La arquitectura del pensamiento militar ruso-soviético (siglos XIX-XXI): continuidad metodológica, sedimentación conceptual y proyección hacia el futuro
The architecture of Russian-Soviet military thought (19th–21st centuries): methodological continuity, conceptual consolidation and future prospects
Aitor Saíz Lasheras
Universidad País Vasco
Recibido: 08/04/2026 · Aceptado: 17/05/2026
Resumen
Este artículo ofrece un marco interpretativo de la arquitectura del pensamiento militar actual de la Federación de Rusia. En esta propuesta interpretativa dicha arquitectura, lejos de constituir una sucesión de rupturas ideológicas, se considera como un sistema acumulativo de conocimiento: un Conglomerado Heredado. A partir del análisis cualitativo de fuentes doctrinales primarias, textos de la Academia del Estado Mayor General, obras de teóricos como Suvorov, Lenin, Triandafillov, Isserson, Sokolovskii y Shchedrovitskii, estudios contemporáneos de analítica militar y legislación vigente se identifican constantes metodológicas. Se propone un modelo heurístico de sedimentación de capas históricas, donde la etapa zarista aportó la centralidad del factor humano y la estadística militar; el leninismo subordinó la estrategia a la política con el materialismo dialéctico como método. A su vez, el período soviético de entreguerras formalizó el arte operacional y la operación profunda; la Gran Guerra Patria institucionalizó el aprendizaje organizacional y marcó la identidad colectiva; la Guerra Fría añadió la cibernética y mejora la matematización; la etapa postsoviética incorpora la analítica digital y la inteligencia artificial. Se concluye que la arquitectura actual puede integrar todas esas capas en un sistema complejo, orientado a la gestión de la voluntad propia y adversaria, e intenta proyectarse hacia una conducción del conflicto cada vez más automatizada, anclada en principios éticos y pedagógicos de raíz suvoroviana con influencias leninistas.
Palabras clave
Pensamiento militar ruso, arte operacional, doctrina militar, materialismo dialéctico, Lenin, conglomerado heredado, círculo metodológico de Moscú.
Abstract
This article offers an interpretative framework for the architecture of the Russian Federation’s current military thought. In this interpretative framework, this architecture—far from constituting a succession of ideological breaks—is regarded as a cumulative system of knowledge: an Inherited Conglomerate. Methodological constants are identified through a qualitative analysis of primary doctrinal sources, texts from the General Staff Academy, works by theorists such as Suvorov, Lenin, Triandafillov, Isserson, Sokolovskii and Shchedrovitskii, contemporary studies in military analysis and current legislation. A heuristic model of the sedimentation of historical layers is proposed, in which the Tsarist era contributed the centrality of the human factor and military statistics; Leninism subordinated strategy to politics, using dialectical materialism as a method. In turn, the interwar Soviet period formalised operational art and deep operations; the Great Patriotic War institutionalised organisational learning and shaped collective identity; the Cold War introduced cybernetics and enhanced mathematisation; the post-Soviet era incorporates digital analytics and artificial intelligence. It is concluded that the current architecture can integrate all these layers into a complex system, geared towards managing one’s own and the adversary’s will, and seeks to move towards an increasingly automated conduct of conflict, anchored in ethical and pedagogical principles of Suvorovian origin with Leninist influences.
Keywords
Russian military thought, operational art, military doctrine, dialectical materialism, Lenin, inherited conglomerate, Moscow methodological circle.
Cómo citar: Saíz Lasheras, A. (2026). La arquitectura del pensamiento militar ruso-soviético (siglos XIX-XXI): continuidad metodológica, sedimentación conceptual y proyección hacia el futuro. Orden Internacional, Revista de Estudios Internacionales, 2, e208. https://doi.org/10.33732/roi.208
Introducción
Los acontecimientos en el Este de Europa en 2022 reactivaron el interés occidental por la doctrina militar rusa. Sin embargo, este interés a menudo la reduce a estereotipos. El más común es la inexistente “Doctrina Gerasimov” o la imagen de un mando rígido, centralizado e incapaz, que envía oleadas de soldados sin cualificación hacia una muerte segura. Pero, al abordar el pensamiento militar ruso, con una lectura atenta de las fuentes primarias se nos revela un entramado conceptual muy rico, complejo y, sobre todo, una notable continuidad metodológica que atraviesa las eras zaristas, soviética y la actual Federación de Rusia (Wardak, 1992; Baud, 2024). La hipótesis central de este trabajo es que el pensamiento militar ruso-soviético no ha sufrido rupturas epistemológicas con los cambios de régimen político, sino que ha acumulado capas conceptuales que persisten hasta hoy, contradiciendo los estereotipos occidentales sobre su rigidez o su supuesta falta de fundamentación teórica.
En concreto, este artículo sostiene que dicho pensamiento constituye una arquitectura científica acumulativa, un Conglomerado Heredado cuyos pilares —cientificismo positivista, influencia del materialismo dialéctico, tríada del arte militar, primacía del factor humano, uso empírico de la historia, enfoque cibernético del conflicto y matematización creciente— se han ido enriqueciendo sucesivamente sin que las rupturas ideológicas y los cambios radicales de sistema político hayan eliminado los estratos anteriores.
Este artículo se centra exclusivamente en el análisis interno del pensamiento militar ruso-soviético y la superposición por capas de su contenido. No se incluye una comparación sistemática con otros sistemas militares, porque dicho ejercicio excede el propósito y los límites de este trabajo. El objetivo es apuntar continuidades dentro de la propia escuela rusa, no establecer paralelismos o contrastes con doctrinas extranjeras. No obstante, se señalan, cuando resulta pertinente, algunas divergencias concretas a modo de ilustración, sin que ello constituya un análisis comparativo exhaustivo.
La pregunta que guía esta investigación es doble: ¿Qúe sedimentos han ido aportándose a esa continuidad? ¿Qué elementos perviven y se proyectan en la arquitectura actual? Para responderla, se ha realizado un análisis cualitativo de fuentes doctrinales y teóricas. Destacan los materiales de la Academia del Estado Mayor General soviético (Wardak, 1992) y las obras fundacionales de Lenin (1976a, 1976b, 1976c, 1978), Triandafillov (1994), Isserson (2013), Svechin (2024) y Sokolovskii (1963). También se han utilizado los escritos de Shchedrovitskii (1988, 2004, 2005, 2014) y del Círculo Metodológico de Moscú (Maracha, 2004; Rindzevičiūtė, 2015). Finalmente, se incluyen los manuales contemporáneos de analítica militar (Ponkin, 2022) y la legislación vigente en la Federación de Rusia. El resultado es la propuesta de un marco hermenéutico del que emerge un modelo interpretativo: el de un Conglomerado Heredado que se va constituyendo por aglomeración, yuxtaposición e integración (y en ocasiones sustitución).
Metodología
Esta investigación adopta un enfoque cualitativo e interpretativo. No pretende formular una teoría cerrada ni demostrar causalidades unívocas entre etapas históricas. Su objetivo es trazar continuidades metodológicas y proponer una lectura del pensamiento militar ruso-soviético como un sistema acumulativo de capas sedimentadas. Se trata, por tanto, de una propuesta heurística que busca abrir futuras líneas de investigación.
