STUDIA HUMANITATIS JOURNAL, 2026, 6(2), e189
ISSN: 2792-3967
DOI: https://doi.org/10.33732/shj.v6i2.189

Artículo / Article

Monografía
Monograph section

POLARIZACIÓN AFECTIVA EN ESPAÑA (2020-2025): DEL FEMINISMO A LA MIGRACIÓN

AFFECTIVE POLARIZATION IN SPAIN (2020-2025): FROM FEMINISM TO MIGRATION

Esther Clavero Mira

Universidad de Murcia
ORCID: 0000-0003-3688-8964
esther.clavero@um.es

Juan José García Escribano

Universidad de Murcia
ORCID: 0000-0002-7216-5803
escriba@um.es

Carolina Lorenzo Álvarez

Universidad de Alicante
ORCID: 0000-0003-1378-1873
carolina.lorenzo@ua.es

| Resumen |

Este artículo analiza la evolución de la polarización afectiva en España entre 2020 y 2025, en un ciclo prolongado de policrisis que ha reconfigurado las coordenadas del conflicto político. El objetivo es examinar cómo distintos temas activan dinámicas identitarias y emocionales que estructuran el conflicto político contemporáneo, atendiendo simultáneamente a la intensidad temporal del fenómeno, a su estructuración ideológica y al desplazamiento de los marcos divisivos. Mediante un diseño cuantitativo longitudinal-comparado de carácter descriptivo-interpretativo, se triangulan datos de tres fuentes secundarias: las cinco oleadas de la Encuesta Nacional de Polarización Política del Centro de Estudios Murciano de Opinión Pública (CEMOP, 2021-2025), el Estudio 3480 y los barómetros mensuales del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y el Atlas de la Polarización 2025 de More in Common. Los resultados muestran tres procesos concurrentes: una intensificación sostenida sobre la percepción de división social, modulada por episodios coyunturales de cohesión; la persistencia del eje izquierda-derecha como principal organizador estructural de la polarización afectiva, en lógica bipolar; y un desplazamiento temático en el cual la migración gana centralidad como núcleo activador de rechazo intergrupal, sin sustituir al feminismo. La discusión problematiza la polarización como fenómeno estratégicamente cultivado por actores políticos y mediáticos, y subraya las implicaciones interseccionales de la racialización del conflicto.

Palabras clave: Polarización afectiva; Batallas culturales; Racialización del conflicto político; Identidades de bloque; Sociología política.

| Abstract |

This article analyses the evolution of affective polarization in Spain between 2020 and 2025, within an extended cycle of polycrisis that has reshaped the coordinates of political conflict. Its aim is to examine how specific issues activate identity-based and emotional dynamics that structure contemporary political conflict, addressing simultaneously the temporal intensity of the phenomenon, its ideological structuring and the shift of divisive frames. Drawing on a quantitative longitudinal-comparative design of a descriptive-interpretive nature, the study triangulates data from three secondary sources: the five waves of the National Survey on Political Polarization conducted by the Centre for Murcian Public Opinion Studies (CEMOP, 2021-2025), Study 3480 and the monthly barometers of the Centre for Sociological Research (CIS), and More in Common's 2025 Polarization Atlas. Findings reveal three concurrent processes: a sustained intensification of perceived social division, modulated by short-term episodes of cohesion; the persistence of the left-right axis as the main structural organiser of affective polarization, operating in bipolar terms; and a thematic shift in which migration gains centrality as the dominant activator of inter-group rejection, without replacing feminism. The discussion problematises polarization as a phenomenon strategically cultivated by political and media actors, and underscores the intersectional implications of the racialisation of conflict.

Keywords: Affective polarization; Culture wars; Racialization of political conflict; Bloc identities; Political sociology.

| Introducción |

Desde finales de la primera década del siglo XXI, la sociedad española atraviesa un ciclo prolongado de policrisis (Tooze, 2022), concepto atribuido al que fuera presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, para describir la superposición e interdependencia de múltiples crisis de distinta naturaleza. Este escenario ha reconfigurado, de modo sustantivo, las coordenadas del conflicto político y los mecanismos de articulación de la representación democrática. Acontecimientos como la crisis financiera de 2008, el ciclo de movilizaciones del 15M, las tensiones territoriales vinculadas al conflicto catalán, la pandemia de COVID-19, la guerra en Ucrania o la posterior crisis inflacionaria han operado como detonantes superpuestos que han fragmentado tanto el sistema de partidos como los marcos cognitivos y emocionales con los que la ciudadanía interpreta lo público. En este contexto, la polarización política ha dejado de ser una mera preocupación normativa para convertirse en un objeto sociológico de primer orden, en la medida en que afecta a las posibilidades mismas de la deliberación democrática y de la legitimidad del pluralismo político (McCoy y Somer, 2019; Torcal, 2023; Torcal y Comellas, 2022).

Una de las transformaciones más significativas de este ciclo es el desplazamiento del foco analítico desde la polarización ideológica, entendida como distancia programática en el eje izquierda-derecha, hacia la polarización afectiva, definida como el incremento de emociones negativas, desconfianza y rechazo hacia simpatizantes del espacio político opuesto, junto con una intensa identificación con el propio bloque (Iyengar et al., 2012; Iyengar et al., 2019). Esta distinción no es meramente conceptual, puesto que implica reconocer que las divisiones contemporáneas no se explican únicamente por desacuerdos sobre políticas públicas concretas, sino por la configuración de identidades partidistas que operan como categorías sociales con capacidad para activar mecanismos de exogrupo y endogrupo (Mason, 2018; Tajfel y Turner, 2004). De esta forma, el conflicto político adquiere una dimensión identitaria que transforma el desacuerdo ideológico en antagonismo social.

España presenta, en este marco, una posición peculiar. Por un lado, diversos estudios comparados la sitúan entre los países de Europa Occidental con mayor polarización afectiva (Comellas y Torcal, 2023; Gidron et al., 2020). Por otro, su sistema multipartidista fragmentado desde 2015 -con la irrupción de Podemos, Ciudadanos y, posteriormente, Vox- ha generado un escenario en el que la polarización opera fundamentalmente como bipolarización de bloques ideológicos (izquierda-derecha) más que como antagonismo interpartidista (Orriols y León, 2020). Esta configuración convierte al caso español en un laboratorio especialmente fértil para examinar cómo se articulan las dimensiones ideológica, identitaria y temática de la polarización.

La pertinencia sociopolítica del análisis se acentúa por el carácter performativo de la polarización afectiva sobre la calidad democrática. La literatura comparada ha mostrado que los procesos prolongados de polarización afectiva intensa erosionan la confianza institucional, debilitan las normas informales del juego democrático y favorecen estrategias de degradación democrática gradual (McCoy y Somer, 2019; Torcal y Comellas, 2022). En el contexto español, esta erosión se entrecruza además con dinámicas específicas: la naturaleza plurinacional del Estado, el peso de las identidades territoriales, la elevada fragmentación del sistema mediático y la capacidad creciente de actores transnacionales de derecha radical para imponer marcos discursivos polarizantes a escala europea. Analizar la polarización afectiva en España exige, por tanto, situar el caso simultáneamente en su singularidad histórica y en las dinámicas comparadas que comparte con otras democracias del sur de Europa.

