La geopolítica del Ártico: de la cooperación a la competición

Arctic geopolitics: from cooperation to competition

Pedro Francisco Ramos Josa
Universidad Internacional de Valencia

Recibido: 10/04/2026 · Aceptado: 08/05/2026

Resumen

El océano Ártico, tradicionalmente una zona de paz, experimenta una transición del excepcionalismo a la competición estratégica entre grandes potencias. El calentamiento global, que avanza cuatro veces más rápido en la región, está eliminando la barrera de hielo, prometiendo el acceso a rutas comerciales y a ingentes recursos energéticos y minerales. Nuevos actores como China se autodefinen como Estados cerca del Ártico, mientras Rusia y la OTAN refuerzan su presencia militar. La gobernanza actual, centrada en el Consejo Ártico y la UNCLOS, enfrenta una parálisis diplomática tras la invasión de Ucrania, convirtiendo la región en un escenario crítico de disputa entre potencias.

Palabras clave
Ártico, cambio climático, poblaciones indígenas, competición estratégica y rutas comerciales.

Abstract

The Arctic Ocean, traditionally a zone of peace, is experiencing a transition from exceptionalism to strategic competition between great powers. Global warming, which is advancing up to four times faster in the region than the global average, is removing the ice barrier, promising access to new trade routes and vast energy and mineral resources. New actors like China self-define as Near-Arctic States, while Russia and NATO reinforce their military presence. Current governance, centered on the Arctic Council and UNCLOS, faces diplomatic paralysis following the invasion of Ukraine, turning the region into a critical stage of dispute between powers.

Keywords
Arctic, climate change, indigenous populations, strategic competition, and trade routes.

Cómo citar: Ramos Josa, P. F. (2026). La geopolítica del Ártico: de la cooperación a la competición. Orden Internacional, Revista de Estudios Internacionales, 2, e185. https://doi.org/10.33732/roi.185

Introducción

Aunque en la actualidad el océano Ártico acapara la atención mundial, tradicionalmente se le ha considerado una frontera remota, una zona de paz donde prevalecía la cooperación funcional por encima de las tensiones geopolíticas, de ahí que pudiera hablarse del excepcionalismo ártico (Romero, 2023).

Pero los cambios climáticos de las últimas décadas nos obligan a reconsiderar esa estabilidad tan inusual. Mientras el calentamiento global afecta al Ártico entre tres y cuatro veces más rápido que el promedio mundial, su deshielo a gran escala no sólo promete abrir nuevas rutas comerciales, sino explotar sus ingentes recursos energéticos y minerales, estimados en un 13% de las reservas mundiales de petróleo y un 30% de las de gas, además del 9% del carbón e importantes depósitos de oro, diamantes y uranio (Arimateia, 2025).

La posible apertura de nuevas rutas como la Marítima del Norte o el Paso del Noroeste permitirá reducir en un tercio los costes y el tiempo del comercio mundial, repercutiendo así en las cadenas globales de suministro. Por esa razón China, un país que no comparte frontera con el Ártico, se ha interesado tanto por él hasta el punto de autodefinirse con un nuevo estatus, Estado cerca del Ártico, lanzar su particular Ruta de la Seda Polar y apoyarse en una estrategia de diplomacia científica para así promover sus intereses en la región (Lamazhapova, 2024).

Mientras China pone sus ojos en el Ártico, Rusia refuerza sus bases militares y la OTAN fortalece su presencia en medio de las tensiones producidas por las demandas de Donald Trump sobre Groenlandia. En este ambiente de creciente tensión estratégica, la gobernanza regional, basada en el Consejo Ártico y en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho al Mar (en adelante UNCLOS), parece no ser suficiente para aplacar la conflictividad emergente, menos aún con el aislamiento de Rusia tras su invasión de Ucrania de 2022 (Paya et al., 2025).

Por tanto, el presente análisis tratará de mostrar el carácter multifacético de la nueva geopolítica del Ártico, donde cambios climáticos, intereses comerciales, promesas energéticas y ambiciones políticas se dan la mano para convertir al océano Ártico en un escenario clave de competición entre grandes potencias.

Deshielo y nuevas rutas

Debido a sus características y localización, el Ártico (ver Imagen 1) fue siempre considerado como una barrera impenetrable, inalcanzable para la conquista humana, algo que el deshielo está transformando en un nuevo escenario de competición geopolítica. El calentamiento global está provocando una reducción significativa de la extensión y espesor de la banquista, la capa de hielo flotante, lo que posibilita la apertura de nuevas rutas, así como la explotación de sus riquezas naturales, con impredecibles consecuencias para el equilibrio de poder mundial (Paya et al., 2025).

