Las funciones autoriales de Mariano José de Larra para la creación de una “Edad Media decimonónica” al servicio del régimen liberal español. El caso de El doncel de don Enrique el doliente (1834)

The authorial functions of Mariano José de Larra in the creation of a “nineteenth-century Middle Ages” at the service of the Spanish liberal regime. The case of El doncel de don Enrique el doliente (1834)

Azucena DONKERVOORT
Universidad de Santiago de Compostela
ORCID: https://orcid.org/0009-0003-9172-8012
azucenafm.d@gmail.com

Resumen: Mariano José de Larra fue un escritor y periodista español que vivió entre 1809 y 1837. Se trata de un autor cuya vida trágica, su implicación en la situación política española abogando por la ideología liberal, así como en el Romanticismo lo convirtió en un valioso objeto de estudio para diferentes disciplinas.

Entre su amplia obra, se encuentra una novela histórica ambientada en la Edad Media hispánica. Se trata de El doncel de Don Enrique el doliente, publicada en 1834 durante la regencia liberal de María Cristina de Borbón. Así, esta obra se enmarca en un Romanticismo español que aboga por la construcción del Régimen Liberal y, por tanto, va a verter sobre su trama medieval los ideales de este movimiento. De tal manera, reconocemos que en esta novela se crea una nueva Edad Media que responde a las necesidades del siglo XIX: una “Edad Media decimonónica”.

Así, este trabajo se propone analizar esa “Edad Media decimonónica” a partir de entender la obra como el producto de un autor que vive en un contexto concreto. Por tanto, se trata de estudiar cómo las diferentes dimensiones que configuran la figura autorial de Larra crean la “Edad Media decimonónica” en El doncel de Don Enrique el doliente.

Palabras clave: neomedievalismo, Edad Media contemporánea, historiografía, Larra, novela histórica.

Abstract: Mariano José de Larra was a Spanish writer and journalist who lived between 1809 and 1837. His tragic life, his involvement in the Spanish political situation, advocating liberal ideology, and also in Romanticism made him a valuable subject of study for various disciplines.

Among his extensive work is a historical novel set in the Spanish Middle Ages: El doncel de Don Enrique el doliente, published in 1834 during the liberal regency of María Cristina de Borbón. Thus, this work is framed within a Spanish Romanticism that advocates the construction of the Liberal Regime and, therefore, infuses the ideals of this movement into its medieval plot. With this, we recognize that this novel creates a new Middle Ages that responds to the needs of the 19th century: a “nineteenth-century Middle Ages”.

Thus, this work aims to analyze the “nineteenth-century Middle Ages” by understanding the work as the product of an author who lived in a specific context. Therefore, it aims to study how the different dimensions that make up Larra's authorial figure create the “nineteenth-century Middle Ages” in El doncel de Don Enrique el doliente.

Keywords: neomedievalism, contemporary Middle Ages, historiography, Larra, historical novel.

Recibido: 10/08/2024

Aceptado: 11/10/2024

Cómo citar: Donkervoort, A. (2024). Las funciones autoriales de Mariano José de Larra para la creación de una “Edad Media decimonónica” al servicio del régimen liberal español. El caso de El doncel de don Enrique el doliente (1834). Neomedieval, 2, 41-65. https://doi.org/10.33732/nmv.2.95

Copyright: El/La Autor/a.

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1. Introducción

El doncel de Don Enrique el doliente es una novela histórica publicada por Mariano José de Larra en el año 1834. La novela se sitúa cronológicamente en el siglo XIV, durante el reinado de Enrique III de Castilla el Doliente (1390-1406). La trama gira alrededor del adulterio de un trovador de nombre Macías y una dama de alta alcurnia castellana, Elvira, que estaba casada con Fernán Pérez de Vadillo, hidalgo y miembro de la corte de Enrique III.

Con esto, reconocemos que se trata de una novela en la que se crea lo que llamamos una “Edad Media decimonónica”. La “Edad Media decimonónica” es una idea concreta del período medieval que se construye en el siglo XIX de acuerdo con los ideales del régimen político liberal que se trataba de asentar sobre el poder en ese momento.

Así, este trabajo pretende analizar cómo Larra vierte todas las funciones autoriales de su persona y relativas a su contexto histórico sobre la “Edad Media decimonónica” que crea en su novela El doncel de Don Enrique. Para esto nos basaremos en las cuatro funciones de autor ideadas por Michel Foucault (Foucault 73-104); en la importancia del estudio de los textos dentro de sus contextos de la Historia Intelectual; y en el concepto de “Edad Media contemporánea” de Antonio Huertas Morales. Es a partir de esta noción que creamos el concepto de “Edad Media decimonónica”. Esto quiere decir que existe una Edad Media convencional que es la que transcurre entre los siglos V y XV, y una Edad Media recreada en diferentes momentos como en este caso es el decimonónico.

Para llevar a cabo el trabajo, desarrollaremos cuatro apartados. En el primer apartado pondremos sobre la mesa el contexto de la conformación del régimen liberal español como la base desde la cual Larra produce su obra. El segundo apartado se centra en la creación de la “Edad Media decimonónica” como parte de un “resurgimiento cultural” dado en España y que afectará a la producción de artefactos culturales de corte liberal tales como la novela histórica y la prensa (Ferreras 18-20). La importancia de este punto radica en que es en estos artefactos culturales donde se va a materializar dicha “Edad Media decimonónica”. El tercer apartado está dedicado a explicar lo que significa Larra como autor y cuáles son las cuatro funciones autoriales que desempeña: 1) el Larra biográfico, 2) el Larra interpretado a partir de El Doncel, 3) el Larra historiográfico y 4) el Larra autorrepresentado en dicha obra. Por último, el cuarto apartado contiene el análisis de la “Edad Media decimonónica”, donde veremos cómo funcionan las cuatro funciones autoriales de Larra; y lo haremos a través de la defensa en El doncel de cuatro elementos: 1) la monarquía constitucional, 2) la religión católica secular, 3) las ideas ilustradas y 4) el romanticismo en términos estéticos e historicistas.