Criterios de selección de fuentes. Se han priorizado fuentes primarias doctrinales y normativas: manuales de la Academia del Estado Mayor General soviético (Wardak, 1992), doctrinas militares oficiales de la Federación de Rusia, legislación vigente y reciente (Presidente de la Federación de Rusia, 2013, 2016, 2017, 2020, 2021, 2022a, 2022b, 2023 y 2024) y textos fundacionales de teóricos militares (Suvorov, Lenin, Triandafillov, Isserson, Svechin, Sokolovskii). Como fuentes secundarias se han empleado estudios académicos sobre pensamiento militar ruso, historia de la ciencia soviética (Graham, 1976; Andréiev, 1979), análisis contemporáneos de analítica militar (Ponkin, 2022) y escritos del Círculo Metodológico de Moscú (Shchedrovitskii, 1988, 2004, 2005, 2014; Maracha, 2004; Rindzevičiūtė, 2015). La jerarquía entre fuentes otorga peso predominante a las doctrinales y teóricas originales, mientras que las secundarias sirven como apoyo contextual y de contraste. Las referencias a documentos normativos rusos se basan en sus identificadores oficiales (tipo, número, fecha y fuente de publicación original). No se proporcionan enlaces a portales oficiales rusos porque estos no son estables ni accesibles desde muchas regiones occidentales en el momento de redactar este artículo.
Límites cronológicos. El estudio abarca desde el siglo XIX (etapa zarista) hasta la actual Federación de Rusia, con especial atención a los períodos de entreguerras soviético, Gran Guerra Patria, Guerra Fría y etapa postsoviética.
Tratamiento de traducciones. Se han manejado ediciones en español e inglés de las obras referenciadas. En los conceptos clave (por ejemplo, sootnosheniye sil i sredstv, deiatel’nost’, sokrushenie, izmor), se ha cotejado con el original ruso (transliterado) para verificar su sentido exacto, dado que las traducciones pueden oscurecer matices teóricos importantes.
Sobre la herramienta conceptual del “Conglomerado Heredado” usada para caracterizar la arquitectura del actual pensamiento militar ruso. Esta investigación no pretende realizar una reconstrucción cronológica detallada de la evolución de la doctrina militar, sino aportar un enfoque para abordar el estudio de su configuración cristalizada actual. Para ello, se adopta el concepto del “Conglomerado Heredado” (Inherited Conglomerate), término acuñado originalmente por el filólogo británico Gilbert Murray (1946, pp. 66-67). Murray lo utilizó para describir la influencia irresistible de las tradiciones, tabúes y supersticiones que forman un caparazón prácticamente inquebrantable en las sociedades. Posteriormente, E.R. Dodds (1999, p. 171) expandió esta noción mediante una metáfora geológica, explicando que el crecimiento de los sistemas de pensamiento no se produce por sustitución, sino por aglomeración. En este modelo los esquemas antiguos no desaparecen, sino que persisten yuxtapuestos a los nuevos, incluso cuando son lógicamente incompatibles. La precisión de esta herramienta conceptual se avala por su adopción en diversos campos contemporáneos: las Ciencias de la Comunicación (Bratosin y Bratosin, 2001, p. 26), la metabiología (Laurent, 2021, p. 61), los estudios sobre la tradición clásica y la sociología de la religión (Daraki, 1985, p. 175), por poner varios ejemplos.
Esta perspectiva académica, que el autor recibió a través de las enseñanzas de Luis Garagalza durante sus años de formación universitaria, se nutre de la hermenéutica simbólica del Círculo de Eranos. En este magisterio “… la cultura constituye un lenguaje y una 'forma de vida' (Lebensform) que implica niveles materiales, espirituales, sociales, psíquicos, empíricos y lógicos” (Ortiz-Osés, 1980, p. 20, citado en Guerenabarrena Artamendi, 2015). También ofrece un marco interpretativo desde el cual se infiere que, si no existen rupturas epistemológicas absolutas en la cultura, tampoco existen en la cultura militar objeto de este estudio, ya que “todas las formas de comprensión, aún las más superiores o intelectualizadas, derivan de formas primitivas de comprensión” (Dilthey, citado en Guerenabarrena Artamendi, 2015, p. 484). La intención de este artículo es, por tanto, aportar un enfoque hermenéutico para identificar las constantes que operan en la arquitectura actual del pensamiento militar ruso.
La exposición se organiza en tres partes: primera, una descripción sincrónica de la jerarquía conceptual (sección 2); segunda, un análisis diacrónico de las aportaciones sedimentadas por etapas históricas (sección 3); tercera (sección 4), la centralidad del factor humano en la arquitectura del pensamiento militar ruso. Las conclusiones (sección 5), resumen y reiteran las constantes identificadas y señalan posibles direcciones para ampliar el estudio. Cierra el trabajo la bibliografía (sección 6).
Fundamentos conceptuales: la jerarquía del pensamiento militar
A continuación se define la jerarquía conceptual del pensamiento militar ruso-soviético, tal como ha cristalizado en su forma moderna, como paso previo necesario para analizar su posible sedimentación por capas en la sección 3.
Política Militar (Voyennaya Politika)
En la cúspide de la arquitectura se sitúa la política militar, definida como la actividad del Estado dirigida a organizar y llevar a cabo la defensa de la nación, salvaguardar su seguridad y definir los objetivos nacionales que el instrumento militar debe alcanzar o contribuir a amenazar. No es un concepto puramente castrense, sino la prolongación lógica de la política general en el ámbito de la seguridad armada. De ella emanan todas las directrices ulteriores, y es el lugar donde se determinan las alianzas, las prioridades geopolíticas y la relación entre el esfuerzo de defensa y el resto de las funciones estatales. La política militar fija el para qué último del instrumento militar, y por tanto condiciona la asignación de recursos, la estructura de fuerzas y el marco jurídico de su empleo. La herencia leninista en la preponderancia jerárquica de la Política es altamente probable (Lenin, 1978, 1976a, 1976b, 1976c).
Doctrina Militar (Voyennaya Doktrina)
Inmediatamente subordinada a la política, la doctrina militar es el sistema de puntos de vista oficialmente aceptados y científicamente fundados. Versa sobre la naturaleza de la guerra y la preparación de las fuerzas armadas y de la nación para ella. Actúa como el articulador entre los fines políticos y los medios militares, y se descompone en dos aspectos indisociables. El aspecto político-social aborda la esencia de la guerra, la definición del enemigo, los objetivos políticos del conflicto y las condiciones para pasar de la paz a la guerra. Aquí se expresan las percepciones de amenaza y se establece la legitimidad del recurso a la fuerza. El aspecto técnico-militar se centra en el cómo combatir, con qué medios, bajo qué formas organizativas, y en cómo deben prepararse las fuerzas armadas para cumplir las misiones derivadas del aspecto político.
Define las características del conflicto esperado, los principios de empleo de los distintos servicios y las exigencias a la industria de defensa. La doctrina militar es el documento público de más alto rango que expresa la posición oficial del Estado en materia de defensa —ejemplo canónico es la Doctrina Militar de la Federación de Rusia de 2014—, y su carácter científicamente fundado la conecta directamente con el siguiente escalón (Estrategia militar, 1969; Federación de Rusia, 2010; Wardak, 1992).