Imagen 1. Límites de la región Ártica

Imagen 1. Límites de la región Ártica

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rtico#/media/Archivo:Arctic-es.svg

Según el sexto informe de evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático “es muy probable que la influencia humana sea la principal fuerza impulsora del retroceso global de los glaciares desde la década de 1990, así como de la disminución de la superficie de hielos marinos del Ártico” (IPCC, 2021: 5), no sólo eso, además, “es prácticamente seguro que la temperatura del Ártico seguirá aumentando más que la temperatura global en superficie, con un nivel de confianza alto por encima de dos veces el ritmo de calentamiento global” (IPCC, 2021: 16). En consecuencia (ver Imagen 2), las proyecciones del panel indican que “el Ártico esté prácticamente sin hielo marino en septiembre, al menos, una vez antes de 2050” (IPCC, 2021: 17).

Imagen 2. Retroceso de la concentración de hielo en el Ártico

Imagen 2. Retroceso de la concentración de hielo en el Ártico

Fuente: https://science.nasa.gov/earth/earth-observatory/world-of-change/arctic-sea-ice/

Por tanto, las previsiones apuntan a que para mediados de este siglo el Ártico esté libre de hielo durante los veranos, lo que supondrá su transición de un mar blanco a un mar azul navegable (Romero, 2023). En la práctica, esto supondrá que se abrirán nuevos corredores de navegación que tendrán un impacto relevante en el comercio internacional, pudiendo reducir el tiempo y en un tercio los costes de transporte entre Asia Oriental y Europa (Madueño, 2024).

En cuanto a las vías estratégicas principales que podrían utilizarse, destacan las siguientes tres:

• Ruta Marítima del Norte (NSR, ruta rosa en la imagen 3): al discurrir paralela a la costa siberiana, desde el mar de Kara al estrecho de Bering, es controlada mayoritariamente por Rusia, que la considera una ruta nacional estratégica, de ahí que haya aprobado leyes de navegación que limitan el tránsito de buques extranjeros bajo la excusa de proteger su frágil ecosistema. Para Moscú, esta ruta es esencial para reducir su dependencia de Europa y acercar más su desarrollo a Asia, además de potenciar el desarrollo de las zonas interiores de Siberia, hasta el momento mal comunicadas con el resto del país (Romero, 2023). Para China o Japón también es importante puesto que reduce en un 40% la distancia entre los puertos de Rotterdam y Yokohama si lo comparamos con la ruta del Canal de Suez, ahorrando así un 25% de tiempo y otro 40% en costes (Heininen et al., 2020), y si tomamos como referencia el puerto chino de Ningbo en su camino al Reino Unido se pasa de 40 días de ruta a tan sólo 18 y de 21.000 kilómetros a 13.000, siendo incluso más rápida que la vía ferroviaria, de unos 25 días1. Además, de las tres rutas, es la más navegable en la actualidad, y las previsiones apuntan a que pasará de los 49 días al año practicables a los 134 para finales de siglo.

• Paso del Noroeste (NWP, ruta verde en la imagen 3): que atraviesa el archipiélago ártico canadiense y que es causa de una antigua disputa legal, pues mientras Canadá considera que su recorrido discurre por sus aguas interiores, reclamado así la aplicación del artículo 234 de la UNCLOS, otros actores como Estados Unidos valoran que sus estrechos son de naturaleza internacional y por tanto de libre navegación (García, 2025). Es la ruta considerada como más peligrosa para la navegación por su orografía angosta y tener las aguas más restringidas y gélidas (Romero, 2023), a pesar de lo cual el tráfico marítimo por ella aumentó un 500% entre los años 2015 y 2022 (Paya et al., 2025).

• Ruta Transpolar (TSR, ruta azul en la Imagen 3): se trata de una vía potencial por el centro del océano, más allá de las zonas económicas exclusivas (ZEE en adelante), y que, de ese modo, de estar abierta permanentemente hacia el año 2065, restaría importancia estratégica a las rutas y estrechos controlados por Rusia y Canadá, esquivando sus regulaciones y cánones. De hecho, China podría alterar su particular Ruta de la Seda Polar, inicialmente trazada por la NWP, y trasladarla a la Transpolar (Romero, 2023).

Imagen 3. Nuevas rutas en el ártico y su conexión con las rutas globales

Imagen 3. Nuevas rutas en el ártico y su conexión con las rutas globales

Fuente: https://arcticportal.org/shipping-portlet/shipping-routes

La apertura del Ártico y sus rutas convierten al Estrecho de Bering y al GIUK Gap en dos puntos críticos de seguridad, el primero por ser en realidad un cuello de botella estratégico para su salida y entrada al Pacífico, con Estados Unidos y Rusia apostados a ambos extremos; además de albergar una de las cinco áreas de aguas internacionales del Ártico, la conocida como Donut Hole (Dodds y Woon, 2020). Así, para Moscú el estrecho se considera como límite de su propio cinturón ártico de seguridad, parte esencial de su sistema de control técnico y militar de la región, la denominada burbuja A2/AD, que se extiende hasta la península de Kola, bajo la supervisión del Mando Conjunto de la Flota del Norte, con base en Servomorsk (Romero, 2023). Mientras que Washington ve esencial la zona para sus intereses nacionales y por las intenciones rusas de control, y dada su cercanía a las bases militares en Alaska, como la de Elmendorf-Richardson, la concibe como una primera línea de disuasión para sostener los derechos de navegación estadounidenses y la estabilidad en la región ártica ante los cambios físicos y geopolíticos que se están produciendo en ella (Departamento de Defensa, 2024).