2. La conformación del régimen liberal español como fundamento de la producción larriana

Si seguimos los preceptos de la Historia Intelectual como nuestra base metodológica, comprendemos que los contextos son esenciales a la hora de interpretar un texto que reconocemos como un documento histórico. En este caso, pues, tenemos la producción larriana, El doncel de don Enrique el doliente. Se trata de una novela histórica que supone una reinterpretación por parte de Mariano José de Larra de la leyenda medieval sobre un trovador gallego de nombre Macías.

Esta novela histórica se publicó en 1834, año en el que se acababa de conformar el gobierno liberal de la regente María Cristina de Borbón tras el “Sexenio Absolutista” (1814-1820), el “Trienio Liberal” (1820-1823) y la vuelta del absolutismo en la “Década ominosa” (1823-1833). Por lo tanto, Larra escribe en un momento en el que el liberalismo se estaba conformando de nuevo en España, tras varias intentonas y, por primera vez, con fuerza.

De esta manera, identificamos que El doncel de don Enrique y su autor forman parte del contexto histórico del primer liberalismo español. Este liberalismo llevaba configurándose, desde la Guerra de la Independencia española (1808-1813), alrededor de la creación de la idea de “nación española”. Al estar luchando contra la invasión francesa, se defendían los valores de “lo español” que se veían amenazados. Esto es, un rey y una religión católica (Portillo Valdés 159-258). Estos dos elementos serán los que primarán en la Constitución de Cádiz de 1812. Sin embargo, la vuelta de Fernando VII a España, tras su exilio a causa de la Guerra, supuso la reinstauración del absolutismo bajo el denominado “Sexenio Absolutista” (1814-1820). En 1820, con el pronunciamiento de Riego, la Constitución de Cádiz vuelve a instaurarse dando comienzo al “Trienio Liberal” (1820-1833). No obstante, el absolutismo y la eliminación de la Constitución vuelven con la “Década ominosa” (1823-1833), que finaliza con la muerte de Fernando VII y el inicio del reinado de su hija Isabel II bajo la regencia de María Cristina (1833-1840). La regenta se verá obligada a apoyarse en el liberalismo debido a que los sectores tradicionalistas luchaban contra el reinado de Isabel II y a favor del ascenso al trono del hermano del fallecido monarca, Carlos María Isidro de Borbón.

Estos sectores tradicionalistas buscaban la continuación del absolutismo y del Antiguo Régimen. Así, el primer liberalismo español buscará construirse en oposición de los sectores tradicionalistas. Podemos identificar cuatro componentes en torno a los cuales se va a definir el liberalismo. El primero es la monarquía constitucional, el segundo es el catolicismo secular defensor de la libertad de culto, el tercero es la presencia de las ideas ilustradas de la Revolución Francesa, y el cuarto es la condición romántica. Este último componente se desarrollará tanto en términos estéticos como en términos historiográficos.

Es en este punto donde nos encontramos con Larra y su producción de El doncel. Siguiendo las tendencias del Romanticismo, este autor va a enmarcarse en las numerosas recreaciones que se estaban llevando a cabo en este momento del período medieval. Además, siendo un autor de clara ideología liberal, su obra se encuadrará dentro de las herramientas culturales con las que el liberalismo se estaba afianzando como el régimen político de la naciente nación española. Por tanto, Larra va a volcar en su “Edad Media decimonónica” aquellos cuatro componentes con los cuales se quería identificar el régimen liberal español.

3. El “resurgimiento cultural” como base de la “Edad Media decimonónica” de Larra

En el momento en el que Larra escribe El Doncel, donde produce su “Edad Media decimonónica”, se estaba desarrollando a nivel europeo un gran desarrollo científico y cultural en los marcos de la Ilustración y del Romanticismo. La prensa y la novela histórica son dos de los artefactos culturales que van a vivir este desenvolvimiento. Asimismo, se estaba dando una sistemática recuperación del pasado a través del arte y de la ciencia (White 135). Esta recuperación del pasado encontrará cabida tanto en elementos más cercanos a lo artístico, como son las ya mencionadas novelas históricas y la prensa; pero también en la naciente disciplina histórica e historiográfica, que trataba de afinarse como una ciencia.

En España, toda esta situación se ve condicionada por la censura transcurrida entre 1805 y la muerte de Fernando VII, en 1833, a excepción de los períodos liberales. Es por esto por lo que, a partir de los años treinta, se da lo que Ferreras ha denominado un “resurgimiento cultural (18-20). Larra y El doncel forman parte de este “resurgimiento cultural” en el cual se desarrollaba con fuerza la novela histórica y la prensa de corte liberal.

Al igual que en Francia, Inglaterra o Alemania, la novela histórica crecía en España como género literario y servía a la construcción de la nación buscando sus cimientos en la Historia. Contribuía así este género a la recuperación del pasado propia del romanticismo historicista, y a transmitirlo a un público lector “hasta entonces muy escaso” (Mata 145). Así, siendo la novela histórica un producto del Romanticismo, la ambientación medieval encontrará gran cabida, tal y como vemos en El doncel.