El presente trabajo parte de la hipótesis de que la polarización afectiva en España no puede interpretarse como un efecto inercial de la distancia ideológica o como una propiedad estable y homogénea del electorado. Por el contrario, opera como un fenómeno dinámico, temáticamente activado y estratégicamente cultivado por actores políticos, mediáticos y digitales que compiten por imponer las categorías legítimas de división social (Bourdieu, 1991). En el periodo posterior a la pandemia, parece ser que este proceso se ha manifestado en un posible desplazamiento del feminismo, eje central de polarización en el ciclo 2018-2022, hacia la migración como núcleo dominante de activación afectiva y confrontación política, sin que el primero haya desaparecido del repertorio de marcos divisivos disponibles. Este desplazamiento no es ideológicamente neutro: contribuye a racializar el conflicto político, activa nuevas líneas de exclusión interseccional (Crenshaw, 1991) y reconfigura las condiciones simbólicas en las que se desarrollan las movilizaciones y disputas contemporáneas en el espacio público español.

A partir de esta hipótesis general, el artículo persigue tres objetivos específicos. En primer lugar, describir la evolución temporal de la polarización afectiva percibida en España entre 2020 y 2025, atendiendo a su intensidad y a las oscilaciones asociadas a coyunturas críticas. En segundo lugar, examinar la estructura ideológica subyacente, particularmente el papel del eje izquierda-derecha y la distribución de identidades de bloque, como condición de posibilidad de la activación afectiva. En tercer lugar, analizar el desplazamiento temático entre ejes de movilización política, con especial atención a la transición desde el feminismo a la migración como núcleo central de articulación de la polarización afectiva, así como evaluar las implicaciones sociopolíticas de este cambio.

El texto se estructura del siguiente modo. Un primer apartado introductorio. El segundo consistente en una revisión del marco teórico de la polarización afectiva en sistemas multipartidistas y su articulación con las teorías de la identidad social. El tercero presenta el diseño metodológico y las fuentes empíricas utilizadas. El cuarto desarrolla los resultados del análisis, organizados en cinco dimensiones. El quinto discute los resultados a la luz de la literatura especializada y examina sus implicaciones teóricas y sociopolíticas. Finalmente, el sexto apartado recoge las conclusiones del estudio, explicita sus principales limitaciones y ofrece una valoración de la solidez de las inferencias presentadas.

| Marco teórico: polarización afectiva e identidades de bloque |

La sociología política contemporánea ha asistido a una reformulación sustantiva del concepto de polarización. Durante décadas, el debate se articuló fundamentalmente en torno a la polarización ideológica, entendida como el incremento de la distancia entre las posiciones programáticas del electorado y de las élites políticas en el continuo izquierda-derecha (Sartori, 1976). Este enfoque, profundamente influido por las tradiciones espacial y racionalista del análisis político, presupone que la división social entre ciudadanos refleja desacuerdos sustantivos sobre políticas públicas. Sin embargo, a partir de la segunda década del siglo XXI, cada vez más literatura ha mostrado los límites de esta aproximación, en la medida en que los electorados pueden mostrar niveles altos de antagonismo emocional sin que medien diferencias ideológicas equivalentes (Iyengar et al., 2012; Mason, 2018).

De la polarización ideológica a la polarización afectiva

La conceptualización seminal de Iyengar et al. (2012) introdujo el concepto de polarización afectiva para nombrar este fenómeno como el incremento de evaluaciones negativas hacia los miembros del partido o bloque político adversario y el correlativo refuerzo de la identificación emocional con el propio grupo. La aportación crítica de esta perspectiva consiste en desplazar el foco analítico desde el contenido sustantivo de las preferencias políticas hacia las dinámicas identitarias y emocionales que estructuran el campo político. Desde este enfoque, la polarización afectiva no es solo desacuerdo, sino también desconfianza, rechazo, distanciamiento social respecto del adversario político, pudiendo incluso derivar, en casos extremos, en proceso de deshumanización (Iyengar et al., 2019; Kalmoe y Mason, 2022).

La operacionalización de este concepto ha recurrido históricamente a tres familias de indicadores. En primer lugar, los denominados termómetros afectivos, que solicitan a los encuestados que evalúen, mediante escalas continuas, su grado de simpatía o rechazo hacia partidos, líderes y electorados concretos. En segundo lugar, las escalas de distancia social, herederas de la tradición de Bogardus (1925), que miden la disposición a establecer relaciones de proximidad personal (amistad, vínculo familiar, vecindad) con simpatizantes del partido rival (Arteaga Botello y Lara Carmona, 2004). En tercer lugar, los indicadores de percepción de división, que capturan las representaciones subjetivas que la ciudadanía construye sobre el grado de fractura social. Aunque cada uno de estos enfoques mide dimensiones distintas del fenómeno, son analíticamente complementarios. Su combinación, todavía poco frecuente en los estudios empíricos sobre el caso español, permite reconstruir simultáneamente la dimensión cognitiva, emocional y relacional de la polarización afectiva.

Identidad social y el problema del bloque

El sustrato teórico de la polarización afectiva remite a la teoría de la identidad social formulada por Tajfel y Turner (2004). Según esta perspectiva, los individuos derivan parte de su autoconcepto de su pertenencia a grupos sociales, y esta pertenencia genera un sesgo sistemático que privilegia al endogrupo y devalúa al exogrupo. Trasladado al campo político, el partido o el bloque ideológico opera como categoría social que activa mecanismos de favoritismo grupal con independencia, en muchos casos, del contenido sustantivo de las posiciones políticas (Mason, 2018). La identidad partidista, lejos de ser un mero reflejo de preferencias programáticas, funciona como un marcador identitario que organiza la percepción del mundo social y estructura las fronteras simbólicas entre “nosotros” y “ellos”.

En sistemas multipartidistas como el español en la actualidad, esta dinámica adopta una forma específica que Comellas y Torcal (2023; véase también Torcal y Comellas, 2022, para la perspectiva comparada con otras democracias del sur de Europa) han denominado polarización afectiva bipolar: aunque existan múltiples partidos, las lealtades afectivas y las actitudes de rechazo tienden a estructurarse fundamentalmente en torno a dos bloques opuestos -izquierda y derecha-, lo que reduce la complejidad multidimensional del sistema a una lógica antagónica binaria. Orriols y León (2020) han mostrado que en España esta lógica se intensificó durante la crisis económica y la fragmentación partidista, configurando un sistema en el que las lealtades partidistas se subordinan a identificaciones de bloque más amplias. Esta interpretación resulta coherente con la observación de Gidron et al. (2020), según la cual los sistemas con mayor polarización afectiva combinan una elevada fragmentación partidista con una baja dimensionalidad ideológica.