Ciencia Militar (Voyennaya Nauka)
La ciencia militar es el sistema de conocimiento que investiga las leyes de la guerra. También estudia los métodos de preparación de las fuerzas armadas y de la nación para el conflicto, así como las formas de conducción de la lucha armada. Funciona como disciplina paraguas que engloba todas las ramas teóricas y empíricas necesarias para alimentar la doctrina y la práctica. Sus ramas constitutivas, reconocidas canónicamente, son seis. La teoría del arte militar es el componente principal, que guía la preparación y conducción de las operaciones y constituye una sub-jerarquía propia. La historia militar es considerada base empírica del sistema, el registro y análisis de la experiencia de guerra pasada, utilizada como banco de hechos experimentales para validar o refutar hipótesis estratégicas y tácticas.
La organización militar estudia el desarrollo de las estructuras de mando y fuerza, desde los escalones superiores hasta las unidades elementales, buscando la configuración óptima para cada tipo de misión. La educación y entrenamiento militar abarca tanto la pedagogía castrense como los procesos de instrucción individual y colectiva, integrando los principios, posiblemente suvorovianos, de comprensión de la maniobra y desarrollo del espíritu combativo. La teoría del armamento analiza el desarrollo, la integración y el ciclo de vida de los sistemas de armas, en relación con las exigencias táctico-operativas. La economía militar y logística estudia el soporte material y financiero de la defensa, asegurando la coherencia entre los recursos disponibles, el modelo industrial y las necesidades de la guerra (Sokolovskii, 1963). La ciencia militar tiene un estatus formal: en la tradición rusa, la investigación militar se reconoce como una rama científica autónoma, con su propia nomenclatura de especialidades, grados académicos y publicaciones científicas. Los éxitos y la forma de entender y practicar la ciencia en este ámbito deben mucho a la rica tradición científica soviética (Andréiev, 1979; Graham, 1976), pero se remonta probablemente a los Ilustrados zaristas y a su filosofía positivista-cientifista en el ámbito militar.
Arte Militar (Voyennoye Iskusstvo)
Dentro de la ciencia militar, la teoría del arte militar es el núcleo práctico que estudia la preparación y conducción de las operaciones en tierra, mar y aire. El arte militar se organiza en una tríada que constituye la columna vertebral del pensamiento operativo soviético-ruso desde los años 1920. El primer componente, la estrategia militar (voyennaya strategiya), es el más amplio del arte militar. Se ocupa de la guerra como un todo y de las operaciones estratégicas, derivando sus objetivos directamente de la política nacional y de la doctrina militar. Determina la naturaleza y los métodos de las guerras futuras, las misiones de las grandes agrupaciones de fuerzas y la distribución de los recursos entre teatros de operaciones. La estrategia responde al qué y al dónde en el largo plazo (Sokolovskii, 1963).
El segundo componente, el arte operacional (operativnoye iskusstvo), es el eslabón dialéctico, y tal vez el más genuinamente soviético, entre la estrategia y la táctica. Surgió de la necesidad de coordinar en un teatro de operaciones las acciones de varios ejércitos y frentes para transformar éxitos tácticos dispersos en resultados estratégicos. Se ocupa de la conducción de operaciones independientes y combinadas por grandes formaciones (frentes, ejércitos, agrupaciones navales o aéreas). También abarca la concepción, planificación y ejecución de operaciones sucesivas o simultáneas en profundidad. Aquí se manejan conceptos como la correlación de fuerzas, el cálculo integral de factores cuantitativos y cualitativos; la operación profunda; las operaciones de configuración; y los ritmos de avance. Responde al cómo se articulan las acciones en el tiempo y el espacio del teatro de operaciones (Triandafillov, 1994; Isserson, 2013, Svechin, 2024).
El tercer componente, la táctica (taktika) (Ministerio de Defensa de la Federación de Rusia, 2017), es el más concreto del arte militar. Estudia la preparación y conducción del combate y de la batalla por parte de unidades y subunidades. Se ocupa del contacto directo con el enemigo, de las formaciones de combate, del fuego, del movimiento, del asalto y de la defensa a pequeña escala. La táctica es definida como el material del que se nutre el arte operacional; sin los éxitos tácticos no puede haber una victoria operacional, y sin el acierto operacional no se alcanzan los objetivos estratégicos (Batyushkin, 2024).
La tríada es un sistema, el arte operacional es el puente cognitivo que permite a la estrategia hablar el lenguaje de la táctica y viceversa; el pensamiento asintótico propio de los límites de escala (Batterman, 2002) y el pensamiento dialéctico brillan con luz propia en la praxis del arte operacional. Todo comandante debe saber razonar al menos un nivel jerarquico por encima y uno por debajo de su responsabilidad castrense inmediata, y la tradición suvoroviana exigiría, al menos en teoría, que cada soldado entienda su maniobra en el marco de la intención superior.
Analítica Militar (Voyennaya Analitika)
En las fuentes postsoviéticas más recientes se ha institucionalizado un componente de soporte transversal: la analítica militar. No constituye un nivel vertical dentro del arte militar, sino una función horizontal de soporte analítico de las acciones militares que opera sobre la triada táctica, operacional y estratégica. Se apoya en tecnologías digitales, inteligencia artificial, modelado matemático, sistemas C4ISR y redes centradas en la información. Sus cometidos incluyen el procesamiento de volúmenes masivos de datos para reducir la incertidumbre, el modelado predictivo mediante ecuaciones de Osipov-Lanchester y simulaciones para anticipar escenarios. También la creación de gemelos digitales del campo de batalla que integren información en tiempo real, y la automatización de los complejos de reconocimiento-fuego (ROK/RUK) para comprimir el ciclo de decisión. La analítica militar puede interpretarse como la heredera contemporánea de la estadística militar de Miliutin, de la cibernética soviética y de la matematización del combate impulsada por Triandafillov y elaborada por Pontryagin (Ponkin, 2022). El ecosistema científico-matemático en el que emergen estas disciplinas está facilitado por los trabajos de Kantoróvich (1968): su contribución a la teoría de la asignación óptima de los recursos, apoyada en el algoritmo de la programación lineal, recorre toda la historia de la planificación económica de la URSS (Vinogradov, 1969).
Toda esta jerarquía arquitectónica es el resultado de un proceso de sedimentación histórica. No es un diseño realizado ex novo por alguna administración política. Cada uno de sus niveles —desde la Política Militar hasta la Analítica Militar— fue formalizado o profundizado en una etapa histórica específica, cuyas aportaciones se fueron integrando sin eliminar las anteriores. La sección 3 intenta mapear este proceso. Se busca así ofrecer un marco de interpretación que invite a investigaciones posteriores a profundizar, por ejemplo, en los aportes históricos concretos de manera cronológica, tarea que excede la intención de este trabajo.
Etapas en la formación de la arquitectura: aportaciones sedimentadas
El diseño descrito no surgió de una sola vez, sino que se ha ido formando por la acumulación de aportaciones que, lejos de ser descartadas con los cambios de régimen político, se han ido integrando en un todo coherente. A continuación, se describen las principales etapas de este proceso de sedimentación que han configurado el Conglomerado Heredado objeto de este estudio. El modelo propuesto no pretende ser normativo: no sostiene que toda continuidad esté empíricamente demostrada, sino que ofrece una hermeneusis para identificar posibles líneas de influencia que merecen investigaciones futuras (por ejemplo, entre Suvorov y la conducción por objetivos, o entre Shchedrovitskii y la gestión reflexiva en el complejo industrial de defensa).
