STUDIA HUMANITATIS JOURNAL, 2025, 5(1), pp. 100-117
ISSN: 2792-3967
DOI: https://doi.org/10.33732/shj.v5i1.141
Artículo / Article
Monografía
Monograph section
Izaskun Martínez
Universidad de Navarra
ORCID: 0009-0004-6135-5072

| Resumen |
En este artículo se destaca la importancia de Internet como un hito histórico comparable a la invención de la imprenta porque ha transformado la comunicación y el acceso al conocimiento. Se argumenta que, al igual que la imprenta surgió en un contexto social y cultural adecuado para expandirse, Internet se ha extendido en unas condiciones ideales de globalización y de disolución de fronteras culturales. En este sentido, se sostiene la idea de que la filosofía debe adaptarse a estas nuevas formas de comunicación y divulgación y ser accesible on-line, convirtiendo Internet en uno de los mejores auditorios para el diálogo filosófico. El artículo se estructura en tres partes: primero, se presenta el pensamiento de William James sobre la comunidad de investigación del que nace la idea principal de este trabajo; segundo, se exploran ejemplos de filosofía online, destacando el Grupo de Estudios Peirceanos y el proyecto de investigación PLEXUS; y, finalmente, se plantean preguntas para fomentar la accesibilidad y el rigor de la filosofía en la era digital.
Palabras clave: William James; Filosofía online; Pragmatismo; Verdad; Ideas.
| Abstract |
In this article, the importance of the Internet is highlighted as a historical milestone comparable to the invention of the printing press because it has transformed communication and access to knowledge. It is argued that, just as the printing press emerged in a suitable social and cultural context for expansion, the Internet has spread under ideal conditions of globalization and the dissolution of cultural boundaries. In this sense, this work maintains the idea that philosophy must adapt to these new forms of communication and dissemination and be accessible online, turning the Internet into one of the best auditoriums for philosophical dialogue. The article is structured in three parts: first, the thought of William James on the research community is presented, from which the main idea of this work arises; second, examples of online philosophy are explored, highlighting the Peircean Studies Group and the PLEXUS research project; and finally, questions are raised to promote the accessibility and rigor of philosophy in the digital age.
Keywords: William James; Online Philosophy; Pragmatism; Truth; Ideas.
Hoy en día puede decirse, sin temor a caer en la equivocación o la exageración, que Internet es uno de los hitos históricos, comparable a la invención de la imprenta. Del mismo modo que, alrededor de 1450, el invento de Johannes Gutenberg introdujo una nueva forma de comunicación —pues el conocimiento es también y esencialmente comunicación—, Internet ha cambiado radicalmente el modo humano de comunicarse y de acceder a la información y al conocimiento. Igual que la imprenta, que “para expandirse necesitaba condiciones sociales y culturales propicias” (en este sentido es interesante el libro de Briggs y Burke, 2002), Internet es un invento “hijo de su tiempo” nacido dentro de la era de la globalización y de la disolución —al menos, en el mundo occidental— de las fronteras culturales.
La filosofía debe estar a la vanguardia de las nuevas formas de conocimiento y comunicación. Por eso, y como estoy convencida de que la filosofía tiene que ser pionera, debe, por esto, participar activamente en las nuevas formas de comunicación humanas. En el caso que nos ocupa, debe ser accesible online; la filosofía como ciencia y como disciplina genuinamente humana debe adaptarse a la acción y orientarla, también en lo que a las tecnologías de comunicación y difusión se refiere.
Por estas razones, en este trabajo quiero sostener, entre otras, la idea de que Internet es el mejor auditorio que un filósofo puede tener hoy en día. La abducción —en términos peirceanos— de esta idea nace, ya hace varios años, de mi investigación doctoral acerca de William James, para el que una de las mejores maneras de probar la veracidad (y la fortaleza) de las propias ideas era someterlas al juicio de los demás.
Así pues, he estructurado este artículo en tres partes. En la primera se hace una somera presentación de las ideas sobre la comunidad de pensamiento e investigación que pueden encontrarse en el pragmatismo y, más concretamente, en el pensamiento de William James. En la segunda, se hace un recorrido por los ejemplos prácticos de filosofía online que pueden encontrarse en la red, haciendo especial hincapié en el Grupo de Estudios Peirceanos1 y en PLEXUS2, el proyecto de investigación financiado por la Comisión Europea al que pertenezco. En tercer lugar, quiero plantear y dejar abiertas algunas preguntas con el objetivo de desarrollar más ideas para que la filosofía resulte, cada día, más accesible (sin dejar de ser rigurosa) en esta era tecnológica.
En primer lugar, me gustaría introducir de forma somera la figura de William James —de cuyo estudio arranca la idea que defiendo en este trabajo— centrándome sobre todo en su pragmatismo, en la voluntad de creer y en su noción de libertad y de creencia.
William James nació en Nueva York el 11 de enero de 1842 y murió en su casa de Chocorua (New Hampshire, Estados Unidos) el 26 de agosto de 1910. James fue un intelectual reconocido en su tiempo. No solo se le conoce por ser el más destacado divulgador de la filosofía pragmatista sino también por ser el primer estadounidense en reconocer la psicología como una disciplina independiente. James tenía un carácter vigoroso y espontáneo que le llevaba a actuar siempre movido por cualquier cosa que le hiciera sentir o despertara su interés, respetando siempre los sentimientos y las opiniones de los demás. No en vano, uno de los puntos que caracterizan el pragmatismo jamesiano es la necesidad de someter las propias opiniones al juicio de los otros. Y esta actitud de James es central en el tema que nos ocupa. En la Universidad de Harvard todos querían a James como persona y le admiraban como profesor. Sus conferencias llegaron a alcanzar tal fama que en muchas de ellas logró reunir a más de mil personas, y tuvieron que habilitarse salas más grandes para poder acoger a todos aquellos que habían acudido a escucharle.
El año 1907 fue clave en la producción filosófica de James, porque es el año en el que publicó Pragmatism (James, 1907), obra que le hizo pasar a la historia por ser el máximo divulgador de la filosofía pragmatista —aunque en todas las ocasiones en las que James habló de la filosofía pragmatista atribuyó a Charles S. Peirce el término “pragmatismo”—. Además 1907 fue el año del retiro de James como profesor de Harvard. Había intentado en otras ocasiones presentar su renuncia, pero nunca había sido aceptada por el rector. Finalmente, se hizo efectivo su retiro en 1907 y se liberó de sus obligaciones académicas y docentes, que le habían supuesto en ocasiones una gran carga pero que, a su vez, le habían proporcionado el auditorio que él deseaba para hacer públicas sus ideas. Para James era esencial esta faceta pública del pensamiento, este sometimiento de lo pensado por uno mismo al juicio de los demás, y sus populares conferencias y sus clases habían sido el escenario perfecto para que James pusiese a prueba sus propias ideas.