Activación temática y producción estratégica del antagonismo

Una limitación importante de los enfoques psicosociales sobre polarización afectiva es su tendencia a tratarla como un fenómeno relativamente estable, derivado de identidades partidistas previamente constituidas. Frente a esta perspectiva, una sociología política crítica debería atender al carácter producido y estratégicamente activado del antagonismo. En este sentido, Bourdieu (1991) recordó que el campo político es, ante todo, un espacio de lucha por el monopolio de la nominación legítima, es decir, por la capacidad de imponer las divisiones del mundo social que los actores políticos pretenden hacer reconocer como legítimas. Desde esta perspectiva, los temas que dominan el debate público no son neutrales, sino el resultado de apuestas estratégicas que reorganizan el espacio de las posiciones disponibles y producen o desactivan identidades de grupo.

Esta dimensión productiva conecta con la teoría de los marcos interpretativos (Snow et al., 1986) y con las aportaciones de Tarrow (2011) sobre los ciclos de protesta. La activación de un tema como el feminismo o la migración no es una respuesta espontánea a un problema social objetivo, sino el resultado de procesos de construcción simbólica mediante los cuales ciertos actores (partidos políticos, medios de comunicación o movimientos sociales) consiguen imponer un marco interpretativo que reorganiza las identidades políticas en torno a dicho tema. En esta línea, Mora-Rodríguez et al. (2025) han mostrado que en España las llamadas batallas culturales, enmarcadas en la dimensión GAL/TAN (Green-Alternative-Libertarian vs. Traditional-Authoritarian-Nationalist), han adquirido un protagonismo creciente como ejes de polarización afectiva, desplazando parcialmente las divisiones económicas tradicionales.

Esta perspectiva tiene una consecuencia metodológica importante. Si los temas movilizadores de la polarización afectiva son el resultado de procesos estratégicos de enmarcado y no simples reflejos automáticos de transformaciones objetivas, las series temporales sobre centralidad temática podrían interpretarse como indicadores de la lucha simbólica entre actores políticos, más que como descripciones de la realidad social. La evolución de la migración como problema percibido -caracterizada, como se mostrará posteriormente, por oscilaciones intensas no atribuibles a cambios demográficos paralelos- constituye una ilustración paradigmática de esta dinámica. Desde esta perspectiva, una sociología política rigurosa no puede limitarse a registrar variaciones en la agenda, sino que debe analizar los mecanismos mediante los que ciertos temas adquieren visibilidad pública en momentos específicos, y son desactivados en otros.

Esta lectura permite formular tres expectativas analíticas para el caso español en el periodo 2020-2025. Primera: la percepción de división social debería intensificarse de forma sostenida, con oscilaciones coyunturales asociadas a eventos críticos. Segunda: el eje izquierda-derecha debería mantener su centralidad como organizador estructural de la polarización afectiva, en coherencia con la lógica bipolar característica del sistema político español contemporáneo. Tercera: los temas que activan la polarización afectiva deberían experimentar reordenaciones temporales, produciéndose un desplazamiento progresivo desde el feminismo hacia la migración como núcleo dominante de movilización política y emocional en el periodo más reciente, en respuesta a estrategias diferenciadas de movilización política y mediática.

Implicaciones críticas e interseccionales

La emergencia de la migración como eje central de polarización no constituye un mero relevo temático, ni una sustitución neutra de marcos divisivos. Por el contrario, podría implicar una racialización del conflicto político (Lentin, 2020) que articula desigualdades de clase, género y territorio de modo distinto al que configuraba el ciclo feminista anterior. Mientras el feminismo, como principal eje polarizador del ciclo anterior, movilizaba un conflicto en torno al orden de género y a la distribución del poder simbólico entre hombres y mujeres, la migración activa una frontera identitaria entre nacionales y extranjeros que opera, además, sobre cuerpos racializados y feminizados de modo simultáneo (Crenshaw, 1991; Davis, 2008). Las mujeres migrantes, en particular, son sometidas a regímenes de visibilización contradictorios: simultáneamente representadas como víctimas culturalmente subordinadas y como amenaza demográfica o cultural, dependiendo del marco político-mediático dominante.

Resulta indispensable para una lectura sociológicamente exigente de la polarización afectiva contemporánea atender a esta dimensión interseccional. La reorganización de los temas que la activan no es un proceso semánticamente equivalente: introduce nuevas formas de estratificación simbólica y redefine los criterios mediante los cuales determinados grupos pueden ser reconocidos como miembros legítimos de la comunidad democrática. En este sentido, la polarización afectiva se articula con procesos más amplios de estratificación simbólica que la investigación sociopolítica no puede limitarse a describir empíricamente, sino que debe someter también a análisis crítico. Conviene precisar el estatuto metodológico de este nivel de análisis. Categorías como racialización del conflicto, producción estratégica del antagonismo, marcos hegemónicos o clausura reticular operan en este trabajo como herramientas interpretativas de orden teórico-crítico, y no como variables operacionalizadas. Su función es iluminar el sentido sociológico de los patrones empíricos descritos en el apartado de resultados, no sustituir su contrastación. El examen empírico de los mecanismos que sugieren activación estratégica, producción mediática del antagonismo o racialización del adversario, requeriría diseños específicos no abordados aquí, como el análisis de contenido mediático, los modelos longitudinales multivariantes o los diseños experimentales. El presente estudio mantiene, por tanto, una distinción deliberada entre el plano descriptivo-empírico, sustentado en indicadores demoscópicos, y el plano interpretativo-crítico, que se presenta explícitamente como tal.

| Metodología y fuentes de datos |

La presente investigación adopta un diseño cuantitativo de carácter longitudinal-comparado, fundamentado en la triangulación de tres bloques de fuentes secundarias de encuesta representativas de la población residente en España. La opción por un diseño basado en datos secundarios responde a la propia naturaleza del objeto de estudio: la polarización afectiva, en tanto fenómeno macro-sociológico, requiere series temporales amplias y metodológicamente consistentes que permitan reconstruir su evolución y detectar variaciones significativas en el tiempo. La estrategia adoptada es, con propiedad, una triangulación de fuentes -y no de métodos en sentido estricto (Denzin, 1978)-: un mismo fenómeno se observa a través de operaciones demoscópicas independientes, construidas con diseños muestrales, modos de administración y formulaciones de los ítems distintos. Su lógica es deliberadamente convergente: cuando indicadores procedentes de fuentes que no comparten sesgos de instrumento apuntan en la misma dirección, la coincidencia refuerza la credibilidad y la robustez de la interpretación; cuando divergen, la discrepancia se interpreta como indicio de la sensibilidad del fenómeno al modo de medición y se trata con la cautela correspondiente. Conviene precisar que esta estrategia no incrementa la validez estadística de las inferencias -limitada por la heterogeneidad de las fuentes, detallada en el apartado de limitaciones-, sino su plausibilidad sociológica.