La etapa zarista: Suvorov y Miliutin
Dos figuras del período zarista legaron pilares que permanecen vivos en el pensamiento militar ruso actual. Aleksandr Suvorov (1729-1800) es considerado el padre de la escuela nacional de pensamiento militar ruso. Su obra “La Ciencia de Vencer” (Suvorov, 2025) estableció principios que trascienden la táctica de su época (Bogdanov, 2014). En primer lugar, postuló la primacía del factor humano y moral: la virtud (dobrodetel) es el multiplicador principal de la potencia de combate, y el soldado debe ser tratado como un ser humano con voluntad y entendimiento, no como un mecanismo sin mente. Su máxima “cada soldado debe entender su maniobra” —no solo conocerla— sigue siendo un pilar de la actual pedagogía militar rusa.
En segundo lugar, legó la ética de la aniquilación (sokrushenie): el objetivo de la guerra no es la conquista territorial, sino la destrucción rápida de la capacidad de resistencia del enemigo para “matar la guerra” y minimizar el sufrimiento. En tercer lugar, Suvorov exigió que cada oficial aprendiera a pensar por su jefe y duplicar sus funciones, lo que pudo asentar las bases de lo que hoy se denomina conducción por objetivos (DTsU). En cuarto lugar, Suvorov convirtió el cuidado del soldado —su salud, higiene y alimentación— en una prioridad táctica, convencido de que solo un soldado físicamente capaz puede sostener la voluntad de vencer (Bogdanov, 2014; Suvorov, 2025).
Dmitri Miliutin (1816-1912), ministro de Guerra y reformador del Estado Mayor, introdujo la estadística militar como disciplina científica para el planeamiento estratégico. Bajo su impulso, el Estado Mayor comenzó a recopilar y analizar sistemáticamente datos económicos, geográficos y sociales de países extranjeros, sentando las bases de la inteligencia militar moderna (Rich, 1998). Miliutin profesionalizó el cuerpo de oficiales, transitando de un sistema de mando basado en el carisma del monarca a un sistema basado en el conocimiento y el planeamiento técnico, particularmente en lo relativo a la movilización ferroviaria. Esta combinación de cientificismo positivista, estadística aplicada y profesionalización del Estado Mayor puede suponer un estrato temprano de la arquitectura que estamos estudiando. La convicción de que la guerra puede estudiarse científicamente, mediante la recopilación masiva de datos y la búsqueda de leyes universales, parece ser un legado directo de Miliutin que nunca ha sido abandonado (Menning, 2000).
V.I.U. Lenin: Dialéctica y Política
No hay que olvidar que Vladimir Lenin también fue un teórico-práctico militar, lo demuestra su biografía y la calidad de sus trabajos como “La guerra de guerrillas” (Lenin, 1976a, pp. 235-247) o “Todos a la lucha contra Denikin” (Lenin, 1976c, pp. 40-60). Su relectura de Clausewitz y la aplicación del materialismo dialéctico transformaron la base metodológica del pensamiento militar ruso-soviético. El revolucionario añadió una capa que perdura hasta hoy, pero sin desechar lo que consideró bueno de la etapa anterior. Hay que tener en cuenta que en la Guerra Civil especialistas militares del antiguo ejército zarista (Menning, 2000; Rich, 1998) lucharon en las filas del ejército soviético: S. Kamenev, Plevedev, A. Egorov, M. Bonch-Bruévich, V. Shorin, entre otros; también es sabido que la inclusión de algunas reglas suvovoroianas en La cartilla del soldado rojo fueron realizadas por Lenin (Acerca de la herencia teórico-militar de V. I. Lenin, 1970). Además, reconoció el valor de un genio como Konstantín E. Tsiolkovski, confiando en el futuro de la ciencia de cohetería y de los viajes al Cosmos (cuando para muchos era más ficción que ciencia). Destinar recursos para el científico en medio de la más absoluta escasez propia de la Guerra Civil, dice mucho de su perspicacia (El programa espacial soviético, 1986).
En sus reflexiones sobre los clásicos como Clausewitz, o Engels (1974), Lenin asimiló la máxima de que “la guerra es la continuación de la política por otros medios (precisamente por la violencia)”; esta expresión de Clausewitz fue utilizada, por ejemplo, en 1915 en “El Socialismo y la Guerra” (Lenin, 1976a, p. 291), y en el artículo “De la conferencia la guerra y la revolución”, publicado en Pravda, nº93, el 23 de abril de 1929 (Lenin, 1976b, pp. 122-132).
El gran revitalizador del marxismo profundizó en la relación guerra-política para invertirla: la política no sería un factor más, sería la fuerza rectora absoluta. Para confirmar la importancia de las aportaciones de Lenin es recomendable la lectura de otros de sus escritos (además de los ya citados), como por ejemplo “El programa militar de la revolución proletaria”, “Cartas sobre táctica”, “Las tareas del proletariado en nuestra revolución”, “Las cartas desde lejos”, “Una milicia proletaria”, y “La guerra y la Revolución” (Lenin, 1976b, pp. 441-466).
Aquí, la estrategia militar quedará subordinada a los fines políticos (Zweck), y los objetivos militares (Ziele) deberán derivarse de aquellos (Svechin, citado en Wardak, 1992). Esta jerarquía, formalizada en la doctrina soviética y mantenida en la doctrina rusa actual, implica que la evaluación de la guerra no puede hacerse exclusivamente en términos militares, sino que debe integrar factores económicos, sociales y morales en un todo indivisible.
Bajo la bandera de Lenin habría que incluir a todos los militantes bolcheviques que ejercieron su praxis revolucionaria dentro de las FF.AA. zaristas (La lucha de los bolcheviques en tres revoluciones por ganarse al ejército, 1972). También a todas las grandes figuras militares y políticas del Partido surgidas de la fragua de la Guerra Civil y la intervención de las potencias extranjeras: A. Andréev, A. Búbnov, K. Voroshílov, S. Gúsev, F. Dzerzhinski, A. Zhdánov, R. Zemliachka, M. Kalinin, S. Kírov, S. Kosior, V. Kúibishev, D. Manuilski, A. Mikoyán, G. Ordzhonikidze, G. Petrovski, P. Póstishev, Ya. Rudzutak, Ya. Sverdlov, N. Skrípnik, A. Tsiurupa, N. Shvérniky…
Lenin introdujo además el materialismo dialéctico como método para el estudio de los fenómenos militares. No se trataba de un dogma ideológico ornamental, sino de una herramienta para identificar las leyes objetivas que rigen la guerra en tanto fenómeno social e histórico. Frente a la visión de la guerra como un hecho estático, la dialéctica leninista permitió entenderla como un proceso continuo y cambiante, un film en lugar de una serie de “fotografías” aisladas (Baud, 2024). Esta concepción procesual perdura en la ciencia militar rusa actual, que sigue reivindicando explícitamente el método dialéctico-materialista como “hilo de Ariadna” para encontrar la verdad en la seguridad y la preparación de las fuerzas armadas (Zimonin, 2017).