Ya desde 1907 su salud fue deteriorándose progresivamente. En 1909 se encontraba mal y, sin embargo, sacó fuerzas para hacer su último viaje a Europa en 1910 y para publicar su última obra importante en vida, El significado de la verdad (James, 1909). Regresó a Estados Unidos en agosto, pero no se dirigió a su domicilio habitual de Cambridge sino a su casa de verano en Chocorua pocos días antes de su muerte. En Chocorua le esperaban su esposa y sus hijos:
Al mediodía del 26 de agosto, Alice [su esposa] entró a la habitación de William con un poco de leche, que era la única sustancia que había sido capaz de ingerir desde que llegó a casa. Al principio, ella pensó que estaba dormido, pero enseguida se dio cuenta de que algo había cambiado: James estaba inconsciente. Colocó la cabeza de su esposo entre sus brazos y escuchó su débil respiración. Un poco antes de las 2:30 todavía en los brazos de Alice, William James murió (Simon, 1998, p. 385).
James siempre aspiró a completar una gran obra que recogiera de forma sistemática su pensamiento, pero nunca lo consiguió. Sus obras recogen diferentes líneas de pensamiento e intereses intelectuales que, a primera vista, pueden parecer totalmente alejados entre sí. Muchos críticos de la obra jamesiana ponen de relieve esta falta de sistematicidad en el pensamiento y la obra de James, pero esto no es motivo que impida seguir una línea de continuidad y coherencia entre los temas que preocupaban a James, y su modo de abordarlos en sus diferentes trabajos. En lugar de escribir un gran tratado de filosofía, hizo de sus obras filosóficas un ejemplo de su propia actitud ante la vida y ante las personas. James dio a todas sus obras el carácter popular que ansiaba para su propia filosofía y, más concretamente, para la filosofía pragmatista que difundió en numerosas conferencias. La mayoría de sus obras publicadas, de hecho, son fruto de las muchas conferencias que pronunció a lo largo de toda su carrera en diversos lugares de los Estados Unidos y de Europa (Inglaterra, Escocia, Italia, etc.), y conservan ese estilo popular que James daba a sus intervenciones incluyendo muchas anécdotas, ejemplos e historias y metáforas pintorescas.
De manera semejante a cómo transcurrió su vida académica e intelectual, discurrió su obra y su pensamiento, es decir, James trató y estudió muchos temas que la mayoría de las veces eran afines a lo que siempre le había interesado a él como médico, psicólogo y, finalmente, como filósofo. Además su pensamiento tiene como hilo conductor dos de las ideas por las que es más conocido: lo que él mismo llamó ‘empirismo radical’, que consistía en llevar hasta sus últimas consecuencias el empirismo, y el pragmatismo, a cuya difusión dedicó su mayor esfuerzo, sobre todo, en los últimos años de su vida.
William James, además de ser un autor reconocido por su psicología, probablemente — como ya se ha dicho— sea más conocido por ser el más notable difusor de la filosofía pragmatista. A pesar de este reconocimiento, siempre afirmó que la filosofía pragmatista no era un método que le perteneciera originalmente sino que él mismo lo había aprendido de Charles S. Peirce. James reconoce en diversos lugares la paternidad del término a Peirce, pero la ocasión más conocida en que lo hizo fue en la conferencia pronunciada en la Universidad de Berkeley en 1898 Concepciones filosóficas y resultados prácticos3 (James, 1898, I, pp. 255-270), en la que habla sobre Peirce y cuenta la primera vez que le escuchó a este enunciar el término pragmatismo:
Un filósofo americano cuyas obras publicadas (...) no son una clara expresión de sus capacidades. Me refiero al señor Charles S. Peirce, cuya existencia como filósofo me atrevo a decir que muchos de vosotros desconocéis. Él es uno de los más originales pensadores contemporáneos; y su principio del practicalismo —o pragmatismo, como él lo llamó la primera vez que le oí enunciarlo en Cambridge a principio de la década de los setenta— es la pista y la brújula que he seguido y que cada vez me confirma más y más en la creencia de que debemos dirigir nuestros pasos a través de la senda apropiada (James, 1898, I, p. 258).
James enuncia este principio pragmatista que había escuchado a Peirce en diferentes lugares de su obra y en diferentes conferencias. Y aunque pensó que había comprendido de forma adecuada lo que Peirce quería decir en su principio del pragmatismo, es evidente que no lo logró del todo. Prueba de ello es que Peirce se desmarcó de la formulación pragmatista jamesiana, denominando con un nuevo nombre a su pragmatismo —al que llamó pragmaticismo— para que el público lo diferenciara del pragmatismo de James. Así por ejemplo, en Las variedades de la experiencia religiosa, James enuncia así la máxima pragmática de Peirce:
Las creencias son reglas para la acción y la función entera del pensamiento sólo es un elemento en la producción de hábitos activos (...) Para desarrollar el significado de un pensamiento, por consiguiente, hemos de determinar qué conducta puede producir; esta conducta es para nosotros su único significado (...) Para conseguir una claridad perfecta en nuestra reflexión sobre un objeto, hemos de considerar qué sensaciones, inmediatas o remotas, concebimos; qué podemos esperar de él y qué conducta hemos de disponer en el caso que el objeto fuera verdadero. Nuestra concepción sobre el objeto, siempre que esta concepción ostente un significado positivo, arranca de la concepción de estas consecuencias prácticas (James, 1986, p. 333).
En su obra Pragmatismo enuncia de nuevo la máxima pragmática de Peirce tal y como él la ha entendido:
Después de indicar que nuestras creencias realmente son reglas de acción, el Sr. Peirce afirmó que, para esclarecer el significado de un pensamiento, sólo necesitamos determinar qué conducta es adecuada para producirlo: tal conducta será para nosotros todo su significado (...) Así pues, para lograr una perfecta claridad en nuestros pensamientos sobre un objeto, sólo necesitamos considerar qué efectos concebibles de índole práctica podría entrañar ese objeto, qué sensaciones hemos de esperar de él y qué reacciones habremos de preparar (James, 2000, p. 80).
La idea principal que aporta la máxima pragmática de Peirce es que el significado de una verdad es la conducta a la que nos lleva. La formulación de Peirce tiene un carácter más general, en cambio, James la lleva al terreno de lo particular acentuando la particularidad de la experiencia y no que ésta sea activa o pasiva. En resumen, según James, “el significado de toda proposición filosófica seria puede siempre concretarse en cualquier experiencia particular en nuestra futura experiencia práctica” (Pérez de Tudela, 1988, p. 114).
