilbao se promociona ahora en el mercado global como un centro administrativo, de servicios, de empresas de investigación, sede de congresos, como centro con oferta universitaria y como activo turístico. Esta última etapa de Punta Begoña puede inscribirse en ese marco, actualmente en las galerías se forman estudiantes de la EHU-UPV en distintas especialidades, es un primer escaparate para los cruceros que atracan en el puerto deportivo de Getxo atraídos por el “efecto Guggenheim”, es también un centro para actividades culturales del municipio, es un laboratorio donde estudiar el comportamiento a largo plazo del hormigón armado, donde estudiar geotécnia, hidrogeología o química y su relación con edificaciones y finalmente, quizás también un lugar donde experimentar un modelo novedoso de patrimonialización.

| Apropiaciones y reciclajes en Punta Begoña10 |

Primer reciclaje: defensa militar

La función residencial inicial de Punta Begoña, señalada por los fondos de cabaña desaparece con el tiempo, en el caso de que de algún modo persistiera, no ha quedado ninguna huella de ello.

Tal como se ha apuntado anteriormente, en 1639 se produce un “impulso constructivo” y este punto se eligió como lugar donde establecer un fortín defensivo, la lógica que se encuentra entonces no es la propia de relaciones intracomunitarias, sino de relaciones de frontera, la propia de un lugar de discontinuidad. Lo que representa Punta Begoña en este momento es un espacio de interlocución entre diferentes, donde determinada realidad política, una hipotética amenaza territorial, se impone a los residentes, es la lógica de la ley del Estado, de la organización espacial reglamentada (Lefebvre, 1976). El lugar se recicla como lugar defensivo. Tal como se ha señalado, esta zona costera no tendría en aquel momento importancia económica o intereses estratégicos, se deduce de ello que esta nueva situación, esta ordenación espacial, se impone desde los ámbitos de poder.

Segundo reciclaje: enajenación de bienes comunales y construcción de las galerías. Comienzo de la urbanización

No sería correcto decir que las galerías están construidas sobre el acantilado, pues ambos elementos se constituyen como unidad, la configuración de la construcción está determinada por la forma del acantilado. La construcción de las galerías señalaría el momento más significativo en que el “paisaje natural” se transforma en “paisaje cultural”11.

Este segundo reciclaje representaría la entrada de un nuevo sistema de producción, pasa de predominar un sistema doméstico a uno industrial/capitalista (Wolf, 1995), lo que anteriormente había sido comunal ahora se privatiza. Este proceso de desamortización tiene su visualización material en la urbanización de la zona y la construcción de las galerías. Este reciclaje refleja un momento de cambio socioeconómico importante.

Como elemento significativo del momento es pertinente la historia de la cueva de Sorginzulo, hollada en el acantilado y que supuestamente desaparece con la construcción del primer muro de contención. Según se recoge en la historia local, ciertas brujas habitaban esta cueva por temporadas:

(...) Había brujas en aquel agujero desde los primeros años del siglo primero, en que un día de horrorosa tormenta embistió una colosal embarcación con tal furia al Morro de la Begoña que practicó en la roca un enorme agujero. El barco se hizo añicos y sus tripulantes, que eran brujas, tuvieron que refugiarse en el hueco que su embarcación produjo, y viéndose primero por fuerza obligadas a instalarse en el referido hueco, quedáronse después en él de buen grado, recibiendo desde entonces esa cueva el nombre de Sorguiñsulo, o Agujero de las Brujas (...)12

Con la construcción del primer muro-paramento en Punta Begoña las gentes de la zona en aquellos años se lamentan de que las brujas ya no puedan volver a la cueva, pues queda tapada y quizás quieran a partir de entonces “alojarse” en el pueblo.

Este episodio puede interpretarse como un signo del fin de lo mitológico y el comienzo del cálculo racional, de lo industrial y la lógica económica, es el llamado “desencantamiento” del mundo (Weber, 1964), un proceso de carácter global por el que cada vez un mayor número de estructuras e instituciones dejan de ser sagradas, suprasociales, universales. Hay después diferentes versiones sobre la funcionalidad de esta cueva, supuestamente era un refugio, un punto de reunión de las mujeres del pueblo más cercano, el Puerto Viejo, principalmente para refugiarse de la lluvia o contar sus intimidades alejadas de los oídos ajenos. Según cierta interpretación local13 la sociedad de sesgo machista de aquella época sería la que la nombró antaño como Sorginzulo por este motivo.

También podría ser pertinente una asociación con algo femenino y ancestral, representado en las cuevas, pues tanto en la historia de las brujas como en la anteriormente señalada, las protagonistas y usuarias de las cuevas son únicamente mujeres14.