Por su parte, el GIUK Gap, al ser la puerta de salida natural del Océano Ártico al Atlántico Norte y el punto final de la TSR, es otro de los puntos esenciales en las nuevas rutas, y uno de los tres únicos puntos de salida o entrada al Ártico junto con el Estrecho de Bering y el de Davis. Comprende las aguas entre Groenlandia, el norte de Escocia y la península escandinava, con Islandia en el punto central de esta ruta (Romero, 2023). Para Rusia, el GIUK Gap es vital para su concepto de Bastión Estratégico al permitirle ejercer la negación del uso del mar en este espacio, con el despliegue de sus submarinos nucleares balísticos como principal elemento de disuasión. En consecuencia, Estados Unidos junto a la OTAN ven el GIUK Gap como un reto estratégico esencial para la defensa de la libertad de navegación en el Atlántico Norte, de hecho, para los aliados occidentales el GIUK Gap forma parte de lo que denominan High North, o Ártico Europeo, habiendo establecido en Norfolk recientemente el Mando de la Fuerza Conjunta con la misión de defender los intereses aliados en este corredor.

Mucho más que rutas

La apertura de nuevas rutas es sólo una de las caras del proceso evolutivo del Ártico, la otra, denominada la Paradoja Ártica, estipula que el calentamiento global hará más sencillo el acceso a grandes reservas de recursos naturales cuya extracción y explotación alimentará asimismo el cambio climático a nivel global (Arimateia, 2025).

El deshielo del Ártico está provocando una nueva fiebre del oro en esta versión polar de El Dorado del siglo XXI, donde las diferentes potencias se encuentran ante una contradicción discursiva, por un lado, está la necesidad de protección ambiental, pero por otra la oportunidad de acceder a sus recursos. Así, mientras el Consejo Ártico habla de sostenibilidad y los gobiernos de los Estados del Ártico repiten el mantra de la sostenibilidad, lo cierto es que la explotación turística e industrial de la zona chocará con los intereses de las poblaciones nativas y la protección del medio ambiente (Madueño, 2024, ver Imagen 4). De hecho, las tensiones entre estas pretensiones, que podemos denominar como soberanistas, y la concepción internacionalista de quienes, como China o la Unión Europea (en adelante UE), abogan por considerar la zona como una especie de patrimonio común, han convertido al Ártico en uno de los puntos de fricción más tensos en el escenario mundial actual (Lamazhapova, 2024).

Imagen 4. Reclamaciones territoriales en el Ártico

Imagen 4. Reclamaciones territoriales en el Ártico

Fuente: https://www.reddit.com/r/MapPorn/comments/husn25/arctic_territorial_claims/

Así pues, las materias primas ubicadas en el Ártico son otro de los factores vitales que impulsan a la región al centro de la competición estratégica global, y para entenderlo nada mejor que empezar por los hidrocarburos, pues las estimaciones hablan del 22% de los hidrocarburos no descubiertos y técnicamente recuperables en el mundo, en concreto, hablamos del 13% del petróleo y del 30% del gas natural (Bouffard et al., 2024).

Al respecto, como se ve en la Imagen 5, Rusia se presenta como el actor dominante en este ámbito, puesto que el 80% de estas reservas se encontrarían en zonas de su soberanía o bien en áreas dentro de sus reclamaciones territoriales (Romero, 2023). De hecho, en la actualidad el Ártico ya genera el 20% del Producto Interior Bruto (en adelante PIB) ruso, si bien debido a las sanciones occidentales por su invasión de Ucrania, Moscú ha debido recurrir a Pekín para financiar las infraestructuras de sus proyectos (García, 2025).

Imagen 5. Recursos en el Ártico

Imagen 5. Recursos en el Ártico

Fuente: https://nordregio.org/maps/resources-in-the-arctic-2019/

Pero además de gas y petróleo, el Ártico esconde grandes yacimientos de minerales críticos y tierras raras de gran relevancia estratégica para la tecnología de última generación y la transición energética como oro, diamantes, platino, níquel, hierro o uranio (Romero, 2023 y García, 2025).