En La voluntad de creer de 1897 ya se vislumbra la filosofía pragmatista, que adoptó su forma definitiva en Pragmatismo de 1907. La voluntad de creer surge de la propia necesidad de James de justificar la creencia —el derecho a creer, la libertad de creer—, idea que había aprendido de Charles Renouvier, en oposición al escepticismo y a la duda. El mismo James, al comienzo del libro, lo califica diciendo que es “un sermón sobre la justificación por la fe: la defensa de nuestro derecho a adoptar una actitud creyente en materias religiosas, sin que por ello salga condenada a coacción alguna la lógica de nuestro intelecto” (James, 1922, p. 9). El biógrafo de James, Ralph Barton Perry, sale al paso de las críticas a esta obra de James que le acusaban de vehemencia y terquedad por defender la creencia por la creencia misma, enunciando la tesis de James con las siguientes palabras:
Él sostenía que, en ciertos casos en que son posibles tanto la creencia como la duda, hay una mayor probabilidad de llegar a la verdad creyendo que dudando—o, por lo menos, una probabilidad igual, a la que se agregaban otras ventajas—. Más allá y por encima del riesgo de incurrir en el error, para el cual la ciencia tiene una sensibilidad tan aguda, existe otro riesgo a considerar, el de perder la verdad. Él no intentó mostrar qué era la verdad (Perry, 1973, p. 221).
Todas nuestras convicciones tienen su origen en nuestra voluntad. No obstante, a nuestra creencia se le presentan diferentes hipótesis y opciones —James afirma que la opción es la decisión entre dos hipótesis— entre las cuales tiene que elegir. James clasifica las hipótesis en vivas y muertas; y las opciones pueden ser vivas o muertas, forzosas o evitables y decisivas o triviales. Según James, la opción genuina y por la que debemos decantarnos debe ser viva, forzosa y decisiva. La tesis que defendía con respecto a la voluntad de creer es que:
Nuestra naturaleza pasional no solo puede, sino que debe, obrando cumplidamente, optar por proposiciones donde quiera que se presente una opción genuina, que por su naturaleza no puede ser decidida en el campo intelectual; pues decir, en tales circunstancias, “no decido, dejo la cuestión sin resolver”, es en sí misma una decisión pasional, equivalente a decir sí o no; y se corre el mismo riesgo de perder la verdad que en el primer caso (James, 1922, p. 18).
A partir de este momento se siguen una serie de ensayos que tienen como hilo conductor esa voluntad de creer, ese derecho a creer, esa libertad de querer creer. Incluso en el conocimiento científico nos encontramos creyendo; la fe también juega un papel relevante en la ciencia, porque en nuestra búsqueda de la verdad creemos que los experimentos, los estudios y las discusiones que se plantean en la investigación científica nos llevarán hasta la verdad que buscábamos desde el principio. Es un derecho y casi una obligación de los seres humanos poder buscar la verdad de aquello en lo que creen:
Todo el mundo debe poder buscar lo que cree que sea la verdad o la forma correcta de actuar y el único modo de llegar a formarse una opinión útil de lo que se supone que es la verdad o la forma correcta de actuar consiste en familiarizarse con el mayor número posible de alternativas (Del Castillo, 2000, p. 29).
En La voluntad de creer, James también se pregunta si merece la pena vivir la vida y la respuesta es afirmativa. Merece la pena vivir la vida desde el momento en que moralmente es como nosotros la hacemos. Merece la pena vivir la vida porque “se la puede hacer digna de ser vivida impartiéndole la calidad de la acción audaz y esforzada” (Perry, 1973, p. 231). Merece la pena vivir la vida porque los seres humanos tienen la capacidad y la libertad de creer aquello que sea bueno para su propia vida, dirigir su vida con vistas a un estado de libertad que les haga sentirse como parte armoniosa del universo. El pluralismo que defendía afirma que el mundo, el universo, está en perpetuo cambio, nada está cerrado ni se da de una vez por todas. Así el ser humano debe de la misma manera dirigirse según la convicción de que no todo está determinado y de que hay cosas que están por hacer en el mundo —como su propia vida—. Por esto, James también dedica un capítulo de su obra La voluntad de creer a rebatir el determinismo a partir del primer acto de libertad que, en el caso de que seamos libres, es la afirmación de esta libertad que excluye la coerción que propugna el determinismo.
La formulación más acabada del pragmatismo la elaboró en su libro de 1907 publicado bajo el título de Pragmatismo. Un nuevo nombre para algunas antiguas formas de pensar. Esta obra surge a partir de las conferencias que pronunció en el Lowell Institute de Boston en el otoño de 1906. Posteriormente repitió esas mismas conferencias en la Universidad de Columbia entre el 29 de enero y el 8 de febrero de 1907. Entre las conferencias Lowell y su estancia en la Universidad de Columbia comenzó a redactar el libro. El subtítulo que puso a Pragmatismo tiene un sentido concreto porque es la manera con la que James afirma que no se había inventado estas formas de pensar que incluye en el libro, sino que respecto a esas formas:
No sólo podían rastrearse sus raíces en un pasado remoto, sino que también representaban una amplia tendencia contemporánea que James compartía con otros. Esta tendencia abarcaba: la lógica más nueva con su énfasis sobre la función instrumental de las ideas, a diferencia de la función representativa; las doctrinas de la evolución y el relativismo histórico, que acentuaban el cambio, la plasticidad y la adaptación en el conocimiento humano; la vigencia generalizada de la probabilidad y la hipótesis en el método científico (Perry, 1973, pp. 299-300).
La actitud filosófica de James desde el principio fue una actitud totalmente alejada de la filosofía que se venía haciendo en Nueva Inglaterra. En la época de James el pensamiento filosófico dominante era el idealismo de corte hegeliano con sus grandes conceptos, tecnicismos filosóficos y su cerrado sistema metafísico. James rechaza este idealismo de inspiración hegeliana e, incluso, dedica el último capítulo de La voluntad de creer a la presentación y a la crítica de algunas tesis de Hegel, aunque James en ningún momento rechaza las teorías generales que, bien al contrario, le parecen necesarias para conducirse en el conocimiento. A James no le parece mal tener teorías generales, sino que lo que critica es que estas se tomen fueran de su aplicación práctica porque “las teorías se convierten en instrumentos en los que podemos apoyarnos, y no en respuestas a enigmas; instrumentos y no soluciones a enigmas que nos permitan descansar o pararnos” (James, 2000, p. 84). Desde el primer momento, huye de complicados tecnicismos y su estilo es más bien ilustrativo. Gramaticalmente, estaba convencido de que para hablar de filosofía no es necesario un lenguaje especial, sino que el lenguaje ordinario es suficientemente valioso para hablar de cuestiones filosóficas.