Esta ambientación medieval se verá condicionada por la situación de la historiografía de estos momentos. Es en este mismo período, como ya hemos ido adelantando, que la Historia se estaba convirtiendo en una disciplina científica, dando pie a la profesionalización paulatina de la labor historiográfica. Esta situación se encuadra dentro de una tendencia en la que los movimientos culturales y las ideologías estaban intentando comprender su realidad social de una manera más “realista” (White 54). Hasta entonces, la Historia estaba íntimamente relacionada con la literatura. Por tanto, dentro de ese afán de buscar la “verdad realista” de la humanidad, la Historia quiere alejarse de las concepciones artísticas para encuadrarse dentro de las científicas. Sin embargo, esto no se hará con fuerza hasta la segunda mitad del siglo XIX. De esta manera, en el período en el que Larra crea su “Edad Media decimonónica” a través de El doncel, la Historia y la literatura continuaban entrelazadas y sin fronteras fijas entre la una y la otra.

Así, podemos defender que la novela histórica, específicamente El doncel de Larra, es un documento que puede ser definido como parte del “relato histórico” de la Historia de España. Consecuentemente, la “Edad Media decimonónica” que crea este autor en una novela histórica será relevante para la construcción del “relato histórico” español que conforma su nacionalismo. Esto lo podemos refrendar con el profesor Moreno, que, en su estudio sobre la historiografía romántica española, dedica un importante espacio al papel de la literatura histórica como parte de esta historiografía (73-74).

Una vez expuesto esto, indagaremos en la figura que, con este contexto y con los elementos autoriales que veremos a continuación, crea la “Edad Media decimonónica”.

4. Larra y sus cuatro funciones de autor

Para hablar de Larra como autor acudimos a la teorización de la autoría de Michel Foucault (Foucault 73-104). Este filósofo indica que el autor es un elemento importante a la hora de entender el significado de su texto. De esta manera, establece que cada autor existe según cuatro funciones: a) el nombre del autor, b) la relación de apropiación, c) la relación de atribución y d) la posición del autor. Con esto, veremos las cuatro funciones de autor del caso de Larra.

4.1. El Larra biográfico

La primera función de autor, el nombre del autor, se refiere al autor en sí mismo, la parte biográfica de su persona. Así pues, Mariano José de Larra fue un hombre nacido en Madrid en el año 1809. Su año de nacimiento coincide con el momento en el que se desarrollaba en España la Guerra de la Independencia contra la ocupación napoleónica francesa. Es decir, nace cuando empieza a construirse la idea de nación española.

De padre afrancesado, tuvo que exiliarse en Francia desde 1813 hasta 1818, cuando la amnistía decretada por Fernando VII les permitió volver a España. Así, Larra y su familia se establecen de nuevo en Madrid. Llegó a convertirse en escritor, periodista y político español. Vivió en el contexto de las tensiones entre el liberalismo y el tradicionalismo, así como el movimiento del Romanticismo.

Cuando Larra escribe El doncel de don Enrique, a los 24 o 25 años, era ya famoso como articulista, oficio con el cual, además, ganaba bastante dinero. De esta manera, este autor se encontraba en un círculo de intelectuales y políticos que le brindaban amistad y protección (Souto IX). Con esto, podemos indicar dos cosas. Una es que Larra estaba rodeado por un círculo de personas afines con el liberalismo, tales como Francisco Martínez de la Rosa. La segunda es que la “Edad Media decimonónica” que crea Larra en su obra tendrá una recepción y un calado importante en su sociedad. Por tanto, la “Edad Media decimonónica” vivía también en estos ambientes.

Por último, podemos incluir aquí también los detalles que se conocen sobre su vida trágica que acabó llevándolo al suicido en Madrid el día 13 de febrero de 1837, como su romance mal avenido con Dolores Armijo. Larra mantenía una relación extramatrimonial con esta mujer y cuando ella no quiso continuar con dicha relación, nuestro autor decidió ponerle un fin a su vida. Asimismo, la situación de España que tanto le preocupaba se convertía en otra razón por la que Larra no quisiera continuar con su trayectoria vital.

Es una característica que tendrá influencia en cómo será construida su “Edad Media” en El doncel, porque contará con ese tinte trágico además de recrear ese romance imposible. Esta característica biográfica de la autoría larriana, a partir de la cual se interpretará su obra una y otra vez, la podemos encontrar en noticias sobre su persona, como la que anuncia su muerte que comenzaba de la siguiente manera:

A las ocho menos cuarto de la noche de antes de ayer, se suicidó de un pistoletazo nuestro distinguido escritor don Mariano José de Larra, bien conocido en el mundo literario por sus muchas y preciosas producciones, y cuya pérdida habrán de lamentar eternamente todos los que sepan apreciar nuestras glorias literarias […] (Eco del Comercio 4).

4.2. El Larra interpretado a partir de la lectura de El doncel de don Enrique

La segunda función de autor es la de la relación de atribución. Esta función se refiere a que el autor no es exactamente ni el propietario ni el responsable de sus textos. Esto quiere decir que el autor no es el productor ni el inventor del significado de estos, sino que este reside en la interpretación que se hace de ellos a partir de la lectura. Por tanto, en este caso tenemos que hablar del Larra que es definido a partir de la interpretación de su obra el Doncel y las ediciones posteriores de esta, así como los estudios que se hacen de la misma.

Así, son numerosas las interpretaciones que se hacen sobre el autor a partir de esta obra, sobre todo porque se suele establecer que Larra se retrata a sí mismo en el personaje de Macías. Por ejemplo, Souto, en su introducción a la edición de José Luis Varela de El doncel, indica que para Larra “Macías fue un espejo donde reflejarse” (X); Menéndez Pelayo, que señalaba que era una novela extremadamente íntima (LVIII); o Adams, que afirmaba que existía un paralelismo claro entre Macías y Larra y Elvira y Dolores Armijo, amante de Larra (219).