Fuentes y diseños muestrales

La primera fuente utilizada corresponde a las cinco oleadas de la Encuesta Nacional de Polarización Política realizadas por el Centro de Estudios Murciano de Opinión Pública (CEMOP) entre 2021 y 2025. Cada oleada cuenta con aproximadamente 1.200 entrevistas administradas telefónicamente mediante CATI (Computer-Assisted Telephone Interviewing), con cuotas por sexo, edad y comunidad autónoma. Estas oleadas permiten reconstruir series temporales sobre identificación ideológica, autoubicación, temas de preocupación, percepciones de división y posicionamientos en cuestiones GAL/TAN.

La segunda fuente principal es el Estudio nº 3480 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), titulado Ideología y polarización, realizado en octubre de 2024. Con un tamaño muestral de 3.928 entrevistas distribuidas en 1.153 municipios, y un error muestral declarado del ±1,6% para un nivel de confianza del 95,5% bajo supuestos de muestreo aleatorio simple (CIS, 2024), constituye la operación estadística pública de mayor alcance analítico sobre el fenómeno en España. Adicionalmente, se han utilizado tres barómetros del CIS sobre principales problemas percibidos: el Estudio nº 3277 (marzo de 2020), el nº 3398 (marzo de 2023) y el nº 3546 (marzo de 2026), que permiten examinar la evolución de la centralidad de la migración en la agenda de preocupaciones ciudadanas.

La tercera fuente es el Atlas de la Polarización en España 2025 elaborado por More in Common España (2025). Su diseño metodológico se basa en 2.508 entrevistas administradas mediante sistema CAWI (Computer-Assisted Web Interviewing) entre octubre y noviembre de 2025, con un error muestral del ±1,97%. Aunque la modalidad CAWI introduce un sesgo conocido relacionado con la alfabetización digital y el acceso desigual a Internet, esta fuente ofrece indicadores no disponibles en las fuentes anteriores, particularmente en lo referido a percepciones de división comparadas internacionalmente, atribución de responsabilidad polarizadora y composición de redes de afinidad política. Asimismo, los informes anteriores de More in Common España (2022) se utilizan como referencia contextual (Tabla 1).

Tabla 1. Síntesis de las fuentes de datos utilizadas

Fuente

Periodo

N (aprox.)

Modo

Error muestral

CEMOP - Encuesta Nacional de Polarización

2021-2025 (5 oleadas)

≈ 1.200 por oleada

CATI

≈ ±2,8 %

CIS - Estudio 3480

Octubre 2024

3.928

CATI mixto (18 % fijo / 82 % móvil)

±1,6 %

CIS - Barómetros 3277 / 3398 / 3546

Mar 2020 / Mar 2023 / Mar 2026

≈ 2.500-3.700

CATI

≈ ±2,0 %

More in Common - Atlas 2025

Oct-Nov 2025

2.508

CAWI

±1,97 %

Fuente: Elaboración propia a partir de las fichas técnicas de CEMOP (2021-2025), CIS (2020, 2023; 2024;2026) y More in Common España (2025).

Estrategia analítica

El análisis se articula en tres niveles complementarios. En el primer nivel, descriptivo-temporal, se reconstruye la evolución de la percepción de división social y de la identificación ideológica entre 2021 y 2025 mediante distribuciones porcentuales y comparación de frecuencias. En el segundo nivel, estructural, se examina el peso del eje izquierda-derecha como organizador del campo político, mediante el análisis de la concentración y distribución de las posiciones ideológicas, así como la atribución de responsabilidades en la generación de polarización, segmentando los resultados por simpatía partidista y autoubicación ideológica. Finalmente, en el tercer nivel, temático-comparado, se analiza la evolución de los temas que articulan la polarización afectiva, comparando posicionamientos vinculados a la dimensión GAL/TAN, percepciones sobre el feminismo y la migración, y la centralidad de cada tema en la agenda de preocupaciones ciudadanas.

La aproximación adoptada es esencialmente descriptiva-interpretativa, más que inferencial-explicativa. Esta elección responde a la naturaleza del objeto y al diseño seguido: el desplazamiento temático de la polarización afectiva parece, ante todo, una transformación cualitativa de los marcos de conflicto y de los repertorios simbólicos que estructuran la confrontación política. El objetivo, por tanto, no es estimar relaciones causales estrictas, sino identificar patrones de reconfiguración del conflicto político a partir de la convergencia de distintos indicadores empíricos, que se presentan como evidencias convergentes -no como tests formales de hipótesis causales-. Dada la heterogeneidad de los instrumentos movilizados (CATI frente a CAWI, tamaños muestrales desiguales y formulaciones no homogéneas de los ítems), los indicadores de fuentes distintas no se tratan como estrictamente equiparables. Esta cautela afecta en particular a la tesis del desplazamiento del feminismo hacia la migración, que descansa en la convergencia de indicadores indirectos (centralidad cognitiva, posicionamiento ideológico diferencial y percepción de fractura) y no en una medición longitudinal homogénea de la intensidad afectiva asociada a cada tema; de ahí que se formule con la correspondiente prudencia inferencial.

Las variables sociodemográficas -sexo, edad, nivel educativo y comunidad autónoma- se incorporan como variables de control para examinar la heterogeneidad interna de los patrones agregados. De acuerdo con los principios de un análisis interseccional, no se asume que los efectos del género, la clase o el territorio operen de forma aditiva, sino que, por el contrario, se parte de la hipótesis de que su intersección puede producir configuraciones específicas de experiencia y posicionamiento político que las medias agregadas oscurecen (McCall, 2005). Esta lectura interseccional se desarrolla con mayor profundidad en el apartado de discusión.

| Resultados |

Intensificación de la división social percibida

El primer resultado, transversal a todas las fuentes consultadas, es la intensificación sostenida de la percepción de división social en España durante el periodo analizado. Según los datos del Atlas de la Polarización (More in Common España, 2025), la proporción de la población que considera que España está "muy" o "bastante" dividida ha pasado del 61% en 2021 al 65% en 2025, lo que representa un incremento de cuatro puntos porcentuales. Aunque la magnitud absoluta de esta variación puede parecer moderada, su significación sociológica reside en la estabilidad de la tendencia ascendente y en la consistencia con que aparece a lo largo del periodo.

La evolución observada, sin embargo, no presenta un carácter estrictamente lineal. Durante 2024 se registra un descenso coyuntural de la percepción de división social que puede ser atribuible al efecto cohesivo asociado a la respuesta social ante la DANA que afectó gravemente a la Comunidad Valenciana. Este episodio resulta relevante por dos razones. En primer lugar, ilustra la sensibilidad de las percepciones de división a coyunturas críticas que activan marcos de solidaridad colectiva y cohesión nacional. En segundo lugar, su carácter transitorio -puesto que la percepción de división retoma su tendencia ascendente en 2025- sugiere que estos episodios de cohesión operan como interrupciones coyunturales sobre una dinámica estructural más profunda, no como inflexiones de tendencia. Esta interpretación es coherente con los enfoques que entienden la polarización afectiva como fenómeno alimentado de modo continuo por estrategias de los actores políticos y mediáticos, antes que como simple reflejo de acontecimientos externos.