En cuanto al motivo detonante para la construcción del muro-paramento, hay una versión según la cual el ayuntamiento obliga a su construcción debido a los desprendimientos, otra versión sitúa el motivo en un momento algo anterior (la “urbanización” del acantilado no se produce totalmente de una vez, es progresiva) y en iniciativas particulares, es decir, por una parte está la necesidad de contener la caída de rocas del acantilado, por otra el inevitable comienzo de la urbanización en el Gran Bilbao y por otra la iniciativa de Echevarrieta. Desde el punto de vista de la convergencia en un momento concreto entre los cambios socioculturales y la construcción de las galerías, como causa básica para la construcción del muro puede existir tanto la coincidencia, como la necesidad o la imposición. Desde el punto de vista del sistema social asociado al nuevo modo de producción industrial, las galerías reflejarían unas relaciones de producción, vistas desde abajo, desde el punto de vista del caminante, son un muro, no están abiertas, desde arriba sin embargo son un mirador, y al mismo tiempo “contienen” el derrumbe de rocas, contienen la evolución (en el sentido de transformación) de los “procesos naturales”.

Tal como se ha señalado anteriormente, en el proceso de desamortización la emergente burguesía local es la beneficiada, pues es quien compra los terrenos y ordena el modelo de urbanización. La lógica en esta época es entonces la del poderío de las estirpes familiares enriquecidas, una lógica familiar heredera del modo de producción doméstico, del sistema campesino, pero ahora funcionando en otro modelo socioeconómico, el capitalista (Wolf, 1995).

Las galerías son finalmente un lugar ideado para observar y también para exponerse, marcan una posición social frente a los otros, representarían un espacio de interlocución entre la burguesía y el campesino o el trabajador del nuevo apogeo industrial, son una muestra de estatus para Echevarrieta. Se puede señalar que durante gran parte del siglo XX los paseantes de la localidad llamaban a las galerías “los muros de Echevarrieta”, lo que da una idea de la percepción de este lugar desde el punto de vista del individuo de a pié en relación con quien habita las galerías.

Tercer reciclaje: expropiación en la Guerra Civil

Aquí entra otra vez la lógica de lo fronterizo, emerge de nuevo el carácter de lugar estratégico y la lógica del Estado. En este caso los sistemas políticos "se apropian" de la élite dominante en la zona, ocupando sus propiedades, las galerías son en ese momento un espacio de interlocución entre contendientes15, son un espacio de representación. Se repite en el tiempo la función de fortín y también de moderno “lazareto”, probablemente marcado por el condicionante geográfico, su situación en la línea de costa con un entorno aireado y alejado de centros urbanos.

En primer lugar por la República y después por los rebeldes, las galerías Punta Begoña son un lugar de visibilización del dominio de unos u otros, en el gran salón de las galerías, si en algún momento se dejó alguna huella de apropiación por parte de la República, a día de hoy su rastro ha desaparecido, por el contrario, sí permanecen hasta la actualidad los símbolos de apropiación de la época franquista, existían aquí retratos murales de Franco16 y Primo de Rivera enfrentados (Ayán y García, 2016), en paredes opuestas, el de Primo de Rivera está ya desaparecido, borrado, queda algún rastro de una cruz y una banderola, donde estaba el retrato de Franco quedó un agujero que traspasaba de lado a lado la pared, aún persisten también lemas rotulados de !!Franco, Franco!! o ¡¡Arriba España!!

En este caso los cambios funcionales en las galerías son drásticos, el reciclaje es propio de la violencia de la época de guerra, no tiene progresión, es la lógica de la apropiación por la fuerza, no hay ninguna negociación social, como visibilización de este momento estaría el uso que hace la población de este lugar: como hospital de guerra y como refugio ante los bombardeos.

Desde la década de los años 50 y hasta el final de esta etapa la propiedad vuelve a manos de la familia Echevarrieta, hace tiempo que ya no es necesaria la instrumentalización de Punta Begoña y comienza otro periodo con una transformación más progresiva. Tras la devolución de la propiedad la familia utiliza las galerías como zona de juegos, el gran salón únicamente para jugar al frontón.

Cuarto reciclaje: mercantilización y comienzo del “abandono”

En 1976 la familia propietaria y constructora de las galerías vende la propiedad, comienza una paulatina decadencia de la lógica de las élites de las “grandes familias” y la sustituye la lógica de la mercancía, de la búsqueda del beneficio económico. Punta Begoña es ahora un espacio de interlocución entre compradores y vendedores, es la lógica de la economía de mercado. La expansión del modo constructivo urbano se extiende en toda la zona y se apropia también de Punta Begoña, aunque en esta compraventa se mantiene una condición puesta por la familia Echevarrieta para la venta de la propiedad: una parte de ella debe ser de disposición pública.