La primacía, hasta pasada la Gran Guerra, de la ligazón directa entre teoría y práctica dentro de la ciencia soviética reforzó lo que Loren R. Graham (Graham, 1976) llama sistema de materialismo soviético, y al que considera un criterio legítimo y valioso desde el punto de vista filosófico y científico. Pese a que ninguno de los principios que configura el constructo teórico del materialismo dialéctico sea original del mismo, la síntesis global sí lo es. Dada su importancia, es conveniente citar en extenso la caracterización que hace Graham del materialismo dialéctico soviético (1976, p. 81):
“1El mundo es material y está conformado por lo que la ciencia actual describe como materia-energía.
2El mundo material forma un conjunto interconectado.
3El conocimiento humano se deriva de la materia realmente existente.
4El mundo cambia constantemente. No existen entidades verdaderamente estáticas en el mundo.
5Los cambios en la materia se producen de conformidad a ciertas regularidades o leyes generales.
6Las leyes según las cuales la materia se desarrolla existen en distintos niveles que corresponden a las distintas temáticas sobre las que versan las ciencias, y, por tanto, no cabe la esperanza de poder explicar entidades tan complejas como los organismos biológicos en base a leyes fisicoquímicas más elementales.
7La materia tiene propiedades infinitas y, por lo tanto, el conocimiento humano no llegará nunca a ser completo.
8El movimiento existente en el mundo se explica por factores internos y, por lo tanto, no es necesario un propulsor externo.
9El conocimiento humano crece con el tiempo, como demuestra su creciente éxito al llevarlo a la práctica, pero ese conocimiento se produce mediante la acumulación de verdades relativas (se refiere a parciales, provisionales y perfectibles), no absolutas.” (Graham, 1976, p. 81).
Dicha síntesis es una base razonable para el ejercicio de la actividad científica, incluida la militar, lo que explica, en parte, su pervivencia como trasfondo intelectual en la arquitectura del pensamiento científico militar ruso (Adoratsky, 2025; Andréiev, 1979; Mora, 1985, Manual de pedagogía soviética, 1987). Finalmente, Lenin aportó una flexibilidad estratégica que rompió con la fijación en la victoria decisiva única. Como hará Aleksandr Svechin, Lenin aceptó que, en determinadas condiciones de inferioridad material, era necesario adoptar una estrategia de desgaste (izmor) para preservar el Estado socialista, combinando formas de lucha militares y no militares en un horizonte temporal prolongado. Esta dualidad entre aniquilación y desgaste, y la idea de que la elección depende de un análisis concreto de la correlación de fuerzas, se convertiría en un principio permanente de la estrategia rusa.
La revolución del arte operacional: Svechin, Triandafillov e Isserson
El período de entreguerras (décadas de 1920 y 1930) fue el más creativo en la historia del pensamiento militar ruso-soviético. En esos años se formalizó el concepto de arte operacional como eslabón entre la estrategia y la táctica, y se desarrolló la teoría de la operación profunda. Aleksandr Svechin (1878-1938) fue el primero en teorizar el arte operacional como un componente diferenciado del arte militar. En su monumental Estrategia (1927), Svechin argumentó que la complejidad de la guerra moderna, con frentes de cientos de kilómetros y millones de combatientes, exigía un nivel de mando y concepción que coordinara las acciones de varios ejércitos en un teatro de operaciones y transformara los éxitos tácticos en resultados estratégicos (Svechin, 2024). Su distinción entre estrategia de aniquilación (sokrushenie) y de desgaste (izmor) proporcionó un marco conceptual que permitía elegir el modo de guerra adecuado a cada contexto histórico y geopolítico, evitando el dogmatismo de la decisión única.
Vladimir Triandafillov (1894-1931) cuantificó esta intuición. En La naturaleza de las operaciones de los ejércitos modernos (publicada en1929), estableció los fundamentos matemáticos del arte operacional, calculando las densidades de fuerza necesarias, la anchura de los frentes de ruptura y la profundidad requerida de las operaciones para desarticular el dispositivo enemigo antes de que pudiera reaccionar. La táctica, escribió, es el material del arte operacional, y su éxito depende de la correcta correlación de fuerzas y medios (sootnosheniye sil i sredstv), un concepto que integraba factores cuantitativos y cualitativos en una sola evaluación. Triandafillov fue también un impulsor de los wargames operacionales como herramienta de cálculo y validación de planes, convencido de que la intuición del comandante debía ser reemplazada, en la medida de lo posible, por el cálculo preciso (Triandafillov, 1994; Kharinin & Kharinina, 2020).
Georgii Isserson (1898-1976) llevó estas ideas a su culminación con la teoría de la operación profunda (glubokaya operatsiya). Publicó en 1932 “La evolución del arte operacional” (Isserson, 2013), donde argumentó que la guerra de posiciones de 1914-1918 había sido una anomalía histórica, no el modelo permanente. La mecanización y la aviación permitían volver a una guerra de maniobra, pero de un tipo nuevo: el asalto simultáneo en toda la profundidad del dispositivo enemigo, combinando fuerzas blindadas, aviación y desembarcos aéreos para paralizar su capacidad de reacción antes de que pudiera organizar la defensa. La operación dejaba de ser una secuencia lineal de batallas para convertirse en un proceso continuo de destrucción del sistema enemigo, una idea que entronca con la visión dialéctica leninista del conflicto como film.
Estas aportaciones no fueron canceladas por las purgas estalinistas ni por la ejecución de Tujachevski. Al contrario, la Gran Guerra Patria, tras el lapso de las grandes derrotas, las validó luego empíricamente (Konev, 1970; Rokossovski, 1970; La gran campaña liberadora, 1975) —la Operación Bagration de 1944 es la realización práctica de la operación profunda—, y los manuales de campaña soviéticos de posguerra, y posteriormente los rusos, las incorporaron como doctrina permanente.
La institucionalización del aprendizaje: la Gran Guerra Patria
La Gran Guerra Patria (1941-1945) no solo puso a prueba las teorías de preguerra, sino que forjó un mecanismo de aprendizaje organizacional que sería otro pilar permanente de la arquitectura. Además, muchos de los aprendizajes en el campo de batalla de la Guerra Civil española fueron trasladados durante toda la gran Guerra Patria a la praxis militar soviética, tanto de la mano de veteranos soviéticos, como de veteranos republicanos que trabajaron en la Escuela Frunze.
Tras las derrotas catastróficas de 1941 y 1942 frente a la invasión alemana, el Estado Mayor General soviético comprendió, entre muchas otras cosas, que repetir errores una y otra vez salía muy caro. En noviembre de 1942 se creó un Departamento para el Estudio de la Experiencia de Guerra, con secciones en todos los niveles de mando —frente y ejército—. Se destinaron a esta tarea oficiales seleccionados por su capacidad intelectual, con la orden expresa de no asignarles ninguna otra función ajena al análisis del combate real. Los informes de este departamento se traducían casi inmediatamente en legislación militar: órdenes, reglamentos y directivas de combate que corregían las deficiencias detectadas. Un ejemplo destacado fue la Orden N.º 325, que estableció los procedimientos operativos para fuerzas móviles basándose en las lecciones del primer año de guerra (Shtemenco, 1985).