La ambivalencia es, en muchos aspectos, una de las características del método pragmatista, incluso en la esencia de su planteamiento, porque el pragmatismo tiene dos caras y puede entenderse como “una concepción de la vida que exaltaba la acción y alentaba la fe en el progreso técnico, pero que, al mismo tiempo, criticaba la arrogancia científica y amparaba los valores humanistas y románticos” (Del Castillo, 2000, p. 13). En este sentido, Pragmatismo fue un libro que, en general, fue bien recibido —aunque también suscitó críticas— y James, en cierta medida, estaba convencido antes de su publicación de que el libro obtendría el éxito que él esperaba. Así se lo comunica a su hermano Henry en una carta del 4 de mayo de 1907 desde Salisbury:
Acabo de terminar las pruebas de un pequeño libro llamado “Pragmatismo”, que incluso tú puedes disfrutar leyendo. Es muy sincero y, desde el punto de vista de los hábitos comunes de los profesores de filosofía, representa una formulación poco convencional, aunque no es original en ningún aspecto (...) No me sorprendería que dentro de diez años fuera considerado como un libro que “hizo época” porque no me cabe ninguna duda del definitivo triunfo de esta manera general de pensamiento. Creo que es algo parecido a la reforma protestante (James, 1992, III, p. 339).
La filosofía no es sólo una cuestión técnica o, por lo menos, el aspecto técnico de la filosofía no es lo más importante. James afirma que la filosofía es el sentimiento que cada persona tiene respecto al significado auténtico y profundo que la vida tiene para cada uno. De este modo, dice James que “pensar sobre la experiencia” no es lo que hacen los filósofos y políticos, sino que la verdadera experiencia es “la de la gran masa de hombres que piensan y sienten en silencio” (James, 2000, p. 71). Por eso, la historia de la filosofía no es más que la lucha o el desencuentro de las dos clases de temperamentos en los que James divide a los seres humanos —en concreto, a los filósofos—. Los filósofos pueden dividirse en dos grupos: los de temperamento “racionalista” y los de temperamento “empirista”. Es inevitable que el filósofo piense a partir de su temperamento aunque pretenda enterrarlo, porque su visión del mundo —su filosofía— siempre estará condicionada por el tipo de temperamento al que pertenezca. Es más, el filósofo confía en su temperamento y, de este modo, cree que su visión del mundo será la correcta por ser la que más se adecua a aquel. James llama a los racionalistas “espíritus selectos” (“The Tender-Minded”) y a los empiristas “espíritus rudos” (“The Tough-Minded”) y otorga a cada uno de estos grupos una serie de características en contraste. Los espíritus selectos son racionalistas —explica James que esto significa que se atienen a “principios”—, y los espíritus rudos son empiristas —es decir, que se atienen a “hechos”—.
Los racionalistas son intelectualistas, idealistas, optimistas, religiosos, defienden el libre albedrío, son monistas y dogmáticos. En cambio, los empiristas son sensacionalistas, materialistas, pesimistas, irreligiosos, fatalistas, pluralistas y escépticos (James, 2000, p. 60). Ambos temperamentos son polos opuestos y James se sitúa con su método pragmatista en el término medio de ambos. El pragmatismo se queda con lo bueno de un lado y de otro, aunque debido al pluralismo por el que aboga el pragmatismo, James se inclina más hacia el empirismo. El pragmatismo que ofrece James pretende ser una solución intermedia entre el puro empirismo y el puro racionalismo, e introduce su postura de la siguiente manera:
Ofrezco una filosofía que pueda satisfacer ambas exigencias y que tiene el extraño nombre de pragmatismo. Puede ser religiosa como el racionalismo, pero, al mismo tiempo, mantiene, como el empirismo, el más estrecho contacto con los hechos (James, 2000, pp. 72-73).
James afirma algo más del pragmatismo y es que considera que no se le puede llamar propiamente filosofía, sino que es un método para resolver discusiones metafísicas que se han hecho interminables a lo largo de la historia de la filosofía. Cree que, en muchas ocasiones, las disputas que se dan en filosofía podrían resolverse desde el principio porque la mayoría de ellas son disputas sin sentido:
Si no puede señalarse ninguna diferencia práctica, entonces las alternativas significan lo mismo de manera práctica, y toda disputa es vana. Cuando una disputa es seria, debemos ser capaces de mostrar alguna diferencia práctica que tiene que seguirse si un lado o el otro está en lo cierto (James, 2000, p. 80).
Por último, puede entenderse también la filosofía pragmatista que ofrece James de dos maneras: el pragmatismo es una actitud para orientarse en la búsqueda de la verdad y, por eso, el pragmatismo también ha sido entendido en sentido amplio como una teoría de la verdad. “El pragmatismo no es una filosofía; es un intento por explicar cómo la mente averigua la verdad” (Barzun, 1986, p. 95). Por otra parte, tampoco aspira a establecer unas teorías filosóficas que nos sirvan de una vez por todas, pues no sería coherente con el pluralismo respecto al universo que caracteriza el método pragmatista jamesiano, que afirma que el mundo está en constante cambio. El mismo método pragmático no es una solución, un resultado particular, sino que es:
La actitud de apartarse de las realidades primeras, los principios, las “categorías” y las supuestas necesidades y de dirigir las miras a lo que sucede más adelante, los frutos, las consecuencias, los hechos (James, 2000, p. 85).
El profesor James no fue el único de los “pragmatistas clásicos” que defendía las ideas de comunidad de investigación, publicidad del pensamiento (es decir, que el pensamiento no es algo privado) y falibilismo del conocimiento humano. En palabras de Jaime Nubiola: “El pragmatismo sabe que el conocimiento humano es una actividad humana, llevada a cabo por seres humanos, y que por tanto siempre puede ser corregido, mejorado y aumentado” (Nubiola, 2001, p. 52). Y esto solo puede ser posible dentro de una comunidad de investigación, idea que encontramos en la frase de Charles S. Peirce que hace las veces de lema del Grupo de Estudios Peirceanos:
No llamo ciencia a los estudios solitarios de un hombre aislado. Solo cuando un grupo de hombres, más o menos en intercomunicación, se ayudan y estimulan unos a otros al comprender un conjunto particular de estudios como ningún extraño podría comprenderlos, [solo entonces] llamo a su vida ciencia (Peirce, 1905).