Respecto al momento socio-histórico de la zona, es mediados de los años 70 y principios de los 80, fin de la dictadura y previo a la reconversión industrial, es decir, un tiempo en que empieza una liberalización económica y social.

En lo que se refiere a las galerías, comienza una etapa en la que este espacio no tiene ninguna función asignada ni prevista, de modo que permanece como un lugar “marginal”. El resultado es que Punta Begoña se encuentra a partir de ese momento en una situación de “abandono”.

El “abandono”

Durante esta etapa, en los años 90 y posteriores, hay una situación de abandono, la diferencia principal respecto a momentos anteriores, y a la consideración de este abandono como un reciclaje o resignificación, es que en esta etapa no hay ninguna institución que ordene la actividad o funcionalidad de las galerías. Este “reciclaje” tiene lugar en un momento en que contexto socioeconómico es el de crisis generalizada.

Las galerías son ahora un espacio de interlocución entre individuos relativamente aislados y anónimos, que además no reconocen ese lugar como un espacio social aceptado, integrado17, pues entran allí de manera furtiva, en ocasiones para realizar actividades ilícitas, aunque al preguntar en la oficina de turismo sobre la posibilidad de contactar con personas que se hubieran "colado" en las galerías, la respuesta de la interlocutora es: "personas que se han colado en Punta Begoña.....¡pues medio municipio!". Es este ahora un "exterior social", pero únicamente porque no hay ningún orden institucionalizado, ¿qué otro orden existía? ¿ninguno? La huella que queda son los múltiples grafitis que invadieron las paredes como códigos de comunicación, como huella del orden del lugar.

El equipo de investigación asignado ha registrado y documentado esta iconografía, realizando un estudio iconográfico y cronotipológico: encuentran un total de 739 elementos, fechados entre 1981 y 2012, aunque hay también grafitis realizados en 2017, es decir, la "ocupación" ilícita de las galerías se prolonga en el tiempo.

Hay entonces una resignificación, pero no hay agente director, lo que se encuentra es el desmantelamiento de un sistema anterior, la lógica es la del “abandono”, con una situación en la que no hay directrices de ninguna institución reconocible. Esta etapa es otra apropiación y reciclaje, diferente, este espacio no es ya “naturaleza”, pertenece plenamente al espacio urbano, no es una isla, no puede serlo pues es un espacio indeterminado, aunque accesible, luego una parte de lo sociocultural se lo apropia.

En lo que respecta al proceso actual de patrimonialización, esta etapa de abandono se trata de distinta manera, no se reivindica públicamente como parte de la historia de Punta Begoña, esta etapa “se borra”, pues es repudiada por muchas personas18, por parte del grupo de investigación y gestión sí se tiene en cuenta que es parte de la historia del edificio, pero se considera un tema “sensible” y el conservar las pintadas de los 80, 90 y años posteriores no se contempla, aunque se estudie y conserve su testimonio gráfico. Es una muestra de que la consideración de “patrimonio” es una construcción social, donde está implicado un contexto cultural complejo.

Por último, como apropiación y como señal del reciclaje en esta etapa, no deja de existir similitud entre los grafitis y los lemas franquistas, ambos transmiten un mensaje de apropiación, cada uno con su significación y propósito, desde el punto de vista etnográfico o antropológico unos no tienen más valor que otros, unos son institucionales, otros no, cada cual reflejo de una época.

Quinto reciclaje: otra vez propiedad municipal y continua el “abandono”

En 1991 las galerías pasan a ser propiedad pública, otra vez de titularidad “comunal”, pero sin una funcionalidad definida, por otro lado, aunque comienza una cierta recuperación, finales de los años 90 sigue siendo un momento de crisis.

En lo que se refiere al ámbito político-administrativo, la lógica del momento es la especulativa, hay distintas propuestas para las galerías, éstas son ahora un espacio de interlocución entre instituciones públicas y mercado, se especula sobre qué puede "funcionar" en este espacio, pero no se atiende a la realidad cotidiana de las galerías, es decir, no se permite que este sea un espacio anárquico pero tampoco se gestiona, la situación es similar a la del cuarto reciclaje, aunque en este momento lo público entra en la administración del lugar.

Mientras tanto, aunque comienza cierta reapropiación colectiva del edificio, el "abandono" continua presente, aún no está claro el futuro de las galerías pero empieza a entreverse que puede ser algo a conservar, un primer signo es que en 2001, como parte del espacio urbano protegido del municipio de Getxo, el Gobierno Vasco las declara bien de protección especial.