Este sistema de memoria operativa institucionalizada —que David Alan Rich (1998) ha llamado «memoria estratégica» para el período zarista— convirtió la historia militar en una base de datos de hechos experimentales para validar o refutar teorías. La premisa era que “el fracaso enseña a los que sobreviven”, y que el registro de los errores es la principal herramienta de educación militar. La utilidad no era puramente académica, sino performativa: los datos analizados se traducían directamente en doctrina para corregir de inmediato las debilidades logísticas, tácticas y de inteligencia detectadas en el campo de batalla. Desde entonces, la ciencia militar rusa ha mantenido este enfoque empírico: cada conflicto —Afganistán, Chechenia, Georgia, Siria, Ucrania— se analiza sistemáticamente para extraer lecciones que se incorporan a la doctrina (Gareev, 2001).
El tremendo esfuerzo bélico de los pueblos de la Unión Soviética (Rokossovski, 1970), que afectó a la práctica totalidad de las familias que habitaron ese extenso territorio, y que supuso la derrota del nazi-fascismo, forma parte de la identidad nacional de muchos de esos pueblos hoy en día; y de la identidad estatal de la Federación de Rusia, heredera institucional de la URSS. En la narrativa oficial rusa actual, los intentos de revisión histórica que cuestionen el papel de la URSS en la derrota del nazismo suelen ser percibidos como una amenaza a la identidad nacional y a la memoria de quienes lucharon, o fueron víctimas civiles, en aquella guerra.
La Guerra Fría: cibernética y matematización
Tras la Segunda Guerra Mundial, la arquitectura del pensamiento militar soviético incorporó dos nuevas capas interrelacionadas: la cibernética y la matematización del combate. Ambas se entienden mejor en el contexto del control soviético de los medios de producción (Vinogradov, 1969) y de la planificación económica. El GOSPLAN ejemplifica cómo teoría y práctica se retroalimentaron en áreas clave para la industria y la ciencia militar. Este proceso no parece que haya sido interrumpido en la esfera de la industria militar, pese a la caída de la URSS.
Es necesario añadir aquí la importancia de la cosmonáutica y de la industria nuclear soviética. Los avances tecnológicos, científicos, metodológicos y de gestión que supusieron tuvieron un impacto de primera magnitud. El desarrollo de misiles y de la energía nuclear con fines militares y civiles también afectó al ámbito identitario (El programa espacial soviético, 1986; Shatálov, 1978).
Vasilii Sokolovskii (1897-1968), en su obra Estrategia militar soviética (1963), consolidó la visión de la guerra como un proceso sistémico gobernado por leyes objetivas que la ciencia puede desentrañar. La estrategia nuclear exigía un cálculo extremadamente preciso de la correlación de fuerzas (Ríabov, 1976), y la cibernética proporcionaba el instrumental teórico para ello. La Unión Soviética declaró la cibernética como herramienta fundamental para la gestión de sistemas complejos, desde la economía planificada hasta el campo de batalla. Para Sokolovskii, el método dialéctico marxista había permitido el nacimiento de una nueva metodología para estudiar los fenómenos militares, revelando las leyes que rigen el cambio en la naturaleza de la guerra.
La aportación más peculiar de la URSS a la cibernética de segundo orden de este período fue el control reflexivo, formalizado por Vladimir Lefevre en la década de 1960. Lefevre, psicólogo y matemático, modeló esta dinámica como un juego. En él, cada jugador intenta influir en la imagen que el otro tiene del conflicto.
En este contexto de desarrollo de las fuerzas productivas se aplicaron las ecuaciones de Osipov-Lanchester. Estas modelan matemáticamente el desgaste de fuerzas en combate y permiten calcular los coeficientes de superioridad necesarios para romper una defensa o destruir una agrupación enemiga (Shumov, 2015). Paralelamente, la escuela matemática soviética de procesos óptimos, liderada por Lev Pontryagin (1908-1988) y los trabajos sobre programación lineal, de Kantorovich (1968), proporcionaron la base para la asignación eficiente de recursos en tiempo real, sentando las bases de lo que hoy es la analítica digital.
La matematización del campo de batalla respondía a un imperativo profundo de la arquitectura: eliminar la incertidumbre de la intuición del comandante y sustituirla, donde fuera posible, por el cálculo (Pontryagin, 1986).
El Círculo Metodológico de Moscú: de Iliénkov a Shchedrovitskii
Paralelamente a los desarrollos militares, se gestó una transformación profunda del marxismo-leninismo en los círculos filosóficos soviéticos de los años 50 y 60. Esta transformación tendría enormes implicaciones para la arquitectura del pensamiento militar, y parece que su influencia se extiende hasta la actualidad. El protagonista colectivo de esta transformación fue el Círculo Metodológico de Moscú, fundado y liderado por Georgii Shchedrovitskii.
Evald Iliénkov (1924-1979) y otros filósofos coetáneos buscaron rescatar el carácter activo y creativo de la dialéctica frente al dogmatismo estalinista. Su reinterpretación de la «teoría del reflejo» leninista desplazó el énfasis de la contemplación pasiva a la actividad (deiatel’nost’) como categoría central. Para Iliénkov, lo ideal no es un reflejo mental pasivo, sino una función de la actividad social objetiva; la mente no se limita a copiar el mundo, sino que lo construye mediante la acción colectiva. Esta ruptura con cierto realismo filosófico ingenuo de la posguerra (Rosenthal, 2025) fue el punto de partida filosófico del Círculo Metodológico de Moscú (Ilienkov, 1977).
Georgii Shchedrovitskii (1929-1994), formado en filosofía y lógica en la Universidad Estatal de Moscú, fundó el Círculo Metodológico en 1954 como un espacio de reflexión interdisciplinar que reunía a filósofos, psicólogos, matemáticos, ingenieros y, más adelante, a gestores y planificadores. El Círculo desarrolló una metodología propia: la “metodología de la actividad de sistemas”. Aspiraba a proporcionar un lenguaje universal para analizar y diseñar cualquier tipo de sistema social o técnico-organizativo (Shchedrovitskii, 1988, 2004, 2005, 2014).
La contribución más relevante de Shchedrovitskii para la arquitectura militar fue su teoría de la reflexividad proyectiva (prospektivnaia refleksiia). Para Shchedrovitskii, el conocimiento no es un reflejo pasivo de la realidad, sino una construcción y creación a través de la proyección (Rindzevičiūtė, 2015). Un proyecto no debe ser “veraz” respecto a una situación pasada, sino que la situación futura debe realizar el proyecto. Esta inversión de la relación tradicional entre presente y futuro —no predecir basándose en tendencias, sino programar la actividad futura y movilizar los recursos para traerla a la existencia— tiene consecuencias militares directas: el comandante no solo reaccionará a la realidad, sino que diseñará las condiciones bajo las cuales el adversario debe operar para que sus acciones resulten predecibles y controlables (Maracha, 2004).