Es dentro de esta función donde encontramos nuestra interpretación de que Larra crea una “Edad Media decimonónica”, porque es una definición que hacemos a partir de la lectura de su obra El doncel de Don Enrique el doliente. Por lo tanto, para estudiar la “Edad Media decimonónica” nos basamos directamente en esta función de autor y, a partir de ella, estudiamos las otras tres.

4.3. El Larra historiográfico

La tercera función de autor es la de la relación de atribución, que quiere decir que el autor es aquel a quien se le puede atribuir lo que se ha dicho o lo que se ha escrito sobre él. De tal manera, hablamos aquí del Larra historiográfico, del Larra que nos ha llegado a partir de lo que se establece sobre él en diversos documentos como la prensa, la televisión, el cine o los estudios realizados desde diferentes disciplinas como la literatura o la historia. En general, a partir de todos estos medios se encuentra el Larra que ha pasado a la Historia. Esto es, un Larra periodista, antiabsolutista y anticarlista, con grandes turbulencias amorosas y un final de vida trágico, el suicidio, ya fuera por la situación de España o por su propia vida privada.

De esta manera, nos encontramos con títulos como Biografía de un hombre desesperado. Larra, de Jesús Miranda de Larra; La preocupación por España en Larra de Alma Amell, o la Anatomía de un Dandy, de Francisco Umbral. Todos estos estudios sobre Larra ponen de manifiesto esas características ya mencionadas con las cuales nuestro autor pasó a la Historia: desde las preocupaciones románticas por su nación hasta el final trágico suicida.

Otro ejemplo de este legado historiográfico larriano lo tenemos en la prensa actual. Aquí nos topamos con títulos como “Larra: el trágico suicidio del pobrecito hablador”, donde podemos ver todos esos elementos que hemos puesto de manifiesto en el párrafo anterior: “La disconformidad de Mariano José de Larra no se basó en el pesimismo, sino en la decepción de un enamoradizo que, a través de su ojo y pluma periodística, hizo todo lo posible para liberar a su querida y estancada España” (García).

También nos encontramos con que Larra se ha convertido en una especie de herramienta para reflejar en él, en su obra y en el contexto histórico que vivió la situación actual de España. Esto se hace tanto desde la mira política izquierdista como la derechista. Por ejemplo, “«En este país»: El célebre artículo de Larra sigue vigente” de Andrés Amorós, o “El periodismo político” de Jiménez Losantos, que, además, le atribuye a Larra la creación del periodismo político y lo denomina un “ególatra intelectual”.

Lo que podemos ver en todo esto es que, al igual que Larra comparaba su época presente con el medievo en El doncel, estos periodistas comparan nuestro momento presente con el decimonónico de Larra. Es el claro reflejo de que el pasado es utilizado para la explicación del presente.

Un ejemplo de esto que acabamos de establecer lo tenemos en Manuel Medina, que dice:

En pleno siglo XIX, Mariano José de Larra ya retrataba en sus artículos, con una precisión quirúrgica, los defectos estructurales de la política de su tiempo, reflejando una sociedad en la que la burocracia, el nepotismo y el desinterés por el bienestar público eran la norma. La famosa crítica contenida en su artículo “Vuelva usted mañana” resumía ya entonces el profundo malestar de una población que, sometida a las incompetencias de sus gobernantes, veía cómo los recursos públicos eran desviados para el enriquecimiento de unos pocos. La distancia temporal no debe hacernos perder de vista que los males que Larra criticaba hace casi dos siglos, continúan conservando una sorprendente vigencia hoy en día (Medina).

Por último, en el cine y en la televisión tenemos películas como Artículos de costumbre (1974) o el capítulo dedicado a Larra en el programa televisivo Los libros (1974-1977), emitido el 11 de marzo de 1974 bajo el título de Artículos de costumbres. Ambas adaptaciones se basan en la obra periodística de nuestro autor.

Lo que nos interesa subrayar de todas estas interpretaciones y reinterpretaciones de Larra es que todas ellas se centran en su denuncia política y social hacia su contexto histórico y en el elemento trágico de su vida. Estos elementos, todos ellos intrínsecos al Romanticismo, serán, pues, los que definirán la “Edad Media” que crea en El doncel.

4.4. El Larra autorrepresentado

La cuarta función autorial de la que habla Foucault es la posición del autor, referida a la forma en la que el propio autor se autorrepresenta en su texto. Así, lo que estudiaremos aquí será un Larra autorrepresentado en El doncel de don Enrique, una situación que ha sido estudiada por Thomas M. Scheerer en su artículo de 1986.

Esto quiere decir que esta es la función de autor que ha dado lugar a la función número dos, el Larra interpretado a partir de su obra. No obstante, es decisivo indicar que a lo que nos referimos aquí es que no es la obra la que define el autor, ni que el autor define la obra. Lo que se quiere indicar aquí es que los trazos de la vida personal de Larra que encuentran cabida en El doncel de don Enrique van a hacer que este moldee la “Edad Media decimonónica” que encontramos en esta obra de una manera concreta. Es decir, Larra pasa a ser un actor dentro de la “Edad Media” recreada, y esta “Edad Media” recreada pasa a ser conformada por las experiencias del siglo XIX, convirtiéndose de esta manera en lo que llamamos “Edad Media decimonónica”. Lo que más resalta aquí es que Larra se identifica con el personaje de Macías, un héroe que representa el ideal romántico, la libertad de la pasión y “preeminencia sobre prejuicios de honra burgueses” (Souto XII).