La intensidad de la percepción de división muestra, además, heterogeneidades sociodemográficas importantes. Las mujeres tienden a percibir mayores niveles de cohesión social que los hombres, mientras que la población joven se muestra comparativamente más optimista respecto a la unidad social. Asimismo, se observan diferencias significativas según la afinidad partidista: las personas que simpatizan con el PSOE perciben menor división que las que lo hacen con Vox, que son las que concentran las valoraciones más intensas de polarización dentro del sistema político español (More in Common España, 2025). Este patrón no es accidental, pues refleja una asimetría conocida en la literatura especializada, según la cual los electorados de partidos que articulan su discurso explícitamente sobre la diferenciación identitaria y la confrontación cultural tienden a percibir un mundo más fracturado, en parte porque dicha percepción contribuye a reforzar la legitimidad simbólica de las propias estrategias de movilización política (Kalmoe y Mason, 2022; Mason, 2018).

La centralidad del eje izquierda-derecha

El segundo resultado se refiere a la persistencia del eje izquierda-derecha como principal organizador estructural del campo político español. Tres indicadores convergen para alcanzar esta conclusión. En primer lugar, el índice de entropía ideológica, que captura la dispersión en el continuo izquierda-derecha, se sitúa en España en 0,628, valor sustantivamente superior al de otras democracias europeas comparables (More in Common España, 2025). Una entropía elevada en un marco de bipolarización afectiva indica que la distribución ideológica del electorado se concentra en los polos del continuo, configurando una estructura propensa a la polarización de bloques.

En segundo lugar, los datos del Estudio 3480 del CIS (2024) muestran que el 66,6% de la población se identifica "mucho" o "bastante" con su ideología, y que el 4,7% la señala como su principal fuente de identidad social, por encima de fuentes alternativas como la clase social o la religión. La identificación ideológica funciona, así, no solo como una orientación programática, sino como un marcador identitario primario en términos sociológicos. Esta centralidad de la identidad ideológica como dispositivo de pertenencia colectiva resulta coherente con las predicciones de la teoría de la identidad social aplicada al campo político (Mason, 2018; Tajfel y Turner, 2004) y constituye el sustrato sobre el que opera la polarización afectiva.

En tercer lugar, las percepciones ciudadanas sobre las divisiones más relevantes de la sociedad española sitúan al eje izquierda-derecha como la principal fractura percibida. Según los datos del Atlas de la Polarización de More in Common España (2025), el 57% de la población identifica esta división como la principal línea de fractura social, por encima de la división entre políticos y ciudadanía (45%), entre ricos y pobres (36%) o entre personas migrantes y nacidas en España (32%). Estos datos indicarían que la fractura ideológica no solo organiza objetivamente el campo político, sino que, además, es reconocida por los propios actores como la principal línea de división social, lo que refuerza su capacidad performativa para estructurar identidades de bloque. La conclusión analítica relevante según estos datos sería que la polarización afectiva española opera, característicamente, como una bipolarización estructurada en torno a los bloques de izquierda y derecha (Comellas y Torcal, 2023; Orriols y León, 2020), en la que las lealtades a partidos concretos se subordinan a identidades ideológicas más amplias.

Atribución de responsabilidad y polarización de bloques

La pregunta sobre quién alimenta la polarización en España permite aproximarse a la dimensión performativa del fenómeno: cómo se distribuye la atribución de responsabilidad y cómo esta atribución reproduce, ella misma, la lógica de bloques. Los datos del Atlas de la Polarización (More in Common España, 2025) muestran que Santiago Abascal es percibido como el líder que más contribuye a la polarización por el 39% de la población, seguido de Pedro Sánchez (35%). El que ambos líderes, uno de la derecha radical y otro de la socialdemocracia gobernante, concentren las atribuciones más altas puede leerse como una asimetría sociológicamente notable, dado que la atribución de responsabilidad varía sistemáticamente según la ideología de la persona encuestada, reproduciendo un patrón claramente especular.

Esta lógica especular, mediante la cual cada bloque atribuye al adversario como principal responsable del conflicto político, constituye una manifestación característica de la polarización afectiva en sistemas bipolares. La atribución de responsabilidad no es una evaluación neutral de comportamientos, sino una práctica performativa mediante la cual cada bloque consolida su propia identidad por contraposición al adversario. La consecuencia de esta dinámica es la reproducción ampliada del antagonismo político: en la medida en que ambos bloques perciben al otro como agente único de la fractura, se debilitan las posibilidades de construir interpretaciones compartidas del conflicto y se intensifican las dinámicas de exclusión emocional recíproca.

El análisis de las redes de afinidad política reforzaría esta interpretación. Las personas que simpatizan con Sumar y Podemos exhiben las redes de afinidad política más abiertas y diversas, con mayor presencia de relaciones interpartidistas e interideológicas. Por el contrario, las personas que votan a Vox muestran las redes más cerradas y homogéneas. Esta asimetría indica que la cerrazón de las redes afectivas -dimensión central de la polarización afectiva, en la medida en que reduce la exposición a información discrepante- no se distribuye de forma simétrica en el campo político español. Asimismo, estos resultados son coherentes con la evidencia que muestra que los electorados de Vox y PP expresan niveles sistemáticamente más elevados de rechazo afectivo hacia los demás partidos (More in Common España, 2025), configurando un patrón asimétrico de hostilidad afectiva que, con la prudencia que impone su apoyo en una sola fuente, matiza las lecturas de la polarización como un fenómeno plenamente equilibrado entre bloques ideológicos.

Del feminismo a la migración: reordenación de los temas divisivos

El núcleo argumental del artículo se concentra en el desplazamiento temático observable en el periodo 2020-2025, caracterizado por una creciente centralidad de la migración como un núcleo activador de polarización afectiva, sin que ello pareciera implicar la desaparición del feminismo como uno de los marcos divisivos relevantes observado previamente. Los datos del Atlas de la Polarización de More in Common España (2025) documentan un aumento significativo de la proporción de personas que mencionan la división entre migrantes y nacidos en España como una de las fracturas más importantes de la sociedad española. En 2025, esta percepción alcanza el 32% de las menciones, valor que constituye, según la propia fuente, el único entre los principales ejes percibidos que se ha incrementado respecto a 2022. En contraste, las tensiones territoriales han disminuido notablemente y las divisiones ideológica y económica se han mantenido estables.

Esta tendencia se confirma con los datos de los barómetros del CIS sobre los principales problemas percibidos por la ciudadanía. En marzo de 2020 (Barómetro 3277), la inmigración ocupaba la undécima posición en el ranking de problemas, con un 8,2% de menciones. Tres años después, en marzo de 2023 (Barómetro 3398), descendió al puesto decimoséptimo, con apenas un 3,8%. Sin embargo, en marzo de 2026 (Barómetro 3546), ha subido al quinto lugar, con un 14% de menciones, y situándose por detrás únicamente de la vivienda, la crisis económica, el empleo y los partidos políticos. La evolución observada no responde, por tanto, a una trayectoria lineal. El descenso registrado en 2023 sugiere que la centralidad pública de la migración depende menos de transformaciones estructurales irreversibles que de procesos de activación-desactivación vinculados a coyunturas específicas y a estrategias de intervención política y mediática.