Sexto reciclaje: patrimonialización. Y fin del “abandono”

Tras el doloroso trance del desmantelamiento industrial en la cuenca del Nervión, el antiguo paisaje industrial de la zona estaba desolado, el reciclaje de este extenso espacio es un proceso que aún llega hasta la actualidad. Algunas construcciones consideradas un testimonio histórico “valorable” se han conservado, muchas se han derribado o se han abandonado y arruinado, pero no es hasta pasados los primeros años del siglo XXI cuando se empieza a mirar con otros ojos esta herencia. Las galerías Punta Begoña permanecen abandonadas desde mediados de los setenta del pasado siglo hasta 2013, finalmente, el 13 de octubre de 2014 el Ayuntamiento firma un convenio con la EHU-UPV por el que “ambas instituciones se comprometen a aunar los esfuerzos para recuperar este bien patrimonial”19.

Las galerías son ahora un espacio de interlocución entre instituciones y sociedad y entre pasado y presente, "una sutura" según la propuesta de Ariño Villarroya. La lógica en este momento es la de la recuperación de determinada memoria, como parte de una (re)construcción identitaria. Tras el abandono y ruptura en la continuidad de usos aparece la reflexividad, el objeto, Punta Begoña, puede tener ahora una identidad además de su pura materialidad, tiene una historia, supone referentes históricos para un grupo social. Para Francisco Cruces:

“(...) el horizonte social de todo patrimonio es siempre una construcción ideal: “la humanidad“, “la sociedad”, “la comunidad”, “el interés general”, “la colectividad”, “la etnia”, “los portadores de la cultura”; es decir, un “todos nosotros”. El problema del sujeto de la restitución es por consiguiente de carácter político, en la medida que implica procesos de autodefinición y de heterodefinición colectiva en los que se ponen en marcha relaciones de poder (...), el patrimonio cultural tiene que ser considerado en tanto que sistema de mediación y en tanto que espacio de negociación. La primera es una dimensión fundamentalmente comunicativa; la segunda es una dimensión política.” (Cruces, 1998, p.77)

En este último proceso de patrimonialización se encuentran múltiples dimensiones:

– Punta Begoña como lugar depositario de la memoria de distintos intervalos históricos. Actualmente el proyecto de recuperación está reivindicando no sólo las galerías, sino todo un recorrido histórico que puede trazarse en este punto concreto desde época prehistórica, algunos gestores no hablan ya de “las galerías” sino de Punta Begoña, en referencia al lugar, pues el intervalo histórico de este “objeto patrimonial” se ha ido extendiendo progresivamente, por ejemplo, para dar una incluso mayor profundidad temporal, se señala que el flysch20 del acantilado, visible en algunas zonas de la construcción, se depositó en la época geológica de la desaparición de los dinosaurios, está reivindicándose aquí el “acontecimiento geológico” depositado en el acantilado.

Lo cierto es que en Punta Begoña la actividad ha sido variada, además de poblado prehistórico, ha sido residencia de brujas, un fortín defensivo, abandonado y reconstruido varias veces, las galerías han sido lugar para reuniones o acuerdos comerciales de su propietario, zona de juegos para sus descendientes, hospital militar, comedor social, refugio de indigentes o yonkis, y finalmente un laboratorio para estudios sobre arquitectura, geotecnia o restauración y un centro para actividades culturales o turísticas. Todas estas actividades han dejado su huella en el edificio y todas ellas se pretenden reivindicar y conservar. Las galerías son una “capsula de tiempo” y el programa del grupo de investigación y gestor es conservarlo todo.

– Las galerías Punta Begoña como símbolo de una época. El núcleo principal de las galerías Punta Begoña como patrimonio es la propia construcción, pues es representativa de un momento histórico importante en toda Bizkaia. Las galerías conservan gran parte de los materiales originales y de sus ornamentos decorativos, a excepción de las pinturas y lemas propagandísticos de la dictadura, o los grafitis de los últimos años, el edificio no ha tenido ninguna modificación. En él se refleja el momento histórico en que se construye; el edificio es ostentoso, en consonancia con el apogeo burgués del momento se impone con su aspecto de muralla al caminante de a pie, es también innovador, pues se construye en hormigón armado, una tecnología que empieza a utilizarse en ese momento21 y forma además parte del impulso constructivo que tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX, es decir, del momento en que la urbanización se extiende más allá de la ciudad de Bilbao.

– Punta Begoña como representación de la identidad del municipio. Una vez que esta construcción pasa a ser propiedad municipal puede reivindicarse como patrimonio de Getxo, este municipio, a excepción del Puerto Viejo, una pequeña población de casas de pescadores, no tiene un centro histórico, pues era principalmente una zona de caseríos. Desde finales del siglo XIX y a lo largo del siglo XX la burguesía se establece alrededor de esta zona de arenales, esta memoria y las galerías como lugar representativo pueden ser entonces un elemento identitario a reivindicar.