Al respecto, Groenlandia es considerada como una de las mayores reservas mundiales de tierras raras, con estimaciones que las elevan a un 25% del total mundial, siendo esenciales en la fabricación de teléfonos inteligentes, vehículos eléctricos y sistemas de armamento avanzado (García, 2025). Un potencial mineral que sin duda ha motivado las presiones de la Administración Trump por hacerse con la isla, sin olvidar la plataforma que le otorgaría para futuras reclamaciones sobre el Ártico y con ello la denegación de acceso a otras potencias interesadas como China, con proyectos mineros como el de Kvanefjeld.

Por último, cabe destacar el aumento de recursos pesqueros en la región provocado por el calentamiento de las aguas y el subsiguiente desplazamiento de bancos de peces a latitudes más septentrionales (Romero, 2023), y si bien en la actualidad las capturas en el Ártico sólo ascienden al 4% del total mundial, las previsiones apuntan a un gran crecimiento a medida que más especies de aguas templadas se trasladen al norte. Esta evolución impulsó en 2028 la firma del Acuerdo para Prevenir la Pesca no Regulada en el Océano Ártico Central, un compromiso para prohibir la pesca comercial en aguas internacionales durante al menos 16 años con el objetivo de impulsar la investigación científica y la gestión sostenible (Bouffard et al., 2024). Estos caladeros serán esenciales para países como China, cuya seguridad alimentaria no está consolidada, de ahí que la pesca sea otro motor de posible conflicto en la región.

En todo caso, no podemos olvidar el impacto que estos cambios están produciendo sobre las poblaciones indígenas y locales del Ártico (unos 4 millones de personas, de los cuales 500.000 son indígenas). En cuanto a sus medios de vida tradicionales y su seguridad alimentaria, la reducción de la banquista y la alteración de rutas migratorias les obligan a recorrer cada vez distancias mayores y más peligrosas para conseguir alimento, además de que su almacenamiento tradicional se ha visto comprometido por el deshielo, perdiendo así ese conocimiento ancestral tan afectado por el carácter impredecible de los últimos cambios (Paya et al., 2025). Si pensamos en su salud, la caída en los niveles de permafrost libera sustancias perjudiciales como mercurio y contaminantes orgánicos persistentes, puede provocar la llegada de enfermedades y parásitos desconocidos en la región hasta el momento y tiene un impacto real en el aumento de las tasas de suicidio provocado por el estrés que genera esta transformación (Heininen et al., 2020). Por último, la población ártica se considera ambientalmente amenazada no sólo por el aumento del nivel mar, sino por el creciente interés en la región, cuyos proyectos de explotación pueden desplazarles, incluso si se tratan de energía renovable, como ha sucedido con los parques eólicos en tierras Saami, o incluso pueden ser instrumentalizados a través de un neocolonialismo de asentamiento que justifique la presencia soberana de determinados Estados frente a las pretensiones de terceros, para luego ser “expulsados, aculturados o sometidos por sus propios estados” (Madueño, 2024: 28).

La arquitectura de gobernanza en el Ártico

La actual relevancia del Ártico nos obliga a analizar su arquitectura de gobernanza, un entramado complejo de organismos, acuerdos y difíciles equilibrios de poder entre sus principales actores. Los primeros intentos por institucionalizar su gobernanza datan de 1993, cuando se produjo la primera reunión de Parlamentarios de la Región Ártica en Reykjavik y la firma de un Documento Final respaldado por las organizaciones de los pueblos indígenas árticos (Heininen et al, 2020).

Tres años más tarde, con la Declaración de Ottawa de 1996, los ocho Estados Árticos establecieron el Consejo Ártico como foro de cooperación multilateral en la región, sobre todo para cuestiones medioambientales, si bien los primeros acuerdos ya se habían producido bajo los auspicios de la Estrategia Ártica de Protección Medioambiental de 1991 con cuatro declaraciones conjuntas (la primera en Rovaniemi, y la última de 1997 en Alta). La presidencia del Consejo Ártico es rotativa y tiene una duración bianual, debiendo presentar cada país en la presidencia una agenda programática al inicio de su mandato y acabando con una reunión ministerial en la que se proyecta de forma consensuada la siguiente propuesta, si bien en la última reunión, la de Rovaniemi de 2019, por primera vez no se pudo llegar a un acuerdo por diferencias respecto al cambio climático (Heininen et al., 2020). A continuación, Imagen 6, se muestra un esquema de la gobernanza del Ártico.

Imagen 6. La arquitectura de gobernanza en el Ártico

Imagen 6. La arquitectura de gobernanza en el Ártico

Fuente: elaboración propia.

Respecto al Consejo Ártico, en la Imagen 7 podemos observar su composición:

Imagen 7. Composición del Consejo Ártico

Imagen 7. Composición del Consejo Ártico

Fuente: elaboración propia.