La distribución ideológica del posicionamiento observado sobre la migración reforzaría, además, su carácter polarizador. Según el Estudio 3480 del CIS (2024), el nivel de acuerdo con la afirmación de que el gobierno debe emplear medidas contundentes contra la inmigración irregular se distribuye de modo radicalmente asimétrico entre bloques ideológicos: los niveles de acuerdo son especialmente elevados entre las posiciones de derecha, moderados en el centro y significativamente menores en la izquierda. La cuestión migratoria opera, así, como un marcador identitario que diferencia bloques, desempeñando una función comparable a la que históricamente han ocupado las cuestiones socioeconómicas, pero con una densidad simbólica añadida, vinculada a la racialización del adversario, que la dota de una capacidad de activación afectiva particular.

Paralelamente, el feminismo parece conservar una capacidad polarizadora considerable, aunque su centralidad relativa se hubiera modificado. La Tabla 2, elaborada a partir de los datos de CEMOP (2021-2025), recoge los posicionamientos medios, en una escala 0-10, en las principales cuestiones GAL/TAN, segmentados por bloque ideológico, permitiendo identificar los temas que producen mayores distancias entre polos. Los datos muestran que el aborto presenta la mayor brecha entre bloques, con 4,4 puntos de distancia entre las medias de los electorados situados en los polos. Los símbolos nacionales y la inmigración exhiben las puntuaciones más altas en la derecha, mientras que la violencia de género presenta la menor diferencia interbloques (2,1 puntos), sugiriendo que se trata de un tema sobre el que existe un consenso normativo formal mayor que el observable en otros componentes de la agenda feminista (Tabla 2).

Tabla 2. Distancia entre bloques ideológicos en cuestiones GAL/TAN (escala 0-10)

Cuestión

Media bloque izquierda

Media bloque derecha

Distancia

Aborto

≈ 7,5

≈ 3,1

4,4

Inmigración

≈ 6,8

≈ 3,2

3,6

Símbolos nacionales

≈ 4,6

≈ 7,9

3,3

Feminismo (necesidad del movimiento)

≈ 7,8

≈ 4,9

2,9

Violencia de género

≈ 8,1

≈ 6,0

2,1

Fuente: Elaboración propia a partir de CEMOP (2021-2025) y CIS (2024). Las puntuaciones expresan posicionamientos medios aproximados en escalas 0-10 (mayor valor = mayor acuerdo/intensidad).

La interpretación conjunta de estos datos sugeriría una reordenación significativa de los ejes de polarización, pero no una sustitución temática. Por un lado, la migración asciende como tema central de polarización afectiva en el periodo 2024-2026, con un aumento de la centralidad cognitiva (proporción de menciones como problema o como división importante) y una distribución ideológica fuertemente asimétrica que la convierte en un marcador eficaz de pertenencia a bloque. Por otro, el feminismo conserva una capacidad polarizadora elevada, especialmente en sus dimensiones más vinculadas a derechos reproductivos y al cuestionamiento del orden simbólico de género (Lorenzo Álvarez, 2023), aunque su centralidad cognitiva relativa ha disminuido respecto al ciclo anterior. En consecuencia, ambos temas coexisten como ejes relevantes de activación afectiva y confrontación política, aunque con grados distintos de visibilidad pública, intensidad movilizadora y temporalidad política.

Batallas culturales y polarización GAL/TAN

La emergencia de la migración como tema central, junto con la persistencia del feminismo, refleja un patrón más amplio: la centralidad de las llamadas batallas culturales en la articulación contemporánea de la polarización afectiva. Mora-Rodríguez et al. (2025) han documentado que el eje GAL/TAN -que organiza posiciones sobre cuestiones culturales, identitarias y morales- presenta en España una capacidad polarizadora comparable o superior a la del eje económico tradicional. Temas como el aborto, la inmigración, los símbolos nacionales o las identidades sexuales y de género se han convertido así en espacios centrales de confrontación política y movilización emocional.

Los datos del CEMOP recogidos en la Tabla 2 confirman este diagnóstico. Las cuestiones que generan mayor distancia ideológica entre bloques pertenecen, en su gran mayoría, al ámbito de la dimensión GAL/TAN y no a las divisiones socioeconómicas clásicas. En este contexto, Bakdid Albane et al. (2025) han mostrado, asimismo, que la inmigración funciona en España como un meta-tema en el que se condensan ansiedades vinculadas a la seguridad, la cohesión territorial, la identidad nacional y, crucialmente, el orden de género, en la medida en que el discurso de la derecha radical articula sistemáticamente la imagen de la mujer migrante como amenaza o víctima cultural. Esta condensación simbólica explica la eficacia movilizadora del tema y su capacidad para integrar marcos de oposición previamente disociados.

La traducción político-organizativa de esta dinámica se observa en las estrategias diferenciales de los partidos. Vox ha articulado de forma sistemática un marco antiinmigración como vector de movilización electoral, mientras que el PP ha experimentado un desplazamiento parcial hacia posiciones más restrictivas que reproducen, atenuándolos, los marcos de la derecha radical (Bakdid Albane et al., 2025; Rodríguez-Teruel, 2020). En el bloque de izquierda, el tema migratorio se enmarca, en cambio, en términos de derechos, desigualdad y crítica al sistema de fronteras. Esta disputa por el marco interpretativo legítimo es, precisamente, lo que Bourdieu (1991) describió como lucha por el monopolio de la nominación legítima, y constituye el sustrato en el que se produce el desplazamiento temático analizado en el presente artículo.

| Discusión |

Los resultados presentados permiten articular al menos tres líneas de discusión relevantes. La primera concierne a la naturaleza misma de la polarización afectiva como objeto sociológico. Los datos parecen reforzar la pertinencia del giro afectivo en el estudio de la polarización política: el electorado español muestra niveles altos de identificación de bloque, de hostilidad afectiva interbloque y creciente homogeneización de sus redes de afinidad política, todo ello con relativa independencia del contenido programático específico de los partidos en disputa. La polarización afectiva no sería solo un epifenómeno de la distancia ideológica, sino que parece un fenómeno con autonomía relativa, articulado por dispositivos identitarios que operan según las lógicas descritas por la teoría de la identidad social (Mason, 2018; Tajfel y Turner, 2004) y configurado, en el caso español, en el marco de un sistema de bloques bipolar consolidado tras la fragmentación partidista iniciada en 2015 (Orriols y León, 2020).