Así, Larra vuelca su ideario liberal y sus dramas personales esta “Edad Media decimonónica” que encontramos en El doncel de don Enrique. De esta manera, podemos plantearnos que es en la “Edad Media decimonónica” de esta novela histórica donde se fusionan todas las funciones de autor de Mariano José de Larra.

5. La “Edad Media decimonónica” creada por Larra en El doncel de don Enrique

El doncel de don Enrique el Doliente es la única novela histórica del escritor Mariano José de Larra. Ambientada en el reinado del rey Enrique III de Castilla a finales del siglo XIV, trata sobre la historia de un trovador, llamado Macías, que vive enamorado de una dama noble casada, Elvira. El marido de esta última termina asesinando a Macías y ocasionando el enloquecimiento de Elvira. Las temáticas que se pueden observar en esta novela son las intrigas de la corte del rey, el amor imposible y el final trágico.

Con este punto de partida, pasaremos a analizar esta “Edad Media decimonónica” que se definirá por las funciones de la autoría larriana y por el contexto en el cual se produce. Esto es así porque, en esencia, la “Edad Media decimonónica” será un reflejo del presente del autor.

Podemos apoyar esto estableciendo que el profesor Moreno indica que la historiografía romántica, que como hemos visto, podía ser encontrada en la literatura histórica, dotaba al pasado de una “conciencia de actualidad” (60). Es precisamente esto lo que nos encontramos en Scheerer cuando afirma que “el novelista histórico efectúa, en el mejor de los casos, un análisis del presente con los medios de la interpretación histórica” (94).

Con esto en mente, la “Edad Media decimonónica” confeccionada por Larra recreará los ideales liberales románticos y nacionalistas que él defendía y que se materializarán en el texto a partir de las cuatro funciones autoriales que hemos visto. Esto quiere decir que el Larra biográfico, el Larra interpretado a partir de su novela histórica El doncel de don Enrique, el Larra historiográfico y el Larra autorrepresentado funcionan en conjunto para crear una “Edad Media decimonónica” que represente los ideales liberales del autor. Así, todas las funciones autoriales de Larra defenderán en esta “Edad Media decimonónica” la monarquía constitucional, la religión católica secular, las ideas ilustradas y el Romanticismo estético e historicista.

5.1. La defensa de la monarquía constitucional

Hemos visto que Larra defiende un ideario liberal en el que la monarquía es la matriz de España. Este elemento del Larra biográfico, que ha sido defendido numerosas veces en el Larra historiográfico, aparecerá a través del Larra autorrepresentado en El doncel, y será interpretado como un autor de ideas liberales a partir de la lectura de El Doncel.

Por un lado, lo vemos en la autorrepresentación que hace el autor a través de su figura como narrador. De esta forma, establece un paralelismo entre la situación de su propio presente y el ascenso al trono de un joven don Enrique el Doliente tras la muerte de un desastroso rey, Juan I.

En el año en que pasaba lo que vamos a contar, hacía ya trece que don Enrique III, dicho el Doliente, y nieto del famoso don Enrique el Bastardo, había subido a ocupar el trono, vacante por la desastrosa muerte de su padre don Juan I, ocurrida en Alcalá de Henares de caída de caballo. Y apenas habían bastado estos trece años para reparar los daños que su menor edad había acarreado a Castilla desvalida (Larra 6).

Vemos, a continuación, cómo se describe que el rey de esta “Edad Media decimonónica” está rodeado por una comitiva, emulando la monarquía constitucional: “Hallábase concluida la parte principal del alcázar de Madrid y habitaba ya el Rey con gran parte de su comitiva siempre que el placer de la caza le obligaba a venir a esta villa, cosa que le aconteció algunas veces en su corto reinado” (15).

Por otro lado, el propio Larra, a través del personaje de Macías, se posiciona a sí mismo como súbdito del rey: “A Elvira, tu acusadora, es acaso imposible, porque está bajo mi responsabilidad, así como Macías y tú lo estáis bajo la propia del Rey, tú por tu clase, y él por su favor” (146).

5.2. La religión católica secular

La defensa de la religión católica secular era otro de los componentes con los cuales se quería definir el liberalismo que caracteriza el contexto histórico de nuestro autor y que rige sus cuatro funciones autoriales. Este régimen político característico quería crear la nación liberal española en base a esta fe religiosa, pero desde una secularización de la sociedad.

De tal forma, Larra se encarga de manifestar esto a través de su “Edad Media decimonónica” debido a los factores contextuales de su función biográfica que va a autorrepresentar en El doncel de don Enrique. Sin embargo, como veremos, es una religión que no alcanza a todas las esferas de la vida del ser humano. Es una religión que defiende lo español, pero que, si es llevada a los extremos, puede llevar a matar a los suyos propios:

En vano la religión se esforzaba en dulcificar las costumbres de los hijos de los godos, exaltados por la prolongada guerra con los sarracenos. Es verdad que ganaba terreno, pero era con lentitud; entretanto se criaba el caballero para hacer la guerra y matar. Verdad es que los primeros enemigos contra quien debía dirigirse eran los moros; pero muchas veces lo eran también los cristianos, y había quien matando aquéllos por cada uno de estos últimos, creía lavado el pecado de su espantoso error. Matar infieles era la grande obra meritoria del siglo, a la cual, como el agua bendecida por el sacerdote, daban engañados de algunos la rara virtud lavar toda clase de pecados (4).