Shchedrovitskii introdujo además el concepto de “objetos centauro”, sistemas híbridos donde las actividades humanas y los objetos materiales están entrelazados en un mismo nivel epistemológico (Rindzevičiūtė, 2015). Un comandante militar no gestionará solo tropas y equipos como entidades separadas, sino esquemas cognitivos, intenciones y patrones de comportamiento humano indisolublemente unidos a la infraestructura técnica. Esta concepción rompe el dualismo positivista entre sujeto y objeto que domina el pensamiento occidental, y permite aplicar la gestión a la unidad dialéctica conformada por el sistema híbrido completo.
La herramienta práctica del Círculo fueron los juegos de actividad organizacional (ODI, por sus siglas en ruso: organizatsionno-deiatel’nostnaia igra). A diferencia de los wargames tradicionales, que simulan el combate mediante reglas preestablecidas y buscan reducir la incertidumbre mediante el cálculo de probabilidades, los ODI buscan desestabilizar los marcos conceptuales antiguos para obligar a los participantes a cocrear una nueva realidad operativa. No intentan predecir un resultado único, sino que “proyectan y programan” la actividad futura, forzando a los gestores a extrañarse de sus roles burocráticos para construir un “mundo conjunto” (mir) entre los que mandan y los mandados.
Los ODI se utilizaron en sectores estratégicos de la Unión Soviética: en 1980-1981, Shchedrovitskii diseñó un juego específico para los directivos de la planta nuclear de Beloiarsk, que operaba el reactor BN-600 capaz de producir plutonio de grado militar, con el objetivo de “recrear las condiciones de lo normal y lo esperado” en un entorno técnico de extrema complejidad (Maracha, 2004; Rindzevičiūtė, 2015; Romashkina et al., 2020).
El impacto del Círculo Metodológico en la Rusia postsoviética está ampliamente documentado. Varios altos cargos con responsabilidades en la industria de defensa han reconocido explícitamente el uso de sus métodos: Andrei Reus, ex director general de Oboronprom —la corporación que agrupa los principales activos industriales de defensa—, y Viktor Khristenko, ex ministro de Industria, Comercio y Energía, han citado a Shchedrovitskii como fuente de su visión metodológica. Petr Shchedrovitskii, hijo de Georgii, ha sido director general de estrategia en Rosatom, la autoridad nuclear rusa, y ha aplicado el pensamiento sistémico-reflexivo a la gestión de ese sector estratégico (Rindzevičiūtė, 2015).
Quizás el legado más duradero del Círculo Metodológico de Moscú haya sido proporcionar el “puente intelectual” que permitió a las élites de la industria de defensa soviética sobrevivir a la disolución de la URSS y adaptarse a un entorno de mercado sin abandonar su formación en planificación centralizada. Las técnicas de Shchedrovitskii sustituyeron, en parte, el adoctrinamiento ideológico rígido por tecnologías semióticas capaces de gestionar la opinión y el comportamiento colectivo. A través de sus discípulos, se le atribuye el desarrollo del concepto de “Mundo Ruso” (Russkiy Mir), utilizado para movilizar comunidades transnacionales en favor de los objetivos nacionales de Rusia.
Hay que recalcar este impacto clave en la Federación Rusa actual: Como soporte en la transición postsoviética sus técnicas permitieron a los directores de las grandes fábricas de defensa (habituales a la implementación mecánica de planes estatales) adaptarse a un entorno de mercado y tecnologías mediáticas complejas. En un sistema donde cualquier desviación de las órdenes verticales era sospechosa, la escuela de Shchedrovitskii proporcionó una base científica (la “reflexividad”) para las negociaciones informales. Al enseñar a los gerentes de la industria a formular sus propios objetivos de manera autónoma y científica, su método contribuyó a erosionar el monopolio de toma de decisiones del Partido Comunista.
Los juegos de actividad fomentaron la creación de redes de confianza mutua entre élites industriales y políticas, permitiendo que el sistema fuera más flexible y resistente ante crisis sistémicas, consolidando redes de trabajo horizontales y contribuyendo a la legitimación de redes informales dentro de la jerarquía. El legado de Shchedrovitskii en la industria de defensa no se limita a una teoría abstracta; es una tecnología intelectual performativa que parece haber permitido a la actual Federación gestionar el “Mundo Ruso” (Russkiy Mir) y a su base industrial mediante una mezcla de mando centralizado y autogestión reflexiva de sus élites.
La etapa postsoviética: analítica digital y conducción por objetivos
La disolución de la URSS en 1991 no interrumpió la evolución del Conglomerado Heredado. Al contrario, los elementos acumulados en las etapas anteriores se reconfiguraron bajo nuevas condiciones sociales, económicas, tecnológicas y geopolíticas; estabilizándose después de los años salvajes de la transición al capitalismo.
En primer lugar, la analítica militar digital ha incorporado la inteligencia artificial y el procesamiento masivo de datos al soporte de las decisiones en todos los niveles. Igor Ponkin (2022) define la analítica militar como una disciplina transversal que emplea supercomputadoras para modelar el impacto de armas de alta precisión, procesar flujos de información que superan la capacidad humana y asistir al mando en tiempo real. Los gemelos digitales dinámicos del campo de batalla y los complejos de reconocimiento y fuego (ROK/RUK) son aplicaciones de este enfoque, que parece hundir sus raíces tanto en la estadística militar de Miliutin como en las ecuaciones de Osipov-Lanchester y la cibernética soviética. Se trata de una aspiración doctrinal que busca comprimir el ciclo de decisión (OODA) hasta el punto de hacerlo casi instantáneo.
En segundo lugar, la doctrina militar de 2010 mantuvo explícitamente el control estatal sobre las organizaciones estratégicamente significativas del complejo industrial de defensa, asegurando que los intereses de la industria no divergieran de los del Estado. Esta continuidad en la planificación centralizada de la defensa parece ser consistente con la concepción leninista de la movilización total, del GOSPLAN y de la gestión de sistemas complejos ensayada por el Círculo Metodológico de Moscú (Presidente de la Federación de Rusia, 2010). Esta concepción (ampliamente extendida entre los estrategas rusos) sostiene que la guerra se empieza a ganar en la cadena de montaje de una fábrica nacional, que ahí es donde se termina de ganar y desde donde se empieza a reconstruir la postguerra.
En tercer lugar, la conducción por objetivos (DTsU), que puede ser un equivalente funcional de la Auftragstaktik alemana, ha sido reivindicada como doctrina oficial. En ella, el superior formula la intención y el subordinado decide la solución, dentro de un marco de comprensión compartida que parece remitir al sustrato cultural de Suvorov —“cada soldado debe entender su maniobra”— y al de Shchedrovitskii —crear un mundo conjunto entre los que mandan y los mandados—. Esta doctrina concilia la centralización estratégica con la descentralización táctica, y contradice la caricatura occidental de un mando ruso rígido (Baud, 2024).
Finalmente, la guerra de nueva generación, conceptualizada por Chekinov y Bogdanov, integra medios no militares —informativos, psicológicos, económicos— en un continuo con la lucha armada, buscando la superioridad de información antes del inicio de las hostilidades (Chekinov y Bogdanov, 2013). Esta integración parece deudora tanto de la flexibilidad estratégica leninista como de la cibernética y de las tecnologías semióticas del Círculo Metodológico de Moscú.