La segunda línea de discusión se refiere al carácter estratégico y producido del antagonismo político. Una limitación importante de la literatura psicosocial sobre polarización afectiva es su tendencia a tratar el fenómeno como derivado de identidades partidistas estables, lo que oculta el trabajo simbólico mediante el cual ciertos actores producen, alimentan y reorganizan dichas identidades. Los datos analizados sugieren que la activación de la migración como tema central difícilmente se explica por un cambio objetivo equivalente en la composición demográfica del país, y resulta más coherente con la hipótesis de estrategias de comunicación política y mediática orientadas a imponer un marco interpretativo dominante, relación que, no obstante, las fuentes disponibles no permiten contrastar de forma directa. La trayectoria no lineal de la centralidad migratoria -con un descenso pronunciado en 2023 y un repunte en 2026- parece difícilmente compatible solamente con una explicación puramente estructural, y resultaría más coherente con una lectura que atienda a las dinámicas de activación-desactivación temática propias del campo político (Bourdieu, 1991; Tarrow, 2011).

La tercera línea de discusión -y posiblemente la más relevante desde una perspectiva crítica- concierne a las implicaciones interseccionales del desplazamiento temático observado. La migración, como tema central de polarización afectiva, no es semánticamente equivalente al feminismo. Mientras que este último activaba un conflicto en torno al orden simbólico de género y al reparto del poder entre hombres y mujeres, un conflicto que, pese a su intensidad, se desarrollaba dentro de la comunidad nacional, la migración como eje polarizador introduce una frontera identitaria entre nacionales y extranjeros que opera, además, sobre sujetos racializados y redefine las condiciones de pertenencia legítima a la comunidad política (Lentin, 2020). Este desplazamiento no es ideológicamente neutro: altera los criterios de reconocimiento democrático y contribuye, en consecuencia, a restringir el alcance del demos.

Una lectura interseccional permitiría, además, identificar superposiciones y tensiones que permanecen invisibilizadas en los análisis agregados. Las mujeres migrantes ocuparían, en este nuevo escenario, una posición particularmente compleja, al situarse simultáneamente en el cruce de marcos discursivos divergentes: por un lado, el marco feminista, que las visibiliza como sujetos de derechos; por otro, el marco antimigratorio, que las representa como amenaza o como víctimas culturalmente subordinadas. Esta tensión interna del campo político podría ser indicativa de un proceso más amplio de reorganización del marco simbólico, en el que las identidades disponibles se reconfiguran en función de la intersección de distintos marcos hegemónicos (Crenshaw, 1991; Davis, 2008). Desde una perspectiva sociológica, este proceso debería interpretarse como una redefinición de las jerarquías simbólicas que estructuran la pertenencia política y social, más que como una simple actualización de la agenda pública.

De modo paralelo, es necesario atender a las articulaciones entre clase y territorio que el desplazamiento temático recompone. La preocupación por la migración no se distribuye homogéneamente en el espacio social, sino que tiende a intensificarse en territorios afectados por procesos prolongados de desinversión pública, precarización laboral y deterioro de los servicios, donde la presencia migrante se convierte en pantalla cognitiva sobre la que se proyectan ansiedades materiales y sociales más amplias. En consecuencia, una sociología política rigurosa no debería confundir la causa con el síntoma: la activación afectiva contra la migración suele desplazar marcos redistributivos que, de operar plenamente, dirigirían el conflicto hacia las desigualdades económicas estructurales. La eficacia política del enmarcado migratorio podría residir, en parte, en esta capacidad de sustitución simbólica, que reasigna la atribución de responsabilidad sobre la precariedad desde las élites económicas hacia poblaciones racializadas.

Por último, la interpretación de estos resultados exige problematizar la asimetría observada en la atribución de responsabilidad y en el grado de clausura de las redes afectivas. La concentración de hostilidad afectiva y de homogeneización reticular entre los electorados de la derecha radical (Vox y, en parte, PP) sugiere que el fenómeno podría presentar un epicentro asimétrico, más que una contribución equivalente de ambos bloques a la fractura social. Conviene subrayar, no obstante, que esta lectura se apoya principalmente en una única fuente (More in Common España, 2025) y en su coherencia con la literatura comparada, por lo que debe tomarse con la debida cautela. Con esa salvedad, los datos disponibles ofrecen escaso respaldo a una interpretación estrictamente simétrica del fenómeno. Esta asimetría es coherente con la literatura comparada sobre pernicious polarization (McCoy y Somer, 2019), según la cual los procesos de degradación democrática suelen asociarse con estrategias activamente polarizadoras de actores específicos, más que a una intensificación homogénea y equilibrada del antagonismo entre bloques.

| Conclusiones, limitaciones y nivel de confianza |

El presente trabajo ha analizado la evolución de la polarización afectiva en España entre 2020 y 2025, articulando tres niveles de análisis complementarios: la intensidad temporal del fenómeno, su estructuración ideológica y la transformación de los temas capaces de activar dinámicas de confrontación afectiva. Los principales resultados permiten sintetizar cuatro conclusiones principales.

Primera: la percepción de división social ha experimentado una intensificación sostenida en el periodo analizado. La proporción de población que percibe a España como “muy” o “bastante” dividida muestra una tendencia ascendente consistente, aunque modulada por oscilaciones coyunturales asociadas a episodios excepcionales capaces de activar temporalmente marcos de cohesión colectiva, como ocurrió con la respuesta a la DANA de 2024.

Segunda: el eje izquierda-derecha conserva su centralidad como principal organizador estructural del campo político español, configurando una polarización afectiva característicamente bipolar en la que las lealtades a partidos concretos se subordinan a identidades de bloque más amplias.

Tercera: los resultados ponen de manifiesto una asimetría significativa tanto en la atribución de responsabilidad sobre la polarización como en el grado de clausura de las redes de afinidad política, con un epicentro que, con las cautelas señaladas en el apartado de limitaciones, los datos disponibles sitúan en el electorado de la derecha radical.

Cuarta: el análisis evidencia una reconfiguración de los temas que activan la polarización afectiva, con un desplazamiento progresivo de centralidad del feminismo hacia la migración como principal eje de confrontación política y emocional, sin que ello implique la sustitución del primero por el segundo.

La principal aportación de este trabajo a la sociología política española consiste en mostrar que la polarización afectiva no puede entenderse como un fenómeno estático o un mero efecto automático de la distancia ideológica, sino como un proceso dinámico, temáticamente activado y estratégicamente producido. La transición observada del feminismo a la migración como núcleos dominantes de activación afectiva no es ideológicamente neutra: racializa el conflicto político, articula nuevas líneas de exclusión interseccional y reconfigura las condiciones simbólicas en las que se desarrollan los procesos contemporáneos de movilización, pertenencia y debate público. Desde esta perspectiva, el estudio de la polarización afectiva exige no limitarse a sus dimensiones emocionales o cognitivas, sino incorporar también una reflexión sobre los procesos de producción simbólica del antagonismo, los actores que se benefician de determinados marcos divisivos y las jerarquías de pertenencia legítima que dichos marcos reproducen.