Vemos cómo Larra realiza una crítica hacia el fanatismo religioso y a la hipocresía a la que se puede llegar siendo parte de este. Esta es la posición en la cual se enmarca Larra, una posición que se explica mediante su función autorial biográfica. Hemos establecido que Larra era hijo de un afrancesado, un elemento que exaltaba el laicismo de la nación española.

Así, mientras que Larra no le da demasiada importancia al componente religioso del régimen liberal, le interesará mucho más defender el siguiente componente que veremos, el de las ideas ilustradas.

Estos elementos biográficos van a influir en la interpretación que se hace de Larra a partir de su texto y de su posterior representación historiográfica como autor. De tal forma, vemos un autor que buscaba la separación entre la Iglesia y el Estado en aras de promover la secularización de la sociedad, influencia del afrancesamiento de su padre. De esta manera, se mostraba escéptico y crítico hacia la Iglesia, pero sin mostrarse como ateo y siempre reconociendo la importancia de la religión como una herramienta política para el liberalismo (Martínez Hoyos).

De esta manera, al igual que su “Edad Media decimonónica” no tiene el cristianismo católico como principal característica, esto tampoco será algo que defina a Larra como autor, en ninguna de sus funciones.

5.3. Las ideas ilustradas

A diferencia de la limitada presencia del elemento cristiano católico, las ideas ilustradas se muestran con fuerza en la obra de Larra. Esto es una consecuencia directa de que este autor se mostraba a favor del progresismo español vinculado a este tipo de elementos. De tal manera, la materialización de las ideas ilustradas en la obra de Larra se enlaza con las diferentes funciones de autor. En cuanto a la función biográfica, Larra defiende estos ideales porque son parte de su ideología. En relación con la función del Larra interpretado a partir de El doncel, Larra vierte sobre sus personajes estos ideales ilustrados. La función de autor historiográfica cumple con mostrar a este autor como un verdadero defensor del liberalismo ilustrado. Por último, la función de autorrepresentación se efectúa cuando Larra derrama las ideas ilustradas sobre los personajes que lo representan, como es el caso de Macías o de Ferrus: “¿Y qué es de Macías? ¡Bravo trovador y buen caballero!” (80).

El caso del personaje de Ferrus resulta interesante a este aspecto, porque vierte sobre él una autorrepresentación de sí mismo como un literato y periodista que es muy consciente de la situación política de España. Lo podemos ver en esta conversación sobre temas políticos entre Ferrus y Fernán.

—¿Y pensáis que el señor Clemente VII se expondría a perder la amistad y protección de Castilla y Aragón en su lucha con Urbano VI por tener el gusto de negar una bula de divorcio al conde de Cangas y Tineo?

—Por San Pedro, Ferrus, que tenéis cabeza de cortesano más que de rimador.

—Muchas gracias, señor Fernán. Algunos señores de la Corte que me desprecian cuando pasan delante de mí en el estrado de Su Alteza y que me dan una palmadita en la mejilla diciéndome: Adiós, Ferrus; dinos una gracia, podrían dar testimonio de mi destreza si supieran ellos... (10).

Así, Larra defiende la Ilustración a partir de su propia autorrepresentación. De esta forma, mediante la defensa de las ideas Ilustradas en su “Edad Media decimonónica”, Larra se representa a sí mismo como un intelectual, aunque en realidad deberíamos hablar de un “protointelectual”, ya que nos encontramos a mediados del siglo XIX, “prototipo decidido del intelectual por su voluntad de intervenir en la reforma social transmitiendo los valores espirituales del arte” (Bautista Boned 67). Con esta parte biográfica de la autoría larriana, se autorrepresenta a sí mismo, pero también es recibido de esta manera específica, dentro de la ilustración liberal decimonónica, a través de fragmentos como el siguiente. En este ejemplo que expondremos podemos ver cómo Larra defiende que las altas alcurnias de España estén enmarcadas dentro de esas ideas ilustradas que, así, emanarán al resto de la sociedad.

Más cortesano que guerrero y más ambicioso que cortesano, había desdeñado las armas, para las cuales no era su carácter muy a propósito, y su afición marcada a las letras le había impedido adquirir aquella flexibilidad y pulso que requiere la vida de Corte. Las lenguas, la poesía, la historia, las ciencias naturales habían ocupado desde muy pequeño toda su atención. Habíase entregado también al estudio de las matemáticas, de la astronomía y de la poca física y química que entonces se sabía. Una erudición tan poco común en aquel siglo, en que apenas empezaban a brillar las luces en este suelo, debía elevarle sobre el vulgo de los demás caballeros sus contemporáneos; pero fuese que la multitud ignorante propendiese a achacar a causas sobrenaturales cuanto no estaba a sus alcances, fuese que efectivamente él tratase de prevalerse y abusar de sus raros conocimientos para deslumbrar a los demás, el hecho es que corrían acerca de su persona rumores extraños, que ora podían en verdad servirle de mucho para sus fines, ora podían también perjudicarle en el concepto de las más de las gentes, para quienes entonces como ahora es siempre una triste recomendación la de ser extraordinario (15-16).

5.4. El Romanticismo estético e historicista

El Romanticismo es una de las características más fuertes de la autoría larriana que se refleja en la “Edad Media decimonónica” creada por el autor en su Doncel de don Enrique. El Romanticismo es un movimiento complejo cuya definición se encuentra dispersa en varias vías. En general podemos hablar de que culturalmente es una reacción hacia el clasicismo dieciochesco. Defiende la razón, los sentimientos, la libertad, el individuo, el gusto por las épocas pasadas, sobre todo por la Edad Media, y la recuperación historicista de las mismas, la religión, el instinto, el misterio y la fantasía. Política y socialmente, está el Romanticismo íntimamente relacionado con el liberalismo, el nacimiento de la sociedad burguesa, la crítica de los excesos del absolutismo monárquico y la defensa de la revolución popular (Navas-Ruiz 13). Todos estos elementos se han estado viendo a lo largo de este trabajo debido a esa directa conexión entre el Romanticismo y el liberalismo, movimientos que van a salpicar a todos los ángulos de la realidad decimonónica española. Por esta razón, lo que veremos aquí es cómo Larra vierte el Romanticismo sobre su Doncel por dos vías diferentes. Una de ellas es el historicismo y la segunda de ellas es la estética romántica.