John Dewey trató también este tema. En esta línea, en la de la comunidad de pensamiento, puede decirse que Dewey ensalza lo comunitario frente a lo individual “e insiste en el esfuerzo colectivo. La mejor manera de robustecer ese esfuerzo colectivo consiste en elevar el nivel de cada participante enalteciendo su inteligencia por medio de la educación” (van Wesep, 1965, pp. 176-177). Según Dewey, la educación debe ser encaminada a la democracia que consiste en un modo de vida basado en el respeto, la tolerancia, el derecho de todos a la educación y a la participación. La democracia exige una comunidad plural, tolerante y solidaria. Y esta afirmación abre paso a algunas de las preguntas que me gustaría plantear y dejar abiertas. Si se parte de la idea —de la que estoy convencida— de que internet no mata el espíritu de la filosofía sino que, más bien, lo potencia y por lo tanto hace de la filosofía algo “democrático”, ¿podemos afirmar que la filosofía sigue siendo “elitista” y que ya es tiempo de hacer una filosofía asequible y accesible a todos, independientemente de que su profesión no se desarrolle en un departamento de filosofía?4 ¿Sigue vigente, hoy en día, la idea de que todo ser humano es filósofo porque piensa o, por el contrario, solo aquel que profesionalmente se dedica a la filosofía puede ser llamado propiamente filósofo?
Aunque Dewey no llegó a responder exactamente a estas preguntas, sí que planteó una idea que puede muy bien aplicarse a lo que he llamado “filosofía online”: deben ser los problemas de los seres humanos los que motiven la reflexión de los filósofos y dirijan el rumbo de la filosofía. Es decir, la filosofía debe estar al tanto de los problemas humanos, de los nuevos problemas que surgen en la evolución (¿progreso?) de la humanidad, convirtiéndose en el método que permita resolver esos problemas atendiendo a las cuestiones humanas y vitales, que permitan articular el pensamiento y la vida.
William James orientó su pensamiento también en esta dirección, y quiso hacer de la filosofía algo humano, quiso articular pensamiento y vida. Este afán de James por no separar la filosofía y la vida fue descrito por su amigo y filósofo Emile Boutroux con estas palabras:
Profesaba este gran escritor que una filosofía tiene su raíz en la vida, no en la vida colectiva, impersonal, de la humanidad, abstracción de escuela, sino en la vida concreta del individuo, la única que verdaderamente existe. Y, como la flor separada del tallo no tarda en marchitarse, James pensaba que la filosofía, hasta en sus más osadas especulaciones, debía conservar conexión con el alma del pensador, si es que no deseaba caer en vano en tejido de palabras y conceptos, desprovistos de contenido real (Boutroux, 1921, pp. 15-16).
Además, el falibilismo del conocimiento humano fue una de sus profundas convicciones. James no quiso mostrar la verdad y establecerla de una vez por todas, porque para él y los pragmatistas no existe una verdad absoluta que cierre todas las puertas al conocimiento humano sin solución de continuidad.
A pesar de esto, los pragmatistas convierten la noción de verdad en uno de los ejes alrededor del que se mueven sus ideas más importantes. La verdad es el principal anhelo de la investigación y del conocimiento humanos, porque precisamente, y como en el caso de Peirce, la investigación es una actividad humana, y el ser humano es falible, por lo que siempre hay que estar dispuesto a corregir, a mejorar y a cambiar todas las ideas que hemos calificado de verdaderas y que han sido fruto del consenso, esto es, las ideas de falibilismo, anticartesianismo y carácter público del conocimiento son puntos comunes y esenciales del pensamiento de los pragmatistas clásicos.
Me parece que, en este punto, merece la pena reproducir unas líneas del libro de Louis Menand, titulado El club de los metafísicos, en las que resume bien qué pensaban Peirce, James y Dewey sobre esto:
Todos ellos [Peirce, James, Holmes y Dewey] creían que las ideas no están “ahí”, esperando que se las descubra, sino que son herramientas —como los tenedores y los cuchillos y los microchips— que la gente crea para hacer frente al mundo en que se encuentra. Creían que las ideas no son producidas por individuos sino por grupos de individuos, que las ideas son sociales. Creían que las ideas no se desarrollan según cierta lógica interior propia, sino que son absolutamente dependientes, como los gérmenes, de sus portadores humanos y del ambiente. Y creían que como las ideas son respuestas provisionales a circunstancias particulares e irreproducibles, su supervivencia no depende de su inmutabilidad sino de su adaptabilidad (Menand, 2001, p. 13).
Por este motivo, el título de este artículo afirma que la filosofía online —es decir, la filosofía accesible a todos— sería el sueño de William James, porque para él el universo está en constante cambio, el universo es pluralista; por eso, no podemos establecer principios definitivos que entorpezcan la investigación. Escribe James en Pragmatismo: “tenemos que vivir al día de hoy con arreglo a la verdad que podemos obtener al día de hoy, y estar dispuestos a llamarla falsedad el día de mañana” (James, 2000, p. 185). Así, podemos plantear un “juego mental”, a saber, James dice que el universo está en constante cambio, bien, cambiemos “universo” por “sociedad” y lleguemos al siguiente planteamiento: si la sociedad está en constante cambio, la filosofía debe adaptarse a estos cambios, entre los que Internet es imparable; por no hablar de la inteligencia artificial, que no es una cuestión del futuro sino que está ya presente en nuestra sociedad como algo accesible en nuestros ordenadores y teléfonos inteligentes. Si nos remitimos a esa vieja expresión que dice que hay que evolucionar o morir, tengo para mí que Internet no mata la filosofía —como he dicho antes—, sino que le da más vida. Los filósofos, de alguna manera, somos “arqueólogos”, excavamos en las ideas de los que nos precedieron, pero debemos excavar para avanzar, de lo contrario, nos convertimos en “paleontólogos” y solamente nos quedamos analizando las viejas ideas. Debemos conseguir que las viejas ideas sean la base de nuevas ideas que se adapten a la situación actual.
Internet y las nuevas formas de comunicación y difusión del conocimiento convierten a cada uno de los seres humanos en un filósofo en potencia, porque el mayor valor de Internet no es la rapidez, ni la ubicuidad, ni la infinita colección de datos e ideas que proporciona. Su “esencia” —si se me permite la expresión— es que cada uno es a la vez emisor y receptor. Cada uno de nosotros recibimos información y conocimiento, pero también los generamos. Por tanto, Internet permite no solo el conocimiento por parte del ser humano, sino el conocimiento del propio ser humano. Y esto es lo verdaderamente disruptivo, lo que cambia la historia.