Limitaciones

El estudio presenta algunas limitaciones que conviene explicitar para delimitar adecuadamente el alcance analítico de las inferencias realizadas. En primer lugar, las fuentes empleadas exhiben una heterogeneidad metodológica relevante, tanto en términos de tamaño muestral (CEMOP n≈1.200; CIS n=3.928; More in Common España n=2.508), como en los modos de administración utilizados (CATI vs. CAWI) y en la formulación de los ítems incorporados en cada operación demoscópica. Esta diversidad metodológica limita la posibilidad de construir series estrictamente homogéneas y obliga a interpretar los resultados como evidencias convergentes procedentes de distintas fuentes, más que como una secuencia longitudinal plenamente comparable.

En segundo lugar, el diseño descriptivo-interpretativo no permite estimar relaciones causales en sentido estricto. En consecuencia, cuando se afirma que la migración funciona como activador de polarización afectiva, debe entenderse como una inferencia sociológicamente plausible a partir de patrones convergentes procedentes de distintas fuentes, más que como una relación causal empíricamente establecida.

En tercer lugar, las fuentes utilizadas no incluyen indicadores robustos de la dimensión más estrictamente afectiva del fenómeno -termómetros de sentimientos hacia partidos y candidatos, escalas de distancia social- en todas las oleadas, lo que ha obligado a recurrir a indicadores indirectos, tales como la atribución de responsabilidad sobre la polarización, percepción de división social o la composición de las redes de afinidad política, que permiten aproximarse a la dimensión afectiva del fenómeno, aunque de modo necesariamente parcial.

En cuarto lugar, la incorporación de la perspectiva interseccional es predominantemente analítica e interpretativa, dado que las fuentes secundarias disponibles no permiten realizar análisis estratificados con la profundidad requerida para una explotación plenamente interseccional rigurosa de los datos. Esta limitación abre, no obstante, una línea de investigación futura: el diseño de estudios específicos que permitan examinar de forma articulada cómo género, clase, etnia y territorio modulan la experiencia y la producción de polarización afectiva en el contexto español, atendiendo en particular a los efectos diferenciales sobre poblaciones racializadas y feminizadas.

En quinto y último lugar, el estudio se circunscribe al caso español, lo que limita la generalización comparada de sus resultados. Futuras investigaciones podrían explorar hasta qué punto el desplazamiento temático desde el feminismo hacia la migración como principal eje activador de la polarización afectiva opera en otros sistemas multipartidistas del sur de Europa caracterizados por dinámicas similares de fragmentación política y conflicto cultural.

Nivel de confianza

La valoración del nivel de confianza de las inferencias presentadas debe distinguir entre los diferentes planos analíticos desarrollados a lo largo del estudio. No todas las conclusiones alcanzan el mismo grado de solidez empírica. En primer lugar, la conclusión sobre la intensificación sostenida de la polarización percibida y la centralidad estructural del eje izquierda-derecha presenta un nivel de confianza alto, dado que se sustenta en evidencias convergentes procedentes de diversas fuentes elaboradas mediante metodologías distintas, lo que refuerza la consistencia de los resultados obtenidos. La inferencia relativa a la existencia de una asimetría en la atribución de responsabilidad y en el grado de clausura de las redes de afinidad política presenta un nivel de confianza menor, en la medida en que se basa principalmente en una única fuente, -el Atlas de la Polarización de More in Common España (2025)- cuyos datos resultan coherentes con los resultados previamente documentados por la literatura comparada.

En tercer lugar, la proposición sobre el desplazamiento de centralidad desde el feminismo hacia la migración como principal eje de activación de la polarización afectiva cuenta con un nivel de confianza medio, porque, aunque convergen indicadores cognitivos sobre la centralidad migratoria y datos sobre el posicionamiento ideológico diferencial, no se dispone de series longitudinales plenamente homogéneas que permitan medir de manera directa y continuada la intensidad afectiva específica para cada tema.

Finalmente, la interpretación sobre la racialización del conflicto y sus implicaciones interseccionales constituye una elaboración teórico-analítica sustentada en la literatura especializada y apoyada indirectamente en los datos disponibles. En consecuencia, estas interpretaciones deberían ser sometidas a contraste empírico posterior con instrumentos diseñados específicamente para ello.

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| Notas biográficas |

Esther Clavero Mira (Autor de contacto). Doctora en Sociología por la Universidad de Murcia (2022) y profesora del Departamento de Sociología de la misma universidad. Su investigación se centra en la polarización afectiva en sistemas multipartidistas, la participación ciudadana institucionalizada y el análisis interseccional de las desigualdades de género. Es investigadora del Centro de Estudios Murciano de Opinión Pública (CEMOP), responsable de la Encuesta Nacional de Polarización Política, y del Observatorio de la Exclusión Social de la Universidad de Murcia, e integra el Grupo de Transferencia «Estudios Sociológicos» y el grupo de investigación CRITERI de la Universidad de Alicante. Es Vocal del Comité de Sociología Política de la Federación Española de Sociología y miembro de la red internacional ALICE. Ha participado como investigadora en el proyecto del Plan Estatal PID2022-141305OB-I00 y en el proyecto Séneca POLARIZA (21876/PI/22), y publica habitualmente en obras colectivas y revistas indexadas.

Juan José García Escribano. Doctor en Sociología y Premio Extraordinario (UM). Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (UCM). Profesor Titular de Sociología en la UM. Ha sido Secretario (1998-2003) y Director (2004-2006) del Departamento de Sociología; Secretario de la Facultad de Trabajo Social de la UM (2012-2014) y Coordinador del Programa de Doctorado “Sociedad, Desarrollo y Relaciones Laborales” de la EIDUM (2018-2024). Desde 2008 es co-IP del Grupo Especial de Investigación CEMOP (Centro de Estudios Murciano de Opinión Pública) de la UM. Desde 2023 es Coordinador del Grupo de Transferencia “Estudios Sociológicos” de la UM. Ha participado como IP o Investigador en más de sesenta investigaciones y es autor de más de cien publicaciones.

Carolina Lorenzo Álvarez. Profesora Ayudante Doctora en el Departamento de Sociología II de la Universidad de Alicante. Doctora en Comunicación, con calificación Sobresaliente Cum Laude, y licenciada en Sociología por la misma universidad. Forma parte del IUIEG, el IUESAL, el grupo CRITERI, ITECDEI, la red DIM-EDU, la Cátedra UNESCO de Educación, Investigación e Inclusión Digital, la Federación Española de Sociología, la Asociación Valenciana de Sociología y AMIT. Entre 2023 y 2025 fue técnica de investigación en el proyecto MEEBAI, centrado en educación consciente de las emociones basada en inteligencia artificial. Ha desarrollado una trayectoria docente e investigadora en universidades e instituciones públicas y privadas, combinada con más de veinte años de experiencia en estudios sociales y comerciales. Su producción académica incluye artículos, comunicaciones y capítulos en editoriales de prestigio. Sus líneas de investigación abordan género, corrupción, polarización política, inteligencia artificial en educación, innovación docente y desigualdad social.

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Recibido / Received: 18/05/2026
Aceptado / Accepted: 30/06/2026