– La memoria de una clase social determinada como parte de la identidad del municipio. Habría aquí cierta tensión sobre el patrimonio, un botín que se disputan lo público y lo privado. En el proceso de recuperación de las galerías Punta Begoña se reivindica tanto el propio edificio como a cierta oligarquía instalada en la zona, impulsora del desarrollo industrial y promotora de su urbanización, representada en Horacio Echevarrieta, un personaje a quien “poner en valor”, se señala su carácter innovador, arriesgado, de ideología republicana, emprendedor y viajero, se reivindica a un personaje que, aunque representa a la burguesía instalada y promotora del municipio, no se reconoce como perteneciente al prototipo de adinerado elitista y de ideología conservadora, históricamente identificado con el periodo de la dictadura. Puede por tanto ser representativo de un tipo de emprendedor más en sintonía con la política actual, un personaje a recuperar de la historia local que probablemente no provoca rechazo por parte de ningún (o casi ningún) sector social. Puede estar reivindicándose un modelo de oligarquía vasca previa al franquismo, emprendedora, nacionalista o al menos no monárquica. Neguri se ha asociado siempre con las élites, ahora son otros tiempos que requieren la construcción de una identidad no asociada con el clasismo anterior, sino con algo más transversal, se estaría quizás produciendo una resignificación de las élites locales.

– El carácter innovador del actual proceso de patrimonialización. El proceso actual de patrimonialización no pretende que Punta Begoña sea “un fetiche”, un patrimonio representativo de un pasado pero desgajado del entorno, como un objeto de museo o una atracción turística. La gestión y el conocimiento transdisciplinar está sirviendo para mantener y recuperar la construcción, pues si no fuera por ello la construcción se convertiría en ruina, desaparecería22. En la recuperación de Punta Begoña las instituciones y el grupo de investigadores; arqueólogos, arquitectos, geoquímicos, historiadores o restauradores forman parte integrante del propio “objeto” patrimonial, esto es, las obras de diagnóstico y recuperación el edificio sirven para la formación de estudiantes de grado y posgrado, se organizan jornadas, exposiciones, seminarios o coloquios. El estado de deterioro en que se encontraban las galerías ha hecho que el grupo implicado en la rehabilitación sea una parte inseparable del mantenimiento del propio edificio. Lo social está integrado en el patrimonio, desde las instituciones gestoras se propone:

"(...) un cambio de enfoque que plantea la intervención desde el interior y como un camino de recorrido reflexivo y coherente con el valor de la construcción. (…) La innovación ocupa un papel relevante en este proyecto: algunos de los aspectos planteados, las formas en que se realizan y las investigaciones suponen formas novedosas e inexploradas de intervenir en el patrimonio”23.

En el proceso actual se intenta evitar una fetichización, aunque quizás la “fetichización” no es tampoco incompatible con “proceso”, en tal caso habría que incluir en “lo fetichizado” a los agentes intervinientes. Finalmente, en el actual proceso de patrimonialización, también se lleva a cabo una espectacularización: con los llamados “bafles”24, los paneles informativos o la promoción turística, existe cierta teatralidad, como anteriormente la alta burguesía, Franco, los indigentes, los yonkis o los grafiteros dejaron su huella, las instituciones actuales también están dejando la suya, también hay ahora una nueva apropiación de las galerías.

| Conclusiones |

En Punta Begoña encontramos un emplazamiento que ha pasado por muy diversas apropiaciones; la habitacional, la militar, la de refugio, la del paisaje, la urbanística, la mercantilista, la del abandono y actualmente por la patrimonial. Respecto al peregrinaje constructivo-funcional en este lugar, lo que podemos concluir es que las diversas apropiaciones y reciclajes existentes han sido un reflejo de los tiempos, un reflejo de los cambios económicos, sociales, de los órdenes culturales o de las formas de pensamiento, reflejo que también puede serlo en la actualidad.

Gracias a la presente investigación se han desvelado unas lógicas que podían evidenciarse adoptando una visión diacrónica amplia y teniendo en cuenta el contexto cultural de cada momento. Es así que hemos visto cómo Punta Begoña ha sido un punto estratégico como lugar habitacional y de aprovisionamiento, cómo en varios momentos ha tenido también una función destacada para la construcción política del territorio, la lógica fronteriza y la lógica de la guerra se han evidenciado en este lugar. Hemos visto cómo con el inicio de la urbanización, un momento de cambio importante, ha sido también un emplazamiento singular desde donde ver y ser visto, un lugar para la reflexión. Como se ha señalado, es un lugar donde manifiestamente aparece “lo cultural” frente a “lo natural”, la idea de “paisaje”, una forma nueva de mirar el entorno, planea en la construcción de las galerías, en ellas la panorámica queda enmarcada entre las sucesivas columnas, como en fotogramas cinematográficos, tiene un sentido en su recorrido, tiene una narración. La naturaleza deja de ser una totalidad inabarcable y la visión se centra en conjuntos menores, asociando imagen y significado (Müllauer-Seichter, 2003). Era un momento en el que se estaba produciendo una transformación de las estructuras económicas y un cambio en el orden social, tal como se ha señalado, hacía su entrada una lógica racional y económica.