Actualmente, es posible encontrar muchas herramientas online para avanzar en el conocimiento. Los buscadores de información, como el archiconocido Google, se han convertido en herramientas imprescindibles y facilitadoras de la investigación. El paradigma de la sabiduría ha cambiado: ya no es considerado el más sabio el que más datos almacena en su memoria, sino aquel que es capaz de asociar esos conocimientos para generar conocimientos nuevos. Todos los datos se encuentran en el universo online. ¿Hoy en día tiene sentido memorizar manuales (y digo memorizar, no aprender)? ¿Tiene sentido almacenar fechas en la memoria? Creo que no. Y esto me lleva a concluir que la investigación se ha hecho más fácil en lo que a su metodología se refiere (incluso podríamos decir, en cuanto a su “logística”, porque ya no hay que recorrer miles de kilómetros para conseguir un documento o una información que antes solo era posible conseguir in situ). Esta inmediatez, ¿resta valor a la investigación o, por el contrario, la hace más valiosa?
Si se introduce en el buscador Google la palabra “Philosophy” aparecen 1.260.000.000 resultados (en el año 2014 se obtenían 93.800.000 resultados), y si se introduce “Filosofía” aparecen 192.000.000 resultados5. ¡Millones de resultados! Evidentemente todos estos ítems no tendrán el mismo valor, pero, ¿quién podía tener millones de ítems de información hace cien años, o no tanto, hace veinte años? Si Peirce hubiera investigado con Google estoy segura de que no tendríamos suficiente con varias vidas cada uno para poder estudiar su producción.
Empecemos este recorrido por lo más cercano, el Grupo de Estudios Peirceanos, que nació en 1994, cuando Internet estaba comenzando a ser accesible popularmente. Si se me permite la nota autobiográfica, llevo administrando la web del Grupo desde hace ya veinte años (a pesar de ser Doctora en Filosofía), y el cambio que ha experimentado este proyecto peirceano ha sido notable. En el servidor de la Universidad de Navarra, que aloja el portal del GEP, hay “subidos” alrededor de 6.802 archivos, no solo con información, sino también con resultados de la investigación que diferentes personas han ido aportando a lo largo de treinta años: traducciones, tesis doctorales, trabajos de investigación, etc. En el portal del GEP también pueden encontrarse todas las traducciones al castellano de los textos de Peirce llevadas a cabo hasta la fecha6, una página con la reproducción digital de manuscritos de Peirce7, un completo y exhaustivo elenco bibliográfico (de bibliografía primaria y secundaria) que se actualiza frecuentemente8, y una colección de artículos online en español9. Todas estas secciones son fruto del trabajo constante durante los 30 años de vida del GEP.
Además, el portal del Grupo de Estudios Peirceanos cuenta con diferentes webs dedicadas a otros autores: William James10, John Dewey11, Christine Ladd-Franklin12, George H. Mead13, Josiah Royce14, Eugenio d’Ors15, Miguel de Unamuno16, José Ortega y Gasset17 y Miguel García de la Madrid18.
La web del GEP recibe cientos de visitas desde los lugares más dispares. En el momento que escribo este texto accedo a la información estadística y compruebo que, el 27 de marzo del 2024 a las 10.35, ya hemos recibido visitas de sitios tan poco conocidos como Quinta do Conde (Portugal), Del Mar (Estados Unidos), Guacara (Venezuela), Rancagua (Chile), Mountain View (Estados Unidos) desde ordenadores, tabletas y teléfonos inteligentes. Me retrotraigo un poco más y compruebo que, desde el 1 de enero del 2024, el listado de países desde los que se conectan a la web del GEP es amplio, y cito algunos países por orden de visitas recibidas19: España, Perú20, México, Colombia, Estados Unidos, Bolivia, Argentina, Ecuador, Uruguay, Chile, Brasil, Alemania, Irlanda, Francia, Paraguay, Puerto Rico, Rumanía, Venezuela, República Dominicana, Países Bajos, Italia, Cuba, Canadá, Panamá, China, Japón, Honduras, Reino Unido, Ucrania, Suiza, Eslovaquia, Rusia, Corea, Portugal, Filipinas, Jordania, Guatemala y Bangladesh, entre otros.
Me he permitido la licencia de citar todos estos países para mostrar gráficamente cómo desde Navarra, una ciudad española pequeña, capital de provincia, se puede llegar a todos los continentes, por lo que me atrevo a decir, a partir de este ejemplo concreto, que Internet nos brinda el planeta como auditorio público, y nos proporciona el mundo entero como biblioteca de investigación.
Además del GEP quiero poner como ejemplo significativo del uso científico de las tecnologías de la comunicación y difusión del conocimiento el proyecto de investigación financiado por la Comisión Europea PLEXUS. Philosophical, Logical, and Experimental routes to substructurality del que formo parte (https://cordis.europa.eu/project/id/101086295). Este proyecto se dedica al estudio de la lógica, está formado por diez instituciones y cuenta con más de 30 investigadores repartidos en tres continentes: Universidad de Navarra, Universidade de Lisboa, Università di Torino, École normale supérieure, Universiteit van Amsterdam, Università di Cagliari, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET, Argentina), The City University of New York y King’s College London.
Este proyecto es un grupo consolidado de investigadores, profesores y estudiantes de doctorado que colaboran diariamente en la difusión del conocimiento y en la formación de nuevos doctores. Publican juntos en revistas de difusión internacional a pesar de la distancia física que les separa. Como las diez instituciones del consorcio se encuentran en tres continentes distintos, la mayoría de la actividad se desarrolla online: cursos intensivos, seminarios de investigación, reuniones del comité directivo y puesta en común de las ideas para la publicación de artículos científicos de multiautoría. A pesar de la distancia física que les separa, el pasado año los miembros del proyecto publicaron 39 papers científicos, una monografía y varios capítulos de libro; se organizó un congreso internacional en Lisboa al que acudió un número notable de personas, tres cursos intensivos de formación presencial y telemáticamente con investigadores de diferentes países, un Workshop internacional en Turín, una Summer School en Pamplona y una Winter School en Buenos Aires.
Para poder tratar la red más fácilmente respecto a la filosofía, he dividido en tres partes (basándome en mi propio criterio) este recorrido por la filosofía online. Así pues, la primera parte es la información, en la segunda están las bases de datos bibliográficas y, en tercer lugar, es lo que he venido a llamar las “redes sociales filosóficas”.