Cabe destacar que en la categoría de Observadores no sólo hay Estados, también se encuentran 13 organizaciones intergubernamentales e interparlamentarias, entre ellas el Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES), la Organización Marítima Internacional (IMO), la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (UNDP) o el Consejo Nórdico Occidental (WNC); además de 12 organizaciones no gubernamentales (en adelante ONGs) como el Instituto Ártico de Norte América (AINA), la Unión de Conservación Circumpolar (CCU), el Grupo de Trabajo Internacional para Asuntos Indígenas (IWGIA), la Universidad del Ártico (UArctic) o el Programa Ártico del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF)2. El Consejo Ártico es el encargado de aprobar la inclusión de cualquier actor como observador tras tener que cumplir con una serie de requisitos y tener restringidos sus derechos dentro del Consejo, cuyas decisiones competen en exclusiva a los ocho Estados Árticos con la concurrencia de los Participantes Permanentes. En cuanto a los criterios para participar como observador podemos destacar los siguientes (Heininen et al., 2020):

• Aceptar y apoyar los objetivos del Consejo Ártico.

• Reconocer la soberanía, los derechos y la jurisdicción de los Estados Árticos en la región.

• Reconocer que un marco legal extensivo se aplica al Océano Ártico, destacando el Derecho del Mar (en particular la UNCLOS).

• Respetar los valores, intereses, cultura y tradiciones de los pueblos indígenas del Ártico y a otros habitantes de la región.

En todo caso, el Consejo Ártico es una institución que podemos considerar de ley blanda, por cuanto excluye explícitamente las cuestiones de seguridad militar de su agenda, habiéndose centrado tradicionalmente en el ámbito medioambiental y más recientemente en asuntos relaticos a intereses económicos y comerciales (Romero, 2023). Siendo esta precisamente una de las claves de su éxito, la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 ha llevado a la parálisis al Consejo Ártico, puesto que el resto de miembros se han negado a participar en reuniones que cuenten con la presencia de Moscú, coincidiendo con el periodo en que Rusia ostentaba su presidencia. Aunque el Consejo Ártico sólo ha enfriado sus actividades y no ha desaparecido, su futuro sigue siendo incierto y ha vuelto a centrar su labor en cuestiones medioambientales y de investigación científica3, principalmente a través de grupos de trabajo como el AMAP (sobre niveles de contaminación), el CAFF (sobre la protección de la biodiversidad) o el PAME (para la gestión del entorno marino y la seguridad en la navegación; Heininen et al., 2020).

Pero el Consejo Ártico es una institución, no es un tratado, como el existente para el Ártico, por lo que su marco legal se define por la UNCLOS, que delimita las respectivas aguas territoriales, las ZEE y las respectivas reclamaciones sobre la plataforma continental extendida (Romero, 2023). Un compromiso que los cinco Estados ribereños del Ártico refrendaron en la Declaración de Ilulissat de 2008, ante las pretensiones de la UE y otros actores por crear un marco jurídico internacional específico para la zona, dejando así claro que no permitirían ninguna injerencia externa en la gobernanza del Ártico (Østhagen, 2019).

Por último, debemos hacer referencia a las subcapas de gobernanza configuradas en primer lugar por los denominados Cinco Árticos (Canadá, Rusia, EEUU, Noruega y Dinamarca), los Estados con costa en el océano y que generan tensiones con el resto de miembros permanentes del Consejo Ártico (Islandia, Finlandia y Suecia) y los pueblos indígenas al temer ser excluidos de las decisiones vitales (Heininen et al., 2020).

Otros organismos y acuerdos internacionales regulan aspectos clave en la región, como sucede con la Organización Mundial del Comercio, la Organización Marítima Internacional, con su Código Polar de 2017, o el Foro Ártico de Guardacostas (Romero, 2023 y Paya et al., 2025). Sin olvidarnos de la existencia de acuerdos vinculantes impulsados por el Consejo Ártico como el relativo a la Búsqueda y Rescate de 2011, el de Preparación y Respuesta ante Vertidos de Petróleo de 2013 o el de Cooperación Científica de 2017.

En todo caso, y dada la creciente competición estratégica en la región, habrá que comprobar los efectos de la desinstitucionalización que sufre el Consejo Ártico, cuya involución añade aún más incertidumbre a su futuro, bajo la sombra de una creciente militarización y un mayor cuestionamiento de su actual arquitectura de gobernanza. Como la propia UE reconoce, “la región ha entrado en un nuevo contexto geopolítico, con la interrupción de los foros tradicionales de diálogo y el aumento de las actividades híbridas y militares, lo que está transformando el panorama de seguridad del Ártico y de Europa”4.