Hay también una correspondencia temporal entre la expansión de la urbanización en el Gran Bilbao y la edificación de las galerías, esta construcción manifiesta en su estructura un espacio de tránsito, característica esencial de lo urbano. Como contrapunto, aunque las galerías se construyen en pleno apogeo urbanístico, el emplazamiento en sí mismo ha sido un polo atractor para las relaciones sociales desde muy antiguo, el emplazamiento es permanente, reciclándose es también inmóvil. Las galerías, junto con sus relaciones contextuales, aunque como un lugar de tránsito integran la movilidad, ni en el origen de su construcción ni hasta la actualidad suponen deslocalización. Es aquí donde el espesor histórico, como conjunto de procesos que se intersectan (García Canclini, 1998) muestra su importancia. En el caso de Punta Begoña hasta 1919 el “objeto” central no son las galerías, sino que las galerías son el producto de determinadas prácticas y dinámicas socioculturales sucesivas a lo largo de la historia, a partir de su construcción éstas tampoco son “el objeto”, pero éste, es decir, las prácticas y las lógicas asociadas, lo relacional, está condicionado por esa ordenación del espacio que suponen las galerías. La existencia de esta dialéctica progresiva es la que ya en la actualidad, en la patrimonialización, aporta la función de “representación” a las galerías y su consiguiente “puesta en valor”, comienza la lógica de la recuperación de una memoria.

Respecto a la etapa de urbanización y al espacio como producto de la sociedad (Lefebvre, 1974), en el caso del lugar en que se construyen las galerías, el barrio de Neguri, su urbanización está dirigida por la burguesía, incluso su nombre se crea conjuntamente con la empresa surgida para su urbanización, la lógica económica, la lógica del capital, es la que ordena este espacio, el plano en cuadrícula aparece como espacio de inculcación ideológica (Fowler y Zavaleta, 2013). Pero no todo es tan claro, racional y ordenado en esta etapa, la arquitectura de las galerías Punta Begoña no está determinada por este orden de cuadrícula, por un orden racionalizado, sino que está determinada por la orografía, por una estructura “natural”, las galerías tienen cierta sinuosidad, es un espacio que está fuera de la uniformidad establecida. Esta construcción se mantiene diferenciada también en sus usos, el espacio abstracto, el espacio del poder, altamente complejo, con desorden y desequilibrios, puede encontrarse reflejado en Punta Begoña. Estas galerías no son representativas de unas relaciones sociales de reproducción, no son una casa, aunque sí pueden reflejar unas relaciones de producción, son una representación de las funciones sociales jerarquizadas (Lefebvre, 1974, p.90).

En la última apropiación y reciclaje, la patrimonialización, se observa en las galerías la recuperación de elementos culturales anteriormente desvirtuados, pero no es este un proceso normalizado y automático, ha tenido que suceder para ello una experiencia de pérdida, una ruptura entre el presente y el pasado y la posterior vinculación con esta herencia percibida como valiosa (Ariño, 2012). La ruptura se encuentra aquí en el trance del desmantelamiento industrial y en los largos años de abandono de las galerías, durante ese tiempo la continuidad en los usos “aceptados” se ha interrumpido, las galerías se convirtieron en cierto “exterior social”, un lugar reclamado y habitado por “excluidos sociales”25, era un momento de crisis y desaparición del anterior modelo industrial y las edificaciones de esa época eran vistas más como representativas de un sistema socioeconómico en decadencia que de un pasado glorioso. Pero el tiempo de “abandono”, aun siendo repudiado, habría sido decisivo para el actual proceso de patrimonialización, ha tenido que existir un paréntesis, un abandono, para que se produzca un proceso reflexivo26.

El momento actual de patrimonialización es otra etapa dentro de un proceso con estadios sucesivos, ni con más ni con menos relevancia que los anteriores. La novedad es que ahora habría una patrimonialización no sólo del propio edificio sino también del grupo humano involucrado27, todo ello constituyéndose como imagen del municipio (o de un ámbito mayor) y depositario de identidad, si se acepta esta propuesta, aun con la dificultad que supone el análisis de la pura actualidad28, quizás nos encontramos aquí con la paradoja ontológica que señala Ariño, es decir, con una expansión del patrimonio que tiende a convertirlo en coextensivo con la cultura (Ariño, 2012). Quizás esta actualidad está señalando otra lógica operante que solo empieza a entreverse; cierto “urbanismo ecológico” como corriente actual, donde una interrelación equilibrada entre las personas y el entorno, construido, habitado o transitado, es imprescindible para que todo funcione.