Existen diferentes herramientas de información, entre las que destacan las enciclopedias. Quizá la enciclopedia de filosofía más excelente sea la que desarrolla la Universidad de Stanford: Stanford Encyclopedia of Philosophy (https://plato.stanford.edu), donde pueden encontrarse centenares de voces tanto de autores como de temas. Las voces están redactadas por académicos reconocidos. Por ejemplo, la voz “Pragmatism” la firma Christopher Hookway; la voz “Charles S. Peirce” ha sido escrita por Robert Burch; y la entrada “William James” ha corrido a cargo de Russell Goodman, uno de los más importantes biógrafos de James. También es una buena herramienta de información la Internet Encyclopedia of Philosophy (https://www.iep.utm.edu), desarrollada por diferentes filósofos que realizan su labor de forma voluntaria, aunque esto no resta calidad a las entradas publicadas en esta enciclopedia. Sus editores son James Fieser y Bradley Dowden. En esta enciclopedia la entrada “Pragmatism” es de Douglas McDermid, y la voz “Charles S. Peirce” está firmada por Albert Atkin. Y, por último, es útil el Dictionary of Philosophical Terms and Names (https://www.philosophypages.com/dy/). Estas dos enciclopedias y este diccionario son de acceso libre y gratuito. Existen también enciclopedias en las que es necesario suscribirse, como es el caso de la Routledge Encyclopedia of Philosophy Online.
En español, el portal de filosofía que ha tenido más notoriedad es el “Proyecto Filosofía en Español” (https://www.filosofia.org), del que uno de sus fundadores más conocidos es el filósofo español Gustavo Bueno (Universidad de Oviedo). Dentro de este portal de filosofía en español, hay que destacar la herramienta llamada Averiguador de la filosofía en español (https://www.filosofia.org/ave/). En el Averiguador puede encontrarse una exhaustiva colección de entradas de pensadores hispánicos, que va desde el médico y filósofo andalusí Abentofail (siglo XI) al historiador argentino Juan Carlos Zuretti (siglo XX).
Respecto a las bases bibliográficas online, existen diferentes alternativas. Uno de los proyectos bibliográficos más ambiciosos es la sección de libros de Google (Google Books: https://books.google.es), en la que pueden encontrarse miles de libros, aunque no todos son accesibles online. El gran “competidor” de Google en los fondos bibliográficos es el portal Internet Archive (https://archive.org/web/), que es como una cueva llena de tesoros. En ella pueden encontrarse ediciones que no están fácilmente disponibles físicamente y que están digitalizadas con una gran calidad. También pueden encontrarse verdaderos tesoros en la base HathiTrust (https://www.hathitrust.org/). Existe, además, una herramienta española de búsqueda de recursos bibliográficos llamada Lechuza: la documentación filosófica en español (https://www.lechuza.org), desarrollada por el Proyecto Filosofía en Español. También tiene una versión en red el archiconocido Diccionario Ferrater Mora (https://www.diccionariodefilosofia.es/) bajo suscripción.
Estas bases son de libros y de documentación filosófica. En el ámbito de la investigación más académica, podemos encontrar bases de artículos científicos. He destacado dos: 1) Zenodo, que es una herramienta impulsada desde la Comisión Europea que está direccionando toda la investigación que financia a través de proyectos hacia la ciencia abierta, esto es, hacia el acceso abierto y gratuito de las publicaciones científicas. Así, Zenodo alberga publicaciones y datos siempre en acceso abierto respetando los principios FAIR (Findability, Accessibility, Interoperability, Reusability). La segunda base más popular hasta el momento es JSTOR (https://www.jstor.org/) donde hay publicaciones en acceso abierto y bajo suscripción.
Por último, me gustaría hablar de lo que he venido a llamar las “redes sociales filosóficas”, que no son otra cosa que las redes sociales en boga hoy en día, pero a las que podemos dar un uso filosófico. Es decir, si todo lo sabemos entre todos, la conexión entre unos y otros viene facilitada por la interacción. Uno de los instrumentos que ha hecho más fluida esta comunicación, tanto personal como académica, ha sido el correo electrónico, que se ha revelado como una herramienta eficaz para el intercambio de ideas, de archivos, de colaboración editorial, etc. El e-mail también nos permite compartir textos para su corrección por parte de colegas, o aportación de otras personas de nuestras áreas de investigación.
El e-mail se ve complementado hoy en día por las redes sociales, sobre todo, Facebook y X (conocido anteriormente como Twitter). El uso académico de estas redes permite una comunicación útil, además de ser una fuente de conocimiento e información. Hace de la filosofía algo comunitario, hecho este que seguro habría emocionado a William James, y nos permite a los filósofos “ser visibles”, y entrecomillo esta expresión, porque Internet nos ha permitido tumbar muchos de los mitos que nos adornan como filósofos, como esa imagen de seres bohemios, pensativos (que también), escribiendo con pluma de ave, la famosa imagen del “filósofo de estufa” de Descartes. Evidentemente, esa imagen de los filósofos debe ser desechada y ¿qué mejor ejemplo que este trabajo en el que se citan páginas web? O, si se me permite la autorreferencia, ¿qué mejor ejemplo que esta autora, una filósofa que administra, elabora páginas web y tuitea diariamente? La mayoría de universidades están presentes en X y Facebook. Sin ir más lejos, podemos encontrar en X a la Universidad de Navarra (https://x.com/unav) a la que yo pertenezco, y su Biblioteca (https://x.com/unavbiblioteca), cuya cuenta tuitera resulta muy útil porque tuitea las novedades bibliográficas que incorpora a su catálogo y las actividades que organiza. Y, cómo no, también está presente la Universidad Rey Juan Carlos que edita esta revista (https://x.com/urjc).
Una de las cuentas de X más activas es la de la Universidad de Harvard (https://x.com/Harvard). Algunas asociaciones filosóficas también están presentes en X, como la Sociedad de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia en España (https://x.com/solofici) y la Asociación Profesional de Filosofía (https://x.com/APFilosofia).
Actualmente una de las herramientas de comunicación más usadas, eficientes y populares en filosofía es la plataforma desarrollada por el Departamento de Filosofía de la Universidad de Liverpool PHILOS-L, creada en 1989 por el profesor ya emérito de esa universidad Stephen Clark, y que, como explica en su página web (https://www.liverpool.ac.uk/philosophy/philos-l/), es la lista de distribución con más suscriptores del mundo con 15.000 miembros de 61 países, cuenta con 12.000 seguidores en Facebook y 9.000 en X. La suscripción a esta lista es bien sencilla: simplemente se envía un mail de suscripción y desde ese momento a uno le llega toda la información de los eventos filosóficos alrededor del mundo, de ofertas de becas pre y postdoctorales en diferentes universidades, de ofertas de plazas vacantes en universidades de todo el mundo. Realmente es una “red social filosófica” muy útil, sobre todo para el mundo académico. También se pueden anunciar las actividades del propio grupo de investigación, universidad o institución de investigación al que pertenezca cada uno simplemente enviando un mail con la información a los moderadores de la lista de PHILOS-L.
¿Sería posible imaginar a Charles S. Peirce publicando en su muro de Facebook las cartas que enviaba desde Europa, o tuiteando los enlaces de sus artículos y reseñas? Les aseguro que el profesor James, al menos, tendría el muro de Facebook lleno de posts, y su correo electrónico a rebosar.