Geopolítica y seguridad en el Ártico

Para la geopolítica clásica, el Ártico tenía una importancia limitada debido a su inaccesibilidad, pero con funciones estratégicas evidentes. A. Mahan, que centró sus estudios en el poder marítimo y el control de las rutas comerciales, apenas se ocupó del Ártico al ser entonces un mar puramente helado, y por tanto, funcionaba más bien como una barrera. Si bien podemos aplicar sus teorías al contexto actual, donde el Ártico pasaría a ser un punto de conexión estratégica, cuyos pasos comerciales resultarán esenciales para las potencias dominantes del sistema internacional (Madueño, 2023).

De forma similar a Mahan, H. Mackinder consideraba al Ártico como una barrera defensiva natural, sobre todo para Rusia, a la que concedía el papel de Estado pivote que se beneficiaba del aislamiento y seguridad que le proporcionaban las aguas congeladas del norte, manteniendo así protegido el heartland de invasiones de rivales como Gran Bretaña. Si bien, junto a K. Hausofer, Mackinder anticipó la importancia del Ártico en términos de recursos naturales, que se podían combinar con los ríos siberianos que desembocaban en la zona (Romero, 2023).

Quien sí pronosticó la trascendencia que podría tener el Ártico fue N. Spykman, quien lo designaba como un Mediterráneo polar, ya que, a pesar de sus condiciones inhóspitas, la humanidad sin duda que dirigiría su atención a sus riquezas y a su potencial como eje de comunicaciones (Madueño, 2023). Por su parte, A. Seversky describió el Polo Norte como un área de decisión al solaparse los radios de acción de las dos grandes superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética. Al ser el camino más corto y directo para un enfrentamiento entre ambas, el Ártico, lejos de ser una barrera, era en realidad un puente de ataque, uniendo así el tradicional heartland de Mackinder a Norteamérica. Si bien Seversky, a diferencia de otros teóricos, no centró tanto en el poder naval como en el aéreo y sus implicaciones para la vulnerabilidad rusa desde su frontera norte. (Madueño, 2023).

Todas estas teorías han regresado con fuerza tras el fin del excepcionalismo ártico con la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, al haberse convertido en una zona de competición más entre grandes potencias. El nuevo expansionismo soviético ha fracturado la gobernabilidad de la región al suspenderse la participación del resto de integrantes del Consejo Ártico, y lo que es más grave, la noción del Ártico como santuario seguro ha desaparecido por completo para convertirse en centro de las preocupaciones aliadas (Bouffard et al., 2024).

Así, el Kremlin, en la última actualización de su estrategia para el Ártico aprobada en marzo de 2020 y que se extiende hasta 2035, identifica seis intereses nacionales en juego en la región, lo que supuso añadir dos nuevos respecto a la anterior estrategia de 2008, tal y como se muestra en la siguiente tabla (los dos nuevos se muestran en primer lugar en la Tabla 1) junto con siete grandes desafíos (Tabla 2).

Tabla 1. Principales intereses de la Federación de Rusia en el Ártico

Asegurar la soberanía e integridad territorial rusa

Garantizar altos niveles de vida y prosperidad para los habitantes de la zona ártica rusa

Preservar el Ártico como un territorio mundial, con asociaciones estables y mutuamente beneficiosas

El desarrollo del Ártico Ruso como una fuente estratégica de recursos y su uso racional para acelerar el crecimiento económico nacional

Desarrollar la NSR como una línea nacional de transporte competitiva de la Federación de Rusia en el mercado global

Proteger el medioambiente ártico, el hogar primordial, y el estilo de vida tradicional de las minorías indígenas de la Rusia Ártica

Fuente: Meade, 2020.

Tabla 2. Principales amenazas identificas por la Federación de Rusia en el Ártico

Retroceso poblacional en la zona de la Rusia Ártica

Pobre desarrollo de infraestructuras sociales, de transportes, información y comunicaciones en el territorio ártico

Ritmo lento de los estudios geológicos relacionados con minerales y materias primas en el Ártico ruso

Sistema de apoyo estatal insuficiente para el desarrollo económico en el Ártico ruso

Incumplimiento de los plazos establecidos para los proyectos de infraestructura de la Ruta Marítima del Norte, la construcción de rompehielos y la flota de rescate y apoyo de emergencia

Lentitud en el desarrollo de medios de transporte terrestre y equipos de aviación para operar en condiciones climáticas árticas

Falta de preparación de los sistemas de monitoreo ambiental en el Ártico ruso para los desafíos ecológicos

Fuente: Meade, 2020.

Como indica Meade “la creciente militarización del Ártico por parte de Rusia, junto con la creciente proyección de poder de Estados Unidos en la región, podría generar conflictos de intereses en materia de seguridad nacional y enfrentamientos en un futuro próximo” (2020: 6). La preocupación rusa por el Ártico es lógica si tenemos en cuenta que siete de los ocho Estados árticos son aliados de la OTAN, por lo que la Alianza Atlántica tiene un gran interés en preservar la seguridad, integridad y cooperación en la zona.