En el caso del historicismo nos encontramos cómo las cuatro funciones autoriales de Larra se vuelcan en defender la paulatina profesionalización de la historia. Así, veremos cómo Larra materializa todo esto en El doncel de don Enrique. En el siguiente ejemplo, podemos ver cómo Larra defiende ese historicismo que busca la historia “fiel a la verdad”. Esto hace que las funciones de autor (biográfica, de autor y actor, de autorrepresentación y la historioagráfica) funcionen al mismo tiempo para defender el historicismo romántico: 1) el propio Larra se identifica como “fiel historiador”, afectando aquí su función biográfica, porque si defiende esto es por su contexto y su función autorrepresentada, ya que es así como se autorrepresenta; 2) al hacer esto, se mete a sí mismo y a sus lectores dentro de esta nomenclatura, al estar consumiendo su obra, ejerciendo la función de autor y de actor dentro de su propia obra; 3) una declaración como esta afectará a cómo Larra será registrado dentro de ese historicismo por parte de la historiografía. Esto es el caso de este artículo que estamos escribiendo: “Nosotros diremos, como fieles historiadores, que la dama, cuando se creyó fuera ya del alcance de las miradas del importuno, volvió la cabeza y alcanzó aún a ver algo (…)” (Larra 125).

También podemos identificar el historicismo en la presencia de personajes reales y pertenecientes a esa Edad Media que recrea nuestro autor, como Enrique III el Doliente, el rey Pedro I de Castilla y Leon el Cruel, doña Blanca de Borbón, Enrique de Villena: “No debía faltarles tampoco que hablar desde que don Enrique era maestre, desde que iba a ser Hernán Pérez caballero, y desde que el singular duelo de la mañana había venido a complicar tan extraordinariamente los negocios y los intereses de los principales personajes de nuestra verídica historia” (91).

Asimismo, tenemos el rasgo propio del historicismo que es la utilización de los documentos por parte del historiador: “Para probar que ni el oficio de doncel ni el de escudero eran sino muy honoríficos, concluiremos diciendo que en las historias francesas del siglo XIII hallamos designados estos donceles y escuderos con nombre de valets, más humillante aún en el día que los de damoiseau y écuyer, que corresponden a aquéllos en la lengua francesa” (121); “[…] erigiéndose rey en Coimbra con el dictado de Juan I después de la resignación de la regente viuda Leonor, y reclusión de ésta por nuestro rey en el monasterio de Otordesillas, como le llaman nuestras crónicas contemporáneas” (7).

Pasamos ahora a la estética romántica. La estética romántica se puede ver en el gusto por el pasado medieval, el goticismo, lo fantasioso, lo lúgubre o la exaltación del sentimiento. Sirvan como ejemplo los siguientes fragmentos: “Macías creyó ver un ser sobrenatural, la sombra acaso de la misma condesa: permaneció con brazos cruzados y la vista fija, como si quisiese ver más allá de la oscuridad y de la distancia” (72); “La puerta del gabinete donde Macías había entrado era compuesta de dos altas hojas, construidas según el gusto gótico, o por mejor decir, gótico arabesco, que tenían entonces todos los adornos arquitectónicos (136); “Varios voluminosos libros, de los cuales algunos abiertos presentaban a la vista del curioso gruesos caracteres góticos estampados, o mejor diremos, dibujados sobre pulidas hojas de pergamino” (23).

A través de esta estética romántica, Larra evoca la sensación de “Edad Media” que más bien es una “Edad Media decimonónica”. A través del personaje de Macías con el que los lectores lo identificarían, el autor se emplaza a sí mismo como un actor dentro de esta “Edad Media decimonónica”. Así, Larra provoca que sus lectores se sumerjan en la “Edad Media decimonónica” de manera emocional, algo propio al romanticismo: “La cámara de don Enrique de Villena, adonde vamos a trasladar a nuestro lector, era una rareza en el siglo XV” (23).

Resulta también destacable aquí la publicación en 1852 de una edición ilustrada de El Doncel de Don Enrique. Fue publicada por el dibujante Vicente Urrabieta y el litógrafo Juan José Martínez al cumplirse quince años desde el fallecimiento de Larra. Esto demuestra dos aspectos. Uno es que la estética romántica de la novela de Larra es trasladada hacia lo pictórico. El segundo aspecto es cómo Larra y sus diferentes funciones de autor continuaron vivas más allá del momento de su trágica muerte. Para finalizar, ofrecemos a continuación algunas ilustraciones de esta edición de El doncel de 1852 que reflejan la “Edad Media decimonónica” larriana, romántica y siempre viva.

Imagen 1. Portada de la edición ilustrada de El Doncel de Don Enrique realizada por Vicente Urrabieta y Juan José Martínez en 1852

Imagen 2. Diseño de las páginas de la edición ilustrada de El Doncel de Don Enrique realizada por Vicente Urrabieta y Juan José Martínez en 1852

Imagen 3. Ilustración de la edición ilustrada de El Doncel de Don Enrique realizada por Vicente Urrabieta y Juan José Martínez en 1852

6. Reflexiones finales

Llegamos así al final de este trabajo, en el que hemos analizado la reinterpretación del pasado medieval hispánico por parte del liberalismo decimonónico a través de Larra y su novela El doncel de don Enrique. Con esto, pasamos a desarrollar cinco ideas finales.