Actualmente los gestores involucrados en la recuperación de Punta Begoña señalan que este es un proceso “en marcha”, sin definir, el destino final de las galerías no está concretado, se habla de “una experiencia en continua transformación”. Por ahora el edificio se utiliza tanto como laboratorio para estudios de conservación arquitectónica, como para actividades culturales del municipio o para visitas turísticas. Es un ejemplo del patrimonio cultural como “recurso cultural” (García García, 1998, p.19), sin convertirse por ello en un fetiche.

A día de hoy la construcción y sus ocupantes continúan en tránsito, ni habitando ni abandonando el lugar, replanteándose su utilidad, sus funciones y sus potencialidades, posiblemente esto sucede en consonancia con la situación de Punta Begoña, un lugar de tránsito al borde del mar, y también en continuidad con su pasado como construcción, en su tiempo un edificio innovador y con usos muy diversos a lo largo de su historia.

| Referencias |

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| Nota biográfica |

María Belén de Valle García es graduada en Antropología Social y Cultural y master en Investigación Antropológica y sus Aplicaciones por la UNED. Le fue concedido el Premio del Consejo Social a la Excelencia Académica de la Facultad de Filosofía y Antropología en el Curso 2017-18. En la actualidad es investigadora en formación en la Escuela Internacional de Doctorado de la UNED, en el Programa de Doctorado en Diversidad, Subjetividad y Socialización. Estudios en Antropología Social, Historia de la Psicología y de la Educación. Su especialización, en el campo de la antropología urbana, se centra en las dinámicas de transformación del espacio habitado. Actualmente desarrolla su tesis doctoral, cuya temática trata específicamente el dinamismo del espacio urbano y su relación contextualizada con otros procesos de cambio.

| Anexo I |

Imagen 1. Galerías Punta Begoña desde el muelle de Arriluze

Fuente: imagen procedente de la colección local de las Bibliotecas de Getxo. Autor desconocido.

| Anexo II |

Imagen 2. Plano de construcción de las galerías Punta Begoña

Fuente: Archivo municipal de Bilbao. Fondo: Ricardo Bastida. Autor: arquitecto Ricardo Bastida.

| Anexo III |

Tabla 1. Esquema cronológico de apropiaciones y reciclajes en Punta Begoñ

Función residencial

•Varios fondos de cabaña, neolítico-calcolítico, antigüedad aproximada 5.000 años.

PRIMER RECICLAJE

•Defensa militar desde 1639, también lazareto, con varios abandonos y reconstrucciones.

•No se han encontrado restos arqueológicos, sólo documentación. Hasta 1828.

SEGUNDO RECICLAJE

•Primera enajenación de bienes comunales en las décadas de 1850, 1860 y 1890.

•Construcción de las Galerías Punta Begoña de 1918 a 1922 y visibilización material del segundo reciclaje.

•Uso privado unos 15 años.

TERCER RECICLAJE

•“Expropiación” en la Guerra Civil, 1936. Funciones:

- Refugio civil antiaéreo.

- Hospital militar.

- Centro Mando Italiano desde 1937.

- Comedor de Auxilio Social.

•Otra vez uso privado años 50 a 70 s.XX.

CUARTO RECICLAJE Comienza el “Abandono”

Mercantilización, venta pública en 1976.

QUINTO RECICLAJE Continúa el “Abandono”

•Propiedad municipal 1991, otra vez “comunal”.

- 1991 Primer intento de hotel.

- 2006 Segundo intento de hotel.

•Patrimonialización en 2013 y fin del “Abandono”.

SEXTO RECICLAJE

Proceso de patrimonialización, puesta en valor, “laboratorio” para la EHU-UPV, centro para actividades culturales y activo turístico.

Fuente: elaboración propia.

_______________________________

1 Anteriormente ya existía alguna estructura de contención precedente, construida no antes de finales del siglo XIX. En ‹https://puntabegonagaleriak.eus/›.

2 Bahía donde desemboca el río Nervión, el Puerto de Bilbao.

3 “La identificación de un objeto como patrimonio conlleva interpretarlo como un bien público, como propiedad común que ya no pertenece al señor feudal, al obispo o al rey, ni a sus sucedáneos burgueses, sino a la nación”, mediante la patrimonialización lo que se hace es tratar de “suturar las fracturas y heridas del mundo contemporáneo” (Ariño, 2012, p.211).

4 Periodo de transformaciones económicas (metalurgia, comercio, especialización), sociales (aparición de las aglomeraciones pre-urbanas) y culturales (aspectos rituales y de espiritualidad).