El Ártico, esencial en el eje Norteamérica-Europa, es un escenario vital para la disuasión y defensa aliada teniendo en cuenta la creciente cooperación entre Moscú y Pekín. De ahí que la OTAN haya lanzado en febrero de 2026 la iniciativa Arctic Sentry como una actividad militar multidominio para fortalecer su cooperación en la región ártica, con sede en el Mando Conjunto de Fuerzas de Norfolk. Además, en octubre de 2025 se inauguró el Centro Combinado de Operaciones Aéreas en Bodø, Noruega, que sostiene las acciones de vigilancia sobre las regiones nórdica, ártica, el mar Báltico y el mar de Barents; sin olvidar que la OTAN ayuda a Islandia en funciones de patrullaje aéreo desde el año 2008. En cuanto a sus capacidades multidomino, estas incluyen capacidades de inteligencia, vigilancia y reconocimiento; espaciales con el proyecto de satélites NORTHLINK Arctic; capacidades marítimas con el desarrollo de rompehielos; sistemas no tripulados, aéreos y marítimos; así como otros equipos tripulados que puedan operar en condiciones de frío extremo5.

En todo caso, la creciente volatilidad regional ha provocado tensiones entre los aliados. El repentino interés de la Administración Trump por hacerse territorialmente con Groenlandia despertó el rechazo de sus socios europeos que vieron cómo el enfoque centrado en el cambio climático y la competición con rusos y chinos de su antecesor era sustituido por el simple y puro interés vital de Estados Unidos. Una narrativa de soberanía nacional que también defiende Canadá con su lema “nada sobre nosotros sin nosotros”, pero que tiene también una dimensión aliada de cooperación con la OTAN y el Comando de Defensa Aeroespacial de Norteamérica (en adelante NORAD). Una cooperación que se ha visto reforzada tras el ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN, y los cambios de perspectiva en Noruega, Islandia y Dinamarca hacia un mayor énfasis en la seguridad del High North (Bouffard et al., 2024).

En cuanto a China, cuya aspiración es convertirse en una Gran Potencia Polar a pesar de su distancia geográfica, se autodefine como Estado cerca del Ártico con la finalidad de participar activamente en la gobernanza regional y así ver protegidos sus intereses nacionales (Østhagen, 2019). En cuanto a estos últimos, se centran en cuestiones económicas y de recursos (con el objetivo de lograr acceso a los yacimientos de hidrocarburos y minerales críticos que atesora el Ártico, de ahí su participación en el proyecto ruso Yamal LNG y su interés por las tierras raras de Groenlandia; Madueño, 2023); de seguridad y defensa (dado el creciente interés de la OTAN por la región que es visto por Pekín como un nuevo movimiento a favor de la hegemonía estadounidense; Bouffard et al., 2024); comerciales (diversificando sus rutas comerciales con el desarrollo de la Ruta de la Seda Polar a través de la NSR y el NWP para así evitar puntos críticos como el estrecho de Malaca o los canales de Suez y Panamá; Romero, 2023); y geopolíticos (al promover la idea de que el Ártico es patrimonio de la humanidad, Pekín estaría buscando una participación activa en su ordenamiento, si bien no descarta la vía rusa al aumentar la cooperación con Moscú en la zona a cambio de capital y tecnología, sin olvidar su empleo de la diplomacia científica para normalizar su presencia en la zona; Østhagen, 2019).

De todos modos, la estrategia china se ve afectada por su distancia geográfica al Ártico (de ahí sus estatus de observador en el Consejo Ártico), por lo que su perfil bajo y su constante reivindicación de la UNCLOS como marco para garantizar la libertad de navegación en la zona sean consecuentes con sus temores a ser excluida de las decisiones vitales sobre su gobernanza (Lamazhapova, 2024).

Por último, la UE ha sufrido la misma evolución que el resto de actores, pues de un enfoque básicamente medioambiental (como se desprendía de su Política Ártica de 2021) ha pasado a otro más preocupado por la seguridad de sus miembros, tres de los cuales son Estados Árticos (Finlandia, Suecia y Dinamarca) y seis son observadores del Consejo Ártico (un cambio de postura que queda reflejado en la actualización de 2026 con un mayor énfasis en la seguridad, la defensa y la conectividad)6. Es más, la propia UE ha buscado sin éxito en la última década su entrada como observador del Consejo Ártico, pero diferencias con Canadá primero y con Rusia después lo han impedido (Dodds y Woon, 2020). Tampoco su postura medioambiental ha favorecido sus intereses, pues su Comunicación Conjunta de 2021, que abogaba por una moratoria de hidrocarburos al impedir la explotación de nuevos yacimientos en el Ártico, despertó la hostilidad de Rusia y Noruega (Bouffard et al., 2024). Al igual que China, la UE reafirma la necesidad de la cooperación multilateral como marco básico de gobernanza para el Ártico dada su fuerza marítima y comercial, además de ser la principal donante en proyectos de investigación como el programa Horizonte 2000, que, de nuevo como China, explota su diplomacia científica como instrumento de legitimación para la internacionalización de la gobernanza del Ártico (Romero, 2023).