La primera idea es que los años treinta del siglo XIX español responden a un momento histórico en el cual se da un “resurgimiento cultural” de la mano del Romanticismo y a merced de la construcción de la nación española liberal. Larra y la “Edad Media decimonónica” son agentes dentro de esta circunstancia y funcionan en relación con ella.

La segunda idea es que la “Edad Media decimonónica” es una herramienta cultural utilizada por el régimen liberal a través de un autor que es Mariano José de Larra, que la materializa en su novela histórica El doncel de don Enrique el doliente. Esto quiere decir que los elementos con los cuales se construye la “Edad Media decimonónica” son elaborados por las bases políticas, pero son los escritores, los periodistas y los artistas los que la amoldan y la hacen digerible para la sociedad.

Saltamos ahora a la tercera idea. La “Edad Media decimonónica” hispánica, como herramienta cultural para el liberalismo español, es singular porque responde a las características particulares de este. Aunque el liberalismo, el Romanticismo y el nacionalismo sean corrientes provenientes de Francia y España quiera, en cierta medida alinearse dentro de ellas, es al mismo tiempo “antifrancesa”. Esto es así porque estas corrientes se dan en España durante la Guerra de la Independencia contra Francia donde se bifurca el naciente liberalismo entre los “afrancesados” y los “patriotas”; y es desde estos últimos que se instaura el constitucionalismo y este liberalismo que eclosiona en los años treinta del siglo XIX. Por lo tanto, cuando Larra confecciona su “Edad Media decimonónica” hispánica en El doncel, vierte sobre ella todos estos particularismos del liberalismo español que son la monarquía constitucional, la religión católica secular, las ideas ilustradas y el Romanticismo. No obstante, sus propias características biográficas van a hacer que ciertos elementos, como el caso de la defensa de la religión al ser hijo de un afrancesado y haber pasado varios años en Francia, se vean condicionadas.

A partir de estas tres ideas, extraemos la cuarta. Es importante estudiar la figura del autor si queremos analizar la “Edad Media decimonónica” que tenemos en su obra. Esto es algo que se intensifica si tenemos en cuenta que Larra es un autor con gran celebridad y que ha sido interpretado y reinterpretado numerosas veces desde diferentes disciplinas. Por lo tanto, nos encontramos en una situación en la que ya venimos condicionados de base antes de sumergirnos en el estudio de la Edad Media que recrea en su novela El doncel, o la “Edad Media decimonónica”.

Al fin y al cabo, esta “Edad Media decimonónica” es un reflejo del presente de un autor cuya figura es compleja. Por lo tanto, queda de manifiesto que es necesario para este estudio entender sus diferentes dimensiones autoriales. Lo hemos hecho a partir de las cuatro funciones autoriales de Foucault (Foucault 73-104), captando un Larra biográfico, un Larra interpretado a partir de su obra, un Larra historiográfico y un Larra autorrepresentado en su obra. Un denominador común que encontramos es que todas sus funciones resaltan que es, en esencia, un autor del liberalismo romántico.

Es un autor liberal romántico en su biografía, ya que tuvo una vida llena de tragedias y una vida dedicada al arte y al desarrollo de su nación dentro de los parámetros del liberalismo. Es un autor romántico liberal interpretado en su obra porque el propio género de la novela histórica, y más aquella ambientada en el medievo, es algo intrínsicamente romántico y el Romanticismo es algo íntimamente relacionado al liberalismo. Es un autor liberal romántico en la historiografía porque ha sido definido como tal desde las diversas disciplinas que lo han estudiado. Por último, es un autor romántico autorrepresentado así en su obra porque el personaje con el que se identifica refleja los diferentes elementos propios del liberalismo español. Así pues, podemos ver por qué todo esto es importante a la hora de analizar la “Edad Media decimonónica” que crea en El doncel de don Enrique el doliente.

Por último, tenemos la quinta idea. Se trata de una obra y de un autor que cuentan con un número de receptores muy grande, tal y como podemos ver a través de la recepción historiográfica de estos dos. Esta circunstancia nos lleva a reflexionar sobre el hecho de que la “Edad Media decimonónica” que se contiene en la obra es asimismo recibida ampliamente. Así, es gracias a autores como Larra y de obras como El doncel de don Enrique, que esta “Edad Media decimonónica” se convierte en una de las bases del nacionalismo español que nace aquí pero que evoluciona hacia las diferentes direcciones que podemos ver hoy en día.

De esta forma, podemos pensar también sobre si estamos actualmente volviendo a vivir un nuevo Romanticismo. En los últimos años, la novela histórica se ha convertido en todo un éxito de ventas y, con ella, esta “Edad Media decimonónica” se ha reconvertido en una herramienta para diferentes regímenes políticos, tanto de derecha como de izquierda, moldeándola de nuevo a su antojo para servir a sus propias ideologías. Así pues, se resalta la importancia de entender todas esas “Edades Media” según los autores que las crean en sus novelas históricas1.

Teniendo en cuenta las diferentes dimensiones de su autoría podemos tener una oportunidad de discernir unas de otras y de deducir qué significan y para qué son usadas. A fin de cuentas, estamos ante el uso constante del pasado para la justificación del presente.

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1 Esta cuestión ha sido estudiada por investigadores como Ferrás García y Fernández-Pérez, 209-227 o Sanmartín Barros, 139-149.