El factor humano, portador de la ciencia, como constante vertebradora
Si hubiera que identificar un único hilo conductor en la arquitectura del pensamiento militar ruso-soviético, una veta que recorriera horizontal y verticalmente todo el Conglomerado Heredado, sería la centralidad del factor humano. Desde Suvorov hasta los teóricos contemporáneos, la premisa de que el ser humano, sus conocimientos científicos y su espíritu combativo son el multiplicador principal de la potencia de combate ha permanecido inalterable. La ética suvoroviana de la virtud (dobrodetel) parece ser un componente identitario del sistema. Suvorov sostenía que “sin virtud no hay gloria ni honor”, lo que en términos militares modernos significa que la superioridad técnica puede ser invalidada por la superioridad moral. Hay que recordar aquí que el mundo militar ruso es sumamente legalista. La ciencia militar rusa actual sigue integrando el factor de la moral de la tropa como una variable calculable en la correlación de fuerzas (Bogdanov, 2014).
Esta centralidad se manifiestaría en varios niveles. En la doctrina, la misión del instrumento militar no es la conquista, sino “matar la guerra” mediante la aniquilación rápida del potencial enemigo, minimizando el daño a civiles y las propias bajas. En la pedagogía, el entrenamiento busca que el soldado entienda, no solo conozca, su maniobra, y que el oficial aprenda a pensar por su jefe, permitiendo la iniciativa descentralizada dentro de un mando centralizado. En la gestión del personal, Suvorov priorizaba la salud, higiene y alimentación del soldado como base de la potencia de combate, una tradición que los manuales soviéticos y rusos han mantenido. Tanto en la cibernética soviética como en la tecnología intelectual de Shchedrovitskii no se anula la voluntad del subordinado, sino que se la orienta, creando un mundo conjunto entre los que mandan y los mandados (Rindzevičiūtė, 2015).
La centralidad de lo humano en el leninismo se centraba en la mejora y evolución del conocimiento y de las praxis humanas, en la construcción del humano emancipado del futuro de la mano de la ciencia y del control de los medios de producción por parte de las clases productoras.
El humanismo ruso es difícil de caracterizar hoy en día, a todo lo dicho anteriormente hay que añadir la vuelta de la identidad religiosa (y muy variada tanto en la diversidad de cultos como en la expresión de los mismos). Este humanismo está latente en las expresiones culturales contemporáneas de la Federación Rusa y es importante a la hora de evaluar cómo proyecta la ciudadanía su identidad a sí misma. También en el mundo militar este humanismo, la literatura clásica rusa, la ética, los códigos de honor y la religión tiene su presencia, su peso y su expresión, y aunque son difíciles de medir, constituyen un factor relevante en cualquier análisis de la realidad militar rusa actual.
Conclusiones
Este artículo ha intentado mostrar que el pensamiento militar ruso-soviético constituye una arquitectura acumulativa que hemos caracterizado como un Conglomerado Heredado, cuyos pilares han sobrevivido a cambios de régimen político y se han enriquecido por sedimentación. La primera capa, la zarista, pudo aportar la centralidad del factor humano —la virtud, la comprensión de la maniobra, el cuidado del soldado— y la estadística militar como base de la inteligencia y el planeamiento científico. La segunda capa, la leninista, tal vez añadió la subordinación absoluta de la estrategia a la política, el materialismo dialéctico como método para captar las leyes objetivas de la guerra y la flexibilidad para alternar entre aniquilación y desgaste. La tercera capa, la del arte operacional de los años 1920-30, formalizó la tríada estrategia - arte operacional - táctica y la operación profunda como modelo de maniobra. La cuarta capa, forjada en la Gran Guerra Patria, institucionalizó el aprendizaje organizacional. Convirtió la historia militar en una base de datos empírica para validar doctrinas y contribuyó a configurar una memoria histórica que la doctrina oficial actual presenta como imborrable. La quinta capa, la de la Guerra Fría, aportó la cibernética y profundizó la ya existente matematización del combate. La sexta capa, la que se ha caracterizado en este trabajo en torno al Círculo Metodológico de Moscú, pudo transformar la base filosófica del pensamiento militar al pasar de la teoría del reflejo a la teoría de la actividad. También introdujo la reflexividad proyectiva y los juegos de actividad organizacional como tecnologías de gestión de sistemas híbridos. La séptima y última capa, la postsoviética, parece estár intentando integrar la analítica digital, la inteligencia artificial y la conducción por objetivos, intentando proyectar toda esta arquitectura hacia el futuro.
A partir de un análisis interpretativo, es posible proponer cinco constantes que pueden atravesar las diferentes capas mencionadas con mayor o menor intensidad. Tal vez sirvan como orientación para futuras investigaciones, por ello se procede a enumerarlas a continuación.
En primer lugar, el cientificismo positivista, la convicción de que la guerra puede ser estudiada científicamente mediante la recopilación de datos empíricos y la búsqueda de leyes universales, que puede ser herencia de Miliutin y de la Ilustración aplicada a la guerra. A lo largo de toda la historia y hasta hoy, el pensamiento científico militar ruso ha evolucionado también mediante sus propias revistas científicas especializadas, en debates abiertos interpares como en cualquier ciencia social seria.
En segundo lugar, el enfoque dialéctico, sistémico y materialista (y posteriormente cibernético), que integra factores económicos, políticos, morales y técnicos en una evaluación de contrarios y correlaciones de fuerzas, entendida no como suma sino como sistema, como multiplicación de componentes heterogéneos.
En tercer lugar, la tríada del arte militar —estrategia, arte operacional, táctica— como estructura organizadora de todo el conocimiento (arte) sobre la conducción de operaciones y como ejemplo de un pensamiento asintótico, útil en las transiciones de escala.
En cuarto lugar, la primacía del factor humano como multiplicador de fuerza, anclada en la ética suvoroviana, en la visión del hombre nuevo soviético leninista, en la religión, el patriotismo y en la convicción de que la guerra la ganan voluntades, no solo sistemas de armas.
En quinto lugar, el uso de la historia militar como base empírica, una memoria operativa institucionalizada que transforma la experiencia —propia y ajena— en doctrina viva.
Además, la Memoria Histórica permea esas cinco constantes y ayuda a configurar oficialmente una identidad estatal compleja y compacta pese a su heterogeneidad (multinacional, plurilingüística y con varias religiones oficiales).
De cara al futuro, la arquitectura del pensamiento científico militar ruso parece proyectarse hacia una integración aún más estrecha entre la analítica digital y la gestión reflexiva de la voluntad. Los gemelos digitales del campo de batalla y los sistemas de reconocimiento-fuego automatizados comprimen el ciclo de decisión, pero la doctrina insiste en que la decisión final debe permanecer en manos humanas, asistidas —no reemplazadas— por la inteligencia artificial.
Esta arquitectura, en suma, no es un edificio monolítico. Es un Conglomerado Heredado y una Lebensform que acumula del pasado, integra en el presente y proyecta hacia el futuro. Sin duda es una realidad compleja, pero es tan abordable como cualquier otra para su estudio científico; las fuentes están ahí y tenemos métodos de estudio académicos. Ignorar esta complejidad y basarse en simplificaciones propagandísticas conlleva el riesgo de un análisis estratégico incorrecto de la capacidad militar rusa actual y futura.
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