Como se comprueba, el Ártico, lejos de ser una zona periférica se ha convertido en una región en disputa donde la apertura de rutas y la explotación de recursos pueden provocar el enfrentamiento entre actores con intereses contrapuestos.

Conclusiones

No cabe duda ya de que el Ártico se ha convertido en un campo de batalla más en la competición estratégica del siglo XXI. Las constantes denuncias sobre las intenciones reales de los programas científicos chinos, o los habituales choques entre escuadrones rusos y el NORAD en Alaska son sólo una prueba más de la creciente importancia del Ártico en los cálculos estratégicos de las principales capitales del mundo.

Podemos afirmar, por tanto, que cuanto sucede en el Ártico es fiel reflejo de la actual coyuntura internacional, caracterizada por el declive de un mundo basado en normas y el auge de la defensa a ultranza del interés nacional, lo que está impulsado un reequilibrio mundial a lomos de otros vectores esenciales como el cambio climático o el desarrollo tecnológico.

En el Ártico, como en el resto del mundo, las viejas certezas desaparecen para dar paso a nuevas realidades de contorno difuso. Ni siquiera las grandes alianzas son capaces de resistir esta era de cambios, como bien ha podido comprobar la UE con Estados Unidos, cuya Administración Trump impulsó de forma repentina la anexión de Groenlandia sin tener en demasiada consideración ni los intereses daneses ni del pueblo groenlandés, obligando a varios países europeos, entre ellos Francia y Alemania, a reforzar su presencia militar en la isla para aplacar las demandas provenientes de Washington, añadiendo así una nueva fuente de tensión dentro de la Alianza Atlántica7.

Por tanto, se puede concebir al Ártico como una especie de barómetro donde medir la posible evolución no sólo de las relaciones internacionales, sino del devenir mundial en su conjunto. En efecto, en el Ártico presenciamos las consecuencias del cambio climático en todo tipo de áreas, no únicamente en la medioambiental, también en la comercial, en la relativa a la seguridad, en la científica y tecnológica e incluso en la dimensión humana. Todas ellas íntimamente relacionadas entre sí en un precario equilibrio que convierte el cálculo político en una ciencia compleja e inexacta.

Las decisiones que se tomen respecto al Ártico repercutirán en el resto del mundo y su reciente evolución no invita al optimismo. Una creciente securitización de la zona puede hacer fracasar las expectativas de su apertura comercial y de explotación conjunta de sus recursos, aumentando así los puntos de conflicto entre grandes potencias. La agudización de los efectos del cambio climático afectará de forma negativa a sus habitantes, cuyas demandas tendrán que competir con unos intereses nacionales no siempre atentos a sus necesidades. El desarrollo tecnológico puede verse comprometido si no es compatible con la seguridad medioambiental de la región, pues no sólo se trata de explotar sus recursos, sino de hacerlo de tal forma que no perjudique a su ecosistema.

Así pues, en la actualidad el Ártico se enfrenta a los mismos dilemas que otras muchas regiones, la cooperación convive con la competencia sin que de momento la balanza se decante por ninguna de las dos. Quizás el futuro sea de ese modo, una mezcla inestable de colaboración y conflicto en ausencia de una autoridad central que imponga cierto orden. Bajo la parálisis del Consejo Ártico y la presión de actores fuera de área como China, el Ártico podrá mantener una colaboración débil en materias blandas como las medioambientales y científicas, pero en las duras, en las relativas a la soberanía e intereses nacionales, las consideraciones de seguridad se impondrán a los acuerdos, convirtiendo el conflicto en una posibilidad real para una zona que no hace mucho se consideraba segura.

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1 Información obtenida en: https://japannews.yomiuri.co.jp/world/asia-pacific/20251016-286873/

2 Información obtenida en: https://arctic-council.org/about/observers/

3 Información obtenida en: https://www.thearcticinstitute.org/shifting-ice-russian-invasion-ukraine-arctic-circle-governance-arctic-councils-path-forward/

4 Obtenido en: https://www.eeas.europa.eu/eeas/eu-arctic_en#10606

5 Información obtenida en: https://www.nato.int/en/what-we-do/deterrence-and-defence/arctic-security

6 Información obtenida en: https://www.eeas.europa.eu/eeas/eu-arctic_en#10606

7 Información obtenida en: https://www.bbc.com/mundo/articles/cvgr0nr12vqo