En ‹http://www.extensionuned.es/archivos_publicos/qdocente_planes/37633/18calcoliticopeninsular.pdf›

5 Grupo de Investigación en Patrimonio Construido, es parte del grupo gestor de Punta Begoña.

6 Barra de arena que desaparece con la progresiva construcción de muelles en el Abra.

7 El nombre de Neguri deriva de neguko uria, en euskera “localidad de invierno”. Por encargo de la sociedad promotora se crea este neologismo “Neguri”, para denominar tanto al barrio como a la empresa surgida ex profeso: La Sociedad de Terrenos de Neguri, creada en 1903 (Beascoechea, 2002).

8 Son apropiadas por la República, Echevarrieta prefirió cederlas temporalmente a perderlas, posteriormente pasaron al bando nacional.

9 En ‹https://ianasagasti.blogs.com/mi_blog/2013/05/horacio-echevarrieta-un-empresario-vasco-en-el-rearme-de-alemania.html›

10 Anexo 3: Tabla 1 – Esquema cronológico de apropiaciones y reciclajes en Punta Begoña.

11 “(...) hay que tener en cuenta que toda clasificación que distinga entre los elementos pertenecientes a la esfera de lo “natural” y a la de lo “cultural”, se realiza siempre, cobra sentido y pertenece al ámbito cultural” (Moreno Feliu, 2014, p.236).

12 En ‹http://getxosarri.blogspot.com/2019/03/la-cueva-de-sorguinsulo.html›

13 En ‹https://www.elcorreo.com/bizkaia/margen-derecha/cueva-brujas-escaparate-20181009194924-nt.html›

14 Actualmente estamos habituados a la concepción científica de las cosas, en tiempos anteriores la significación del mundo sería vital, determinadas asociaciones responderían a ciertas simpatías que “el primitivo” ve entre diferentes realidades, como cielo/paternidad, tierra/maternidad, etc. (Caro Baroja, 2015). Mircea Eliade también trata sobre la asociación mítico/religiosa de la mujer con la tierra (Eliade, 1964).

15 La casa de Echevarrieta fue utilizada por mandos militares italianos y, según algunos autores, en ella tuvieron lugar las reuniones que llevaron al pacto de Santoña, esto es, a la rendición de las tropas vascas a los italianos tras la caída de Bizkaia (Ayán y García, 2016).

16 En Getxo a esta construcción se le ha llamado en el pasado “la casa de Franco”.

17 “En su investigación en el ámbito de la zona de Munich el científico social Werner Nohl (…) añade a los términos “private space” y “public space”, un tercer término operativo, al que denomina “our park”. Este pone en acción un espacio “between” que separa el espacio público con su connotación de pertenecer a todos o a nadie, del espacio privado en su sentido económico. Éste se propone como área de acción o interacción, es un espacio de tránsito, una tierra de nadie o un terreno fronterizo, que Nohl llama middle ground: “Public space that one can appropriate for privat purposes. In doing so, the visitor becomes invested in the design of the park as well as in its intended uses (Rotenberg:1999,154)” (Müllauer-Seichter, 2003, pp.11-12).

18 Muchos visitantes de las galerías consideran las pintadas puro vandalismo.

19 https://puntabegonagaleriak.eus/a3/

20 Serie de estratos compuestos alternativamente por capas de rocas duras y otras más blandas, esta disposición favorece la erosión diferencial.

21 Las galerías Punta Begoña son el primer edificio residencial de hormigón armado construido en Bizkaia.

22 En https://puntabegonagetxo.eus/el-edificio/ puede encontrarse amplia información sobre obras, intervenciones y actividades diversas que actualmente se realizan en el edificio.

23 En https://www.ehu.eus/en/-/n_20160323_galerias_punta_begona

24 El grupo de investigación llama “los bafles” a las dos escaleras de acceso a las galerías, de forma cúbica y cubiertas de un enrejado de color negro, tal como dicen, su función es ser un punto de atracción visual.

25 En el momento de “abandono” podría decirse que las galerías Punta Begoña son un “lugar periférico” pero no son un espacio “asocial”, este lugar sería un “exterior social” sólo si se define en función de un discurso que trata lo cultural como algo homogéneo y delimitado, pero la cultura no es un todo orgánicamente tramado (Velasco, 2003), ni se remite tampoco a un espacio singular delimitado.

26 “Esta sensibilidad que llamamos patrimonio cultural no podía surgir allí donde todavía existía experiencia de plena continuidad entre pasado y presente” (Ariño, 2012, p.212).

27 Si no fuera por la intervención del grupo multidisciplinar, de arquitectos, hidrogeólogos, restauradores, geoquímicos, gestores culturales o administrativos, dado el estado de deterioro en que se encontraba, quizás el edificio ya no estaría en pie.

28 La distancia, en este caso distancia temporal, es imprescindible para el análisis.