Quiero arrancar esta conclusión planteando preguntas concretas: ¿pueden darse nuevas formas de pensamiento filosófico inspiradas por la disponibilidad de Internet? Es decir, por ejemplo, ¿es posible enseñar filosofía por medio de YouTube o Google Meet?21. ¿Pueden escribirse tuits genuinamente filosóficos, como si fueran los tradicionales aforismos? ¿Se puede ver progresar el conocimiento en Facebook?
Si partimos de la idea de que la filosofía investiga, progresa y regenera el conocimiento, debemos hacer que la filosofía lleve la bandera en vanguardia, y nosotros mismos, filósofos, convertirnos en abanderados de una filosofía que debe, inevitablemente, adaptarse a los cambios que la sociedad contemporánea le plantea.
Defiendo que tenemos la obligación de hacer llegar la filosofía al público en general, de fomentar la divulgación del conocimiento en acceso abierto para todo aquel que quiera aprender. Debemos desterrar ya para siempre la popular imagen del “filósofo de estufa”, ensimismado en sus propios pensamientos.
La forma práctica de ser abanderado es ser nosotros mismos accesibles, publicitar nuestro trabajo y los resultados de nuestra investigación, y ofrecerlos para aportarlos a la comunidad de pensamiento y así llegar a ser auténticos amantes de la sabiduría.
Barzun, J. (1986). Un paseo con William James, Fondo de Cultura Económica.
Briggs, A. & Burke, P. (2002). De Gutenberg a Internet. Una historia social de los medios de comunicación, Taurus.
Boutroux, E. (1921). William James, traducción de Mario Falcao Espalter, Editorial Claudio García.
Del Castillo, R. (2000). “Prólogo”, en W. James, Pragmatismo, Alianza, 7-31.
James, W. (1898). “Philosophical Conceptions and Practical Results”, The Works of William James, Burkhardt, F., Bowers, F., y Skrupskelis, I. (eds.), Harvard University Press, I, 255-270.
James, W. (1907). Pragmatism. A New Name for Some Old Ways of Thinking, Longmans, Green
James, W. (1909). The Meaning of Truth; a Sequel to Pragmatism. Longmans, Green.
James, W. (1922). La voluntad de creer y otros ensayos de filosofía popular, Jorro.
James, W. (1986). Las variedades de la experiencia religiosa, Península.
James, W. (1992). The Correspondence of William James, I. K. Skrupskelis y E. M. Berkeley (eds.), Charlottesville, VA, University Press of Virginia, 1992-2002, 10 vols.
James, W. (2000). Pragmatismo, Alianza.
Menand, L. (2001). El club de los metafísicos. Historia de las ideas en América, Destino.
Nubiola, J. (2001). “Pragmatismo y relativismo: una defensa del pluralismo”, Thémata, 27, 49-57.
Peirce, C. S. (1905). “The Nature of Science”, MS 1334, Adirondack Summer School Lectures, 1905.
Pérez de Tudela, J. (1988). El pragmatismo americano: acción racional y reconstrucción del sentido, Cincel.
Perry, R. B. (1973). El pensamiento y la personalidad de William James, Paidós.
Simon, L. (1998). Genuine Reality. A Life of William James, Harcourt Brace.
Wesep, H. B. (1965). Siete sabios y una filosofía: itinerario del pragmatismo: Franklin, Emerson, James, Dewey, Santayana, Peirce, Whitehead, Hobbs-Sudamericana.
Izaskun Martínez es doctora en Filosofía por la Universidad de Navarra. Pertenece al Grupo de Estudios Peirceanos de esta Universidad desde 2004 y actualmente es su coordinadora. Además es gestora del proyecto europeo PLEXUS. Philosophical, Logical, and Experimental Routes to Substructurality (Grant agreement ID 101086295. Marie Sklodowska-Curie Action. Horizon Europe Research and Innovation Programme).
_______________________________
Recibido/Received: 18/10/2024
Aceptado/Accepted: 10/12/2024
1 Puede visitarse el Grupo en la dirección electrónica https://www.unav.es/gep/ (último acceso: 4 de septiembre 2024).
2 PLEXUS. Philosophical, Logical, and Experimental routes to substructurality: https://cordis.europa.eu/project/id/101086295 (último acceso: 4 de septiembre 2024).
3 Esta conferencia fue publicada originalmente en University of California Chronicle en septiembre de 1898 y está recogida en las obras completas.
4 Teniendo siempre presente que la filosofía como ciencia tiene un lenguaje propio, “técnico”, que debe aprenderse para formar parte del diálogo académico tan necesario para el desarrollo de la filosofía.
5 Fecha de la consulta: 11 de abril del 2024.
6 http://www.unav.es/gep/Peirce-esp.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
7 https://www.unav.es/gep/MSCSPeirce.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
8 https://www.unav.es/gep/bibliopeirceana.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
9 https://www.unav.es/gep/ArticulosOnLineEspanolAnteriores.html. https://www.unav.es/gep/ArticulosOnLineEspanol.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
10 https://www.unav.es/gep/JamesPrincipal.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
11 https://www.unav.es/gep/Dewey/DeweyPrincipal.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
12 https://www.unav.es/gep/LaddFranklin.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
13 https://www.unav.es/gep/MeadPrincipal.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
14 https://www.unav.es/gep/JosiahRoyce.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
15 https://www.unav.es/gep/dors/indice.htm (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
16 https://www.unav.es/gep/UnamunoPrincipal.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
17 https://www.unav.es/gep/OrtegaPragmatismo.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
18 https://www.unav.es/gep/DeLaMadridPrincipal.html (Fecha de la consulta: 4 de septiembre de 2024)
19 Fecha de la consulta: 27 de marzo del 2024.
20 No es casualidad que la mayoría de países que están en primer lugar en el número de visitas sean de América Latina. El Grupo de Estudios Peirceanos mantiene una relación muy fluida de ayuda y colaboración con diferentes países y se ha convertido allí en un punto de referencia en el estudio de C. S. Peirce. Como muestra, quiero citar (y agradecer) a la sección argentina del Grupo de Estudios Peirceanos, que trabaja de manera notable para que cada dos años se celebren las Jornadas “Peirce en Argentina”, que ya cuentan con ocho ediciones. Las próximas Jornadas “Peirce en Argentina” se celebrarán en Buenos Aires del 18 al 19 de septiembre de 2025. Pueden consultarse las ponencias presentadas en estas Jornadas en la dirección https://www.unav.es/gep/JornadasPeirceArgentina.html
21 La pandemia mundial de la COVID-19 nos mostró que es posible, pero dejo abierta la pregunta: fue posible, pero, ¿es deseable?